martes, 26 de octubre de 2010

PROSAS DE ANTAÑO

Cabeza de tortilla



Volvamos con Berni y los demás y seamos testigos de una nueva narración, ésta relacionada con la Mitología. Que aproveche.







5. La leyenda de Ceix y Alcione

Berni sonreía recordando el momento en que les había dicho que todo eso no era más que ficción, leyenda, mitología…, y la cara de Chago preguntándole qué era la mitología. Él le había respondido:
-Algo así como una ciencia que recoge leyendas maravillosas, cuentos donde la fantasía, la belleza y los sentimientos van de la mano, como ocurre en la historia de Ceix y Alcione, historia que, a instancias de Chago, referirió de esta manera:
“Ceix era un rey que tenía muy mala suerte pues en poco tiempo había visto morir a un hermano suyo, a su querida nieta y a un hijo suyo muy joven que prometía ser un hombre necesario para el reino; así que un día decidió acudir al oráculo de Apolo para consultarle acerca de su desdichada suerte. Pero su mujer Alcione, que lo quería entrañablemente, miraba con temor el viaje de su marido e intentó en vano hacerle desistir de su propósito contándole un sueño que repetidamente padecía y en el cual aparecían fantasmas y sepulcros y horribles rugidos de tempestades marinas. Ceix la tranquilizó diciéndole que su separación no duraría mucho tiempo, y se hizo a la mar. Pero la nave en que viajaba Ceix no había recorrido todavía la mitad de su trayecto cuando un desatado temporal empezó a azotar el mar salvajemente. Al poco tiempo, el vendaval había destrozado las velas y los mástiles, y los tripulantes se entregaban o bien al llanto esperando un milagro de los dioses o bien a la desesperación. A Ceix sólo le preocupaba el recuerdo de su mujer y su imagen querida permanecía constante en su cerebro. De pronto en su mente un deseo se le hizo insoportable en su mente: “Si al menos tuviese el consuelo de ver por última vez mi casa, mi mujer...”
En ese momento una ráfaga del huracán rompió el timón del barco y una ola gigante lo sumergió por completo. Ceix se abrazó como pudo unos segundos a un madero y luego desapareció en las frías y tenebrosas profundidades. También en ese momento Alcione, en su casa, padeció un terrible sueño: su querido esposo Ceix se acercaba a su cama para decirle que ha muerto ahogado y que ya no tendrá el consuelo de volverlo a ver, que se vista de luto y no permita que su sombra baje a los infiernos sin haber recibido las debidas honras fúnebres. Alcione despertó sobresaltada y a gritos recorrió la casa despertando a la servidumbre, que le preguntaba por la causa de su excitación. “He muerto yo también”, les grita, “Alcione ha muerto con su esposo Ceix. El mismo naufragio ha matado a los dos. El viaje nos separó y la muerte nos ha vuelto a juntar”. Y sin dar tiempo a los criados a reaccionar, la pobre viuda corrió hacia la orilla del mar, hacia el lugar de donde había partido la nave que se llevó para siempre a su esposo. Y mientras recordaba su último adiós, descubrió flotando sobre las aguas el cadáver de Ceix. Su primer deseo fue salir corriendo hacia él y en vez de eso, se vio volando en el espacio pues acababa de convertirse en ave. Atravesó velozmente el aire moviendo con fuerza sus alas para llegar cuanto antes a donde se encontraba Ceix flotando. Alli lo besó repetidas veces mostrándole su cariño y su dolor.
La escena era conmovedora para quienes la contemplaban desde el puerto, y también para los dioses, quienes, compadecidos de la mala suerte de esta desgraciada pareja, acabaron convirtiéndolos en alciones, aves marinas parecidas a los martines pescadores. Y cuentan los libros de mitología que desde que sufrieron esta transformación y durante los nueve días que Alcione encuba sus huevos en el nido, el mar está tranquilo y los navegantes están libres del riesgo de naufragar.”

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