lunes, 30 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA
domingo, 29 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA
sábado, 28 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA
Tras desayunar temprano, pues en Roma hay que echarse a la calle muy de mañana si no quiereuno encontrarse con multitudes de visitantes en todas partes, lo que impide ver y gozar con cierta calma de los tesoros artísticos y bellos rincones romanos, atravesamos el Tíber y comenzamos la ascensión del Gianicolo. La primera parada es San Onofrio, bello templo franciscano donde duerme para siempre el poeta Tasso. Antes, mientras abren las puertas de la iglesia, disfrutamos de la paz y la luz del contiguo claustro, así como del espectáculo que ofrece Roma desde allí arriba, junto a la fuente.
En San Onofrio
Torcuato Tassso escribe
su muerte siempre.
Siempre renace
en las flores del claustro:
¡la vida vuelve!
Pisando tumbas,
llegamos al altar:
¡memento mori!
Los franciscanos
repican las campanas:
¡la fuente reza!
Desde el Gianicolo,
cúpulas y cipreses:
¡balcón de Roma!
Reanudada la marcha, enseguida encontramos el rincón donde Tasso pasaba muchos momentos reflexionando sobre la miseria de la vida. Hay un letrero junto a restos de la encina a cuya sombra, según dicen, se sentaba el poeta.
Sabe de Tasso
la sombra de esta encina
vida y miserias.
El hierro aguanta
las ramas de su encina.
Tasso recuerda.
Cojo una hoja de una encina cercana y la meto de recuerdo en mi libreta de notas antes de seguir la ruta colina arriba.
Hoja de encina
como un verso perdido
de un gran poema.
Enseguida descubrimos un faro blanco entre pinos, el caballo encabritado de Anita Garibaldi y estatuas de militares sembradas por todas partes, en el césped y al borde del paseo, que acaba en una gran plaza dominada por la estatua ecuestre de Garibaldi. Y siempre, a la izquierda, amplios miradores para ver la ciudad, cada vez más llenos de turistas y grupos de escolares que siguen a su manera las explicaciones de alguna profesora.
Oscuros pinos
rodean un faro blanco.
¡El mar perdido!
Luz de caballos:
Anita Garibaldi
sube a las nubes.
Caballo quieto:
Me mira Garibaldi
sin altos sueños.
viernes, 27 de mayo de 2011
LA PINEDA

Compañera del paseo y de las aguas benignas es la lectura, ese viaje inmóvil a otras vidas, a otros escenarios y paisajes donde el alma revive nuevas aventuras, se encariña con otras experiencias, ese viaje inmóvil a otros espacios intemporales, incorpóreos, donde viven nuestros dobles inventados, hermanos de soledades parecidas, de dolores, esperanzas y alegrías que duran unas páginas.

¡Ah, la lectura!
Cuando entras en un libro, abres una puerta misteriosa a lo desconocido, tal vez de una ciudad que te recuerda otra ciudad real donde fuiste feliz, conociste un amor o despediste la oportunidad de ser amado, tal vez la ocasión de ser tú mismo de nuevo o aquel que te hubiera gustado ser rodeado de gente interesante…
¡Ah, la lectura!
El placer de leer, de saber de primera mano las vidas de otros seres, cómo se vive en una ciudad al otro lado del mundo, subir al cielo durante unas horas o escapar de un infierno sólo cerrando el libro.
¡Poesía de la imaginación que de un rincón tranquilo del Mediterráneo me transporta al otro lado del mundo en un instante, sólo con abrir los mudos labios de un libro!

jueves, 26 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA
miércoles, 25 de mayo de 2011
LA PINEDA


martes, 24 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA

lunes, 23 de mayo de 2011
LA PINEDA

¡Las aguas! En plural,
Como las fuerzas telúricas
Sometidas al tiempo,
Como tú y yo,
Están aquí presentes,
Calladas y esperando sus éxtasis
Entre acristalados y silenciosos muros,
Nieblas de eucalipto, rosas húmedas,
Sumergidas, puentes de madera,
Tarimas donde asoman las vivaces,
Curiosas lagartijas
Tras las huellas mojadas de la gente
Que busca las hamacas tras el húmedo
Y constante movimiento de las aguas.
¡Las aguas que despiertan de repente
Y temperan nuestros cuerpos!
¡Las aguas que conocen
Las penas y el dolor de nuestros músculos,
El escozor de nuestras cervicales,
La grasa de nuestros vientres…
Sometidos inexorablemente al peso y paso de la edad!
No lamentamos nuestra vejez,
Que es asunto del tiempo y los recuerdos,
Que pasan y pesan contra nosotros
Sometiéndonos
A las penas y el dolor de nuestros músculos,
El escozor de nuestras cervicales,
La grasa… blablablá, blablablá.
Cantamos a las aguas del SPA,
De las saunas, los chorros, las cascadas,
Las burbujas, los cambios de temperatura…
Cantamos esta agua tan benignas
Con nuestras limitaciones,
Estas agusa perfumadas
De rosas y esperanzas,
Esta agua que dan paz y temperan nuestros cuerpos.
domingo, 22 de mayo de 2011
PATADAS AL DICCIONARIO


viernes, 20 de mayo de 2011
La Pineda
miércoles, 18 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA


HABLO DE ROMA
martes, 17 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA
lunes, 16 de mayo de 2011
HABLO DE ROMA
lunes, 9 de mayo de 2011
MEMORIAS DE UN JUBILADO
El tiempo se va volviendo más bonancible y el cuerpo lo agradece. Y es que estamos en mayo y todo en la naturaleza invita a echarse al campo y disfrutar con las vistas jugosas que nos ofrece por todas partes. Acabamos de volver de Tossa y allí he podido ver cómo el bosque y la mosntaña se desperezan y cantan a la vida con colores y olores agradables. Y no he podido evitar que la memoria me traiga los recuerdos de la infancia que tenían que ver con este mes tan esplendoroso.

"En mayo empezaban las romerías, que eran fiestas muy particulares a medio camino entre la religión y el ocio y en las que participaba todo el mundo.
La romería del Cristo de Morales era única. Íbamos los ocho caminando en grupo por la carretera de Salamanca hasta el Cementerio y allí nos salíamos de la cinta de alquitrán para seguir por los campos donde crecían las espigas de cebada, que los más pequeños pelábamos para comernos los tiernos granos o bien las usábamos como dardos para clavarlas entre bromas en las rebecas de lana que llevaban mi madre y mis hermanas. Las golondrinas volaban a ras del cereal y se hinchaban de mosquitos. Un olor limpio salía de la tierra, y el cielo, transparente y azul, era la mejor promesa de que el tiempo estaba a favor nuestro, aunque alguna vez la lluvia apareció y hubo que suspender la romería.
Por el camino nos juntábamos con más gente que iba hacia la ermita. Allí había, alrededor de la iglesia del Cristo, una gran explanada con puestos donde se vendía de todo, desde cacharros de la tierra hasta recuerdos y medallas de la festividad, avellanas, rosquillas, limonada…, todo para agradar al cuerpo, aunque nosotros, como casi todos los romeros, llevábamos la comida y la bebida para pasar el día.
También en la explanada había un sitio reservado para el baile donde una charanga compuesta de tamboriles y dulzainas tocaba sin cesar, invitando a mover el esqueleto. Y mientras tanto, los cohetes subían silbando al cielo con sus cañas y su pólvora y allí arriba reventaban en secos estampidos, salpicando el azul con pequeñas nubes grises de humo. La tradición exigía pasar por la ermita y rezar un Padrenuestro al Crucificado del altar cuyo pelo, hecho de trenzas naturales, le caía dividido sobre el pecho y la espalda. Luego los chicos subíamos al campanario a escribir otro año más nuestros nombres en el bronce de la campana, en la madera de su melena o en las jambas de las ventanas de la espadaña, y a tocar con el badajo nuestros propios repiques.
Para entonces mis padres habían escogido un sitio en la explanada y extendido una manta sobre la yerba. Cuando llegábamos ya estaban sobre ella las tortillas, la carne empanada, los pimientos fritos, el pan blanco y las bebidas.
No era extraño encontrarnos allí con algunas familias del barrio y, después de comer, los chicos nos íbamos por ahí a hacer alguna de las nuestras mientras los mayores echaban una cabezadita."
viernes, 6 de mayo de 2011
FOTOGRAFÍAS QUE HABLAN
jueves, 5 de mayo de 2011
DELIBES LECTOR
Los asuntos literarios que aparecen en Un año de mi vida presentan un abanico muy amplio y van desde las meras lecturas del propio Delibes hasta comentarios sobre su obra, pasando por semblanzas de escritores conocidos y muchas veces amigos del autor y conferencias u opiniones sobre la narrativa en general. Siguiendo esta clasificación, un tanto cogida por los pelos, distribuiré este modesto trabajo en cuatro grandes apartados: 1, Lecturas de Delibes; 2, Comentarios sobre su obra, tanto referidos a sus contenidos como a su forma, técnica y estilo; 3, Semblanzas de escritores; y 4, Conferencias y opiniones ajenas y propias sobre la narrativa.
1. Entre las lecturas efectuadas por Delibes en ese año de su vida, destacan las siguientes:
“Relato de un náufrago”, de Gabriel García Márquez (14 de julio de 1970) “Hoy leí “Relato de un náufrago”, de Gabriel García Márquez. Estos cuadernos de Tusquets Editor son un acierto (el epistolario sentimental de Freud era una delicia). La narración del desastre marinero es tan viva y vigorosa que me mareé” (según Delibes eso de marearse le había ocurrido viendo una película pero nunca leyendo un libro).
“Olas sobre una roca desnuda”, de Terenci Moix (29 de julio de 1970). “Oliveri, el protagonista, afirma que es el residuo de una sociedad burguesa que él no ha creado y, por tanto, no es responsable, pero yo pienso que es un cínico, ya que si la sociedad que nos ha engendrado no nos agrada, lo que hay que hacer es trabajar para cambiarla, no huir. A mí los ideales burgueses me deprimen, pero los del heredero de estos ideales, el joven Oliveri, sencillamente me revuelven las tripas. (…) Afortunadamente, Moix, con mucho talento, expone únicamente la actitud de un pequeño sector juvenil. El libro revela a un buen escritor. La mezcla del lenguaje culto con el taco (…) está aquí bien administrada. El epistolario de Oliveri es interesante. Se me ocurre que quizá por aquí puede encontrar una salida la novela moderna. La obra participa del relato, el ensayo e incluso la poesía, esto es, más o menos, como el “Nouveau roman”, pero el libro de Moix es mucho más enjundioso y penetrable que éste.”
“Las memorias de Mosby”, de Saul Bellow (22 de agosto de 1970). Después de afirmar que el libro está bien y que, según ha leído en “El Norte”, su última novela es un “best seller” en Norteamérica, de lo que se alegra mucho, añade: “A mí Bellow me parece un gran caracterizador de tipos: el más directo heredero de Steinbeck. Es duro pero tierno y, cosa importante, su sentido del humor está muy desarrollado. Cada día admiro más a los escritores con sentido del humor. Será porque escasean. Pero para exponer problemas graves no juzgo imprescindible la gravedad. El neorrealismo italiano nos mostró auténticas llagas con la sonrisa en los labios. Eso es el talento.”
“Los rusos de hoy”, de Leonid Vladimorov (4 de septiembre de 1970). “La lectura me ha interesado, aunque el libro, sin pretensiones filosóficas por supuesto, es demasiado esquemático e incompleto. De todos modos, después de lo visto en Checoslovaquia, lo de Rusia no me ha sorprendido. Los miembros del partido equivalen a los privilegiados en los sistemas capitalistas. Su dios también es la producción. El hombre sirve a las máquinas. Y los desheredados, como en Occidente, viven hacinados esperando ocho o diez años a que el Estado-padre les ceda un piso de treinta metros cuadrados. El capítulo referente al control de la Prensa lo podía haber escrito yo. Es la misma cosa.”
miércoles, 4 de mayo de 2011
El relato del mes

Primera Escena
--Venga, chico, baja ya. Se me va a caer la cabeza por la espalda.
La luz de la tarde se iba deprisa del patio, que olía a sábanas recién lavadas.
--¿De verdad que no quieres subir a ver este trabajo?
--Mañana, Luis, mañana. O tal vez pasado. No te preocupes. Y ahora, venga, baja ya, que los chicos nos esperan en el “Ros”. Dale recuerdos a la señora Reti.
--Bien, bien. Bajo ahora mismo.
Y desparece del balcón. Abajo, Enrique, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, silba la canción de la tertulia, mientras espera a su amigo. Ya casi es de noche.
--Os he llamado para ultimar los detalles de nuestro trabajo.
José, de cabeza pequeña, nariz aplastada y en las manos una revista, es el primero en intervenir:
--Adolfo y yo hemos estado otra vez esta tarde en la editorial. Todo sigue igual. El ordenanza no se separa de la puerta. El ascensor no es problema como tampoco el pasillo de la primera planta. Hasta el mes que viene no regresa el director, y la secretaria, como siempre, sobre las seis se va al comedor a merendar y no regresa hasta las siete.
--Ése es el momento de clave—dice Adolfo.
--Entonces yo entro por el patio del transporte—dice Luis—y luego…
--Bueno, bueno—interrumpe Adolfo ayudándose de un gesto evidente con la mano-- .No vamos a repetirlo ahora. Quiero, en cambio, que os fijéis en un punto en el que no hacíamos suficiente hincapié en otras ocasiones. Y es el detalle que se refiere al señor Martínez.
--Hay que hacer como sea—intervino José—que durante ese tiempo, es decir, desde las seis hasta las siete de la tarde, no se levante para ir al lavabo.
--No sé qué daría—intervino Enrique—por curarle ahora esa maldita diabetes suya.
--No es momento de hacer chistes-- cortó tajantemente Adolfo, que parecía llevar la voz cantante del grupo.
--Como decía –insistió José—hay que procurar que el señor Martínez no vaya esa tarde al lavabo, quiero decir a esa hora. Para eso tú, Luis, que estás en su sección, actuarás en consecuencia.
--¿Qué significa eso de “actuar en consecuencia”?—preguntó el aludido.
--Simplemente—intervino Adolfo--, echarás un somnífero en el café mítico del señor Martínez. Una vez salvado ese escollo, lo demás saldrá como si tuviera alas en los pies—guarda unos segundos de silencio-- Ahora voy a telefonear.
--¿Es que hay alguien más?—dijo Luis extrañado.
--¿Y eso qué importa?—contestó Adolfo con el auricular pegado a la oreja--. ¿Es que quieres pasarte toda la vida escribiendo poesías para participar en concursos? Después de esto, no volverás a escribir poesías. Te lo aseguro—Hizo un gesto de silencio; luego se dirigió a la persona que había al otro lado de la línea telefónica:-- Buenas noches, soy Adolfo… Sí, sí… ¿Cuándo? ¿El próximo jueves? –miró a sus amigos preguntándoles con la mirada--. De acuerdo –sonrió a sus amigos--. Hasta la vista.
--¿Ya está?—preguntó José.
--Ya está—contestó Adolfo--. Dile al tío Ros que nos ponga unas copas. Brindaremos por nuestro trabajo, ya comido.
Es el día señalado, por la tarde, en la esquina de la editorial. Junto a ella se detiene un taxi. Bajan de él los cuatro amigos.
--Las seis y diez—dijo Adolfo consultado el reloj--.Conformes. Luis, ya puedes empezar. Suerte. Te esperamos en el lugar convenido.
Adolfo y los otros dos amigos rodean el edificio, mientras Luis entra en él por el patio del transporte, evitando cualquier encuentro y, tras sortear los camiones estacionados, se cuela de rondón en el almacén. Suerte. No hay nadie a la vista. Lo cruza velozmente. Se acerca a la puerta del fondo, pero ha de esconderse rápidamente detrás de unos paquetes porque se oyen unos pasos que se acercan. Son dos empleados con monos azules que pasan a un par de metros de donde está escondido. Cuando desaparecen, un peligro menos. Franquea la puerta y recorre el largo pasillo que se abre ante él. La suerte es que a aquellas horas nadie suele frecuentarlo. Abre la puerta del fondo del pasillo. Otro pasillo a la derecha. Desierto como esperaba. Lo recorre hasta llegar finalmente a una puerta de hierro, blindada, contra posibles incendios. Descorre el cerrojo… Al otro lado, le esperan, impacientes, sus compañeros.
--¿Qué ha pasado?—le preguntó preocupado José.
--Las seis y cuarto—dijo Adolfo consultando la hora--. No perdamos más tiempo. Adelante.
--Bravo, chico—dijo Enrique palmeando la espalda de Luis para animarle.
--Silencio—cortó Adolfo--. Esto no es nada comparado con lo que nos espera. Adelante.
En el pasillo que tienen por delante no se topan con nadie. Llegan junto al ascensor. De nuevo Luis se separa de sus amigos, que entran en el ascensor, mientras él sube de dos en dos las escaleras. Desde ella los ve entrar en el despacho del director. Luego él atraviesa el pasillo de los Lavabos y al leer el letrero por un momento piensa en lo peor, pero finalmente acaba sonriendo al entrar en la sección y descubrir sentado a su mesa al señor Martínez con su proverbial café.
--Buenas tardes, señor Martínez—le dijo-- ¿Saboreando su cafelito?
--Así es, hijo. ¿Cómo va todo? Supongo que bien. Ahí sobre tu mesa tienes una carta.
Luis repara en el sobre. Es de su hermana. De pronto un pensamiento le hace perder la noción de la realidad. Rompe el sobre y saca la carta. Lee:
“Querido Luis. La pena no me deja escoger las palabras para decírtelo de manera suave. Ya sabes que mamá estaba enferma. Pues hace una semana se puso muy grave. El tío Domingo dice que vengas a casa a vuelta de correo. Que se lo comuniques a tus jefes antes de venir; no sea que pierdas tu empleo y los tiempos que corren son muy malos. El pobre quiere lo mejor para ti. No les des demasiada importancia a sus palabras. Lo que importa es mamá. Tu hermana que te quiere, Amanda.”
Luis mete la carta en el sobre y sale de la sección despacio, como ausente, con la pena haciéndole temblar la barbilla.
Una vez en la calle, una calma inmensa se adueña de todo.
Menos la tristeza de Luis, que le quema ahora la garganta.
Dentro, en la editorial, se acaba de desencadenar un infierno para sus tres amigos.
Enrique, Adolfo y José fueron a parar a la cárcel, donde aún permanecen.
Y al señor Martínez, el señor de la diabetes, le subieron el sueldo y de categoría en la sección por haber delatado a los ladrones.
lunes, 2 de mayo de 2011
El poema del mes

Contemplarse en el espejo
sin máscaras de carnaval
y desnudo de medallas.
a solas sin telones
ni público que aplauda tus palabras.
No el que tus amigos piensan de ti,
ni el que tú pretendes ser para satisfacerlos,
ni siquiera el que crees que eres a veces
cuando todo te va bien y abres los labios
y todos celebran tus ocurrencias.
que los demás te ponen
y te asomes desnudo ante el secreto
que sólo tú conoces,
llegarás al umbral de tu silencio,
esencia de tu vida y de tu muerte.
domingo, 1 de mayo de 2011
De vista, de oídas, de leídas

Y lo cumplió.