miércoles, 11 de enero de 2012

Memorias de un jubilado


1966

1966 fue un año de contrastes fuertes en mi vida. Mientras el cantante español de moda Raphael,con PH de Philis, lanzaba a los cuatro vientos algunas de sus canciones más impactantes, sean Yo soy aquel, Cuando tú no estás, Estuve enamorado, La canción del trabajo o El torero, y enamoraba a todas las adolescentes de España, yo me incorporaba al Servicio Militar en San Clemente de Sasebas para dos días más tarde recibir la terrible noticia de la muerte de mi padre. Un año antes había conocido a la mujer de mi vida, con la que me casaría algunos años más tarde. Los acontecimientos ajenos a mí, que el mundo experimentado de la radio y el recién empezado de la televisión se encargaban de pregonarlos en las cuatro esquinas del mundo, seguían rodando como si tal cosa; así es la vida. Con la muerte de mi padre, me sentí más solo que nunca allí arriba, junto al Pirineo catalán, rodeado de un paisaje apabullador y callado a la vez. Y si no llega a ser por mi familia, por mi novia y por las obligaciones impuestas por los estudios universitarios que había empezado dos años antes, no sé qué hubiera ocurrido. Lo digo ahora que el paso de los años ha proporcionado a mi espíritu la suficiente medicina para aguantar lo indecible. Y siguiendo el título de una de esas canciones del mencionado Raphael, Vuelve a empezar, volví a empezar de cero agarrándome a lo que tenía más cerca, a mi madre, a mi novia, a mis libros y a los poemas que entonces garabateé primero en San Clemente y luego en Talarn, que fue el segundo campamento militar adonde fueron a parar mis pies. Poemas que, dicho sea de paso, valen más como testimonio de una etapa existencial dolida por la desaparición de una persona muy importante en mi vida que por su calidad literaria. De ahí que prefiera conformarme con mencionar el dato a copiar en esta entrada alguno de esos poemas.

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