Antes de decir adiós al mes de enero, quiero recordar aquí al escritor británico Thomas Michael Bond, que también nació en enero de hace cien años (justo el 13 de ese mes) en Newbury, y que se hizo famoso por haber creado un personaje encantador para el público infantil y para los adultos que conserven dentro de ellos algo del niño o niña que fueron; me estoy refiriendo, como algunos ya deben estar figurándose, al Oso Paddington (así se titula una serie de libros que cuentan las historias del oso Paddington, llamado así porque en el primero de esos libros la familia Brown encuentra al oso en la estación de Paddington y acaba adoptándolo poniéndole el nombre de la estación), de cuya serie hablaremos enseguida. Antes oigamos lo que dice Michael Bond a propósito del origen de las historias de su oso: “En vísperas de la Navidad de 1956, compré un pequeño juguete. Lo vi abandonado sobre el estante de una tienda londinense y me dio pena. Me lo llevé a casa para regalárselo a mi esposa y al poco tiempo comencé a escribir algunas historias sobre el osito, más por diversión que con vistas a publicarlas. Al cabo de diez días, descubrí que había escrito un libro”.
Thomas Michael Bond fue un gran aficionado a los trenes desde que en Reading, donde vivió bastante tiempo, empezó a acudir frecuentemente a la estación de la localidad a ver pasar el Cornish Riviera Express. Éste es un tren de pasajeros que circula desde 1904 entre la estación de Paddington y la de Penzance (Cornualles), servicio que se suspendió durante las dos guerras mundiales. Hablando de las principales guerras europeas del siglo XX, la Segunda Guerra Mundial cogió a Michael Bondo trabajando en el despacho de un abogado y luego como ayudante de ingeniero en la BBC. En febrero del 43 sobrevivió a un ataque aéreo en Reading (el edificio en el que trabajaba se derrumbó, y decenas de personas murieron a causa de ello. Luego fue voluntario en la tripulación de la Real Fuerza Aérea, pero fue dado de baja por padecer mareos agudos y, finalmente, sirvió en el Ejército Británico hasta 1947. Tuvo dos esposas y dos hijos.
Aunque Michael Bond escribió otra serie de libros para niños, en los que narraba las aventuras de una cobaya llamada Olga da Polga, que llevaba el nombre de la mascota de la familia Bond, la serie de libros que le hizo mundialmente famoso fue la del Oso Paddington, que empezó a ver la luz en 1958, con el título Un oso llamado Paddington, y acabó en 2018, con Paddington Turns Detective and Other Funny Stories; en medio aparecieron muchos más, entre cuyos títulos, destacan, en 1973, El libro de cuentos de Paddington en Blue Peter» (a veces titulado “Paddington sale en la televisión”), Paddington en la cima ( 1974), Un día en el mar (1992), Paddington en el jardín ( 2001), Paddington y el gran viaje ( 2003)...
Leamos el principio del Capítulo Uno de More about Paddington (en castellano “Nuevas aventuras de Paddington”, Planeta, 2014), cuyo título es Un grupo familiar.
“La casa de los Brown, en el número treinta y dos de Windsor Gardens, estaba sorprendentemente tranquila. Era un cálido día de verano, y toda la familia, con excepción de Paddington, quien había desaparecido misteriosamente poco después del almuerzo, estaba sentada en la galería disfrutando apaciblemente del sol de la tarde. Aparte del débil roce del papel conforme el señor Brown volvía las páginas de un enorme libro y el clic de las agujas de hacer punto de la señora Brown, el único sonido provenía de la señora Bird, el ama de llaves, mientras preparaba las cosas para el té. Jonathan y Judy estaban demasiado ocupados uniendo las piezas de un enorme rompecabezas para decir nada. Fue el señor Brown quien primero rompió el silencio. —¿Sabéis? —empezó a decir, dando una buena chupada a su pipa—. Tiene gracia, pero he mirado en esta enciclopedia una docena de veces y no se menciona a ningún oso como Paddington. —Ni lo mencionará —exclamó la señora Bird—. Los osos como Paddington son muy raros. Y es mejor así, si me permiten decirlo; si no, nos costaría una fortuna en mermelada.
La señora Bird todo el tiempo estaba haciendo comentarios sobre la afición de Paddington por la mermelada, aunque siempre tenía un tarro de más en la despensa, por si acaso. —De todos modos, Henry —dijo la señora Brown soltando su labor de punto—, ¿por qué has querido mirar eso de Paddington?. El señor Brown se retorció el bigote, pensativo —¡Oh, por nada! —contestó vagamente—. Me interesaba, eso es todo.
Tener un oso en la familia era una gran responsabilidad, especialmente un oso como Paddington, y el señor Brown se tomaba el asunto muy en serio. —La cosa es —dijo cerrando el libro de golpe—, que si se va a quedar con nosotros...—¿Sí? —Hubo un coro de alarma del resto de la familia, por no mencionar a la señora Bird. —¿Qué demonios quieres decir, Henry? —preguntó la señora Brown—. Si Paddington se queda con nosotros... Claro que se queda. —Tal como se ha quedado con nosotros —se apresuró a decir el señor Brown—. Hay un par de cosas que se me ocurren. Primero de todo he estado pensando en decorar para él la habitación libre.
La propuesta recibió el asentimiento general.”



No hay comentarios:
Publicar un comentario