sábado, 25 de septiembre de 2010

MEMORIAS DE UN JUBILADO

El día de la Merced


Ayer fue el día de la Merced, para mí de tanto significado sentimental. No sólo por estar relacionada esta festividad con mi querida Barcelona, que tanto me ha enseñado y donde he aprendido a ser mayor, con todo lo que esta palabra implica. El día de la Merced significa para mí el principio de mi vida como adulto. Un día de la Merced, hace ya cuaretnta y cinco años, conocí a la que sería mi compañera para toda la vida. Desde entonces no ha habido un solo día que no haya dado gracias por conocerla. En la vida diaria es todo para mí y un aliento insustituible para seguir adelante. Y no digo nada de su presencia en mis escritos y en la pintura, que es mi afición favorita. Le prometí que un día recordaría en algún sitio cómo la conocí, y nada mejor que este blog para hacerlo. Debo empezar que por entonces, aquellos años sesenta de la migración, yo estaba ya estudiando en la Universidad de Barcelona y tenía mi grupo de amigos y amigas que en tertulias, excursiones y paseos de exploración por la Barcelona de Picasso, Gaudí y el Barrio Gótico ampliábamos nuestros conocimientos de la ciudad y nuestra idea de la amistad. Entre estos amigos debo siempre destacar al pintor Albert Casals que fue mi primer cicerone de iniciación por el mundo del arte y mi compañero de salidas y aventuras por los alrededores de Barcelona, provistos de caballetes, lienzos y pinturas, en busca de un rincón típico o un paisaje digno de ser plasmado en nuestras telas. Nuestras conversaciones sobre poesía y pintura en su estudio de la calle del Remei, tan cercana a la mía del Olivo, en pleno Poble Sec, teniendo como fondo la música de los Beatles, fueron memorables tanto para él como para mí. Pues bien, en este estudio se le ocurrió a mi amigo celebrar un guateque con baile y cubatas aquel día de la Merced del año 65. Y tirando del hilo se llega al ovillo. A ese guateque asistieron su novia y una compañera de trabajo, la que sería la mía a partir de entonces. La fiesta mientras tanto desfilaba por las calles principales de Barcelona, con sus tambores, sus gigantes y sus carrozas llenas de jolgorio y colorido.

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