También otro 12 de enero pero del año 1876 nació el escritor norteamericano Jack London, por tanto podemos celebrar aquí los 150 años de su nacimiento en San Francisco, California, y recordar algunos datos suyos biográficos y literarios. Entre los primeros, conviene destacar el hecho de haber sido hijo del insigne astrólogo William Chaney, que sustituyó la práctica de la charlatanería sobre la astrología por un método más serio y riguroso. También que su educación fue absolutamente autodidacta pues se basó para ello leyendo en la biblioteca pública de San Francisco, y uno de esos libros fue la novela Signa, de la escritora Ouida, seudónimo de la novelista inglesa Marie Louise Ramé que, activista de los derechos de los animales (convivió siempre con cantidad de perros), escribió novelas, libros de niños y colecciones de relatos cortos. Signa, que cuenta la historia de un joven campesino italiano sin estudios escolares que alcanza fama como compositor de ópera, es el libro que inspiró a London el hecho de comenzar su labor literaria.
Jack London ejerció trabajos agotadores en un molino de yute y en una central eléctrica del ferrocarril y luego vagabundeó y sufrió prisión (en su novela The Road escribió a propósito: “La manipulación del hombre fue simplemente uno de los menores horrores no aptos de mención, para evitar ofensas morales, de la penitenciaría de Erie County. Digo que no es 'apto de mención'; y en justicia debo decir también 'inconcebible'. Eran inconcebibles para mí hasta que las vi, y no era un jovencito con respecto a la vida y los tremendos abismos de la degradación humana. Se requeriría de una caída en picado considerable para alcanzar lo más bajo de la penitenciaría de Erie County, y lo hago, pero rozo suave y chistosamente lo superficial de las cosas tal como las vi allí.”
Vagabundo y marinero (en Typhoon off the coast of Japan relató sus experiencias como marino). También fue miembro de la Patrulla Pesquera de California. Tuvo dos esposas, dos hijas, un rancho... Fue acusado de plagiario, de racista... Podría decirse que su propia vida fue una novela, pero una novela en carne viva. Incluso su muerte sigue estando envuelta de dudas y misterios. ¿Tiene que ver con estas dudas y misterios el hecho de que el suicidio figure en no pocas novelas suyas?
Ahora lo que nos interesa es hablar también de su labor literaria. Muchos son los libros que escribió Jack London, El lobo de mar, El Talón de Hierro, Martin Eden, La peste escarlata, El vagabundo de las estrellas, El valle de la luna, El motín del Elsinor... Pero los más famosos son La llamada de lo salvaje y Colmillo blanco son dos de sus novelas principales. La primera cuenta lo que vive Buck, un perro cruce de San Bernardo y Scotch Collie que lleva una buena vida en un rancho con su amo, el juez Miller, hasta que un empleado suyo, llamado Manuel, tras robarlo, lo vende para costear su adicción al juego y el caso es que los instintos salvajes de Buck despiertan cuando lo ponen a tirar de un trineo en el Yukón canadiense durante la fiebre del oro que tuvo lugar en el siglo XIX cercano al río Klondique, en la cual los perros de tiro se compraban a precios exorbitantes. A La llamada de lo salvaje se le ha tildado no pocas veces de novela juvenil, porque el protagonista es un perro, cuando el tono empleado por London es agrio y oscuro y el contenido de la novela está lleno de escenas crueles y violentas.
Léase el fragmento que sigue, referido a la paliza que da a Buck uno de los hombres que se han hecho cargo de él tras venderlo Manuel al primer comprador: “...Después de un golpe especialmente feroz, sus patas vacilaron y quedó demasiado aturdido para atacar. Se tambaleó sin fuerzas, con sangre manándole de la nariz, la boca y las orejas, con el hermoso pelaje salpicado y con manchas de saliva ensangrentada. Entonces el hombre avanzó y deliberadamente le asestó un espantoso golpe en el hocico. Todo el dolor que había soportado Buck no fue nada en comparación con la intensa agonía de éste. Con un rugido de ferocidad casi leonina, volvió a lanzarse contra el hombre. Pero el hombre, pasándose el garrote de la derecha a la izquierda, cogió diestramente a Buck por debajo del maxilar inferior, dando al mismo tiempo un tirón hacia abajo y hacia atrás. Buck describió un círculo completo en el aire, para después golpear el suelo con la cabeza y el pecho. Atacó por última vez. El hombre descargó entonces el golpe que le había reservando durante toda la lucha y Buck se derrumbó y cayó al suelo sin sentido.” ¿Qué instintos primitivos no despiertan ante trato tan salvaje?
Colmillo blanco, por su parte, cuenta el camino hacia la domesticación de un perro lobo salvaje, y es un complemento de La llamada de lo salvaje, que habla, como acabamos de ver, de un perro doméstico que, por circunstancias adversas causadas por el hombre, se convierte en salvaje. La historia de Colmillo blanco empieza, antes del nacimiento del lobo, con dos hombres, Bill y Henry, y su equipo de perros de trineo que viajan por el Yukón canadiense para entregar un ataúd, y son atacados por una manada de lobos hambrientos.
Leamos el texto siguiente que se refiere al momento en que la manada ha devorado a los perros de los trineos y a Bill, y los lobos han huido ante la llegada de nuevos trineos; sólo quedaba, malherido y agachado junto a la hoguera semiconsumida, Henry:
“Se oían gritos humanos, traqueteo de trineos, crujir de guarniciones y ansiosos ladridos de los perros que luchaban por arrastrarlos. Eran cuatro los trineos que avanzaban desde el cauce del río, allá entre los árboles. Media docena de hombres se habían juntado ya alrededor del que estaba agachado en el centro de la moribunda hoguera, sacudiéndolo y obligándolo a salir de su modorra. Él les miró como si estuviera ebrio y masculló de un modo raro, soñoliento aún, estas palabras: --La loba roja... Se metía entre los perros a la hora de darles su ración... Primero se la comía ella. Luego se comió a los perros... Y finalmente a Bill... --¿Dónde está lord Alfred? --le gritó junto al oído uno de los hombres, al mismo tiempo que lo sacudía bruscamente. Él movió lentamente la cabeza en ademán negativo y dijo: --No, a él no se lo comió... Él descansa izado allá en un árbol del último sitio en que acampé. --¿Muerto? --Y en su ataúd --contestó Henry. Forcejeó con aire petulante hasta zafarse de la mano con que le tenía cogido el hombro el que hacía las preguntas, y murmuró: --¡Ea, déjeme tranquilo...! Estoy rendido... Buenas noches, señores. Sus ojos parpadearon un poco y se cerraron. Incluso mientras le colocaban más cómodamente sobre el montón de mantas, resonaban sus ronquidos en el aire helado. Pero otro ruido se oyó también. Lejos, a gran distancia, apagado, resonaba el aullido de la hambrienta manada, que comenzaba a seguir la pista de otra caza, de otra carne distinta de la del hombre que acababa de escapársele.”
Además de novelas, Jack London es autor de varias colecciones de cuentos, como The Son of the Wolf, The Turtles of Tasman, Smoke Bellew o Tales of the Fish Patrol (Cuentos de la patrulla pesquera), compuesta por siete relatos breves cuyos títulos son: Blanco y amarillo, El Rey de los Griegos, Incursión contra los ostreros furtivos, El asedio del "Reina de Lancashire", El "golpe" de Charley, Demetrios Contos y Pañuelo Amarillo. Publicados en 1905, tratan del trabajo de los patrulleros en la Bahía de San Francico a principios del siglo XX llevado a cabo contra de los pescadores furtivos. Destacan en ellos las descripciones de peleas a puñetazos, las persecuciones en barco y, especialmente, la dura vida de los pescadores, la injusticia social y la ley del más fuerte. Así comienza Blanco y amarillo, el primer relato de Cuentos de la patrulla pesquera:
"Las aguas de la bahía de San Francisco contienen todo tipo de peces; por eso surcan sus aguas las quillas de todo género de pesqueros, tripulados por todo género de pescadores. Para proteger a los peces contra esta abigarrada población flotante se han dictado muchas leyes acertadas y existe una patrulla pesquera que se encarga de que esas leyes se cumplan. Entre los más osados de esos pescadores cabe incluir a los camaroneros chinos. Los camarones tienen la costumbre de deslizarse por el fondo en grandes ejércitos hasta llegar al agua dulce, donde se dan la vuelta y regresan deslizándose al agua salada. Y cuando la marea se vacía y refluye, los chinos echan al fondo grandes redes con la boca abierta en las que van metiéndose los camarones y de las cuales pasan a la olla. Esto no tendrÌa nada de malo en sí de no ser por lo tupida que es la malla de las redes, tan tupida que por ella no pueden salirse los pececitos mis pequeños, los recién nacidos que no miden ni medio centímetro de largo."







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