lunes, 12 de enero de 2026

AGATHA CHRISTIE

         


               Mientras el mes de enero avanza y con él el año 2026 detengo el tiempo para dedicar un recuerdo a Agatha Christie, cineasta británica, que había nacido el 15 de septiembre de 1890 en Torquai y fallecido en Winterbrook el 12 de enero de 1976. Es decir, que  hoy hace 50 año dejó de escribir historias de asesinos y malhechores de todo tipo y detectives y policías cada cual más carismáticos. Y de inspirar a decenas de cineastas y dramaturgos a realizar filmes y dramas igualmente apasionantes. Detectives: Miss Marple, Poirot, el coronel Race, el superintendente Battle, Tommy y Tuppence, Harley Quin y su socio, el señor Satterthwaite, Parker Pyne y Ariadne Oliver.; novelas, y filmes y dramas basados en ellas: Asesinato en el Orient Express, Diez negritos. Muerte en el Nilo... 
 

          Y hoy quiero aquí homenajear a la novelista que ha entretenido muchas horas de nuestras vidas con  sus historias. Para ello hay que comenzar hablando de su personalidad, fuerte, decidida, tenaz, disciplinada, perseverante. Por boca de Miss Marple, su alter ego, Agatha Christie dijo: “Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.” Agatha Christie mostró siempre intereses culturales de importancia universal, desde la literatura y el arte hasta la medicina y las ciencias pasando por la historia, la religión y la arqueología. 



         Ya lo dijo una vez: “El atractivo del pasado vino a mí para aferrarse. Para ver una daga lentamente apareciendo, con su resplandor de oro, a través de la arena. El cuidado al levantar potes y objetos de la tierra me llena de un anhelo de ser arqueóloga por mi cuenta.” Respecto al deseo de ser arqueóloga queda bastante justificado por el hecho de que su marido fue arqueólogo. Y eso ocurrió en un viaje a las excavaciones de Ur en 1930, durante el cual conoció a su futuro marido, Max Mallowan, un arqueólogo distinguido cuya fama como autor prevaleció sobre la de ella hasta ese momento. Antes de comprometerse con él, la novelista no había tenido un contacto importante con la arqueología, pero una vez casados, la pareja procuró ir a sitios donde pudieran trabajar juntos. 

     


        Paralelamente a sus intereses culturales, que merecen toda mi admiración, no puedo evitar descubrir ciertas obsesiones de creador literario, las cuales son igualmente lícitas en la personalidad de un escritor, cualquiera que sea el género que cultiva principalmente. Lo que digo tiene que ver con algunos personajes creados por Agatha Christie. Suele mencionarse el caso del detective belga Hercule Poirot, cuya primera aparición tuvo lugar en uno de los primeros libros de la escritora, El misterioso caso de Styles, publicado en 1920, y que fue el protagonista de más de treinta novelas. No era raro, pues, que se cansara del famoso detective (creo que le pasó lo mismo a Arthur Conan Doyle con su criatura estelar Sherlock Holmes), ya que a finales de los años 30 llegó a escribir en su diario que lo encontraba insufrible; sin embargo, siempre se resistió a dejarlo porque, según dijo, ella se había considerado siempre “una artista cuyo trabajo consistía en producir lo que al público le agradaba”. 


      A propósito de lo anterior conviene hablar también de Miss Marple, ya que Agatha Christie no quiso nunca que ambos aparecieran en la misma novela y lo justificó afirmando: “Estoy segura de que no les agradaría encontrarse. A Hércules Poirot no le gustaría que le expliquen cómo hacer las cosas, o que una vieja solterona le haga sugerencias”. Finalmente, conviene añadir que Poirot es el único personaje de ficción que tuvo una esquela en el periódico
The New York Times tras su última aparición en Telón. Después del éxito de ese libro, la escritora dio permiso para publicar Un asesinato dormido a comienzos de 1976. Agatha Christie, sin embargo, murió antes de su publicación.


                Para cerrar este recuerdo dedicado a la dama del cine negro británico podría venir bien leer juntos un fragmento de
Telón:

En Styles vi de nuevo a aquel hombrecillo extraño que se llamaba Hércules Poirot, a quien había conocido antes en Bélgica. ¡Qué bien recuerdo mi desconcierto al contemplar la figura cojeante del gran bigote, deslizándose calle arriba! ¡Hércules Poirot! Desde aquellos días había sido el más querido de mis amigos. Su influencia había moldeado mi existencia. En su compañía, lanzados a la caza de otro asesino, yo había conocido a mi esposa, la más cordial y dulce de las mujeres. Descansa ahora en tierra argentina. Murió tal como ella hubiera podido desearlo, sin prolongados sufrimientos, sin ser presa sucesivamente de las debilidades de la vejez. Pero dejó aquí un hombre que se sentía muy solo y desdichado. ¡Ay, si yo pudiera volver atrás, desandar lo andado, vivir la vida de nuevo! Si aquél hubiera podido ser el día del año 1916 en que por vez primera me dirigí a Styles... ¡Cuántos cambios habían tenido lugar desde entonces! ¡Cuántos huecos se advertían entre los rostros familiares! El mismo Styles había sido vendido por los Cavendish. John Cavendish había muerto. Su esposa, Mary, aquella fascinante y enigmática criatura, vivía en Devonshire. Lauren habitaba en África del Sur, en compañía de su esposa e hijos. Cambios... Notaba cambios por todas partes. Pero había una cosa que era la misma: me dirigía a Styles para reunirme con Hércules Poirot. Esto resultaba raro.”




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