Trataremos
ahora de comentar brevemente el resto de películas basadas en
novelas de Delibes, respetando el orden cronológico de su aparición.
La
primera de ellas, La
Guerra de Papá,
1977, adaptación de El
príncipe destronado,
fue dirigida por Antonio Mercero e interpretada en sus principales
personajes por Lolo García (Quico), Teresa Gimpera (Mercedes, la
madre del anterior), Héctor Alterio (Pablo, su padre), Verónica
Forqué (Vítora, la joven que se cuida del niño), Rosario García
Ortega (Domi, la criada), Queta Claver ( la tía Cuqui), etcétera.
Completan la ficha técnica el guión, del mismo Mercero y Horacio
Valcárcel; la fotografía de Albert Pascual y el montaje de Javier
Morán.
La
trama es como sigue: Después de haber pasado muchos años desde que
España sufrió la cainita guerra civil, ganada entre otros por el
autoritario don Pablo, la guerra sigue siendo para sus hijos “la
guerra de papá”. El filme cuenta la historia de la vida cotidiana
de una familia acomodada desde el punto de vista de Quico, un niño
de cuatro años que acaba de ser “destronado” por su nueva
hermanita. En efecto, a Quico, penúltimo hijo de una familia rica su
hermana pequeña de ocho meses ha venido a desplazarle y ahora
acapara toda la atención que sus padres le dispensaban antes. De
ahí que para llamar su atención, inventa todo tipo de travesuras
junto con su hermano Juan, de siete años, desquiciando a una madre
frustrada por sus problemas matrimoniales.

La
dirección de El
disputado voto
del señor Cayo,
1986, corrió a cargo de Antonio Gómez Rico; el guión, del mismo y
Manuel Matji; la fotografía, de Alejandro Ulloa, y de la
interpretación de sus principales papeles se encargaron Francisco
Rabal (señor Cayo), Juan Luis Galiardo (Víctor Velasco), Iñaki
Miramón (Rafael), Lydia Bosch (Laly), Eusebio Lázaro, Mari Paz
Molinero... narra la historia de un pequeño pueblo en el que sólo
viven dos únicos vecinos que se odian y no se hablan, mientras en la
sede provincial del partido socialista se viven los últimos momentos
de la campaña electoral de 1977. La acción de la historia
transcurre alternadamente transcurre en dos momentos diferentes pero
relacionados entre sí: el primero, perteneciente al pasado está
filmado en color, y el segundo, correspondiente al presente. en
blanco y negro. En el momento filmado en color, aparece Víctor,
papel que encarna Juan Luis Galiardo, un viejo militante socialista
que ha pasado buena parte del tardofranquismo encarcelado por sus
actos de protesta en contra del régimen, y que ahora se presenta a
las elecciones de 1977 como candidato a diputado por la provincia de
Burgos, para lo cual hará campaña en unos cuantos pueblos,
acompañado por dos militantes mucho más jóvenes, Laly y Rafael.
Cuando los tres llegan a
una aldea despoblada, se encuentran con el señor Cayo, alcalde de la
misma, que los recibe y les notifica que en el pueblo sólo viven dos
personas además de él; su esposa, una mujer muda, cuya
interpretación corre a cargo de Mari Paz Molinero, y un hombre con
el que al parecer no ha cambiado una palabra desde hace bastantes
años. Los tres políticos pasan el día con el alcalde enterándose
de las tradiciones del lugar y la manera de vivir que tienen el
señor Cayo y su mujer. Al oírlo, Rafael no llega a comprender cómo
puede vivir gente alejada de la política que tanto le interesa a él.
Eso provoca una discusión general, que de repente es interrumpida
por la aparición de una pandilla de jóvenes de ultraderecha, que
los acosan y golpean con intención de amedrentarlos, y luego
desaparecen por donde habían venido. Rafael se aparta y Víctor y
Laly discuten sobre el desencanto que sienten sobre su rol como
representantes políticos en un país cuyos modos de vida no paran de
cambiar.
El segundo momento, en blanco y negro, se refiere a unos
años después, en que Rafa y Lali se encuentran en el funeral de
Víctor y allí hablan de volver a visitar al señor. Cayo, tal como
se lo habían prometido la última vez que se vieron. Rafa,
involucrado ahora plenamente en la maquinaria del partido, parece
escéptico, pero al fin decide ir. Se encuentra con el señor Cayo,
que ahora se encuentra completamente solo. Rafa intenta hablar con
él, pero viendo que el anciano está muy enfermo, decide llamar a
una ambulancia para que se lo lleven a un centro médico. La película
termina con Rafa, visiblemente más mayor, caminando hacia su
automóvil por las calles de la aldea completamente desierta. En un
muro, Rafa pinta las siglas V.V, recordando a Víctor, sobre el lugar
donde habían colgado sus carteles la pandilla ultraderechista.

El tesoro,
película de 1990, dirigida por Antonio Mercero, guión escrito por
el propio Mercero, José Luis Garci y Horacio Valcárcel, fotografía
de Hans Burmann e interpretada en sus principales papeles por José
Coronado, Ana Álvarez, Álvaro de Luna, Pepe Soriano, Saturnino
García... cuenta la historia ocurrida en
una pequeña localidad castellana, en la que un agricultor encuentra
un importante tesoro celtibérico. Jerónimo Otero, un profesor de
Arqueología, llega al pueblo acompañado por un grupo de
estudiantes. Entre ellos está Marga, una hermosa chica que mantiene
una relación sentimental con el profesor. La presencia del pequeño
grupo de investigadores forasteros despierta un ambiente de
hostilidad y violencia entre los lugareños
En su momento Mercero
comentó a los medios que su Tesoro
era casi una ópera prima
porque, dijo, “es una película sencilla, hecha con modestia, sin
demasiados medios y con actores noveles”, Aun así se presentó en
Valladolid “dignamente, sin complejo alguno (…), Creo que puede
tener sus posibilidades.” El trabajo de la factura del filme fue
duro (hasta seis versiones hizo con Valcárcel en busca del
beneplácito de Delibes). “El hecho real sucedió en Zamora,
explica Mercero; yo trataba de situar la acción en un pueblo que
diera la idea de primitivismo inherente a la historia (…), y en los
alrededores de Riaza encontré Madriguera. El color rojo de sus
tierras me pareció ideal para transmitir el espíritu de crispación
que emana de la trama”

La
película hispano-mexicana
La sombra del
ciprés es alargada
(inicialmente llevó por título Los
Cuatro Postes),
también es de 1990; fue nominada al Mejor guión adaptado en los
premios Goya, y
dirigida
por Luis Alcoriza; la fotografía corrió a cargo de Hans Burmann e
interpretaron sus personajes principales Emilio Gutiérez Caba (don
Mateo Lesmes), Fiorella Faltollano (Doña Gregoria, esposa de Don
Mateo), Naëlle de Prados (Martina, hija de los dos anteriores), Ivan
Fernández (Pedro de niño), Juan José Guerenabarrena (Pedro de
mayor), Miguel Ángel García, (Alfredo)...
El
filme arranca con la llegada del tren a la estación de Ávila en la
segunda década del siglo XX. Pedro, un niño de nueve años,
huérfano, acompañado por su tío y tutor, entra a vivir como
pensionado en la austera casa de Don Mateo, maestro autodidacto que a
partir de ese momento será el encargado de su educación. En la casa
están también Doña Gregoria y Martina, esposa e hija del maestro,
y también su perro Bony.
Posteriormente aparecerá en la casa Alfredo, huérfano de padre,
rebelde y aventurero, que adora el mar, y que será compañero de
habitación y estudios de Pedro. Lamentablemente, Alfredo, enfermo de
tuberculosis, acabará muriendo. La vida sencilla, las relaciones con
sus compañeros y la especial relación entre la vida y la muerte
inculcada por Don Mateo influyen definitivamente en la vida de Pedro.
En una segunda parte y pasados los años, Pedro, que es
capitán de barco mercante-- conocerá en Veracruz a una joven
antropóloga, que es hija de un republicano español exiliado, la
cual le hace replantearse toda su vida y sus ideales. Sin embargo,
un fatal accidente de tráfico en el puerto hará que todo vuelva a
ser como al principio.

Las Ratas,1997,
es una película dirigida por Antonio Giménez Rico e interpretada en
sus principales papeles por Álvaro Monje , José Caride, Juan Jesús
Valverde (nominado en los Goya de ese año a Mejor actor de reparto)
, Francisco Algora, Esperanza Alonso...
La trama es
como sigue: En la Castilla rural de los años 50, miserable y
olvidada, vive con su padre el Ratero en una cueva el Niní, un
chaval muy despierto, conocedor de los secretos de la naturaleza pero
poco instruido. A lo largo de las cuatro estaciones del año el
espectador asiste a las correrías de ambos como cazadores de ratas
de agua, cuya carne, muy apreciada por los paladares de los vecinos,
venden a buen precio, y es el único medio de subsistencia que
conocen. Los intentos del alcalde del pueblo de desalojarles de su
cueva, con la excusa de velar por su seguridad (cuando en realidad
sigue los dictados de una política basada en las apariencias) y la
rivalidad de un cazador furtivo, que mata a las ratas por placer,
alteran el sencillo discurrir de sus vidas, haciendo brotar
irresistible la violencia por parte del Ratero.
Como puede
observarse por lo apuntado hasta ahora, el director de la película,
Antonio Giménez Rico, es un
ferviente admirador de la narrativa de Miguel Delibes, como
demuestran sus adaptaciones de Mi idolatrado
hijo Sisí (que en el cine se llamó Retrato
de familia), El
disputado voto del señor Cayo y esta de Las
ratas, con
la que realizó un sobrio y sugerente
retrato de la vida del campo, a la que comienzan a llegar los
primeros avances del desarrollo.
Aunque
la fotografía es obra de un especialista como Teo Escamilla y las
imágenes no están exentas de suma belleza, se ha intentado evitar
el preciosismo para mostrar con exactitud la austeridad del paisaje
castellano. Y para ello se ha tomado la difícil decisión de
suprimir la música en favor de una banda sonora compuesta por los
naturales sonidos de la naturaleza, como el viento, la lluvia, los
pasos sobre el follaje o los cantos de los grillos y cigarras.
También hay que añadir que con la película, encuadrada en un
pesimismo donde la tragedia se convierte en inevitable, Giménez Rico
ofrece un cuadro creíble y humano de la vida cotidiana del pueblo,
de las conversaciones entre los paisanos y sus tertulias en el bar,
alcanzando a veces tono documental (por citar un ejemplo palmario,
ahí está la secuencia de la matanza del cerdo). Y lo mismo ocurre
con los pequeños y grandes dramas de los personajes (la helada que
puede destruir la cosecha, las rogativas para tener lluvia, los
remordimientos por las malas acciones del pasado...). Y todo eso es
contemplado a través de la mirada del Niní, que con su generosidad
a la hora de ofrecer su ayuda a todo el que la pide, demuestra que
existe una sabiduría más grande que la que se adquiere en los
libros.

Finalmente, Una
pareja perfecta,
1998 (adaptación del Diario de un
jubilado),
es una película dirigida por Fracesc Betriu, el guión es obra de
Rafael Azcona; la fotografía de Carlos Suárez y los papeles de los
personajes principales del reparto son encarnados por Antonio Resines
(Lorenzo), José Sazatornil (don Tadeo Piera), Chus Lampreave (doña
Cuca), Ramón Barea (Melecio), Daniel Guzmán (Terry), Lucía
Giménez (Sonia),
y Kiti Mánver
(Anita), que en el Festival de Málaga de 1998 logró el premio de
mejor actriz.
Su trama se basa en una extraña relación profesional y
amistosa entre dos hombres que surge un día en que un cuarentón en
paro, Lorenzo, encuentra en el periódico un anuncio para trabajar
como acompañante de un anciano poeta homosexual llamado Tadeo. De
este modo ambos empiezan su particular relación profesional y
personal y también una serie de aventuras y desventuras que vivirán
juntos. Si les añadimos a esos lances los ingredientes de unas fotos
comprometedoras, un funeral inesperado, un chapero encantador, un
robo de joyas y un adolescente rubio, un premio Nobel falso, un amigo
melancólico, una hija enmancipada, una pequeña parcela en lo
aledaños..., entenderemos mejor que la vida de la singular pareja se
altere también de modo un tanto curioso.
Comedia amarga, como puede deducirse, donde la “pareja
perfecta”, formada por Antonio Resines y José Sazatornil, y Kiti
Manver realizan las mejores interpretaciones del reparto. Sin
embargo, todo hay que decirlo, la película no pudo hacerse con el
favor de los críticos cinematográficos.

En
otro orden de cosas, la hispanista estadounidense Janet Pérez, en su
ensayo Perspectivas sobre el cine de Miguel Delibes,
fiel reflejo de la cultura popular española de la segunda mitad del
siglo XX, escribe que “entre
los atributos que facilitan la adaptabilidad de textos de Delibes a
medios representativos figura su evidente concepción visual, no sólo
el énfasis sobre lo pictórico, sino el hecho de que muchos pasajes
han sido concebidos de manera análoga a escenas teatrales”.
También, “la construcción episódica, anecdótica de muchas obras
(...) que se presentan casi construidas ya en secuencias o tomas
cinematográficas.” Otra cualidad es “su oralismo, la fidelidad
extrema del autor al lenguaje hablado (…), al habla rural
castellana, prestando mucha atención a las variaciones del léxico
que pueden existir entre pueblo y pueblo, debido al aislamiento
secular en que se ha desarrollado su historia.”
Y
para concluir este apartado, conviene destacar que la relación de
Delibes con el cine no sólo se ha quedado ahí, en su incondicional
cinefilia y en la adaptación cinamatográfica de algunas novelas
suyas, sino que incluso llegó a conseguir un premio cinematográfico,
la Espiga de Oro, en la Semana
Internacional del Cine de Valladolid,
en la edición de 1993.