sábado, 17 de noviembre de 2012

MEMORIAS DE UN JUBILADO

Sobre el género epistolar

En estos últimos días la feliz casualidad ha hecho que me vuelva a encontrar con verdaderos amigos y amigas de la poesía y la literatura en general, cuya amistad empezó hace muchos años en torno a unos libros y a una tertulia barcelonesa de entrañable recuerdo. Me refiero, entre otros y otras, a Membrive, Visi, Encarna, Milagros, Amparo... Y sus últimos libros. En entradas anteriores he hablado de los libros de Milagros y Encarna. En esta le toca al último libro de Amparo, Cartas que nunca se enviaron.
Amparo Cervantes Deckler, cartagenera convencida, consumada pianista y extraordinaria rapsoda, es una escritora de los pies a la cabeza, que lo mismo escribe sonetos clásicos (recuerdo que yo mismo dije cuando apareció su excelente poemario Sonetos de amor y desamor que "Amparo Cervantes, a través del amor, llega al endecasílabo con planta de poeta, lo ausculta, lo acaricia y, casi de milagro, teje también con amor, primorosamente, estos sonetos de amor. Con Amparo continúa la línea amorosa iniciada en nuestra lírica por Garcilaso"), que cassetes-libros con poemas ajenos y propios recitados por ella (Verbo y brisa), que novelas (yo tuve la suerte de presentarle Silencio amarillo), que todo un libro de cartas, como el que hoy presento aquí, Cartas que nunca se enviaron.
El género epistolar siempre ha tenido una importante presencia en la literatura universal y española. Baste recordar Werther, la magnífica novela de Goethe que sirvió de biblia a tantos escritores románticos, la Novela en nueve cartas, de Dostoiewski, o La estafeta romántica de nuestro Galdós, entre otras.
En Cartas que nunca se enviaron, de Amparo Cervantes, el lector se encuentra con una colección de epístolas (desordenadas en el tiempo, pero ordenadas en el corazón) que la autora en un alarde de confesión y confidencia (ella lo llama alguna vez "Desahogos del corazón") dirige a los más diversos receptores de carne y hueso, con nombre y apellidos, como poetas, periodistas, críticos de arte..., y a sí misma,  pero también a entes abstractos como el sol,  la vida, la muerte o Dios. El hilo conductor, sin embargo, es esa María, omnipresente en el pensamiento y sentimiento de Amparo, que conoce hasta lo más íntimo de su vida, sus amores, sus desamores, hasta el rompimiento con uno de sus seres más amados. Debo confesar que lo he pasado muy bien leyendo estas cartas, muchas de ellas escritas como reacción a lo que la escritora ha encontrado leyendo en la prensa, como la magnífica carta que incluye un soneto con estrambote nacidos de la crítica exaltando una pintura de Tapies.
 
 
"Yo vi un plato incrustado en una mierda
y mi pluma, que hoy estaba en reposo,
se activa y hace esfuerzo muy gozoso
por combatir este hecho que recuerda."
Pero también, cuando escribe a personas que yo conocí, como a la poetisa Mercedes Rubio, compañera de tertulia y recitales por las casas regionales de Barcelona, y a la que la escritora anima a seguir escribiendo y ordenando sus poemas. Otras cartas retratan el desconcierto de la autora ante el funcionamiento de ciertos mecanismos sociales y burocráticos, como el abuso sufrido por la Telefónica (¿a quién no le ha ocurrido algún percance parecido?). También hay cartas que hablan de los artículos que la autora mandaba a la revista de la Casa Regional de Murcia y Albacete, de presentaciones de libros de amigos, de retratos de personalidades relacionadas con el mundo de la literatura...
Y siempre, como gran poetisa que es, Amparo Cervantes recurre a la poesía para sazonar las cartas con ese toque suyo tan distinguido y elegante y, especialmente, lírico. He aquí, para terminar, unas cuantas muestras:
"Dame, Señor, te ruego, el punto exacto
de cada anhelo y cada pensamiento,
que por más o por menos siempre siento
decidir con torpeza y poco tacto." (Pág. 137)
 
"Me agradron tus versos, pero imputas
a aquel genio sin par que fue Quevedo
que descienda hasta el culo y hasta el pedo,
que cante a los rufianes y a las putas." (Pág. 54)
 
"Hija, serás como el alba.
Y yo sé muy bien por qué.
Dicen que lo que se anhela
se llega siempre a obtener." (Pág. 33)
 
En resumen, quien tenga la suerte de leer estas cartas, escritas con un lenguaje directo, fino, elegante y muchas veces irónico, aprenderá a escribir cartas, género que desgraciadamente está cediendo un peligroso terreno ante la avalancha de los mensajes de móviles y los correos electrónicos. Y a conocer un modo de sentir y de pensar como pocos quedan en este mundo acelerado donde se echa de menos la reflexión y el amor por el idioma, características fundamentales de Amparo Cervantes. 
 


 

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