sábado, 15 de junio de 2013

HOMENAJE A BADOSA



Ayer, viernes, 14 de junio, a las seis de la tarde,  tuvo lugar en el Ateneo barcelonés un merecido homenaje al poeta Enrique Badosa (Barcelona, 1927), autor, entre otras obras, de Más allá del viento (1956), Baladas para la paz (1970), Mapa de Grecia (1979), Epigramas confidenciales (1989), Marco Aurelio, 14 (1998) o Ya cada día es más noche (2006). También se distingue como ensayista en títulos como La libertad del escritor (1968) o La tentación de la palabra (2013).
Cuando al final del acto, me firmaba con su letra menuda un ejemplar de La libertad del escritor, me di cuenta de que junto a mí tenía a un hombre lleno de espiritualidad poética, amante de la belleza y el arte de la palabra, defensor de la dignidad humana. "¡Y que siempre te asista la libertad del escritor!", con esta frase cerraba el escrito de su dedicatoria. Que siempre vaya contigo, Enrique, el don de la bohomía y el saber estar.
¡Qué bien supo estar el poeta en el homenaje que todos le rendimos en  una de las aulas que utiliza para sus actividades literarias el grupo El Laberinto de Ariadna! Con una cabeza prodigiosa, puesta como una estatua griega sobre un cuerpo cansado, aderezó sabia y confidencialmente con su palabra fácil, medida y aleccionadora las intervenciones del presentador que nos condujo con acierto por el camino de la creación poética de Badosa, y los dos recitadores que nos dieron a conocer muchos de sus poemas.
Durante el acto de homenaje, que duró dos cortísimas horas, el poeta nos adelantó confidencias y opiniones sobre los más diversos temas. He aquí algunas.
Quien me incició en el hecho poético fue mi tío Pepe, que recitaba y leía poesías muy bien.
Lo que se haga en poesía hay que hacerlo bien.
Puedo decir que me sé bien el oficio.
Toda poesía es social por la función social de la poesía, pero la poesía no debe olvidar nunca su parte artística.
No he pertenido a escuelas debido a mi forma de ser.
Uno no quiere escribir un poema; el poema le escribe a él.
Los poemarios de antaño pasaban fácilmente la censura porque en aquel tiempo casi nadie leía poesía.
Venecia representa para mí todas las artes juntas: es el barco del tesoro condenado a naufragar algún día. Es el símbolo del logro más grande de la humanidad que está pasando un mal momento y tiene inminente el desenlace.
La facilidad de contacto en Grecia es proverbial.
Y durante la lectura de los recitadores surgían aquí y allá destellos magistrales del quehacer poético de Badosa. Como:
Nunca el griego fue lengua tan hermosa.
Dar vida, vivir muerta.
Ponle contenido al continente
Sólo salen a recibirme la pared y mi sombra, la de nadie...
En conclusión, ayer en aquella aula de la quinta planta del Ateneo, vivimos todos un "gozoso laberinto" (como me escribió en el ejemplar de La libertad que le presenté) de emociones del que no queríamos que nos librara ningún hilo de Ariadna.
"Voy penetrando ya por el silencio
de la espesura, del jaguar, del Sol,
de la piedra erigida en oración, de la lluvia enterrada.
El silencio se adentra en mi silencio."
                                                        Enrique Badosa

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