jueves, 12 de enero de 2012

El cine que hay que ver


Gilda

Anoche, los amantes del buen cine negro tuvieron la ocasión de ver en la 2 una de esas películas que inundan al espectador de emociones encontradas desde el principio al fin. Se trata de Gilda, dirigida en 1946 por Charles Vidor y protagonizada en sus papeles estelares por Glenn Ford y Rita Hayworth. El film cuenta la historia de Johnny Farrell (Glenn Ford), un jugador norteamericano que arriba a Buenos Aires en busca de una nueva vida y, a la primera de cambio, se ve envuelto en una pelea de la que le salva Ballin Mundson (George Macready), que resulta ser el propietario de un casino y de una turbia empresa que trabaja para hacerse con el monopolio del tungsteno en todo el mundo. A consecuencia del acuerdo al que llegan ambos, el dueño del casino convierte al jugador en su mano derecha. Todo funciona a las mil perfecciones hasta el momento en que, tras ausentarse Mundson durante un tiempo, regresa casado con Gilda (Rita Hayworth), antigua amante de Farrell y a la que parece odiar con toda su alma. A partir de ahí, la película se convierte en un mundo de emociones fuertes, amor, odio, miedo, deseo de venganza, intriga..., cuyo final dejará al espectador con un buen sabor de boca. En medio, asistirá a la filosofía del sentido común aplicada por otro de los personajes clave de la película, el Tío Pío (Steven Geray), el hombre de los lavabos, amigo de verdad de Johnny, al que llama Paleto, y confidente silencioso de Gilda, y a las dos canciones que ésta canta en playback (la voz verdadera es la de Anita Ellis), Amado mío y Put the blame on Mame, canciones cuya música hiere el alma del espectador de lirismo y melancolía mientras dura la proyección.
La escena del streptease de Gilda o la bofetada que le propina Johnny tras esa actuación son meras anécdotas al lado del mensaje de amor entre los protagonistas que, finalmente, acaba regalándonos el film.

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