sábado, 18 de septiembre de 2021

A ESCENA (I) Mi amor al teatro

 


Hoy hablo de un LIBRO PERSONAL que es fruto de varias lecturas y actividades teatrales que tienen que ver, primero, con mi devota afición desde niño al mágico mundo del escenario, y, segundo, con mi labor docente que me mantuvo durante cinco cursos consecutivos en relación con un grupo de estudiantes verdaderamente interesados por el Teatro en todas sus facetas, desde la pura teoría que encontrábamos en el estudio de la dramaturgia española en sus hitos más importantes (Lope de Rueda, Lope de Vega, Calderón, Moratín hijo, Zorrilla, Valle-Inclán, Lorca, Buero Vallejo, o Alfonso Sastre, por citar los más trabajados en clase, y de las figuras principales del teatro universal (desde los trágicos griegos, Sófocles a la cabeza, hasta Miller, pasando por Shakespeare, Molière, Schiller, Goethe y O’Neill, entre otros).

Ya de niño, mi familia se reía de lo lindo conmigo oyéndome radiar emocionantes partidos de fútbol bajo una silla o viéndome de repente entrar en la cocina en las largas tardes del invierno zamorano disfrazado de mil maneras y farfullando diferentes voces según el disfraz que llevaba, unas veces de bruja, otras de hombre del saco… Moviendo siniestramente la escoba por encima de mi cabeza envuelta con un pañuelo negro, soltaba, ante la mirada entre asustada y atónita de mi querida madre, con voz estropajosa y llena de gallos la frase “Por mucho que os escondáis, daré con vosotros y dejaré caer sobre vosotros todos mis hechizos…” Cuando hacía de hombre del saco, mi voz se volvía aún más terrorífica y la impresión causada en mi familiarizado público era de agárrate y no te muevas. Decía mostrando el saco que llevaba a mis espaldas: “Aquí llevo a los niños que se han portado mal y, una vez que les haya extraído la manteca, los devolveré a sus padres pálidos y consumidos…” Sólo de recordarlo, el que se pone pálido soy yo. ¡Hay que ver adónde llega la imaginación de un niño!

 


 

De adolescente participé en alguna obra teatral del Instituto con el fin de conseguir algunas pesetas para un viaje de fin de curso, como aquella inefable comedia de Vital Aza titulada Parada y fonda, en la que encarné el papel de Pau Palau Tomeu, “representante de Andreu Grau i Riu de Barcelona”, coletilla que sacaba a relucir  el personaje a la menor ocasión que se le presentaba.

También por entonces una de mis aficiones favoritas, que guardan sin duda relación con el teatro, era declamar poesías ante un público más o menos numeroso, bien en el patio del Instituto, en alguna clase antes de que llegara el profesor de turno o en el mismo escenario del salón de actos del Centro durante alguna fiesta escolar. Había dos poesías que recitaba más que las otras: una era La pedrada, de Gabriel y Galán, que, como era algo extensa, me valía de la ayuda de un compañero mío de clase llamado Antolín (el pobre moriría unos años más tarde de una meningitis), que tenía a mano el poema y me apuntaba escondido en la concha del escenario. Recuerdo con ternura que a veces se oía más su voz de apuntador que la mía, y eso provocaba alguna risa entre el público de las primeras filas. Me gustaba recitar esta poesía porque lograba hacer llorar a más de uno, que, para no ser descubierto, disimulaba tocándose la nariz.   

"Cuando pasa el Nazareno

de la túnica morada,

con la frente ensangrentada,

la mirada del Dios bueno

y la soga al cuello echada,

el pecado me tortura,

las entrañas se me anegan

en torrentes de amargura

y las lágrimas me ciegan

y me hiere la ternura..."

La segunda poesía, tan triste como la anterior, arrancaba muchos aplausos. Era la Rima LXXIII de Gustavo Adolfo Bécquer, aquella que empieza

“Cerraron sus ojos

que aún tenía abiertos,

taparon su cara

con un blanco lienzo,

y unos sollozando

y otros en silencio

de la triste alcoba

todos se salieron…”


De mi experiencia como docente en la EATP de Teatro para alumnos de BUP, guardo entrañables recuerdos. El grupo que tenía a mi cargo contribuyó de forma entusiasta y generosa a que la actividad saliera a pedir de boca pues, como ya he dicho más arriba mostró siempre un vivo interés por el hecho dramático en todas sus facetas. Estudiábamos a los grandes dramaturgos nacionales y extranjeros, leíamos dramáticamente sus textos más importantes, imitábamos pasajes, inventábamos nuestros propios textos dramáticos, representábamos diálogos, declamábamos poesías y, como colofón a todo ello a la vez que como premio a su dedicación, al final de cada trimestre, coincidiendo casi siempre con alguna festividad del año, Navidad, Semana Santa…, montábamos entre todos los componentes de la EATP una pequeña obra teatral que acababa siendo representada en la Sala de Audiovisuales ante todo el Colegio.

Pues bien, inspirada en el recuerdo de lo apasionantemente vivido en aquella EATP, surgió la idea de componer un libro con obras teatrales, unas basadas en otros autores y otras de cosecha propia, destinadas a ser representadas por todo tipo de público, desde escolares hasta profesionales, pasando por residentes de entidades de jubilados, socios de casas regionales y asociaciones diversas. El libro, que titulé, ACTUANDO, QUE ES SOÑAR, es el que irá apareciendo aquí.

 



sábado, 11 de septiembre de 2021

DEL TEATRO AL CINE (IV) La casa de Bernarda Alba, de Lorca

 


En entradas anteriores hablábamos de las adaptaciones cinematográficas que llevaron a cabo conocidos cineastas extranjeros y españoles (Mitchell Leisen, Luis Marquina, Juan Antonio Bardem, Rafael Gil, Emilio “El Indio” Fernández, Fernando Fernán Gómez…) de obras teatrales españolas como La malquerida, de Jacinto Benavente, La señorita de Trevélez, de Carlos Arniches (al cine pasó con el título de Calle Mayor), o La venganza de Don Mendo, de Muñoz Seca. Pues bien, hoy vamos a seguir tratando de algunos dramaturgos españoles de esa época que marcaron un antes y un después en la historia de nuestro teatro, que son los casos, entre otros, de Valle-Inclán y García Lorca. Y dado que en agosto pasado se cumplieron 85 años del asesinato de Federico García Lorca, empezaremos por él a modo de homenaje.


Federico García Lorca
(1898-1936) es uno de los escritores españoles más importantes del siglo XX. Poeta y dramaturgo de primera fila, es autor de obras de resonancia universal como El romancero gitano, Poema de Cante jondo o Poeta en Nueva York, en poesía, y Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba, en teatro.

La casa de Bernarda Alba, para muchos estudiosos una de nuestras mejores tragedias, fue escrita en 1936 y publicada y estrenada en Buenos Aires en 1945. Obra en tres actos, pinta la España más atrasada de primeros del siglo XX, donde el papel de la mujer era insignificante, la religión un problema fanático y la intimidad algo que había que defender con uñas y dientes. Su argumento podría resumirse en los términos siguientes: Bernarda Alba, tras enviudar por segunda vez, decide guardar luto riguroso durante ocho años seguidos. Comparten su casa y soportan su autoritarismo exacerbado cinco hijas que poseen distintos caracteres: Angustias, la mayor, hija de su primer marido y con dote propia, que se prometerá con Pepe el Romano, personaje que por otra parte nunca aparecerá en escena; Adela, la más joven, que tras una serie de intrigas familiares, se hace amante de este último; y Magdalena, Amelia y Martirio, a la que Bernarda prohíbe casarse con Enrique Humanes porque es hijo de labradores. Y también viven con ellas la madre de Bernarda y dos criadas, una de las cuales es Poncia, que está al servicio de la anciana. El desenlace de la tragedia es provocado al matar de un tiro Bernarda a Pepe el Romano, mientras ella insiste una y otra vez en creer y hacer creer a todos que nada ha ocurrido allí. Además del autoritarismo de la protagonista, destacan en la obra otros elementos temáticos que convierten la casa en un escenario irrespirable para las hijas especialmente: la metáfora del color en las paredes, el odio y la envidia entre las hermanas, la lujuria, la libertad frente a la opresión, el dinero y la muerte.


En el fragmento que viene a continuación puede verse ya el ambiente de prisión que tiene la casa de Bernarda y el autoritarismo de ésta:

“Acto I

Habitación blanquísima del interior de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar las campanas.

(Sale la Criada)

Criada: Ya tengo el doble de esas campanas metido entre las sienes.

La Poncia: (Sale comiendo chorizo y pan) Llevan ya más de dos horas de gori-gori. Han venido curas de todos los pueblos. La iglesia está hermosa. En el primer responso se desmayó la Magdalena.

Criada: Es la que se queda más sola.

La Poncia: Era la única que quería al padre. ¡Ay! ¡Gracias a Dios que estamos solas un poquito! Yo he venido a comer.

Criada: ¡Si te viera Bernarda...!

La Poncia: ¡Quisiera que ahora, que no come ella, que todas nos muriéramos de
hambre! ¡Mandona! ¡Dominanta! ¡Pero se fastidia! Le he abierto la orza de chorizos.

Criada: (Con tristeza, ansiosa) ¿Por qué no me das para mi niña, Poncia?

La Poncia: Entra y llévate también un puñado de garbanzos. ¡Hoy no se dará cuenta!

Voz (Dentro): ¡Bernarda!

La Poncia: La vieja. ¿Está bien cerrada?

Criada: Con dos vueltas de llave.

La Poncia: Pero debes poner también la tranca. Tiene unos dedos como cinco ganzúas.

Voz: ¡Bernarda!

La Poncia: (A voces) ¡Ya viene! (A la Criada) Limpia bien todo. Si Bernarda no ve relucientes las cosas me arrancará los pocos pelos que me quedan.”

El estreno mundial de La casa de Bernarda Alba tuvo lugar, como queda dicho más arriba, en Buenos Aires en 1945, concretamente en el Teatro Avenida, y el papel principal, el de Bernarda Alba, fue interpretado por Margarita Xirgu. Posteriormente en España se llevó a la escena en multitud de ocasiones. Ya en 1950 se estrenó en el Teatro de Ensayo La Carátula, de Madrid, donde Amparo Reyes hizo de Bernarda Alba. Catorce años más tarde la dirigió Juan Antonio Bardem en el Teatro Goya de la capital de España, encarnando el papel de Bernarda Cándida Losada. Y en 1976 se repuso en el Teatro Zorrilla de Valladolid, donde el actor Ismael Merlo hizo de Bernarda Alba. Etcétera. Hasta llegar a los años 2010-2017, en los que la obra de Lorca se representó en el Teatro Tribueñe, también de Madrid, siendo sus intérpretes principales, entre otras, Carmen Rodríguez de la Pica (Bernarda Alba), Chelo Vivares (Poncia), Natalia de Azcárate (Adela), Catarina de Azcárate (Angustias), Matilde Juárez (Martirio), Virginia Hernández (Magdalena), Ana Peiró (Amelia), Marina Valverde (María Josefa)…


En cuanto a su adaptación al cine
, una de las primeras veces que se realizó fue en 1982, en México. Dirigida la película por Gustavo Alatriste, la interpretación de la protagonista corrió a cargo de Amparo Rivelles. Pero fue la dirección de Mario Camus en 1987 la que se llevó el pato al agua. Según Arranz, Mario Camus, que ya había adaptado excelentemente a la gran pantalla obras literarias españolas tan importantes como La colmena, de Cela, y Los santos inocentes, de Delibes, “tuvo claro desde el comienzo que debía valorar la visión teatral de la trama”. Respecto a ello Camus había dicho: “El cine puede mostrar cosas y matices que se pierden en el teatro y que, a la vez, potencian la historia que imaginó el poeta sin las dificultades que llevan consigo las limitaciones del teatro.” Arranz apunta por su parte que “el problema de la adaptación era hacer creíbles unos diálogos de gran sentido lírico; sin embargo, Camus les dotó de una enorme cotidianidad.” La película de Camus, rodada entre 1982 y 1987, en color, 100 minutos de duración y fotografía de Fernando Arribas, fue interpretada en sus principales papeles por Irene Gutiérrez Caba (Bernarda Alba), Florinda Chico (Poncia), Ana Belén (Adela) Vicky Peña (Martirio), Enriqueta Carballeira (Angustias) y Aurora Pastor (Magdalena).

(La próxima entrada tratará de Divinas palabras)


sábado, 4 de septiembre de 2021

TRADICIONES Y LEYENDAS DE ZAMORA (III) UN VIERNES SANTO ORIGINAL

 

 


En otra parte de este blog hablo del coro que entona el Miserere Popular Alistano durante la procesión de las Capas Pardas del Miércoles Santo. Pues bien, ya es hora de que dediquemos unos párrafos a recordar la original manera como Bercianos de Aliste, un pueblo comprometido física y espiritualmente con la Semana Santa, celebra su Viernes Santo, que es además el momento en que se canta ese Miserere.

Escondido en una pequeña hondonada, el pueblo es un conjunto de casas reunidas sin orden, rústicas, con paredes de piedra o de ladrillo y tejados de pizarra, y sobre el conjunto de casas, amparándolo todo, se levanta la iglesia de San Mamés.

Ahora que hablo de la comarca de Aliste, de sus pueblos con casas arracimadas en torno a su iglesia, de paredes de piedra y tejados de pizarra, en medio de un paisaje duro y austero, no puedo evitar recordar lo que viví con alegría en esta singular comarca, cuya capital es Alcañices, en varios momentos de mi vida. El primero de los cuales, de muy niño, fue en Fornillos de Aliste, en casa de unos maestros zamoranos sin hijos que me querían mucho y cuyos padres ocupaban la planta baja de la casa donde vivía mi familia, y cada vez que los maestros iban a verlos no sabían qué hacer conmigo; el caso es que en Fornillos pasé una felicísima temporada con aquella generosa pareja de maestros, dando paseos por el campo y pasando veladas inolvidables al amor de la lumbre de la chimenea, incluida la visita inesperada que me hizo mi padre en una de sus rutas en bici por la zona. Luego, ya adolescente, viví varios momentos en las cercanías de la Sierra de la Culebra, en el campamento que montaba el Frente de Juventudes en San Pedro de las Herrerías, con disciplinadas marchas por los alrededores, trabajos manuales al pie de los castaños y los alisos, noches de fuegos de campamento y cuentos de lobos que bajaban al pueblo cuando el hambre les acuciaba. Sea como sea, sólo el nombre de Aliste (además, un amigo de la infancia y su familia eran originarios de esta comarca ganadera y agrícola frontera con Portugal), sólo oír mencionar el nombre de Aliste me evoca tiempos felices.


 

Y volviendo a la original celebración del Viernes Santo de Bercianos de Aliste, que dejé en suspenso más arriba, debo hablar de su origen. Según la tradición oral que ha pasado de padres a hijos durante varias generaciones, dicha celebración se debe a una promesa que hizo el pueblo tras librarse en la Edad Media de la peste que diezmaba la comarca. Las primeras normas de la Cofradía que se formó a raíz de aquello se remontan a enero de 1536, y el documento que alude a sus denominaciones es conocido popularmente como la "Bula" pontificia concedida por el papa Paulo III. En dicho documento se explicitan los privilegios de los cofrades que formaban parte de la primitiva Cofradía. Desde entonces es costumbre que las mujeres del pueblo, antes de contraer matrimonio, y durante el primer año de noviazgo confeccionen la blanca mortaja (dicha prenda mortuoria formará parte del ajuar el día de la boda) a sus futuros esposos pertenecientes a la Hermandad. Asimismo esta mortaja será el traje durante las celebraciones de la Semana Santa berciana (los participantes en las procesiones no tienen por que ser miembros de la Cofradía). Pues bien, llegado el día de la procesión del Viernes Santo, tan sólo los miembros de la Hermandad pueden vestir la blanca mortaja de caperuza sin punta, y llevan una pequeña vela, mientras que los no pertenecientes a ella visten la capa alistana parda y portan un farol. 

La procesión tiene como figura principal un Cristo de madera de tamaño natural articulado que se custodia durante todo el año en una urna de cristal, yacente y visible en la sacristía de la iglesia mencionada de San Mamés. Y es precisamente esta imagen la que sale de la urna unas horas durante el Viernes Santo para ser clavado en una cruz, ceremonia que se remonta al siglo XVI.


 

Recordemos ahora las secuencias que tienen lugar a lo largo del Viernes Santo, desde la madrugada, en que se celebra la procesión del Vía Crucis y en la que participan solamente mujeres. A primera hora de la mañana se instala una cruz en medio de la Plaza del Pueblo, y junto a ella una imagen de la Dolorosa con la cara cubierta. En la cruz se clava el Cristo articulado. Por la tarde los vecinos del pueblo, son congregados con los sonidos de matracas (molinete de madera con mango que se hace sonar girándolo) para la procesión. Los asistentes entonan una letanía y se congregan en torno a la cruz con el Cristo clavado y la Dolorosa. Seguidamente comienza la ceremonia del Descendimiento, con su popular sermón, por parte del párroco, así como el desenclavamiento del Cristo, en el que primero se procede a quitar el letrero de INRI de la cruz, y en pasos sucesivos, a despojar al Cristo de la corona de espinas, a quitarle los clavos de las manos y los pies, a descenderlo cuidadosamente de la cruz, a recogerlo plegando sus extremidades y a cubrirlo con una sábana para finalmente introducirlo en un féretro transparente. A partir de ese instante la comitiva se dirige el Calvario para dar sepultura al Cristo y junto a la entrada del cementerio de la localidad, cantan el Miserere (hay veces en que los hombres cantan en latín y las mujeres en castellano). Luego llega la procesión a las tres cruces y rezan las oraciones a las Cinco Llagas de Jesús, que empiezan así:

“Al estar de rodillas ante Vuestra imagen sagrada, oh Salvador mío, mi conciencia me dice que yo he sido él que os ha clavado en la cruz, con estas mis manos, todas las veces que he osado cometer un pecado mortal. Dios mío, mi amor y mi todo, digno de toda alabanza y amor, viendo como tantas veces me habéis colmado de bendiciones, me echo de rodillas, convencido de que aún puedo reparar las injurias con que os he inferido. Al menos os puedo compadecer, puedo daros gracias por todo lo que habéis hecho por mí. Perdonadme, Señor mío. Por eso con el corazón y con los labios digo: Santísima llaga del pie izquierdo de mi Jesús, os adoro. Me duele, buen Jesús, veros sufrir aquella pena dolorosa. Os doy gracias, oh Jesús de mi alma, porque habéis sufrido tan atroces dolores para detenerme en mi carrera al precipicio, desangrándoos a causa de las punzantes espinas de mis pecados. Ofrezco al Eterno Padre, la pena y el amor de vuestra Santísima Humanidad para resarcir mis pecados, que detesto con sincera contrición.” Etcétera.

 


Tras lo cual inician el retorno a la iglesia. Los más jóvenes portan pendones, el resto de participantes visten la popular capa alistana y en último lugar desfilan los cofrades con su blanca mortaja. La urna con el Cristo descendido va en la procesión escoltada por jóvenes portadores de lanzas, y la sigue la Dolorosa que es portada a hombros por mujeres solteras. De noche, para cerrar el ciclo sagrado, se celebra la procesión de la Soledad.



sábado, 28 de agosto de 2021

VIAJES Y RECUERDOS

 



La Troya del presente

 

Salió, como Telémaco, en tu busca

la infancia que dejaste junto a un soto,

 un río y una casa.

Y te encontró cambiado por el tiempo,

la prisa y la distancia.

Venía para hablarte de las cosas

que habías habitado con tus sueños,

y no reconociste sus señales.

De pronto el corazón viró su rumbo

hacia el puerto sagrado de la infancia.

Te vestiste de Ulises

y dejaste la Troya del presente,

que en sueños arde siempre y quema y deja

sangre y miel en la boca,

para volver a casa como un niño

que aún espera el abrazo materno.

Pero era ya muy tarde.

Se había quemado casi en el hogar

la leña que los días van dejando

en el fuego insaciable.

Y tornaste a tu Troya porque guarda

madera que quemar en su leñera.

Sigue vivo el viaje y en tu alma,

intacto tu destino de viajero.

 

 


La esperanza

 

Este es mi barrio ahora.

Os presento su gente y su viaje,

su lucha y su destino.

Testifico que el paro se asoma a los balcones

con la misma fiereza que los tiestos vacíos,

con la misma desesperación

que las sábanas muertas bajo el polvo y la ruina.

Testifico que el hambre se aposenta

en las bocas del metro

con una mano abierta en el olvido

y la otra empapada por cien lluvias.

 

Tras esos edificios desahuciados

donde ya no florecen las macetas,

ni en los cuartos vacíos los retratos,

veo afilarse las navajas,

los dientes de la pobre libertad,

el odio de Caín,

el abismo sin fondo

entre el lujo y el hambre.

 

Este es mi barrio ahora.

Os presento su asombro y su aventura,

el duelo a vida o muerte a pleno día,

entre adultos dejándose la piel en la herramienta

y mujeres milagrosas recorriendo el mercado

para multiplicar los panes y los peces,

entre estudiantes gritando con pancartas y libros

y mayores callando

bajo el peso del miedo y la pensión de arena,

entre niños que miran  escaparates mágicos

y ancianos que se apoyan en bastones de aire.

 

Os presento a mi barrio,

una lírica lucha entre luces y sombras,

la rabiosa esperanza de un niño

que sueña pese a todo

y aprende todavía.

 

 

 


 

El regreso inútil

 

Y regresaste

al tallo y a la savia de tu infancia

creyendo que el deseo obra milagros.

Pero una vez allí,  viste que sólo

te quedaba de aquel árbol primero

el eco de sus hojas y los nidos vacíos

y la raíz al aire, sin la tierra primera,

aquella que te daba luz y alma.

Y volviste de nuevo a este paisaje

de tarde que se cae sobre tus ramas

y las besa con un poco de sol.

Y sueñas todavía en que algún canto

nacerá entre tus hojas y algún vuelo

mientras clava en la tierra de tu otoño

la raíz de aquel árbol que es tu árbol.

Mientras piensas que el regreso es inútil

y la nostalgia un cálido veneno.

 

 

 

 


En un tren de tercera

 

Tal día como hoy,

en un tiempo sin sol ni pan ni paz,

hiciste las maletas del futuro.

Y adiós a las moreras,

a los cromos de fútbol

y a la infancia.

 

En un tren de tercera,

de noche y carbonilla,

cruzaste de oeste a este España,

la tierra de penumbra.

 

Era un cuatro de julio,

un día casi bíblico

para dejar atrás todos los juegos,

abrir bien la mirada

y ver la claridad de los andamios

y el abrazo del mar que te esperaba.

Era un día para empezar caminos

adultos y reales

y empezar a borrar

algunos falsos sueños de la infancia.

 

 


 

Última noche de un viaje

 

Esta noche es la última.

Dios sabe cuándo habremos de sentirnos

tan libres y tan niños como ahora.

Los pinos y sus besos

serán versos un día, pero ahora, esta noche

son testigos de vida.

Como el orujo ardido por el fuego,

el azúcar quemado, los granos de café

o la olla donde cantan las brujas.

La fórmula hechicera, la joven hierofante,

las sombras como hiedras trepando en las columnas

del salón. Y nosotros,

rezando la oración de la memoria,

endulzando las hieles del pasado

con estas mieles. Bebo

lentamente la taza de los ritos

sin que se cuele aquí el granizo oscuro

de lo que espera luego. Sólo cuenta

este embrujo de ahora,

caliente y duradero, de la maga Galicia

que nos da en un instante la luz de su misterio.

 

 

 


En Santiago

 

La lluvia bajo el brazo.

El corazón mirando al cielo de ceniza.

Y el Parque

de silencio, palomas y camelias,

surcos donde siembra el cielo versos

de la gran Rosalía. Ahora vengo

de aquel corazón frío, traigo el alma

con media pulmonía y pido vino

y una tapa de pulpo que sufraguen

el rescate que me tiene cautivo.

“Jacobus” es la magia.

En sus cuatro paredes resucito

recitando las sombras de aquel ángel

que fue extraño en su pueblo.

Luego pago, estornudo y vuelvo a ser

un fiel enamorado de Santiago.

Aunque llueve y me duele el rezo oscuro

del pino en los cantiles de la ría,

aunque llueve y escucho,

entre el hondo gemido de los bronces,

cómo el clavo de amor de la poeta

taladra el cuerpo blanco de mi vida.

 

 

 

 

 

sábado, 21 de agosto de 2021

TRADICIONES Y LEYENDAS DE ZAMORA (II)

 


LA VIRGEN DEL TRÁNSITO

En las postrimerías del siglo XVI doña Ana Osorio y don Juan de Carvajal, zamoranos caritativos,  donaron su hacienda para la constitución de un convento de monjas Descalzas de la Regla de Santa Clara. 

El Obispo de Zamora, al recibir el encargo, consideró que las más adecuadas para esta obra serían las Descalzas de Gandía, y así se lo hizo saber a través de un emisario. 

En Gandía recibieron la noticia con júbilo y se pusieron en camino. Y después de salvar graves dificultades como una crecida del Duero, que les impidió durante unas cuantas jornadas entrar en Zamora, finalmente se establecieron en el nuevo convento. Allí, la comunidad, con su madre priora sor Ana al mando, seguían añorando la imagen de Nuestra Señora, en recuerdo a la habida en el convento de Gandía, por lo que todos los días rogaban a Dios que su deseo se hiciera realidad. 

 


 

Pasó un tiempo sin que lo anterior se cumpliera. Pero una mañana dos peregrinos que iban a Compostela pidieron cobijo en el convento. Las monjas se lo concedieron gustosamente. Y allí estuvieron alojados los romeros durante unos días hasta que llegó el momento de reemprender la romería.

Sin embargo, antes de hacerlo, los peregrinos, en agradecimiento a la hospitalidad recibida y conociendo el deseo de la comunidad de tener una Virgen, se comprometieron a esculpir una imagen de Nuestra Señora, con la única condición de no ser molestados mientras durase su trabajo de escultores. 


Aceptada esa condición por las monjas, los romeros comenzaron su tarea. Pasadas algunas horas, tanto la abadesa, como el resto de las hermanas empezaron a dar muestras de nerviosismo y ansiedad por ver acabada la imagen. Sin embargo, sometidas a la condición que los escultores les habían impuesto, se vieron obligadas a esperar. Hasta que de repente dejaron de oír los ruidos de las herramientas usadas en el trabajo.

Entonces la abadesa, sin poder aguantar su curiosidad por más tiempo, entró en la sala de la tarea seguida del resto de la comunidad. Y ante sus atónitos ojos apareció la impresionante imagen de la Virgen del Tránsito. Pero no hallaron ni rastro de los misteriosos escultores, que, según la tradición, eran dos ángeles.

Y al examinar con detenimiento la escultura que representaba la Virgen, las monjitas descubrieron que a la sagrada imagen le faltaban dos dedos de un pie. Y eso fue debido, cuenta la leyenda, a la curiosidad de sor Ana, que no dio tiempo a los excelsos escultores a concluir totalmente su obra. 

Nuestra Señora del Tránsito se ha convertido, desde entonces, en la imagen más venerada de Zamora y en varias ocasiones ha dejado momentáneamente su clausura para socorrer a la ciudad en sus infortunios y adversidades. 


 

sábado, 14 de agosto de 2021

DEL TEATRO AL CINE (III)

 


Carlos Arniches (1866-1943) fue un dramaturgo que se hizo famoso por sus sainetes y cuadros de costumbres pintorescas, principalmente referidas al Madrid más castizo, cuyos personajes se expresan con un lenguaje de jerga, plagado de chistes y ocurrencias graciosas, como puede observarse en piezas llenas de humor, tales Las estrellas, El santo de la Isidra, La flor del barrio o Los milagros del jornal. Luego mezcló el humor y la caricatura con lo dramático, ocultando las emociones serias con veladuras cómicas e incluso hilarantes, característica que utilizó Arniches para introducir en su producción el humor negro y la crítica social. Entre las obras que pertenecen a esta última etapa destacan Es mi hombre, Los caciques y La señorita de Trevélez.

La señorita de Trevélez, pieza tragicómica desarrollada en tres actos, se estrenó en el Teatro Lara de Madrid en 1916, siendo sus principales intérpretes Leocadia Alba, Emilio Thuillier, José Isbert. Su argumento puede resumirse así: En una ciudad de provincias dos hombres, Picavea y Galán, luchan por seducir a Solita, sirvienta de la casa de los Trevélez. Picavea, socio del Guasa Club, solicita, para deshacerse de la intervención de Galán, la ayuda de Guiloya, quien, ni corto ni perezoso, le envía una carta de amor, con remite y firma de Galán, a la señorita Florita Trevélez, hija de los dueños de la casa, ya mujer madura, poco agraciada, ingenua y que nunca había obtenido la atención de ningún varón. Como es natural, Florita se ilusionó al recibir la misiva y creyó haber encontrado la felicidad que la vida le había negado; más aún, ante la satisfacción que mostró  su hermano Gonzalo al saber la noticia, Florita llegó a fantasear con su boda. Galán, por temor a la reacción de su protector Gonzalo Trevélez, siguió con la ficción, que se enredó todavía más al implicar Guiloya al propio Picavea, haciéndole fingir también que estaba enamorado de Florita. La farsa llega al límite cuando Picavea y Galán planean un duelo por el amor de la señorita de Trevélez, si bien será Gonzalo quien rete a Picavea. Pero el embrollo se aclara cuando este último cae en la cuenta del daño que está causando a los Trevélez, especialmente a Florita, y confiesa la verdad a Gonzalo, el cual acaba lamentando las maldades que se dan en la existencia humana.

He aquí dos momentos de una escena clave de la obra:

"PICAVEA. - No, don Gonzalo, no. Ustedes, Galán y yo, hemos sido víctimas de un juego inicuo, y permítame que le suplique toda la calma de que sea capaz para escucharme hasta el fin. DON GONZALO. (Con ansiedad.) - Hable, hable usted pronto. PICAVEA. - Don Gonzalo, la declaración amorosa que recibió Florita no era de Galán. DON GONZALO. - ¿Cómo que no? PICAVEA. - Fue escrita por Tito Guiloya, imitando su letra, para darle una broma de las que han hecho famoso al Guasa-Club. 

DON GONZALO. - ¡Oh! ¿Pero qué dice este necio?... ¿Qué nueva mentira inventa este canalla?... (Va a acometerle.) PICAVEA. - ¡Por Dios, don Gonzalo!... 

DON GONZALO. - Yo te juro que vas a pagar ahora mismo...

(…)

DON GONZALO. (Repuesto del estupor, se levanta airado, violento, tembloroso.) - ¡Ah!..., ¡de modo que una burla!..., ¡que todo ha sido una burla!... ¿Y por el placer de una grosera carcajada no han vacilado en amargar con el ridículo el fracaso de una vida?... ¡Y para este escarnio, cien veces infame, escogen a mi hermana, alma sencilla, cuyo único delito es que se resiste a perder el derecho a una felicidad que ha visto disfrutar fácilmente a otras mujeres sólo porque la Naturaleza ha sido más piadosa con ellas! ¡Pues no, no será!"

Aunque La señorita de Trevélez se adaptó al cine en 1935 (otros dicen que un año más tarde) con el mismo título bajo la dirección de Edgar Neville, corriendo la interpretación de sus principales papeles a cargo, entre otros, de  Antoñita Colomé, Alberto Romea, María Gámez, Edmundo Barbero, Fernando Freyre de Andrade y Nicolás Rodríguez, nosotros hemos elegido la adaptación cinematográfica realizada por Juan Antonio Bardem en 1956, bajo el título de Calle mayor.

 

      Siguiendo a Arranz, Bardem, que también escribió el guión de la película, "aprovechó la historia para realizar una sutil  crítica social de la España del momento." La película, rodada en lugares típicos de Palencia, Logroño y Cuenca, le costó al director algún que otro disgusto con la autoridad competente, fue galardonada en el Festival Internacional de Cine de Venecia con el premio de la Crítica "Fipresci". Bardem olvidó la comicidad que había en la obra teatral de Arniches e hizo hincapié en la crueldad demedida de los dos señoritos del pueblo, Picavea y Galán, y destacó el papel de Florita, Isabel en la película, cuyo papel fue encarnado prodigioamente por la actriz Betsy Blair, que también obtuvo una mención especial en el mencionado certamen veneciano. Junto a Betsy Blair, en este filme de 100 minutos en blanco y negro, con fotografía de Michel Keller y música de Joseph Kosma, figuran, entre otros, Yves  Massard, haciendo de Federico, José Suárez de Juan, Lila Kedrova de Pepita y María Gámez de madre.

Antes de pasar a hablar de otras épocas teatrales de nuestra literatura, quiero tratar aunque sea de modo breve de un dramaturgo coetáneo de los tratados hasta ahora; me refiero a Eduardo Marquina, padre del cineasta, también mencionado aquí, Luis Marquina.


      Eduardo Marquina (1879-1946), poeta, novelista y dramaturgo español y padre del cineasta Luis Marquina, escribió, además de poesía ( dramas históricos, como Las hijas del Cid, Teresa de Jesús, En Flandes se ha puesto el sol, El monje blanco o Doña María la Brava, entre otros. Aquí trataremos de las dos últimas obras mencionadas.

El monje blanco fue estrenada en 1931 por la compañía de Lola Membrives. El argumento, brevemente expuesto, es como sigue: Fray Paracleto, novicio de un convento de pueblo, ha esculpido la imagen de una virgen que será presentada a los fieles quienes esperan a la puerta del templo el momento solemne. El provincial de la orden a que pertenecen los frailes del monasterio, sorprendido ante la perfección de la obra, le arranca a Fray Paracleto la confesión del crimen que le llevó a hacerse religioso.


       El monje blanco fue adaptada al cine por Julio Bracho en 1945. La película, mexicana, está interpretada por María Félix y Tomás Perrín en sus papeles principales.

Doña María la Brava, cuya protagonista es la noble castellana María Rodríguez de Monroy quien, tras la muerte de sus hijos ocurrida en Salamanca, persiguió a los asesinos hasta Portugal donde sus servidores los mataron y cortaron la cabeza. Con ellas regresó doña María a la ciudad del Tormes para depositarlas en las tumbas de sus hijos.

Sin embargo, Eduardo Marquina se centra en las relaciones de María con el rey Juan II de Castilla y, especialmente, con el Condestable don Álvaro de Luna, del que -por obra de la pluma del escritor- se encuentra profundamente enamorada. La obra, estrenada en el Teatro de la Princesa de Madrid en 1909 con María Guerrero interpretando a la protagonista, destaca por sus versos grandilocuentes y la exaltación patriótica.


Doña María la Brava fue adoptada al cine en 1948 por su hijo el cineasta Luis Marquina, que logró crear un creíble ambiente de la España del siglo XV. La interpretación de sus protagonistas principales corren a cargo de Tina Gascó y Luis Hurtado.

 

 

 

 

 

 

sábado, 7 de agosto de 2021

TRADICIONES Y LEYENDAS DE ZAMORA (I)

 


 En otro lugar de este blog hablé alguna vez de las tradiciones y leyendas de la ciudad natal. Hoy movido por la natural querencia de mis raíces, en medio de esta pandemia inmisericorde que me distancia aún más de mis paisanos, vuelvo a tratar de las tradiciones y leyendas que más me impresionaron de niño cuando, en la escuela del barrio en los días de lluvia y jornadas crudas del invierno, el maestro nos las contaba como él sabía hacerlo, inculcándono de paso el amor a todo lo que tuviera que ver con nuestra tierra.

 


LA VIRGEN DE LA HINIESTA

Cuenta la leyenda que allá por las postrimerías del siglo XIII el rey Sancho IV que se encontraba en la ciudad de Zamora a causa de unas fiebres altas que sufría, para matar el aburrimiento salió de caza con su halcón a un valle cercano donde abundaban las piezas. Estando en ello salió en vuelo una perdiz y a las primera de cambio, el Rey soltó su halcón para que la capturara. La perdiz, aterrorizada, fue a refugiarse a la espesura de una hiniesta. La regia comitiva siguió el vuelo del halcón y llegó hasta la retama donde la perdiz estaba recogida temblando de miedo.

La sorpresa del rey Sancho y sus acompañantes fue enorme cuando vieron que en la hiniesta y junto a la perdiz había una imagen de una Virgen a cuyo amparo, parece ser, se había acogido la perdiz.

Inmediatamente el Rey se postró ante tan milagrosa aparición y allí mismo  y en aquel instante prometió construir un santuario en el lugar que ocupaba el arbusto.

La imagen fue guardada en la iglesia de San Antolín de la ciudad de Zamora hasta que el santuario fuese construido.

El lugar del santuario fue repoblado con doce colonos,  dando así origen al pueblo de La Hiniesta. Desde entonces la cofradía de la Virgen de la Hiniesta realiza una visita a la Virgen de la Concha en su casa, que es la iglesia de San Antolín, cada año en Zamora en el día de San Marcos.

 


 

El santuario de la  Virgen de La Hiniesta conserva en su pórtico sur las huellas del gótico, y en el interior del templo aún pueden verse pinturas de la época.

Una curiosidad más: durante las tradicionales visitas del encuentro en Zamora, los alcaldes de ambas localidades se intercambian los bastones de mando.

(Inspirada en Mi libro de Zamora, de Luis Cortés Vázquez y otros textos)