sábado, 20 de febrero de 2010

MEMORIAS DE UN JUBILADO

Momentos alegres






Hoy cumplo el primer año de mi nueva vida de jubilado. Y ya el primer día de ese año fue un fogonazo de sensaciones y emociones. Fui por última vez al Instituto donde había trabajado los últimos seis años de mi vida como docente. Era el Carnaval y, tras hacer mi guardia de pasillo, pasé al Gimnasio donde tenían lugar los números de disfraces y canciones. Primera emoción: muchos grupos de alumnos me dedicaron por el micrófono sus intervenciones. Segunda emoción: el aperitivo de los profesores estuvo dedicado también a mí. Me despedí de los compañeros con lágrimas en los ojos. Era mi último día en el Centro. Y en un restaurante de Cerdanyola me esperaba mi familia para celebrar mi jubilación y mi cumpleaños a la vez. Primera emoción: estar los seis reunidos, incluido mi nieto Xavi. Segunda: dos regalos, sendos viajes: uno, a Toledo; otro, a Praga (esos viajes ya están contados aquí). Después del restaurante me esperaba aún una nueva sorpresa en casa de mi hijo pequeño. Nada más sentarnos en el sofá, me entregaron un DVD con el título Momentos alegres. Estaba vacío. Pero un papel en el sitio del DVD decía: DALE AL PLAY. Y le di empañados los ojos nuevamente. Lo que vi en la pantalla de televisión resucitó en mí una cadena de emociones: era una película de otras que yo había filmado en diversas cámaras y en distintos periodos de la vida de mis hijos. La vida vivida en Mas d'en Gall en contacto con la naturaleza y en aquella casita de montaña con la vista eterna de Montserrat, los viajes y excursiones por media España, por Zamora, Valladolid y otros sitios entrañables, viendo crecer a mis hijos en compañía de mi mujer y otros familiares y amigos, todo eso me hizo pasar un momento verdaderamente imborrable y que ya siempre irá conmigo cada 20 de febrero.
Tengo muchos motivos para ser feliz. Además, me están llamando mis hermanos y mis amigos para felicitarme por mi cumpleaños. ¡Qué más puedo pedir!

viernes, 19 de febrero de 2010

AÑO DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Hace unos días en este mismo blog me hacía eco de la noticia según la cual el cantautor Joan Manuel Serrat está preparando un disco sobre poemas de Miguel Hernández, y así homenajea al poeta de Orihuela.

Yo me sumo al homenaje con mi pequeño granito de arena y como mejor sé, escribiendo un poema al autor de El rayo que no cesa. De este modo quiero cumplir con el AÑO DE MIGUEL HERNÁNDEZ (Orihuela 1910- Alicante 1942).



Leo a Miguel Hernández,
Y la tierra de España se levanta
En hoces y palabras
Que exigen libertad,
Pan y dignidad para los hombres
Que nacen en el campo entre la leche
Que ordeñan de sus cabras y el mal vino
Que arrancan de las cepas poco a poco,
Dejándose la sangre en el camino.


Leo a Miguel Hernández,
Y las viejas rencillas de los pueblos
Parecen acercarse por los bordes
De sus páginas al prístino
Silencio de esta noche
En que el frío es más duro
Y la muerte se hace más cercana.
¿Qué hemos hecho
Para que nos pongan tantas cárceles
De miedo a nuestras vidas,
Y no sirvan de nada estos poemas
Del hombre que sufrió más acechanzas?
Como el toro hemos nacido para el luto
Y el dolor, nos dice el hombre
Que nació en Orihuela hace cien años
Y nos recuerda tanto nuestro sino
Porque él fue blanco negro de las flechas
Del odio y de la envidia y la desidia
De los que ocupan la silla del poder.


Leo a Miguel Hernández,
Y leo el horizonte que separa
La vida de la muerte,
Y el dolor de amar mientras se anda
Hacia esa frontera misteriosa.

martes, 16 de febrero de 2010

UNA DE LOPE

El Fénix de los Ingenios resucita otro poco


De Lope de Vega, al que Cervantes llamó Monstruo de la Naturaleza o Fénix de los Ingenios, cabe esperarse cualquier cosa. Y ya no me refiero al polifacetismo personal que gozó en vida (militar, sacerdote, casado, pluricasado y burlador de casados, poeta, dramaturgo, novelista...), sino a las sorpresas, agradabilísimas sorpresas, que nos da después de muerto e instalado para siempre en la inmortalidad de las letras. Porque al fin el Ministerio (iba a decir el Misterio) de Cultura ha recuperado el Códice Daza, único borrador localizado de los manuscritos del autor de La Dorotea, que se puso a la venta en 2005 y ahora pertenece a nuestro patrimonio cultural y literario tras el pago de setecientos mil euros (en esta época de crisis económica da escalofríos oír tamaña cifra). Felicidades. Al fin podremos deleitarnos con una muestra manuscrita de Lope de Vega. Se trata de un códice encuadernado en pergamino de 20 x 15,5 cms. de tamaño y 532 páginas, de las cuales las últimas 96 están al revés. Aún así, el códice contiene obra inédita de género lírico y algunos fragmentos de obras publicadas. Una joya. Felicidades otra vez.

Y para que el homenaje a Lope sea redondo, ahí va una muestra lírica del Féniz de los Ingenios:


Fea pintan a la envidia;
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared por medio;
sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas, ni cuentos:
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ser ricos
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

viernes, 12 de febrero de 2010

MEMORIAS DE UN JUBILADO

El Carnaval








Ya está aquí de nuevo el Carnaval, aunque ya dijera Larra en su día que todo el año es Carnaval. Recuerdo que en mi infancia bastaba un corcho de botella quemado con una cerilla para pintarte un bigote y ser una nueva persona. Luego vinieron las caretas y las máscaras de monstruo, bruja o Popeye simplemente y la cosa no cambiaba mucho. La verdad es que a mí nunca me ha gustado disfrazarme más de la cuenta. Una vez, de viaje por Castellón, coincidimos con una excursión de Barcelona que celebraba un baile de Carnaval en el hotel donde estábamos nosotros y la guía, confundiéndonos con viajeros de la agencia a la que representaba, nos dejó un par de trajes de época para asistir al baile nocturno. El traje de mi mujer era de Princesa y el mío de Espadachín, con peluca y espada. Me costó mucho embutirme de D'Artaganan. Ante el espejo no me reconocí y eso me asustó. Pero animado por mi Princesa, bajamos los dos al baile y nos camuflamos entre los concurrentes. Sonó un vals y nos pusimos a bailarlo con las ganas de otros tiempos y sobre todo motivados por los trajes y personajes que encarnábamos. Aquello fue de película. Hasta nos dieron unos cuantos puntos por nuestra actuación. Evidentemente no ganamos el concurso de baile de disfraces, pero por un momento vivimos una ilusión que duró lo que duraron las piezas de baile que pusieron para el concurso.

Nunca más he vuelto a disfrazarme. En mi época de profesor, los alumnos me animaban a que me disfrazara con ellos, pero lo único que hice fue estar a su lado durante los preparativos de la rúa y luego durante el recorrido de ésta por las calles cercanas al Instituto.

Y hoy, viernes 12 de febrero, he vuelto a vivir el Carnaval pero en la persona de mi nieto. Hemos ido a su guardería, con un nombre tan significativo como La llavor (la semilla), y lo hemos acompañado en la rúa, multiplicada por los centros escolares vecinos, que se ha desarrollado por las calles de los alrededores. Pese al frío polar que se ha adueñado del Vallés estos días, mi nieto, disfrazado de abeja (¡cómo sabe libar en mi corazón!), ha volado su primer Carnaval aplaudiendo y bailando en medio de centenares de disfraces, fanfarrias y músicas propias del señor Carnaval. Que sea por muchos años y yo que lo vea. Así recordaré mis años niños y otros no tan niños.

martes, 9 de febrero de 2010

A PROPÓSITO DE POE



Hace unos días me hacía eco en mi blog de una curiosa noticia relacionada con el autor de El cuervo, según la cual una persona anónima dejaba todos los 19 de enero un ramo de flores y una botella de coñac ante la tumba del poeta.

Hoy quiero dejar aquí un poema dedicado a él.




Desde niño me gusta hablar de Poe,
Del escritor que tiene frente abierta hacia la luz
Y cabellos sumidos en nubarrones tristes
Que llueven mil cipreses por los ojos
Y hablan de lutos por los labios
Unidos en un horizonte sin retorno.
Del escritor de muertos enterrados vivos
Y corazones delatores, gatos negros
Que emparedados siguen maullando en noches largas,
Y terribles hipnosis que prolongan más allá de la muerte
A Valdemares y esperanzas.

Desde niño leía sus historias de miedo
Y me subía al desván de la casa materna
A soñar con los rayos de sol donde nadaban
Las partículas vagas del olvido
Y los muebles abandonados,
Acompañado sólo del libro donde un cuervo
Repetía “never more” y un gorila
Asesinaba a dos mujeres en la calle Morgue.
Cuando la luz se iba de la claraboya
Y la noche ponía huevos
De misterio en mi imaginación de niño,
Bajaba la escalera del desván disfrazado de Poe
Y era capaz de contar a los amigos
Las historias más terroríficas
En los tubos de las obras que esperaban
Para alcantarillar las casas pobres de mi barrio
Donde la posguerra había sembrado
Un futuro de incertidumbres
y pan negro.

sábado, 6 de febrero de 2010

MEMORIAS DE UN JUBILADO

LEER EN FAMILIA


Hace unos días me llamó por teléfono un antiguo alumno mío del que guardo muy buenos recuerdos. Quería verse conmigo para hablar de un tema que le preocupa relacionado con las lecturas de su hijo de diez años. El asunto capital era CÓMO HACER QUE SU HIJO TOME GUSTO POR LA LECTURA. Enseguida acepté y convinimos una fecha para vernos habida cuenta de que a esa reunión asistiría su hijo.
Enseguida deseé que todos los padres fueran como ese alumno mío y estuvieran preocupados por las lecturas de sus hijos y, en algunos casos más graves, por saber qué hacer para que sus hijos adquieran gusto por la lectura. Porque, sin duda, es un tema preocupante.
¿POR QUÉ DEBEMOS LEER?, se preguntaba la Sociedad General de Publicaciones de Barcelona ya en el año 1931, y se contestaba inmediatamente: Para recrear el entendimiento, enriquecer la memoria, alimentar la voluntad, dilatar el corazón y satisfacer el espíritu. Y añadía que de estas finalidades surgían las tres clases de libros: los de puro entretenimiento, los de estudio y consulta y aquellos que estimulan nuestra voluntad, si bien existen libros especiales que nos entretienen, nos hacen pensar y sentir, y que además de satisfacer el espíritu y recrear el entendimiento, enriquecen la memoria, alimentan la voluntad y dilatan el corazón.
¿QUÉ DEBEMOS LEER entonces? Pregunta difícil de contestar o al menos no tan fácil como la anterior, porque el gusto por la lectura es hijo del interés y de la sentimentalidad. El primero encuentra satisfacción en las novelas de aventuras, viajes, exploraciones…, mientras que la segunda lo hace en los libros donde se retratan los sentimientos humanos, tan complejos y variantes, desde el amor en todas sus vertientes (a las personas, a los animales, al medio ambiente...) hasta la ambición, el espíritu de sacrificio, la libertad o cualquier otra inquietud humana.
Y luego está el problema de qué libros deben leerse en las distintas etapas de la persona. Porque no es lo mismo que el lector sea una persona adulta que un niño de diez años, como es el caso. Para los adultos ya existen listas de libros confeccionadas con diversos criterios. El escritor inglés John Lubbock propuso, por ejemplo, Las cien obras maestras de la Literatura, si bien podría haberla llamado Los cien mejores libros de la literatura inglesa porque de esos cien libros 54 pertenecen a la literatura inglesa (y muchos son de autores de segunda clase). Además sólo incluye de nuestra literatura al Quijote (menos mal), de la italiana a la Divina Comedia y pocos títulos franceses y alemanes. Más completa es la lista que publicó Louis Dumur en el Almanaque Hachette, la cual abarca desde la Biblia hasta los grandes escritores universales de principios del siglo XX. Son sólo dos ejemplos, y en la actualidad abundan muchísimas editoriales que satisfacen las necesidades lectoras de los adultos.
También ha existido siempre la preocupación de informar sobre las lecturas infantiles, obras escritas ex profeso para los niños que debían cuidar su calidad literaria, presentación e ilustraciones para contribuir a formar el gusto y la sensibilidad de los pequeños lectores.
Y para informar y proponer lecturas con garantías de éxito se han tenido siempre en cuenta las tres grandes etapas de la vida intelectual del niño que, según Marcel Braunsvich, resultan ser las siguientes:
1) De cinco a nueve años. Todo le resultará maravilloso y no sólo le gustarán las narraciones de ficción (cuentos, leyendas, fábulas…), sino también las descripciones del mundo más cercano a él (cómo funcionan las máquinas, el mundo de los animales y las plantas, los elementos naturales y sus cambios…).
2) De nueve a doce años. El niño gustará de cuanto satisfaga su imaginación y de la realidad sentirá placer por la vida de su casa, de la escuela y de los amigos siempre que esa vida y esa realidad vengan acompañadas de una aureola de ensueño y fantasía. Si bien a partir de los once años comenzará a dejar poco a poco los cuentos infantiles para cobrar interés cada vez más creciente por las novelas de aventuras que tengan por protagonistas muchas veces a niños de su edad.
3) De trece a quince años. Periodo de transición entre el mundo puramente imaginario, en el que ha vivido el niño hasta ahora, y el aprendizaje y conocimiento del mundo real. Será el momento de disfrutar de las novelas vividas, de las biografías, de las autobiografías, diarios, etcétera, que le permitirán echar una ojeada a los dolores y gozos verdaderos de la vida. También le interesará conocer la Historia y el Universo y cómo ha evolucionado el planeta donde vive desde sus más remotos orígenes.

¿QUÉ REQUISITOS DEBEN REUNIR LOS LIBROS PARA QUE SEAN VERDADERAMENTE PROVECHOSOS PARA LOS NIÑOS? Para contestar a esta pregunta hay diversas respuestas. Algunas nos las dan los grandes filósofos y expertos en la materia. Uno de ellos, Emerson (1803-1882) sugiere tres reglas prácticas respecto de los libros que deben leerse:
1) No debe leerse nunca un libro que no lleve publicado más de un año (mejor, cinco porque algunos libros hoy en día obtienen éxitos inmediatos de librerías por excesiva publicidad o morbo y pronto pasan al olvido).
2) No debe leerse nunca un libro que no haya pasado la prueba del tiempo (es señal de que lo han degustado varias generaciones).
3) No debe leerse nunca un libro que no guste al lector.
Otro sabio, Bacon (1561-1626), hablando de los libros que deben leerse y merezcan conservarse, dejó escrito: “Algunos libros son para ser catados, otros engullidos y unos pocos para ser masticados y digeridos; quiero decir que algunos libros hay que leerlos sólo a trozos; otros deben leerse someramente, y hay unos cuantos que conviene leer de cabo a rabo con estudio y detenimiento.
Hay muchos más ejemplos, pero los reuniríamos a todos en los tres requisitos siguientes para que un libro sea provechoso de verdad: Que su lectura interese al niño, que le haga pensar y sentir y que le mueva a ser aún mejor de lo que es.
Todo esto está muy bien, pero puede quedarse en pura teoría si se fuerza a los niños a leer, imponiéndoles la lectura de ciertos títulos. Es mejor que sean ellos quienes nos los pidan. Invitémosles a visitar las librerías y bibliotecas y hagámonos con ellos tarjetas de lectores para poder sacar libros en préstamo. Hablémosles con entusiasmo de los libros que recordamos y leímos cuando teníamos su edad para que les entren ganas de conocerlos. Y sobre todo (y esto es algo muy importante que los padres suelen olvidar), que tengamos muchos libros en casa y que nos vean a menudo con libros, leyéndolos, tratándolos con cariño y hasta reparándolos si se encuentran en mal estado. Todo eso les moverá a querer a los libros y a interesarse por ellos. De ahí a tomar gusto por la lectura sólo hay un paso y es cuestión de tiempo el que lo den.

Finalmente, propondré algunas lecturas propias de la edad del hijo de mi antiguo alumno.


Clásicos españoles y extranjeros.

Cuentos del Conde Lucanor, de don Juan Manuel (Colección Araluce).
El Romancero para niños.
Lazarillo de Tormes adaptado.
El Quijote para niños.
Villancicos de Lope de Vega.
Robinson Crusoe.
Cuentos de Perrault.
Fábulas de La Fontaine.
Fábulas de Iriarte y Samaniego.
Aventuras de Las mil y una noches adaptadas.
Cuentos españoles del siglo XIX (Colección Moby Dick).
Cuentos de los hermanos Grimm.
Cuentos de Andersen.
El maravilloso viaje de Nils Hölgersen, de Selma Lagerlöff.
Alicia en el país de las maravillas.
Pinocho.
Peter Pan.
Muchas aventuras de Julio Verne.
La isla del tesoro.
Las aventuras de Tom Sawyer y Huck Finn, de Marck Twain.
Las aventuras de Guillermo, de Richmal Compton.
Cuentos y cantares de Antonio Trueba.
Fábulas de Hartzenbusch.
Los Episodios Nacionales de Galdós para niños.
La luna nueva y otros libros de Tagore.
El libro de las tierras vírgenes, de Kipling.
Platero y yo, de J.R. Jiménez.
Marcelino, pan y vino, de Sánchez Silva.
El camino, de Miguel Delibes.
El principito.
Etcétera.

También la literatura actual escrita para niños cuenta con colecciones dignas de tenerse en cuenta como:
Hombres famosos, de la editorial Toray (pertenecientes al mundo de los exploradores, artistas, grandes gobernantes o literatos, desde Colón a Marco Polo, pasando por Napoleón, Cervantes o Livingstone).
El barco de vapor, de Ediciones SM, con más de cien títulos distribuidos por edades lectoras.
Gran Angular, también de Ediciones SM.
Los cinco, de Enid Blyton, de la editorial Juventud, cuyos protagonistas son cuatro niños y un perro que viven aventuras reales siempre envueltas por una atmósfera de misterio.
Los Hollister, de Jerry West, de Ediciones Toray, de parecida temática narrativa que la colección anterior.
Tus libros, de Ediciones Generales Anaya, con más de cien libros pertenecientes a la literatura nacional y universal.
Colección Historias, Biblioteca Verde, de Editorial Bruguera, cuyo texto aparece complementado con ilustraciones en blanco y negro.
Julio Verne, de Editorial Molino, con más de cincuenta títulos publicados del genial escritor francés.
Alfaguara, Serie Roja, con más de cien títulos en su haber y autores contemporáneos de gran prestigio internacional.
Óscar, de Carmen Kurtz, Colección Juventud, de la Editorial del mismo nombre, con títulos tan sugerentes como Óscar espía atómico, Óscar cosmonauta, etcétera.
Las dos colecciones de la Editorial Noguer, Cuatro Vientos y Mundo Mágico, que incluyen obras de autores nacionales y extranjeros de la talla de Carmen Bravo-Villasante, Carlos Murciano, Carmen Kurtz o Rafael Morales, entre los españoles, y Michael Ende, Herbert Kaufmann, Scott O’Dell, Hanns Radau o Roald Dahl, entre los extranjeros. Títulos como La hermosura del mundo, Las manos en el agua, Fanfamús, Dardo, el caballo del bosque, Jim Boton y Lucas el maquinista, Luna roja y tiempo cálido, La perla negra, Pequeño zorro, el último jefe, o Danny, campeón del mundo, respectivamente, siguen siendo leídos por chicos de todas partes del mundo con voraz interés.
Nuevo Auriga, de la Editorial AFHA Internacional, con más de cien interesantes títulos de obras pertenecientes a los más diversos géneros literarios, desde la poesía hasta la fábula, pasando por el cuento, la leyenda, la novela o la biografía. Se trata de una hermosa colección que pone al pequeño lector en contacto con nuestra mejor literatura y la extranjera y en la que no faltan tampoco los clásicos de siempre, como Carroll, Homero, Stevenson, Cervantes, Verne, Dickens, Virgilio o Walter Scott, por citar unos pocos.
Dime, de la Editorial Argos, colección destinada a contestar a las preguntas más interesantes que a un niño puede ocurrírsele, preguntas relacionadas con la Literatura universal (Dime, cuéntame), la Historia (Dime cuándo ocurrió) o la Técnica y las Ciencias (Dime cómo funciona), entre otras materias.

miércoles, 3 de febrero de 2010

PATADAS AL DICCIONARIO

A vueltas con la H






Siempre la H ha sido motivo de errores ortográficos de peso, aunque también siempre ha sido tomada a guasa como en aquel chiste de nuestra infancia según el cual un alumno, harto de las recriminaciones de su maestro acerca de su pésima ortografía, un día le dijo que melocotón se escribía con H, a lo que el profesor le replicó: "Ya me dirás dónde lleva H melocotón." Inmediatamente el alumno le contestó: "¿Dónde va a ser, don Antonio (entonces los maestros y profesores tenían el tratamiento de don, que era síntoma de cierto respeto)? Pues en el hueso."

Todo esto me vino a la mente ayer mientras veía el programa de TV1 Gente y de repente un subtítulo apareció en la pantalla: Se disparan los deshaucios. Y ahí, en la H de la última palabra estaba el dolor de siempre. Maldito prefijo DES, dirá alguno. Pero en desahucio (así debe escribirse, DESAHUCIO) la maldita H va detrás de la A y no después de DES. Desahucio es una palabra que desgraciadamente está de moda y que el diccionario de la RAE define del siguiente modo: Acción y efecto de desahuciar, despedir a un inquilino.

Ya puestos, se me ocurre recordar algunos otros errores ortográficos cometidos con la H en situaciones parecidas. Hay diferencia entre Desecho (sin H): Lo que queda después de haber escogido lo mejor y más útil de una cosa, y Deshecho (con H): De Deshacer, quitar la forma o figura a una cosa, descomponiéndola. Tira los desechos a la basura. Este avión de papel está deshecho. Hay diferencia entre A VER (preposición más verbo) y HABER, como puede verse en las dos siguientes frases: Voy a ver una película con mi primo. Tiene que haber abierto algún cine.
Como curiosidad, una frase de mi infancia sobre la H: AHÍ HAY UN HOMBRE QUE DICE ¡AY!

En fin, lo que conviene en todos estos casos es consultar un diccionario antes de lanzarse a la aventura de escribir ( y más en televisión, en otro tiempo escuela del idioma).