OTRO ALMENDRO
A Paco Gurrea, en memoria
I.
Me dicen que otro almendro,
Raquítico y deforme, ocupa el nido
De aquel otro tan nuestro.
En el sol de su alcorque,
Bajo la misma tierra
Que abrazó a nuestro almendro como a un niño,
Han clavado otro almendro, fiel retrato
De sus dueños, santones aburridos.
Así siempre la historia escriben ellos:
Cambiando claridad por tenebrismo;
en vez de alba sonrisa
siembran miedo y peligro,
persecución oscura,
amenazas vestidas de cilicios.
Me dicen que otro almendro,
Raquítico y defome, ocupa el nido
De aquel almendro nuestro,
Antiguo compañero que nos hizo
Más leve y llevadera
La costosa pendiente del camino.
II.
Pero un día el buen nombre
De todos cuantos fueron mis amigos,
Que en silencio crecieron y pasaron,
Y en silencio la daga del olvido
Los condenó al destierro impíamente,
Recobrará su brillo
Y será recordado el fuego atento
con que ardió su maestro y noble oficio.
Evocaré hasta entonces sus palabras
Y sus gestos como si fueran míos,
Y hasta entonces echaré de menos
Aquel tiempo perdido
En que aún eran verdad voces tan limpias
Como alegría, lealtad o amigo,
El tiempo que fue nuestro y nos robaron
Los falsos hierofantes y sus cirios,
El tiempo en el que aún no habían llegado
Los cuervos de las velas
A velar nuestro esfuerzo con graznidos.
Disfrazados de cera y de misal,
A cambiar el camino,
A cambiar nuestro almendro
Por un tiempo sin flores y sin trinos.
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