miércoles, 15 de noviembre de 2017

NOVIEMBRE EN SALOU





En medio de telarañas y calaveras, aún despistadas del último Halloween, la pareja de jubilados llegaron a Salou. Habían reservado una habitación doble en el Da Vinci y, tras dejar las maletas en la habitación que les habían adjudicado, salieron a dar un vuelta en busca del mar, que, según la recepcionista, quedaba dos calles más abajo. Aunque era noviembre, la temperatura mostraba valores primaverales, incluso en la playa, que enseguida encontraron, el calor era tan reconfortable que decidieron tumbarse cerca de la orilla, adonde las olas, majestuosamente, se acercaban alineadas disciplinadamente a la arena y allí rompían una tras otra en un murmullo muy seductor. Los dos ancianos no tardaron en dormirse, y mientras ella soñaba con que volvía a la infancia y encontraba vivos a sus padres en la casa familiar, él asistía en sueños a su propio entierro en el pueblo de montaña adonde pensaban ir de excursión unos días después. Cuando despertaron, se miraron a la cara y sonrieron. “¿De qué te ríes?”, le preguntó el hombre. “Del sueño que acabo de tener. Era una niña y veía a mis padres vivos en la casa donde nací. ¿Y tú?” “¿Yo? Yo debería llorar”, respondió él. “¿Por qué?”, le preguntó la mujer. “Porque he soñado que me había muerto y me llevaban a enterrar en el pueblo adonde iremos de excursión dentro de unos días.” “Y entonces, ¿por qué sonreías?”, le volvió a preguntar ella. Y el hombre: “Precisamente porque al despertar he visto con alivio que sigo vivo, junto a ti. Venga, volvamos al hotel.” “Sí, volvamos, que ya empiezo a tener hambre.”
Y la pareja, sonriendo de nuevo, se cogieron de la mano y echaron a caminar hacia donde creían que habían dejado el Da Vinci. Atravesaron calles y calles, pero el hotel no aparecía por ningún lado. Cansados de caminar, el hombre le rogó a su esposa que le esperara sentada en un banco mientras él buscaba a alguien para pedirle ayuda. Al cabo de un rato descubrió a una mujer vestida de rojo que se miraba en el cristal de un escaparate. Se acercó a ella. “Oiga, le dijo, ¿sabe dónde se encuentra el hotel Da Vinci?” “¿Da Vinci?, contestó la mujer sin girarse, ese hotel no existe ya. Un incendio voraz lo destruyó hace más de dos años.” “¿Qué dice?”, preguntó el jubilado sin podérselo creer. La mujer se giró. En sus ojos brillaba una luz roja, como su vestido. “Si no me cree, dijo, camine hacia el final de esta calle. Allí verá aún renegridas y amontonadas las ruinas del Da Vinci.” El anciano se creía que aquella mujer de rojo no estaba bien de la cabeza y la dejó con la palabra en la boca. Se reunió con su  mujer y juntos se pusieron a caminar por la acera en dirección del final de la calle. “No te lo querrás creer, pero acabo de hablar con una mujer que me ha dicho que nuestro hotel fue destruido por el fuego hace dos años.” Su esposa lo detuvo. “¿Qué mujer?” Su marido miró hacia el lugar donde momentos antes había hablado con la mujer de rojo y se quedó helado de terror. “¿Qué mujer?”, repitió su esposa. El hombre tenía los ojos desencajados. Articulando defectuosamente las palabras le contestó mientras con el brazo tembloroso le apuntaba hacia el escaparate vacío: “Estaba ahí, en el escaparate de esa tienda de zapatos.”

Llegamos al hotel a mediodía. Dejamos las maletas en la habitación numero 254, que daba a la calle y desde cuya terraza podíamos ver nuestro coche aparcado, y fuimos a dar una vuelta por los alrededores para hacer tiempo antes de comer. El mar estaba cerca, según nos había indicado la recepcionista que nos había atendido, y nos acercamos a la orilla. Hacía un tiempo primaveral y nos descalzamos para caminar por la arena de la orilla, fina y fresca. Después nos acercamos hasta un bar romántico asomado al mar junto a la pasarela que da comienzo al Camí de Ronda, según nos dijo la mujer de rojo que nos sirvió el vermut, y allí estuvimos un buen rato viendo el venir constante de las olas y el cabrilleo del mar. Se estaba tan bien allí que se me olvidó la hora de comer del hotel; si no es por tu madre, que siempre va de prisa a todos los sitios, que me lo recordó, nos habríamos quedado sin comer.
El bufet libre del Da Vinci es muy completo y quedamos absolutamente satisfechos. Sí, tu madre también, que ya sabes que siempre tiene que protestar por todo, que si el arroz está pasado, que si no hay bastantes semillas de soja, que si el rosado no está lo suficientemente frío o que la camarera de la zona de nuestra mesa es un poco seria y sólo habla con los clientes que llevan aquí varios días, etcétera. Hoy ha subido en el ascensor con una sonrisa francamente amplia. “¿Qué nota le pondrías al bufet?”, me ha preguntado antes de llegar a la planta de nuestra habitación. Yo, sin pensarlo: “Un cinco sobre cinco.” Ella: “Tampoco te pases. El potaje de garbanzos no era tal. Chorizo y algunas verduras flotando en el caldo, pero ni un solo garbanzo.” El ascensor ha llegado a nuestro piso y al salir, nos hemos encontrado en el pasillo con una mujer de rojo que me ha mirado con ojos sanguinolentos. Mientras caminábamos hacia nuestra puerta, le he preguntado a  tu madre: “¿La has visto?” Tu madre, desconcertándome otra vez: “¿A quién?” “¿Cómo que a quién? A la mujer de rojo.” Tu madre se giró para mirar. “No hay nadie.” En ese momento se cerraba el ascensor y se ponía en marcha. “”Se ha ido en ese ascensor”, dije decepcionado. “¿Te has pasado con el vino?”, me preguntó. No podía creérmelo. Sacudí con la cabeza un pensamiento que cruzó por ella un instante. Coloqué la tarjeta sobre el visor de la puerta y empujé. “Me voy a echar la siesta”, dije. Entró detrás de mí y se quedó en el lavabo. Mientras me dejaba caer sobre la cama, oí su voz: “A ver si te despejas, querido, y dejas de pensar en películas de misterio. Luego saldremos un rato a pasear por el pueblo.” Me dormí enseguida. Yo era un detective privado (en el sueño que tuve, quería decir) y me encontraba de misión en Bolonia. Lo primero que tenía que hacer en la ciudad de las Torres era encontrarme con una mujer en la catedral de San Petronio. Debía llevar puestos un jersey rojo y una falda del mismo color y estar sentada en un banco de la zona derecha del templo. Una vez hecho el contacto, me entregaría una biblia y desaparecería hasta el día siguiente en que me volvería a encontrar con ella. El que hablaba conmigo en el sueño indicándome cada uno de los detalles anteriores, tosía de vez en cuando y llevaba tiznado de negro el rostro. Tras cada tos, descansaba unos instantes para recuperar el aliento y repetirme una y otra vez: “Lo siento, durante el incendio inhalé gran cantidad de humo, y eso me provoca la tos.” Y empecé a toser tan violentamente, que desperté. El rostro de tu madre me miraba preocupada al borde de la cama. “¿Estás bien?”

El primer día en el Da Vinci fue genial. Mejor imposible. Sin duda el hotel era el mejor que habían conocido en sus múltiples viajes con Mundo Senior por media España, contando la península y las islas, y ya llevaban ocho años jubilados. La pareja, después de cenar, subió a la habitación a arreglarse para el baile. Y aunque eran los dos ya setentones, aún conservaban cierta apostura energía suficiente para dominar y lucir en casi toda clase de bailes. Y así ocurrió en la pista, situada a un lado de la cafetería del hotel. A las pocas piezas bailables ya se habían convertido en el centro de la mayoría de las miradas del público que, a falta de la actividad de mover el esqueleto al ritmo de la música, ocupaba las mesas circundantes. Hasta que de pronto el cantante, con nombre de papa y apellido de espíritu,  anunció que iba a cantar No rompas más mi pobre corazón, y la pista acto seguido se llenó de mujeres dispuestas a bailar en línea el famoso country. Nuestra pareja se vio de pronto separada por el aluvión femenino. Ella se vio relegada a la fila tres y él a la quinta. Comenzó a sonar la música y la voz del cantante se extendió por la sala como un estridente lamento de amor. Un dos tres cuatro…el hombre se desplazó hacia la derecha y sus zapatos tropezaron con los tacones altos de la mujer de al lado. Uno: “Perdón.” La otra: “Perdón.” Y sonreía. Le sonreía a él. Y llevaba un vestido rojo chillón. Entonces, sin dejar de bailar a derecha, atrás, a izquierda, adelante, un dos tres cuatro, dando un golpe de tacón en el suelo antes de girar, entonces el hombre reparó en la mujer. Era la del ascensor, la del escaparate, la del sueño de Bolonia. El hombre miró adelante adonde estaba bailando su esposa esperando a que mirara atrás y viera a la mujer que bailaba a su lado No rompas más mi pobre corazón, pero ella estaba muy abstraída en bailar también No rompas más mi pobre corazón. “Bueno, déjala que baile tranquila y divertida”, se dijo él. Cuando acabe de sonar el country me mirará y entonces descubrirá a esta mujer vestida de rojo y entonces… entenderá…”

Nada más amanecer el domingo nos preparamos para la primera excursión, que era recorrer el Camí de Ronda hasta la Playa Larga. ¿Te acuerdas? Fue el primer camping que conocimos tras comprar la caravana. Tu madre quería ir más lejos, pero yo no me sentía tan valiente como para tirar de la caravana kilómetros y kilómetros, y menos cuando al pasar Tarragona descubrimos volcados a un lado de la autopista juntos la caravana y el coche que tiraba de ella. Así que me prometí a mí mismo acampar en el primer camping que encontráramos en ruta, y el primero se hallaba en Salou. Y la verdad sea dicha, el sitio que ocupamos tenía unas vistas incomparables, y vosotros, tu hermano y tú, lo pasasteis de miedo en Playa Larga. Sólo con bajar unas escaleras llegabais a la cala y pescando y buceando en el mar transcurrían las horas volando. Pues eso, después de desayunar en el Hotel, bien preparados, tomamos la dirección de la esquina de los bares donde comienza el Camí de Ronda. Al borde del mar, oyendo reventar las olas bajo la pasarela por la que caminábamos, fuimos descubriendo diversas calas: la primera la del Capellans. Había gente paseando por la orilla y otra arrimada a las rocas para escapar del viento. Y nosotros, a la aventura. Si hubieras visto a tu madre retocarse el pelo cada dos por tres por culpa del viento, que a medida que subíamos y nos asomábamos desde las alturas al inmenso mar azul se volvía más impetuoso. Tras andar más de una hora subiendo y bajando escaleras, dejando atrás lugares solitarios y hermosos como El Altar, y nuevas calas como les Lleguadetes, y cuando ya las rodillas empezaban a resentirse, llegamos a la Playa Larga. Fue emotivo a la vez que decepcionante. Ni camping ni nada que se le pareciera había allí. Sólo descubrimos las plataformas de cemento antiguas sobre las que habían estado asentadas las parcelas de nuestro camping. Y del lugar en que plantamos nuestra caravana, ya no supimos localizarlo. A cambio, han urbanizado todo el lugar abriendo escaleras con pasamanos de acero inoxidables hacia la arena y las piedras que hoy constituyen las calas y las playas; construyendo paseos y parques infantiles con vistas al mar; plantando pequeños jardines escalonados donde crecen plantas aromáticas y otras. Y pinos. Los pinos sí que siguen estando presentes allí. Algunos, centenarios, milagrosamente aún seguían de pie; otros talados (los troncos que quedan parecen columnas de arruinados templos erigidos en honor de Neptuno, el dios del mar), otros arrancados de cuajo con las raíces al aire por el incansable y fuerte viento que aquí sopla constante y otros torcidos por la misma causa y aguantados por horquillas de hierro para que no se caigan del todo. Tras echar una ojeada a los efectos del paso del tiempo y del vendaval, tu madre escogió un sitio en la playa al abrigo del viento y se tendió sobre la arena, mientras yo, nostálgico, proseguí mi paseo hasta un lugar de rocas que descendían hacia el mar como una lengua de lava. Tengo que decirte que cuando me disponía a saltar desde las rocas a la playa, descubrí en el agua a una mujer con bañador rojo que venía hacia la orilla como una Venus humana. No le hables nunca a tu madre de este detalle mitológico porque le falta poco para encerrarme en un manicomio después de lo ocurrido durante las horas anteriores con la mujer vestida de rojo que se ha cruzado en mi vida varias veces, incluidas las dos del Da Vinci.

jueves, 19 de octubre de 2017

EN PAZ CON UNO MISMO Y CON LOS DEMÁS II



Ahora que estamos viviendo momentos muy difíciles cuya solución está en el aire, tanto que de no ser positiva para todos, y en ese caso las consecuencias podrían abrir entre nosotros abismos insalvables, necesitamos poner por parte de cada uno de nosotros lo mejor que tengamos de sensatos, respetuosos, cumplidores de nuestras obligaciones, justos, libres, pacíficos y leales respecto al bien común.


Y empecemos teniendo en cuenta la frase de Goethe: "Detente, instante; eres tan bello." El instante presente es el que cuenta. Aprovechémoslo para pensar en los demás, en todos. Y especialmente en uno mismo. Séneca nos lo dijo muy bien: "Sabed que cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo." ¿Que todos tenemos defectos?, ya lo sabemos, pero hagamos como pedía Pitágoras: "Escribe en la arena las faltas de tus amigos." O tengamos en cuenta lo del proverbio persa que dice: "Quien difama a un amigo revela sus propios defectos." Porque "Un buen amigo, como decía el poeta Tagore, es como la sangre: acude a la herida sin esperar a que lo llamen."


¿Tenemos los ánimos por los suelos? Pues hagamos caso al consejo que nos da de nuevo Goethe, un filón de sabiduría que, si sabemos aprovecharla, nos sacará a flote en más de una ocasión. El autor del Fausto nos recomienda: "Entrégate a la actividad y poco a poco se irá levantando tu ánimo; no descanses, no te vuelvas nunca atrás." En el mismo sentido el escritor barroco español Saavedra Fajardo nos recuerda que "No hay ruina que con sus propios fragmentos y con lo que la buena disposición puede ir añadiendo no se pueda levantar y construir sobre ella una nueva casa."


Relacionada con el esfuerzo de rescatar el buen ánimo se halla la alegría. Si somos de espíritu más o menos alegre, las dificultades para salir adelante son menos. Schopenhauer, otro pensador acreditado, dejó escrito: "Nada puede reemplazar todos los bienes tan completamente como la alegría, mientras que a ella misma nada puede reemplazarla." Por algo uno de nuestros mejores poetas modernistas, Rubén Darío, dijo de la alegría que "es la limpieza, la salud del cuerpo y la salud del alma."
Paralelo a la alegría corre el autocontrol. Tagore aconseja a propósito: "Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas." Porque queramos o no, siempre dentro de cada uno de nosotros, "hay, como dijo Browne, otro hombre que está contra cada uno de nosotros." Así que sigamos el consejo del proverbio chino que dice: "Disfrutemos hoy. Es más tarde de lo que creemos."
Disfrutemos de lo que tenemos a la vez que ayudamos a los demás a conseguirlo, si bien de manera inteligente. No en balde Pitágoras aconseja: "Ayuda a tus semejantes a levantar su carga, pero no a llevársela tú."

lunes, 9 de octubre de 2017

EN PAZ CON UNO MISMO Y CON LOS DEMÁS, I

En este mundo de ahora tan convulso y tan dado a las contradicciones de todo tipo nos convendría antender a unos cuantos consejos y reflexiones que dejaron escritos para ayudar al ser humano en todas y cada una de sus facetas cotidianas los sabios que en el mundo han sido y están llenos de buenas intenciones. En la medida en que pensemos sobre ellos y procuremos llevarlos a la práctica, nos haremos mejores y viviremos en paz con nosotros mismos y con los demás. 

 

La primera reflexión nos la sugiere Butzer cuando dice: "Una persona es tan grande como positiva es su actitud".
Si tenemos la suerte de dedicarnos a la creatividad de cualquier tipo, literaria, pictórica, musical..., es oportuno el pensamiento que escribió el poeta ruso Ruskin: "Cuando el amor y la creatividad trabajan juntos, se puede esperar de esa unión una obra maestra."
Para vivir en paz con uno mismo y con los demás, es conveniente que seamos personas alegres. Ya lo dijo el filósofo y escritor Schopenhauer: "Aquello que produce más felicidad interior es la alegría. Por eso, cuando se presente la alegría, abrámosle puertas y ventanas porque nunca resulta inoportuna su llegada pues la alegría destierra el estado angustioso de las almas."
Y también el poeta Amado Nervo nos anima a ser alegres: "Alégrate si eres pequeño; alégrate si eres grande; alégrate si tienes salud; alégrate si la has perdido para así recuperarla. Alégrate si eres pobre; alégrate si eres rico. Alégrate siempre."

 

¿Y dónde se encuentra la alegría? Marco Aurelio nos contesta: "La alegría se encuentra en el fondo de todas las cosas, pero a cada uno le corresponde extraerla."
La alegría prolonga la vida y regala salud, independientemente del modo de vida que nos toque vivir, porque, como reza un viejo proverbio chino, "Casa de paja donde se ríe es mejor que palacio donde se llora."
Con todo, para vivir a gusto con uno mismo hay que actuar y mover las cosas no dejarnos guiar por ellas. El filósofo Ortega y Gasset lo dijo mejor: "Solemos llamar vivir a sentirnos empujados por las cosas, en lugar de conducirlas con nuestras propias manos."
Cumberland insiste: "Es mejor gastarse que enmohecerse."
Y también Maeterlinck para relacionar el pensamiento con la acción: "Un pensamiento puede ser una cosa excelente, pero la realidad empieza en la acción."


Otros escritores y filósofos nos ayudan a asimilarlo mejor. El español Marañón nos dice que "El hombre ha de ser esclavo de la acción si quiere ser libre", mientras que Burton escribió: "La actividad es el imán que atrae las cosas buenas."
Finalmente, un proverbio ruso prefiere aconsejarnos utilizando una imagen muy práctica: "Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla."

martes, 26 de septiembre de 2017

BOLONIA CON NOMBRE PROPIO



A pocos meses de mi viaje a Bolonia, sigue muy presente el cariño que le he tomado a esta ciudad italiana. Por eso aquí quiero hacerle una especie de homenaje de agradecimiento por todo lo que he aprendido allí. En el homenaje incluyo nombres propios pertenecientes a varias disciplinas, desde la literatura hasta la vida y los monumentos de la ciudad de las torres, pasando por la pintura y el cine.

Giosuè Carducci2.jpg

Giosuè Carducci (Valdicastello, Toscana, 27 de julio de 1835 – Bolonia, 16 de febrero de 1907) fue hijo de un médico rural. Pasó su infancia en la región de Maremma antes de trasladarse a Pisa en 1853, donde estudió Filosofía y Letras en la Universidad. Después de ejercer de profesor en diferentes centros docentes, de 1860 a 1904 fue profesor de literatura italiana en la universidad de Bolonia, cátedra que mantuvo durante 42 años.
Opuesto al papado, a la monarquía y al sentimentalismo que dominaban la literatura italiana de su tiempo, fue el primer poeta que adaptó con éxito los metros clásicos latinos a la poesía italiana moderna. En toda su obra son notorios la afirmación de su personalidad, su rebeldía e inconformismo —sobre todo en su época juvenil— y su anticlericalismo militante.
Su primera colección de versos fue Juvenilia (1856–1860), a la que seguirían Levia Gravia (1861–1871), Giambi ed epodi (1867–1879), Rime nuove (1871), Odi barbare (1877–1889), Rime e ritmi (1890–1897), Intermezzo (1874–1886), La canzone di Legnano (1879), Ça ira (1883) y Primizie e reliquie, publicada póstumamente en 1928.
En su época fue traducido al castellano por el poeta José Jurado de la Parra.
Le fue concedido el premio Nobel de Literatura en 1906.
He aquí unos ejemplos de su poesía

Balada de la alondra persuasiva

En otra madrugada,
por vientos de ceniza,
obedecí al latido de la alondra.
El cielo no era cielo todavía.

La zona del hornero,
el tiempo de la encina
se inquietaban en lento aprendizaje
y el cielo no era cielo todavía.

Hubo un encantamiento
de flor y hierba fina,
un cauteloso antaño de rocío,
y el cielo no era cielo todavía.

Septiembre constelado
de dos campanas frías
rodaba por lugares de silencio
y el cielo no era cielo todavía.

En clima de obediencia
mi pulso recorría
todo un advenimiento de corolas
y el cielo no era cielo todavía.

No regresó conmigo
la alondra persuasiva
porque me desterró de su latido
cuando el cielo fue luz de mediodía.


La niebla de cuellos rizados...

La niebla de cuellos rizados
se levanta como la lluvia.
El mar aúlla y palidece
bajo el efecto del mistral.
Pero en los caminos de la aldea,
unas cubas en fermentación
el áspero olor de los vinos
regocija el corazón.

Sobre los leños candentes,
el asador gira crepitando,
el cazador silba
y desde el umbral de su puerta, observa
entre las nubes plomizas
el vuelo de unos pájaros oscuros
que migran en el crepúsculo,
como pensamientos desterrados.


Panteísmo

No os lo diré jamás, claras estrellas;
ni a ti lo diré nunca, sol fulgente.
Su nombre, hermosa flor de cosas bellas,
en mi pecho ha sonado solamente.

Las estrellas, no obstante, en sus reflejos,
mi secreto se cuentan, una a una;
por eso, puesto el sol, sonríen lejos
en todos sus coloquios con la luna.

Y una flor a otra flor con voz secreta
lo murmura en los cármenes risueños;
las aves cantan al pasar: Poeta,
el amor te ha enseñado dulces sueños”.

Nunca dije el secreto de mi vida,
mas divino fragor el hombre clama;
y entre efluvios de acacia florecida
el gran todo murmura: Ella te ama



Giorgio Morandi nació en el seno de una familia en la que compartió espacio con otros siete hermanos. En 1907, tras un breve periodo laboral en la misma empresa en la que trabajaba su padre, recibió instrucción artística en la Academia de Bellas Artes de Bolonia. En un viaje que realizó por esa época a Florencia, descubrió la obra de los primitivos renacentistas italianos, Giotto, Masaccio y Uccello, a los que estudió siguiendo el prisma cezanesco (por Paul Cézanne), artista a quien había descubierto poco tiempo antes.
En un primer momento siguió a los futuristas y al movimiento Novecento italiano, tras establecer contacto con Boccioni y Carrà, siendo invitado a participar en la exposición futurista celebrada en el Palacio Baglioni de Bolonia, y en la muestra Libera Futurista de Roma. Tras su amistad con Giorgio de Chirico su obra comenzó a influenciarse por la de éste. En 1927 participó en la primera exposición del movimiento novecentista, vinculado con el régimen de Mussolini. Poco a poco su estilo fue definiéndose e independizándose del De Chirico. Parte esencial de su iconografía comenzaron a ser los utensilios de la vida diaria: vasos, botellas, etc. Dichos objetos, colocados sobre una mesa, se convertían en los máximos protagonistas de sus cuadros. Seguía así a su admirado Cézanne en la elección de los bodegones sencillos como medio de expresión de su pintura.
En 1945 se celebró su primera exposición individual, en la galería Fiore de Florencia. Entre 1930 y 1956 Morandi fue profesor de grabado en aguafuerte en la Academia de Bellas Artes de su ciudad natal. En 1948 fue premiado con el primer premio en la Bienal de Venecia. Visitó por primera vez París en 1956, siendo galardonado al año siguiente con el gran premio en la Bienal de São Paulo.
En 1960 el director Federico Fellini rendiría tributo a Morandi en su largometraje La Dolce Vita, donde aparecían algunas de sus pinturas.
Giorgio Morandi fallecería en 1964 en su ciudad natal. En el año 2001 el Museo Morandi abriría sus puertas en una sección del Palazzo d'Accursio, sede del gobierno local de Bolonia.
‘Natura morta con cinque oggetti’ - Giorgio Morandi




Pier Paolo Pasolini. Nació en Bolonia, ciudad de tradición política izquierdista, pero de niño le llevaron por numerosas ciudades.
Según dijo, él era hijo de una familia representativa de la unidad italiana: «Mi padre desciende de una antigua familia noble de la Romaña; mi madre, por el contrario, procede de una familia de campesinos friulanos que alcanzaron la condición pequeño-burguesa. La madre de mi madre era piamontesa, pero con vínculos con Sicilia y la región de Roma». Su padre fue un soldado que se hizo famoso por salvar la vida de Benito Mussolini cuando el joven Anteo Zamboni atentó contra su vida.
Pasolini empezó a escribir poemas a los siete años de edad y publicó por primera vez a los 19, mientras se encontraba estudiando en la Universidad de Bolonia. Fue reclutado durante la Segunda Guerra Mundial; posteriormente, fue capturado por los alemanes, pero logró escapar. Al finalizar la guerra, se unió al Partido Comunista Italiano en Ferrara, pero fue expulsado dos años después según comunicó el PCI en el periódico L’Unità el 26 de octubre de 1949: "Con fecha del 26 de octubre la federación del PCI de Pordenone ha resuelto expulsar del partido por indignidad moral a D. Pier Paolo Pasolini, de Casarsa. Los hechos que han determinado tan graves medidas disciplinarias contra el poeta Pasolini , nos dan la ocasión de denunciar una vez más las deletéreas influencias de determinadas corrientes ideológicas y filosóficas, como las de los Gide, Sartre y demás celebrados poetas y literatos que se las dan de progresistas cuando, en realidad, adoptan los aspectos más deletéreos de la generación burguesa”.
Fue asesinado el 2 de noviembre de 1975, en circunstancias aún no aclaradas completamente.
En 1957 publicó los poemas de Le ceneri di Gramsci (Las cenizas de Gramsci, Premio Viareggio de 1957) y al año siguiente L'usignolo della Chiesa cattolica (El ruiseñor de la Iglesia católica). En 1960 dio a la imprenta los ensayos Passione e ideología, y en 1961 otro libro de versos, La religione del mio tempo.
Se destacan los ensayos Sobre la poesía dialectal (1947), La poesía popular italiana (1960) y Escritos corsarios (1975); las antologías Poesía dialectal del siglo XX (1955) y Antología de la poesía popular (1955).
Por otro lado, son fundamentales sus obras poéticas: La mejor juventud (1954), Las cenizas de Gramsci (1957), La religión de mi tiempo (1961) y Poesía en forma de rosa (1961–1964).
Asimismo destacan en la literatura italiana de posguerra sus novelas Muchachos de la calle (1955), Una vida violenta (1959) y Mujeres de Roma (1960), y los dramas Orgía (1969) y Calderón (1973).
Su obra poética, igual que su obra ensayística y periodística, polemiza con el marxismo oficial y el catolicismo, a los que llamaba «las dos iglesias» y les reprochaba no entender la cultura de sus propias bases proletarias y campesinas. Juzgaba asimismo que el sistema cultural dominante, sobre todo a través de la televisión, creaba un modelo unificador que destruía las culturas más ingenuas y valiosas de las tradiciones populares.
El senador Marcello DellŽUtri del partido Forza Italia, anunció el 2 de marzo de 2010 poseer el capítulo dado por perdido de Petróleo, el libro póstumo de Pasolini donde investiga sobre algunos asesinatos cometidos en los años 70. Según los expertos, los datos que ofrece en el libro y sobre todo en ese capítulo desaparecido, conducirían hacia los asesinos de Enrico Mattei, presidente de la petrolera ENI, fallecido en 1962 en un accidente aéreo envuelto en el misterio y la del propio Pasolini. De ahí el título del libro de investigación de Pasolini, Petróleo, que fue publicado en 1992 sin ese capítulo.
Se inició en 1961 como director, y al poco tiempo creó una suerte de segundo Neorrealismo, explorando los aspectos de la vida cotidiana, en un tono cercano al de la Commedia dell'arte, centrando su mirada en los personajes marginales, la delincuencia y la pobreza que arrastra Italia desde la posguerra, y estableciendo un estilo narrativo y visual en el que priman el patetismo y la ironía sobre el humor grueso y a veces sórdido de sus historias.
Debuta en 1961 con una película en clave neorrealista pero que abarca mucho más y sorprende a la crítica: Accattone, en la que inicia su relación personal y profesional con uno de sus actores fetiche (Franco Citti), quien, junto a su hermano Sergio Citti, había sido alumno de Pasolini cuando era profesor. Su segunda película, Mamma Roma (1962), es una obra ya plenamente neorrealista que se convierte casi desde su estreno en una de las cumbres del cine italiano de los 60, y que cuenta con una de las interpretaciones más aplaudidas de la memorable actriz Anna Magnani. Con El Evangelio según San Mateo (1964), Pasolini rompe con su trayectoria anterior (recordemos que Pasolini era un reconocido ateo, y que en 1963 fue condenado a 4 meses de cárcel por sus posiciones anticlericales en el film Ro.Go.Pa.G.), aunque no traiciona sus obsesiones personales ni las constantes de su cine, al presentar el pasaje bíblico en una lectura marxista (consecuentemente con su ideología de izquierda). A pesar de todo, el director de L'Osservatore Romano, Giovanni Maria Vian, la calificará como «una de las más bellas jamás rodada sobre la vida de Jesús».
Pajaritos y pajarracos (1966) es una de sus mejores obras (pese a las ya magníficas dos anteriores). Parábola política y humanística, inmortalizó al entrañable actor cómico Totó en una inolvidable creación, y es una película donde la música se hace protagonista de un modo único. Edipo Rey (1967), fue la primera cinta con guión ajeno, la famosa obra teatral de Sófocles, llevada al cine ese mismo año en una versión inglesa de menor repercusión comercial que ésta, que contaba entre su reparto con la maravillosa Silvana Mangano y uno de los actores favoritos del director, Laurent Terzieff. Teorema, estrenada en 1968, supone la consagración internacional de Pasolini, dotándole de un prestigio que incluso atrapó al público mayoritario. En ésta, sobresalen los trabajos de Terence Stamp y Laura Betti enmarcados ambos en una atmósfera sórdido-sensual que levantó algunas ampollas en su tiempo. Pocilga (1969), fue una de sus obras más crudas y realistas, de enorme polémica en su momento, se la consideró degradante, provocadora y obscena, lo que no evitó bastante éxito en los cines europeos. Medea (1970), con la diva Maria Callas entre el reparto, supone su segunda y mejor actualización-revisión-adaptación de una obra teatral de la Grecia clásica —esta vez de Eurípides—.
Los años 1970 se inician con la llamada Trilogía de la vida (integrada por El Decamerón, 1971; Los cuentos de Canterbury, 1972; y Las mil y una noches, 1974). Pasaron por los festivales de cine de Cannes, Berlín o Venecia con éxito crítico-comercial y definieron la deriva del último Pasolini hacia propuestas más libres y menos narcisitas (pese a que esta trilogía enseña prácticamente lo contrario de cara al espectador). En 1971 aparece una curiosa película con el título de Los cuentos de Pasolini, dirigida por Sergio Citti, que aprovecha el tirón comercial del italiano y de Ninetto Davoli (su otro actor fetiche) de cara a la taquilla. Un poco antes, en 1970, había aparecido otra película que «copiaba» el estilo pasoliniano y «adoptaba» a alguno de sus actores: Ostia, dirigida por Sergio Citti y guionizado por Pasolini.
La carrera del cineasta se trunca cuando, en 1975, se estrena en los cines una película que convulsiona a toda la sociedad italiana y hace que el autor sea objeto de multitud de amenazas de muerte y presiones incluso políticas: Salò o los 120 días de Sodoma, en la que Pier Paolo adopta un tono autocrítico hacia algunos pasajes de su obra anterior y en la que adapta al Marqués de Sade con toda crudeza y con la mayor libertad con la que un creador se haya dotado a sí mismo nunca, desdibujando los límites convencionales y cinematográficos que encierran el erotismo, pornografía, expresión, sadismo, provocación y degradación humanas.
Esto no evitó que, a raíz de esta última película y en circunstancias aún no del todo aclaradas, Pasolini muriera asesinado a manos de un joven marginal, que lo embistió con su propio coche, en el balneario popular de Ostia. Era para entonces un intelectual ampliamente reconocido y gozaba de una posición económica acomodada pero, como se ha comentado, la polémica que le rodeó en vida se agudizó en los últimos tiempos, y la Italia «oficial» de la época acabó por hacerle pagar. Así, durante las primeras investigaciones, las declaraciones del presunto asesino acerca de que lo había matado debido a que el director le proponía tener relaciones sexuales, no convencieron a toda Italia y siempre flotaron en el ambiente las teorías de que ciertas personas poderosas del gobierno deseaban muerto al director debido a las críticas que hacía continuamente a través de sus películas, sus libros y sus discursos políticos a la vez que el día de su asesinato desconocidos lo habían llamado para chantajearlo y devolverle rollos con escenas inéditas de Salò.
La noche antes de morir dio una entrevista, hoy famosa, a Stampa Sera, en la que recuerda el peligro del fascismo.
En abril de 2005, unas nuevas declaraciones del supuesto asesino, quien aseguraba que fueron en realidad tres jóvenes los que le quitaron la vida a Pasolini aquella fatídica noche de noviembre de 1975, provocaron que un amplio sector del entorno político y cultural de Italia pidiese la reapertura del caso para esclarecer el crimen.
Tras su muerte, se han realizado diversos homenajes y películas documentales que analizan su figura desde distintas percepciones, tanto biográficas al uso como ensayísticas sobre su repercusión a nivel internacional, su eco en el cine posterior, la verdadera dimensión de su universo personal, etc.



La ciudad

Bolonia también tiene la mayor feria italiana después de la de Milán: Motorshow es la exposición automovilística más importante del mundo (1,3 millones de visitantes por año), famosa además en el mismo rubro por tener al constructor de automóviles deportivos Lamborghini dentro de su localidad (Villa Santa Agata), además del constructor de motocicletas Ducati una de las marcas punteras en el campeonato de MGP.
Son numerosos los restaurantes especialistas en la dieta mediterránea, sobre todo, en la elaboración del plato típico de la ciudad, los tagliatelle a la boloñesa o tortellini in brodo (tortellini en sopa). También es típico acompañar la pasta de una buena copa de vino Sangiovese.



Las Dos Torres (Due Torri) es el lugar más famoso de Bolonia. En realidad, en los siglos XII y XIII se construyeron muchas torres en Bolonia, siendo estas las más famosas de las que perduran. La torre más alta mide casi 98 m y tiene 498 escalones. En un día claro, se puede ver hasta Verona, las Dolomitas y los Apeninos, desde la torre Asinelli.
Bolonia es conocida por el atentado terrorista que los neofascistas Valerio Fioravanti y Francesca Mambro cometieron el 2 de agosto de 1980 en la estación de ferrocarril (la más importante del norte de Italia). En el atentado murieron 85 personas y unas 200 resultaron heridas.
Bolonia ha sido y es una de las ciudades clave en el movimiento obrero y alternativo italiano y europeo. Ha sido lugar de congresos y agitación obrera. Primero como núcleo duro socialista y, después de 1945, comunista. Así, desde 1946 a 1999 ha sido gobernada ininterrumpidamente por el comunista PCI (desde 1991 a 1999 por su heredero socialdemócrata PDS-DS) y nuevamente, desde 2004, tras el paréntesis de gobierno local de centro-derecha de 1999-2004 (alcalde Giorgio Guazzaloca), acontecimiento que causó gran impresión en el panorama político italiano.
La Carta o Estatutos de Bolonia, redactados en 1248, son el documento masónico original más antiguo que se conoce.



Entre las visitas más importantes en Bolonia hemos de destacar la Pinacoteca Nazionale, con una magnífica colección de obras maestras artísticas de la Escuela de Bolonia, desde el Renacimiento hasta la Contrarreforma; la Iglesia de Santo Stefano (Las Siete Iglesias), San Domenico, San Giacomo Maggiore, el Teatro Comunale, San Petronio, la Piazza Maggiore, el Real Colegio de España, las tumbas de los glosadores, el espectacular Archiginnasio y una infinidad de iglesias repartidas por toda la ciudad. Y, sobre todo, sus 37 km de pórticos en el casco antiguo (unos 50 km en toda la ciudad), con el Pórtico de San Luca, el más largo del mundo (3500 m de longitud y 666 arcadas, desde la Puerta de Zaragoza hasta la Iglesia de San Luca sobre el Colle della Guardia, a 289 msnm), desde donde se puede ver la llanura padana, el valle del Reno, la ciudad y lo Apeninos.
La ciudad de Florencia está a tan sólo 90 km y Parma está sólo a algo más de una hora en tren. Además, Venecia esta a 150 km al noreste.
En Bolonia, el 6 de agosto de 1221, falleció Santo Domingo de Guzmán, uno de los más grandes defensores y propagadores de la Iglesia católica. Fue canonizado por Gregorio IX en 1234 y sus restos descansan en la basílica de Santo Domingo, del convento de Predicadores de Bolonia (San Domenico), en una bellísima y artística capilla.

Piazza Maggiore - Es la plaza principal de la ciudad y está flanqueada por grandiosos y nobles edificios; frente a San Petronio está el Palacio del Podestá (siglo XIII), sede del Ayuntamiento, reconstruido a finales del siglo XV; en el lado este se halla el Palacio de los Bancos, edificio del siglo XVI debido a Vignola; junto a la iglesia, el Palacio de los notarios (siglos XIV-XV); y en el lado oeste surge el Palacio Comunal (siglos XIII-XV).
San Petronio - Es una de las iglesias más grandes de las existentes; fue proyectada en 1390 por Antonio di Vincenzo y erigida a intervalos en los siglos XV, XVI y XVII.
La parte inferior de su fachada está revestida por mármoles y la superior quedó inacabada. El hermoso portal central, fue comenzado por Jacopo della Quercia en 1425 y modificado en parte en el siglo XVI; lo decoran interesantes bajorrelieves; los portales laterales se deben a varios artistas del siglo XVI.
Su vasto interior es gótico, con tres naves y capillas laterales cerradas por barandillas (algunas de ellas están iluminadas por bonitas vidrieras del siglo XV); en la primera y en la cuarta de la izquierda hay frescos de Giovanni de Módena (1379-1455), en la séptima una Virgen con Santos de Lorenzo Costa; al fondo a la izquierda se halla el Museo; también es interesante el cuadrante solar del pavimento.
La tribuna que domina el altar mayor es de Vignola; en la nave capilla de la nave derecha, hay una estatua de San Antonio atribuida a Sansovino, en la sexta un retablo de Lorenzo Costa con San Jerónimo y en la quinta una Piedad de Amico Aspertini.
En esta iglesia en 1530, fue coronado Carlos V.

San Francesco - Es una hermosa iglesia gótica (restaurada ampliamente después de los bombardeos de 1943) que fue edificada hacia mediados del siglo XIII, son evidentes las influencias de la arquitectura francesa en las capillas radiales y en los arcos por tranquil del ábside, frente al que se hallan las tres Arcas de los Glosadores (comentaristas de obras jurídicas, siglo XIII).
Su interior conserva un retablo de los Dalle Masegne. También son interesantes los claustros.
Las dos Torres (Due Torri) - Estas dos célebres torres medievales caracterizan el panorama de la ciudad. La Torre de los Asinelli (97,60 metros) fue erigida en el siglo XII, quizás por la familia homónima, pero es más probable que la alzase la Comuna para que sirviera de torre de vigía; desde su cima se abarca con la mirada toda la ciudad; la Garisenda (48,16 m) es mucho más inclinada y se le atribuye quizás a la familia Garisendi; fue construida a finales del siglo XI.
Pinacoteca Nacional - Fue constituida en el siglo XIX y ofrece gran interés por sus pinturas de escuela emiliana de los siglos XIV al XVIII.
En la Sección de los Primitivos hay obras de Vitale da Bologna (San Jorge y el dragón), Giotto y ayudantes (Virgen y Santos), Simone dei Crocifissi y Jacopino da Bologna.
En la sección del Renacimiento: pinturas de los Vivarini de Cima, Costa, Rafael (el Éxtasis de Santa Cecilia), Parmigianino (Virgen de Santa Margarita), Francia y Roberti.
En la sección del Barroco: obras de los Carracci (la Anunciación, de Annibale), de Guido Reni, Domenichino, Crespi y Guercino.

La fuente de Neptuno
La estatua fue promovida por el Cardenal Legado de Bolonia Carlos Borromeo, el cual deseaba reordenar el área de la Plaza Mayor, con la ayuda del obispo Pier Donato Cesi.
La estatua habría tenido el objetivo de simbolizar el auspicioso gobierno del papa recientemente electo, y tío materno de Borromeo, Pío IV.
La obra fue proyectada por el arquitecto y pintor palermitano Tommaso Laureti en 1563 y fue coronada por la imponente estatua en bronce del dios Neptuno del escultor manierista flamenco Jean de Boulogne da Douai, llamado Juan de Bolonia, quien deseaba redimirse luego de la derrota en el concurso por la Fuente de Neptuno en la Plaza de la Señoría de Florencia.
Para la construcción de la fuente (terminada en 1565) fue derribada entera una cuadra (manzana urbana) de la ciudad, y los gastos fueron repartidos entre las casas y las bodegas adyacentes.
El suministro de agua de la fuente tomó lugar con la construcción de la obra de captación de los bagni di Mario (cisterna subterránea con decoraciones renacentistas, hoy extremadamanete deteriorada) y potenciada reestructurando la antigua fonte Remonda (que funciona aún bajo el convento de San Michele in Bosco) y convergiendo sus aguas hacia la plaza.
Se dice que Juan de Bolonia quería realizar al Neptuno con genitales más grandes pero la iglesia se lo prohibió. El escultor de todos modos no se rindió y de hecho diseñó la estatua de manera que desde un ángulo particular el pulgar tensado de la mano izquierda parezca emerger del bajo vientre, en un modo parecido a un pene erecto. En su época, las señoras de Bolonia se turbaban al ver al Neptuno, por lo que la iglesia tuvo que ponerle unos pantalones de bronce a la estatua. Toda la fuente tiene de todos modos un fuerte carácter erótico; por ejemplo, las ninfas de las esquinas rocían agua por los pezones.
La leyenda narra que antes de un examen importante el estudiante que quiera tener la fortuna de su parte debe girar dos veces en contra de las agujas del reloj alrededor de la fuente, tal como hizo Juan de Bolonia alrededor del pedestal reflexionando sobre el proyecto de realización del Neptuno, dando así inicio a su fortuna y a su expiación por la "derrota florentina".

La Montagnola
El Parque de Montagnola es un parque público en Bolonia, Italia; debe la construcción original (1805) al gobierno napoleónico , quien encargó el diseño del parque de Giovanni Battista Martinetti. La base del parque contiene las ruinas del Castello di Galliera del siglo XIV, que luego conduce a una escalera escenográfica (1893-1896), diseñada por Tito Azzolini y Attilio Muggia . Las escaleras están decoradas con relieves escultóricos y estatuas inspiradas en la historia de Bolonia, completadas por Arturo Orsoni, Pietro Veronesi , Tullo Golfarelli , Ettore Sabbioni y Arturo Colombarini . La cuenca central de los parques fue terminada para la Exposición de la Provincia de Emilia en 1888, por diseño de Diego Sarti.
El jardín Montagnola es una de las zonas verdes más antiguos y central de la ciudad de Bolonia , se abrió por primera vez en el siglo XVII . Se encuentra al norte del centro histórico de la ciudad, junto a las paredes del último círculo y se levanta sobre las ruinas del palacio construido por Bertrand del Pouget para acoger el Papa y su corte, posteriormente destruidas por aclamación popular.  
Se accede a ella por un lado a través del Pincio en Bolonia, construido en 1896 según el proyecto de Tito Azzolini y Attilio Muggia , en la base hay una fuente esculpida por Diego Sarti y Pietro Veronesi ; en el otro lado, la entrada se encuentra en Via Irnerio, frente a la plaza el 8 de agosto, a los lados de ' monumento del mismo nombre .
Dentro del parque se encuentra una piscina circular construida en Emilian Exposición de 1888 que contiene las esculturas de animales a manos de Diego Sarti .
En la plaza exterior, cuadrado, el 8 de agosto, y en el camino interior del parque, cada viernes y sábado hay un gran mercado llamado "El Paso", también conocido como mercado "Montagnola".
El Parque Montagnola fue el primer jardín público real en Bolonia y es el único de cierto tamaño en el centro de la ciudad. Su ubicación entre la estación de tren y la estación de autobuses del autobús hace, por un lado, un lugar estratégico de la ciudad - de hecho, es casi la "puerta trasera" el acceso a los que vienen de fuera - el otro lugar una reunión.
Nacido sobre las ruinas de la fortaleza de Porta Galliera, con un aspecto muy diferente de la actual, que se pretendía en parte por el público en 1662.
El diseño final del parque se debe a la época napoleónica y en cierta medida el mismo Napoleón, que, en los tres días que se detuvo en Bolonia, estaba ansioso por dar a la ciudad algunos signos de lo general a la francesa.
El 8 de agosto, 1848 Montagnola Park es el telón de fondo de una importante batalla del Risorgimento, la que determina la expulsión de los austriacos de la ciudad después de un levantamiento popular. A finales del siglo XIX, el parque está equipado con una nueva entrada espectacular en el lado que mira hacia la reciente construcción de la estación.
 En 1903 fue inaugurado el monumento a los caídos de la octava agosto de Pasquale Rizzoli (1871-1953), claramente visible en el lado opuesto de la plaza que lleva su nombre a partir de esta fecha.
Ya desde la plaza de la estación se puede echar un vistazo a la escalera de entrada monumental que data de finales del siglo XIX - Pincio en Bolonia, realizado en 1896 según el proyecto de Tito Azzolini y Attilio Muggia, en la base hay una fuente esculpida por Diego Sarti y Pietro Veronesi.
Dentro del parque se encuentra una piscina circular construida en Feria de Emiliana de 1888 que contiene las esculturas de animales a manos de Diego Sarti.
Recordado por escritores famosos como Montesquieu y Stendhal, el parque alberga dentro de algunos plátanos centenarios impresionantes, así como filas de Linden y castaños de Indias. Una más sugerente de ver el parque de la Piazza VIII Agosto, donde el viernes y sábado se encuentra uno de los mercados más importantes de Bolonia con trajes de protección, ropa de cama, telas, zapatos, herramientas utilizadas, y artesanías. Los días de mercado, especialmente en los meses cálidos, se convierte en un lugar de encuentro para cientos de jóvenes.





jueves, 6 de julio de 2017

MEMORIAS DE UN JUBILADO.- DE POESÍA Y VIDA -I


 


 
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Zamora

En Zamora, les buscaba a las cosas su parte más oculta.
El río, los amigos, las dulces aventuras, los barrios, la ciudad, su fiel Semana Santa,
los primeros escarceos amorosos, la muerte de un vecino...,
todo contenía su arista más hermosa:
el murmullo del agua y sus espejos, las destrezas de los amigos,
las tardes en los tesos, las palomas en las aceñas y las cigüeñas en el soto,
los viejos rincones de Zamora, sus monumentos sacros y civiles,
que seguían hablando, en medio de la modernidad y del tiempo que pasaba,
de la Edad Media y otras épocas pasadas,
los “pasos” de las procesiones, las músicas solemnes de tambores y trompetas,
los dulces y las comidas de las festividades, los primeros tirones sexuales,
las primeras novias, los primeros desengaños, las primeras cicatrices bien curadas,
la seriedad de la muerte como un paso obligado al reposo final,
como yo había oído y leído en los poemas primeros.

 


 
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Y hablando de poemas,
Debo decir que mi primer contacto con la poesía
lo tuve de muy niño, con los Salesianos.
Había en el Colegio un profesor a quien le debía de gustar la poesía bastante más que a mí
porque en la primera ocasión que le salía
nos hacía copiar un poema, aprenderlo después con él
y, tras ensayarlo con él infinidad de veces hasta que salía solo,
recitarlo ante los compañeros de clase como si de un concurso se tratara.
Y así era,
porque acabábamos picándonos unos con otros
para hacerlo mejor que nadie,
“para que se sienta bien en su tumba el poeta que ha creado la poesía”,
nos decía el profesor.
Un par de poemas de aquellos los recuerdo con cariño.
 
Uno era el Nazareno, de Gabriel y Galán:
“Cuando pasa el Nazareno
de la túnica morada,
con la frente ensangrentada,
la mirada de Dios bueno
y la soga al cuello echada,
el pecado me tortura,
las entrañas se me anegan
en torrentes de amargura,
y las lágrimas me ciegan,
y me hiere la ternura...”
 
El otro poema era el Dos de mayo, de Bernardo López García:
“Oigo, Patria, tu aflicción
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto
la campana y el cañón.
Sobre tu invicto pendón
miro flotantes crespones
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias
Y del arte las canciones...”

 
 
 
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En el Instituto

Mis posteriores contactos con la poesía tuvieron lugar en el Instituto,
hermoso tiempo pasado con los compañeros de clase
entre lecciones de conocimientos en el aula
y lecciones de sentimientos en las arboledas del río o en los bares de Santa Clara.
En unas y otras aprendí a leer los poemas
como frutos granados a medias con el corazón y el idioma.
En unas y otras descubrí a Manrique, Garcilaso, Bécquer, Rubén Darío, Machado o Lorca,
entre los que figuraban escritos, inmortales, en los libros de texto,
y a los otros, los mortales, los que vivían en mi misma ciudad, Pedrero, Tundidor, Claudio Rodríguez...

Cosas así de los primeros:
“...Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor
que aun antes que las ganamos
las perdemos...”

Cosas así de los segundos:
“Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias...”
 
 
 
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          Escribir poemas

Fue por entonces cuando empecé a escribir poemas en los cuadernos de apuntes,
en los márgenes de los manuales de texto, en todas partes.
En Preu, poco antes de venir a Barcelona,
descubrí a un poeta que resultó ser un bombazo:
Unamuno, el de las paradojas, el del amor de Dios y su agonía:
“...Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
Existiría yo también de veras.”
Y un poco antes, a Lorca,
Cuyo “Romancero” todos recitábamos:
“Que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela
pero tenía marido...”
Pero las primeras obras completas que tuve de un poeta fueron las de Bécquer,
que me había mandado mi hermano mayor desde Barcelona.
Y de memoria me aprendí algunas de sus Leyendas.
Y desde luego todas las Rimas:

“Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mis labios una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró...”
Y llené de un tirón una libreta
con poemas imitando al poeta sevillano glosando versos suyos.
 
 

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         Barcelona

Dejar Zamora para venir a Barcelona fue otro bombazo.
Todo el primer mundo de mi vida que allí había vivido,
con la separación espacio-temporal consiguiente,
se me hizo tan presente y tan poderosa, que aún hoy viene a buscarme:
El ruido hermoso del río, las murallas vistas desde casa
y la casa creciendo en mi silencio, los amigos del barrio,
el olor de cera de la Semana Santa, y sus “pasos”,
el sabor de las aceitadas y el aire del soto en el rostro del alma,
y los poemas ...
“...Y Zamora no está.
Vuelve a ser un pasado
Con olor a aceitadas,
Tacto de cruces,
Palabras junto al vino (...)
Y suenan aún las toses de mi infancia,
El golpe de las varas, el resuello
Del cirio bajo el viento,
Los ruidos que repite el tiempo siempre...”
 
 

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El mercadillo de libros de San Antonio

Como también fue cosa del destino descubrir el mercadillo de libros de San Antonio los domingos por la mañana.
Nuevos poetas aumentaron mis preferencias. Algunos, hispanoamericanos: Buesa, Nervo, Silva...
“Pasarás por mi vida sin saber que pasaste...”,

“Tranquilo voy por el espacio abierto...”,

“El verso es vaso santo; poned en él tan sólo
un pensamiento puro...” Respectivamente.

Y otros escritores de habla extranjera,Verlaine, Baudelaire, Tagore, Poe...
“Naturaleza, nada tuyo ya me conmueve...”,

“La profética tribu de pupilas ardientes...”,

“Cuando me marche, dejad que este sea mi último
adiós: ‘Todo lo que he visto es insuperable...”,

“¡Oh! ¡La copa de oro está rota! ¡El espíritu ha huido para siempre!...” También respectivamente.

Y a todos los encontré en colecciones muy baratas, como Los Poetas, Fama, Laurel, Hora XXV...

 

 

 

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          En un colegio del Opus

Antes de licenciarme en Filología,
entré a enseñar en un colegio del Opus de San Cugat.
Allí pasé media vida curando ortografías, leyendo textos de escritores
y enseñando a leerlos,
bello trabajo que siguió poniéndome en contacto
con la literatura en general y la poesía en particular.
Además, el colegio poseía una surtida biblioteca donde encontraba casi de todo.
Y no dejé de escribir, y fui guardando cosas que me parecían aceptables
“Agua humilde
río sin soberbia:
llevas el destino
de las cosas que nacieron
para morir despacio;
¡con qué tranquilidad vas al fina
llevando en tu alma húmeda la muerte!...”

Y en una revista de Arte de mi amigo el pintor Alberto Casals.
“Ha llegado el cielo de repente
con alas o con velos, nube o nave,
que luchan en la tela por ser siempre
síntoma de fuego de ceniza.”
Fue a este amigo
a quien confié aquella libreta de poemas
con la niebla de Bécquer pululando en ellos.
Y fue también mi amigo el pintor quien me aconsejó publicar mis cosas de Zamora.

Confieso que me daba mucha vergüenza dar a conocer en libro mis escritos,
pero ya había empezado a leerlos en la tertulia Jíos
que celebrábamos en su estudio los sábados por la tarde, en Pueblo Seco,
barrio barcelonés donde viví hasta que me casé.

 

 

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        Vivencias importantes

Dos vivencias más de los primeros años de Barcelona
resultaron también sendas hecatombes para el alma:
la muerte de mi padre, recién llegado a Barcelona,
y algunos años después la de mi madre.
Un torrente de poemas brotó de estas dolorosas circunstancias.
“...Una tristeza como un cuchillo negro
que me fuera abriendo el alma
siento a veces, madre,
cuando miro al campo
o a los ojos de una muchacha
y veo que la vida a dentelladas
se labra camino entre las piedras
y los pájaros,
y tú ya no eres nada
sino intranquila emoción
a la hora de nombrarte...”
Menos mal que al lado de estas tragedias de penumbras
ocurrió una circunstancia luminosa, esperanzadora, decisiva:
conocer a la mujer que hoy está conmigo.
Y más poemas, y los hijos, y tiempos agridulces...
en que el sentimiento de vivir la muerte de los seres queridos
y el sentimiento del amor,
junto con el paso del tiempo y el disfrute de la vida
han sido siempre los dioses que han movido los motores de la verdadera poesía,
desde Homero, Propercio, Anacreonte...
hasta Blas de Otero, Leopoldo Panero, Claudio Rodríguez...
pasando por Manrique, Rubén Darío, Machado...
Mi amor incorregible a la naturaleza,
hizo que con grandes sacrificios compra una casita de montaña en Mas d’en Gall,
en Esparraguera, teniendo siempre a la vista la mole encantada de Montserrat.
Y al fin, en el 77,
tomé la decisión de reunir parte de la poesía que había hecho hasta entonces
para publicarla.
Y lo hice en la editorial Casals, con un título que consideré representativo:
“Cangilones de vida”,
prometiéndome a mí mismo volver a hacer lo mismo al cabo de otros diez años,
y así lo hice, pero en medio, di a conocer otras muestras.

 
 

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         Cangilones de vida

Descubrí por entonces en un diario barcelonés
La existencia de una tertulia de poetas con domicilio en Borrell
y dirigida por José Jurado Morales.
A ella envié mis “Cangilones de vida”
para que conocieran el agua lírica de mis “Cangilones”.
Y al cabo de unos días me invitaban por carta a asistir a la tertulia
para hablar del libro.
La primera vez que se acude a una tertulia
es como acudir a una asamblea de dioses,
cuando tú sólo eres un principiante.
Y así fui un sábado por la tarde, temblando de emoción.
Recuerdo muchos juicios sobre el libro, hablaron sobre él muchos poetas.
Y luego, por escrito, los de otros cuya dirección me proporcionó José Jurado,
como Carlos Murciano o José García Nieto,
animándome todos a seguir por el camino de la intimidad lírica,
de los recuerdos de la infancia y la adolescencia,
de la ciudad natal y los símbolos familiares:
“Sin moverte de tu peña,
sin abandonar tu río,
Zamora de mi niñez,
yo sé que marchas conmigo.
Y sé también que algo mío,
por mucho que me distancie,
enamorado de ti,
sigue andando por tus calles.”
 
“Hay un toro en penumbra
pegado a nuestras almas
que nos mira en silencio
desde nuestros retratos,
que nos acecha siempre
desde nuestras infancias...”
 
“La carne de tus pies,
hechos de tierra,
a ella te aprisionan.
De nada sirve el anhelo
de diluirte en la altura,
de prolongarte en lo etéreo
como el ciprés cautivo.
La muerte te dará la llave.”
 
“Siempre habrá una casa en tu recuerdo.
Siempre estará abierta
una puerta en tu memoria.
Podrás siempre que quieras
entrar por esa puerta a la mágica sala,
a la cálida alcoba de tu infancia.”
 
 

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         Agua vivida

Animado por los compañeros de la tertulia,
publiqué en Rondas “Agua vivida”,
Mientras mandaba al Boscán “Vuelve el río a su montaña”,
un rosario de sonetos
dedicado a rezar a Zamora por mi nostalgia inagotable.
En la librería La Sinia
(Noria, en castellano),
me presentó “Agua vivida”, con gran tino, Jurado,
y me leyó algunos poemas, como un ángel,
mi amiga la poetisa Sofía Sala.
Poemas iniciados en las aguas de los “Cangilones”,
hablan de recuerdos zamoranos,
de un año plenamente bien vivido,
de credos poéticos, deseos, agradecimientos
y un sentido homenaje a León Felipe,
poeta zamorano de la diáspora,
en otro tiempo para mí  luz de emergencia:
 
“Yo no busco bosques
apesadumbrados de tristeza
ni ríos cuajados de crepúsculos
para hacer mis poemas...
Me basta lo diario,
Me basta un hombre cerca,
Una lluvia en el campo,
Un amigo en mi puerta.
Y después las palabras;
No las palabras huecas:
Las palabras calientes
De un alma siempre en vela.”
 
“...Había dentro de ti
un fuerte viento
de incansable peregrino
que acabó por echarte
a caminos sin nadie,
a caminos de llanto y de recuerdos,
a caminos donde el hacha de España
rompía en dos tu sueño,
tu sueño flagelado
de españoles perdidos en un río de sangre.
Para ti, vendaval peregrino,
Solicito de Dios un bordón sosegado
Y una leve esclavina con tejido de España.
Y una tumba de tierra tranquila
bien cuidada con mano española."
 


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Díaz Borges, poeta incondicional de la tertulia,
escribió en un periódico canario
Una crítica dulce de “Agua vivida”
(lo hizo también con libros posteriores).
Amigo sin duda, dijo de mí que era un humanista convencido,
Un neorromántico atroz, un seguidor de Garcilaso...
Y en parte estoy de acuerdo con él:
Cultivador de versos clásicos, cultivo también el verso libre,
Como habían hecho mis maestros
Machado, Fray Luis
“...Para escuchar tu queja de tus labios
yo te busqué en tu sueño,
y allí te vi vagando en un borroso
laberinto de espejos.”
 
“¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!”
 

 

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          Vuelve el río a su montaña

“Vuelve el río a su montaña” fue seleccionado en el Boscán,
ventana abierta a la esperanza:
el río soy yo y mi ciudad natal la montaña.
“Inicio hoy un camino sólo mío,
hecho con la materia de la vida (...)
Mas lo hago al revés, como si el río
volviera a su montaña en limpia huida
para hallar su primera amanecida,
su materno brotar, su puro frío...”
Incentivado por el hecho,
me puse a escribir un poemario de corte intimista
con entradas a la poesía del nosotros y los demás,
que yo había empezado a asumir con la lectura de poetas de posguerra,
José Hierro, Victoriano Crémer o Panero,
y otros del 60, Ángel González
o el nunca abandonado mi paisano Claudio Rodríguez.
“...Porque nacimos bajo el signo
del cerebro. Pero ya todo
se vino a tierra una mañana.
Lo devastó un viento glorioso,
y somos ruinas o cimientos,
algo inconcreto, algo borroso:
tronco cortado a ras de tierra,
que nadie sabe que fue tronco...”
 
 

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          Este mundillo nuestro de poetas

Antes de continuar mi recorrido por los libros de entonces,
debo decir que, a petición de Jurado,
mandé mi “Agua vivida” a otros poetas de España e Hispanoamérica,
y de todos recibí elogios que hicieron salirme los colores de poeta incipiente.
Y es que en este mundillo en que movemos nuestras líricas,
si no nos damos jabón unos a otros,
no somos totalmente felices:
nuestra labor de creación es dura,
solitaria y no pocas veces infructuosa,
y eso que no llegamos la mayoría, al menos yo,
al pedestal al que subieron por méritos propios los Poetas,
Poetas con P grande y auténtica.
Y si esto es así de nada sirve enrabietarse con unos y con todos.
Lo que hay que hacer
es seguir la senda que nos hemos ido trazando cada uno,
con aportaciones de los maestros
y con el convencimiento
de que queremos seguir siendo aprendices
para que, si hay suerte,
un día hayamos obtenido al menos nuestra voz personal.