miércoles, 14 de noviembre de 2012

ANTOLOGÍA COMENTADA DE LA POESÍA ESPAÑOLA


III.           EL BARROCO (SIGLO XVII)

  1. LUIS DE GÓNGORA (Escuela culterana)


Luis de Góngora y Argote (1561-1627), enemigo acérrimo de Quevedo, con quien mantuvo una guerra literaria sin cuartel, nació en Córdoba en el seno de una familia con bienes. En Salamanca estudió derecho y adquirió conocimientos de varios idiomas. En 1585 fue nombrado racionero de la catedral de Córdoba por intercesión de un tío suyo. Llevó una existencia alejada de la seriedad eclesiástica. Sus problemas económicos y su ambición personal le llevaron en 1617 a buscar de nuevo la ayuda de su pariente para conseguir el puesto de capellán real en la Corte de Felipe III, en Madrid. Y aunque se ordenó sacerdote a los 53 años, su afición al juego y al buen vivir le hicieron incurrir en la humillación y la mentira. Lleno de deudas, regresó a Córdoba donde murió.

La producción poética de Góngora la podemos dividir en tres grupos:
1. Lírica inspirada en la corriente popular y tradicional española y escrita con un lenguaje sencillo. Está representada por letrillasy romances.
Entre las primeras destacan las que empiezan “La más bella niña de nuestro lugar”, “Ande yo caliente y ríase la gente”, “Cuando pitos, flautas, y cuando flautas, pitos”… Entre los romances (que suelen tratar temas moriscos, caballerescos, pastoriles o burlescos) sobresalen el Romance de Angélica y Medoro, Entre los sueltos caballos, o el del Cautivo (“Amarrado al duro banco / de una galera turquesca/ ambas manos en el remo / y ambos ojos en la tierra…”)

2. Los sonetos, de estilo algo más complejo que el de las letrillas y romances (abundancia de recursos expresivos) contienen temas relacionados con su vida, personajes de la época, ciudades y monumentos, aunque son más celebrados los amorosos, en especial los que comienzan “La dulce boca que a gustar convida”, “Mientras por competir con tu cabello”, “Suspiros tristes, lágrimas cansadas”.

3. La poesía culterana, la más compleja y cultivada especialmente en su última etapa, está representada por dos obras: la Fábulade Polifemo y Galatea ( en 63 octavas reales, el poeta narra el amor que siente el cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, cuyo corazón, sin embargo, pertenece al pastor Acis, que no puede evitar morir aplastado por un gran peñasco que le arroja el celoso cíclope (“Un monte era de miembros eminente”, dice de Polifemo otra octava). La segunda obra culterana se titula las Soledades, especie de canto a la naturaleza (mares, playas, ríos, bosques, montes…) escrito en silvas, que iba a constar en un principio de cuatro partes (juventud, adolescencia, madurez y senectud), de las cuales sólo logró escribir el poeta la primera y parte de la segunda. En ellas un náufrago llega a una playa donde le dan asilo unos pastores; vive con ellos escenas de bodas, de pesca, juegos atléticos…

He aquí una octava real de Góngora perteneciente a la Fábula de Polifemo y Galatea:
“De este, pues, formidable de la tierra
bostezo el melancólico vacío,
a Polifemo, horror de aquella sierra,
bárbara choza es, albergue umbrío
y redil espacioso donde encierra
cuanto las cumbres ásperas cabrío
de los montes esconde: copia bella
que un silbo pinta y un peñasco sella.”

La octava real presenta el siguiente esquema estrófico: 11A 11B 11A 11B 11A 11B 11C 11C

Góngora emplea un lenguaje muy difícil cuajado de cultismos léxicos (“flamígero”, “rutilante”, “caliginoso”…), sintácticos (a veces adelantando el complemento al nombre que complementa: “de este pues formidable de la tierra bostezo”; otras, colocando el verbo al final de la oración: “los bueyes a su albergue reducía”) y semánticos (“aplauso”, “lascivo”…). En otras ocasiones lo recarga de los más variados recursos expresivos, como perífrasis: “donde espumoso el mar sicilïano” (el Mediterráneo); abundantes y atrevidas metáforas: el freno de oro, bostezo de la tierra, un monte de miembros, cuna dorada, “erizo es el zurrón de la castaña”…; hipérbatos retorcidos hasta la exageración como en “estas que me dictó rimas sonoras,/ culta sí, aunque bucólica, Talía” (estas rimas que Talía –culta pese a ser campesina- me dictó); aliteraciones: “infame turba de nocturnas aves”; alusiones mitológicas: Polifemo, Galatea, Acis, Vulcano, Leteo, Musas, Fama, Tifeo, Hero, Leandro, Orfeo y un largo etcétera.

Los textos seleccionados son dos composiciones de Luis de Góngora y Argote, el representante máximo del Culteranismo español: un soneto y un romance. El soneto está escrito con el lenguaje y el estilo de la segunda etapa del poeta cordobés, algo más complicado que el de las letrillas y romances de la primera etapa, aunque no es todavía el recargado y casi hermético de la etapa culterana en la que destacan la Fábula de Polifemoy las Soledades. El romance elegido es uno de los más conocidos del poeta.

 

1.

 
“Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido el sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

 Nótese que el presente soneto guarda íntima relación con el de Garcilaso de la Vega que publicamos en su día aquí en esta Antología. En uno y otro se canta el gozo de disfrutar de lo que se posee antes de que el tiempo se lo lleve consigo. Se trata del conocido tópico literario Carpe diem.


2.

“Amarrado al duro banco
de una galera turquesca,
ambas manos en el remo
y ambos ojos en la tierra,
un forzado de Dragut,
en la playa de Marbella,
se quejaba al ronco son
del remo y de la cadena:
“¡Oh sagrado mar de España,
famosa playa y serena,
teatro donde se han hecho
cien mil navales tragedias!
Pues eres tú el mismo mar
que con tus crecientes besas
las murallas de mi patria,
coronadas y soberbias,
tráeme nuevas de mi esposa,
y dime si han sido ciertas
las lágrimas y subiros
que me dice por sus letras;
porque si es verdad que llora
mi cautiverio en tu arena,
bien puedes al mar del sur
vencer en lucientes perlas.
Dame ya, sagrado mar,
a mis demandas respuesta,
que bien puedes, si es verdad
que las aguas tienen lengua.
Pero, pues no me respondes,
sin duda alguna que es muerta;
aunque no lo debe ser,
pues que yo vivo en su ausencia.
¡Pues he vivido diez años
sin libertad y sin ella,
siempre al remo condenado,
a nadie matarán penas!”
En esto se descubrieron
de la religión seis velas,
y el cómitre mandó usar
al forzado de su fuerza.”

He aquí un modelo de romance, serie de versos octosílabos cuyos pares riman asonantemente en e-a
(turquesca- tierra- cadena- Marbella...), cuajado de bellos recursos literarios, desde perífrasis ("¡Oh, sagrado mar de España", por el Mediterráneo), a personificaciones del mar, adjetivaciones del tipo "lucientes perlas" o los típicos , hipérbatos tan propios del Barroco como "en esto se descubrieron / de la religión seis velas".

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