jueves, 17 de junio de 2010

ANATOMÍA DE UN ÁRBOL

Hoy se incluyen los poemas restantes de ANATOMÍA DE UN ÁRBOL. Con ellos cumplo una promesa interior.








HACER VIDA

Mejor que nunca pienses:
“Se acallará este ruido de cristal,
este clamor de savia que alimenta
de constante esperanza mis sentidos.
Se esfumará este aroma derramado
desde el cielo a la tierra por abril
que impregna la madera de mi alma.”

Mejor que siempre digas:
“Es tiempo
de crecer en la savia hacia la luz.
Es tiempo de hacer vida,
de regarla con sangre de la tierra,
de decir nuevamente:
descorcha otra botella.
Los besos, las sonrisas,
las llamitas del tiempo sobre el frágil
pastel de cumpleaños...

Después, hacia el otoño, la fiel lluvia
cayendo en el jardín te afirmará
que todo eso es la vida.




ESTOS DÍAS

No dejemos perder estos días
de silencio nevado. Aprovechemos
esta llama que nos arde en el alma
y robemos la paz escondida
en el polvo del tiempo. Viene a veces
un frío sepulcral del otro lado
y el timón se nos rompe, y no sabemos
dónde está la orilla buena, ni dónde
el marinero que atará los cabos.
Por eso no conviene que dejemos
perder estos días de tan serena
comprensión, en que parece por fin
que los ojos ven más y el corazón
entiende de caricias y defensas
contra el negro malecón de la muerte,
contra el vendaval del olvido.


Nos hieren fácilmente
la soledad y el miedo. Ya el otoño
se encarga de avisarnos que no somos
los de antes. No dejemos
perder estos días que aún nos dan
sorpresas y aventuras
de amor o desamor, pero bien vivos,
atentos a la flor de los festejos,
al sexo de los días y las noches,
al mar del corazón que brama olas
aún de confianza y de deseo.





ÁRBOL

1.

La vida es como un árbol.
No cesa nunca de ascender
el armazón sagrado de las ramas
hacia la luz del canto.
Aunque el otoño corta las alas a la luz
un poco a cada instante
y la lluvia se empeña en hablar de otros miedos.


2.

Mirar hacia delante y hacia arriba,
rellenando el impreso de la obra
y poniendo otra tabla
al andamio del día.
Seguir el ritmo hasta que el pie
se deje amar por músicas que el tiempo
las ha hecho cal y arena de la vida,
como el aire de la ciudad primera
o las noches que fuimos
una pizca dichosos.


3.

Esta música eterna que bailamos
ahora nos recuerda
los cuerpos que tuvimos y el amor
que brilló alguna vez en nuestros ojos
y explosionó en las risas de los sexos.
Este ritmo de ahora nos transporta
por la pista del tiempo intemporal,
anclado en nuestra vida como el barco
que fondea perenne
en la serena cala de la dicha.



4.

La luz es una niña que juega a la rayuela
sobre los azulejos
de la chimenea.
Y las sombras, racimos temblorosos
que trepan por la tapia.
Ni un pájaro,
ni una risa de agua
que rompa este silencio,
este tiempo sin tiempo,
este espacio encendido en palabras de estío.
No transcurras, mañana.
Nosotros
somos frutas pendientes de tus ramas.





5.

Hablar de todo mientras
se desnuda la noche
lentamente y nos deja
en el alma la dulce
soledad de las cosas.
Milagros tan sencillos
que en paréntesis breves
nos hacen olvidar
que somos un andamio en cuerpo y alma,
un cuerpo que será tierra y silencio;
un alma que será como el desván
de los recuerdos.





6.

Cena en el jardín.
Gozar la llama
que nos regala el tiempo.




7.
Labio con labio, arriba.
Vida con vida, abajo,

Y en medio, las lianas
del cuerpo entrelazadas
hasta el justo licor de los abrazos.
Y el tiempo quieto,
colgado de la luz,
mientras desata el beso
todas sus amarras
y cumple su destino
de humilde creación.
Y que deslíe el tiempo
su ovillo en mil abrazos.

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