CUADRO V
Unas semanas después.
De día, en el comedor de la fonda donde se aloja el estudiante. El estudiante. La criada del capitán Ramírez.
ESTUDIANTE ¿Así que es usted la criada del capitán Ramírez?
CRIADA Sí, desde que el señor alquiló la casa del río. Y nunca se lo agradeceré bastante. No tenía trabajo y este empleo me ayuda a vivir y a confiar de nuevo en la bondad humana.
ESTUDIANTE Y la verdad es que el capitán Ramírez es un modelo de bondad. Por cierto, a juzgar por el gesto serio de su rostro en esta visita que me hace usted, deduzco que quiere decirme algo de parte de su señor.
CRIADA Así es, joven. Saca del bolso un libro y se lo entrega al estudiante, que enseguida ve que se trata de La agonía del cristianismo. Primero devolverle a usted su libro.
ESTUDIANTE ¿Ya lo ha leído el capitán?
CRIADA No sé decirle. Sólo sé que mi señor esta mañana, cuando he ido a llevarle el desayuno, me ha pedido con voz suplicante que venga a ver al hombre cuyo nombre y dirección figuran escritos en una parte de este libro. Le hago una pregunta: ¿conoce usted este libro?
ESTUDIANTE Claro. Perfectamente. Yo se lo di a su señor hace unos días para que, leyéndolo, me conociera mejor. Si quiere usted, escribiré mi nombre en un papel y podrá compararlo con el que está escrito aquí, en el libro que me acaba de devolver.
CRIADA No serviría de nada. No sé leer. Si me da usted su palabra, me basta.
ESTUDIANTE En ese sentido, puede usted confiar plenamente en mí, le doy mi palabra de honor.
CRIADA Ya me quedo más tranquila, joven. Y ahora viene la segunda parte del motivo de esta visita. El capitán Ramírez me dijo que trajera el libro como prenda. “Prenda” es la palabra que dijo él. Está muy enfermo en cama y necesita verlo a usted.
ESTUDIANTE Ya me lo temía yo. ¿Está grave?
CRIADA Está muy mal, señor, muy mal... Está acabado, según dice él.
ESTUDIANTE ¡Cuánto lo siento! Yo aprecio mucho al capitán. Estoy dispuesto a ir hablar con él ahora mismo a su casa si usted me muestra el camino.
CRIADA ¡Por supuesto! A eso he venido precisamente. De modo que cuando quiera podemos irnos.
Fundido.
CUADRO VI
Algo más tardeen el dormitorio de la casa del río donde el capitán Ramírez permanece en la cama, reclinado sobre unos almohadones, semidormido. El estudiante, sentado en una silla al lado de la cabecera de la cama del enfermo. Y la criada, que se acerca a su señor y le toca en el hombro.
CRIADA Señor, señor, aquí está el joven que me pidió que fuera a buscar. Ha venido a hablar con usted.
Mientras la criada inicia la salida de la habitación, el capitán entreabre varias veces los ojos . Al fin logra abrirlos del todo hasta ver al estudiante sentado cerca de él.
CAPITÁN ¡Ah, es usted! Usted es aquel joven bondadoso. No me equivoco, ¿verdad?
ESTUDIANTE No se equivoca, capitán. Y en cuanto a lo otro, creo que soy un joven bueno. Pero usted es el verdadero bondadoso. Y ya me lo ha dicho su criada mientras veníamos hacia aquí. Siento mucho que se encuentre enfermo. ¿Qué puedo hacer por usted?
CAPITÁN Me encuentro mal, muy mal. Me duelen todos mis viejos huesos, todos y cada uno de ellos. Alarga con esfuerzo un brazo y coge por una manga al estudiante para que se acerque un poco más. Usted sabe de sobra que mi tiempo se ha acabado.
ESTUDIANTE ¡Oh, espero que no! Estoy seguro de que no voy a tardar mucho en verlo salir a la calle otra vez.
CAPITÁN Sólo Dios lo sabe. No lo he llamado únicamente para decirle que me estoy muriendo, sino para comunicarle que vence el plazo para la renta de mi casa, de la otra casa, ya sabe.
ESTUDIANTE ¿Cuándo?
CAPITÁN Precisamente hoy, esta noche.
ESTUDIANTE ¡Pero usted no puede ir en este estado en que se encuentra!
CAPITÁN Lo sé. Yo no puedo ir. Es terrible. Y perderé mi dinero. Aunque esté muriéndome, lo necesito a toda costa. Tengo que pagar a mi criada. Tengo que pagar al doctor. Y quiero que me entierren dignamente, como a un hombre respetable.
ESTUDIANTE ¿Y es justamente esta noche cuando se cumple el plazo?
CAPITÁN Sí, precisamente esta medianoche. Y no puedo perder ese dinero. Tiene que ir alguien. No se lo he pedido a mi criada porque ya es mayor y no quiero que sufra un sobresalto tan grande que acabe yendo al otro mundo antes que yo.
ESTUDIANTE ¿Cree usted que el dinero sería pagado a otra persona que no fuera usted?
CAPITÁN Al menos podríamos probarlo. Yo no había estado nunca tan enfermo como ahora y no lo sé. Pero si usted le dice al fantasma que me duelen todas partes del cuerpo, que estoy moribundo, tal vez confíe en usted. Mi hija no querrá que me muera de hambre.
ESTUDIANTE Entonces, ¿usted querría que fuera yo en su lugar?
CAPITÁN Usted ya ha estado allí, ya sabe lo que es eso. ¿Tiene usted miedo?
ESTUDIANTE ¿Miedo? Miedo, no...
CAPITÁN Creo que el espíritu de mi hija tendrá confianza en usted, como la tengo yo. A ella le gustará su cara y verá que no lleva malas intenciones. Tiene que darle ocho monedas de oro y dieciséis de plata. Asegúrese de ponerlas en sitio seguro. No vaya a perderlas.
ESTUDIANTE Iré. Descuide. Y le traeré esas monedas mañana a primera hora.
CAPITÁN Gracias, amigo. Nunca olvidaré este gesto de inmensa generosidad que está teniendo conmigo. Le suelta la manga y cierra los ojos de nuevo.
Fundido.
CUADRO VII
De noche. En la casa del fantasma. El fantasma y el estudiante. El estudiante, con los candeleros encendidos, se encuentra en una estancia amplia con librerías arrimadas a dos de sus paredes, separadas por una escalera, y mientras se pasea, va observando, a la luz temblorosa de los candelabros, lo que hay a su alrededor.
ESTUDIANTE En esta habitación llena de libros y silenciosa como un sepulcro, y con esa amplia escalera a cuyos escalones superiores no llega la luz de las velas cualquier cosa puede ocurrir. ¡Qué sorpresa! Aquí tenemos un retrato del capitán. Era apuesto de joven con su traje de militar. Aún debía vivir su hija. Ahora ella está muerta y él a punto de morirse. Pero antes de que esto último suceda debo cumplir lo que le he prometido: cobrar la renta al fantasma de su hija. Suenan las doce campanadas de la medianoche del reloj de la torre de la iglesia que no está lejos. La hora de la verdad ha llegado. Tal vez el fantasma se encuentre allá arriba en alguna de las estancias de la planta superior. Pone el pie en el primer peldaño de la escalera dispuesto a iniciar la ascensión. Un resplandor se produce en lo más alto de ella. ¿Qué es esa extraña luz blanca de allá arriba? ¿De dónde proviene? ¿Quién la emite? El resplandor desciende mientras de él sale una figura que se define poco a poco en la de una mujer que mantiene el rostro oculto. Vengo en lugar del capitán Ramírez, a petición suya. Está muy enfermo y se halla incapacitado para dejar la cama en que permanece todo el tiempo. Él le pide encarecidamente que me pague a mí el dinero de la renta. Yo he quedado con él que se lo llevaré en cuanto amaneza. La figura se queda quieta sin hacer gesto alguno. El capitán Ramírez habría venido si pudiera moverse, pero ya le he dicho que está incapacitado. La figura se quita el velo que oculta su rostro y empieza a descender los escalones hasta pararse a escasa distancia del estudiante, que, visiblemente asustado, se retira unos pasos.
FANTASMA ¿Está mi padre enfermo, como usted dice? No me mienta, por favor.
ESTUDIANTE Yo no le miento. Confíe en mí.
FANTASMA Supongo que mi padre no le ha enviado a usted con otras intenciones. Saca de debajo de su ropaje blanco una bolsa y la tira hacia donde se encuentra el estudiante. Ahí tiene usted su dinero. Y se gira para subir de nuevo los escalones hasta desaparecer en lo alto de la escalera. El estudiante recoge la bolsa del suelo.
Suena un grito prolongado.
VOZ DEL FANTASMA ¡Mi padre! ¡Mi padre!
Aparece la figura en la escalera y rápidamente desciede sin dejar de gritar.
FANTASMA ¡Es mi padre! ¡Es mi padre! Llega junto al estudiante con la boca abierta y los ojos dilatados. Grita. ¡Mi padre! ¡Mi padre está aquí!
ESTUDIANTE ¿Su padre aquí? ¿Dónde?
FANTASMA ¡En el recibidor de la casa! ¡Vestido de blanco! ¡En camisa!
ESTUDIANTE Su padre está en su casa del río, en la cama, muy enfermo.
FANTASMA ¿Muriéndose?
ESTUDIANTE Espero que no.
El fantasma emite un largo gemido y se cubre el rostro con las manos.
FANTASMA ¡Oh, Dios mío, he visto su fantasma!
ESTUDIANTE ¿Su fantasma?
FANTASMA Es el castigo por mi larga locura.
ESTUDIANTE ¡No! Es el castigo por mi indiscreción.
El fantasma coge al estudiante por el brazo.
FANTASMA ¡Sáqueme usted de aquí, por favor! Pero salgamos por la puerta de atrás.
ESTUDIANTE ¡Espere! Antes quiero decirle algo: primero, que yo he venido aquí de buena fe; y segundo, que ha estado usted representando todo este tiempo un papel extraordinario.
FANTASMA Claro que ha sido un papel extraordinario. Pero era la única manera.
ESTUDIANTE ¿No le habría perdonado su padre?
FANTASMA Mientras me considerara muerta, sí. Hubo cosas en mi vida que mi padre no me perdonaría.
ESTUDIANTE ¿Dónde está su esposo?
FANTASMA Yo no tengo esposo. Jamás he estado casada.
ESTUDIANTE De acuerdo, de acuerdo. Ahora ya podemos irnos.
FANTASMA Pero una vez fuera, nos separaremos. Debo seguir mi camino.
ESTUDIANTE ¿No quiere ver a su padre?
FANTASMA Es mejor que no. Pero sí me gustaría saber algo de él después de que usted vaya mañana a su casa para llevarle el dinero, y lo vea.
ESTUDIANTE Se lo haría saber si conociera dónde vive usted.
FANTASMA No se preocupe de eso. Escriba una nota y déjela bajo el banco de piedra del cementerio donde estuvieron sentados el otro día mi padre y usted.
ESTUDIANTE Cuente con ello.
Fundido.
CUADRO VIII
De día. Por la mañana. En la casa del río donde vivía el capitán Ramírez. La criada del capitán y el estudiante. El estudiante, al ver la puerta abierta entra en el recibidor, donde se halla la criada sentada, con los ojos cerrados, en una silla junto a la puerta del dormitorio del capitán, que también está abierta. La criada, al oír los pasos del estudiante, abre los ojos.
CRIADA Buenos días, joven. ¡Qué pronto viene usted!
ESTUDIANTE Buenos días. Ya le dije al capitán que vendría hoy a traerle el dinero lo antes posible.
CRIADA ¿Qué dinero?
ESTUDIANTE Ah, ¿pero no le ha dicho nada su señor?
CRIADA Nada, no, señor. Y ahora, menos.
ESTUDIANTE ¿Por qué lo dice?
CRIADA Porque se fue a la gloria.
ESTUDIANTE ¿Está muerto?
La criada mueve la cabeza hacia el hueco de la puerta del dormitorio.
CRIADA Puede usted comprobarlo.
El estudiante se asoma a la habitación del difunto.
ESTUDIANTE Sí, perfectamente muerto.
CRIADA Ahora es un fantasma tan auténtico como cualquier otro.
ESTUDIANTE ¿Recuerda a qué hora entregó su alma al Creador?
CRIADA No puedo olvidarlo. Poco después de que el reloj de la torre de la iglesia del pueblo diera las doce campanadas de la medianoche.
ESTUDIANTE ¿Ya ha avisado usted a la funeraria?
CRIADA Sí, deben estar al llegar.
El estudiante le da a la criada la bolsa de las monedas.
ESTUDIANTE Éste es el dinero del capitán Ramírez. Supongo que ahora, que él está muerto, donde quiera que esté en este momento, deseará sin duda que se quede usted con él. El capitán me dijo ayer que tenía que pagarle a usted y al doctor, y también quería que lo enterrasen dignamente, como a un hombre respetable.
CRIADA Muchas gracias a usted por traer el dinero y a él por pensar en mí. Siempre fue un hombre honrado y generoso. Que Dios lo tenga en su gloria.
ESTUDIANTE Si necesita usted alguna cosa, puede acercarse a la fonda donde me hospedo, que la atenderé como se merece.
La criada palpa la bolsa con las monedas.
CRIADA Con esto que acaba usted de darme ya puedo valerme por mí misma. Gracias de nuevo, joven. Ahora entiendo por qué mi señor tenía tanta confianza en usted. Que Dios lo acompañe.
ESTUDIANTE Que Él se quede con usted.
Fundido.
EPÍLOGO
De día. En la fonda donde el estudiante está hospedado. En el comedor. El estudiante y Daniela, la hija del dueño. El estudiante, sentado a una mesa, con un libro abierto delante, se halla escribiendo en un papel que tiene sobre el libro. De vez en cuando levanta la mirada como buscando inspiración y sigue escribiendo. Se detiene para leer en voz alta lo que ha escrito hasta ese momento.
ESTUDIANTE “Apreciada señorita. He estado pensado un buen rato si escribirle o no esta nota, y al fin me he decidido a hacerlo porque le prometí hacerlo igual que le prometí pasar por la casa de su padre a llevarle el dinero que usted me dio para él. De la enfermedad de su padre siento comunicarle que su padre ha fallecido; dejó este mundo anoche justo cuando usted, visiblemente dolorida, me dijo que su padre estaba muerto en el recibidor..." Deja de leer la nota. A la vista de lo sucedido, ahora también dudo si dejarle esta nota a la hija del capitán donde me dijo que la dejara... Daniela aparece en el comedor.
DANIELA Buenos días, Félix. No sabía que usted hablara solo.
El estudiante, al oír la voz de Daniela, instintivamente cierra el libro con la nota dentro.
ESTUDIANTE Ah, buenos días, Daniela. Sí, de vez en cuando me da por repetir lo que estoy estudiando en el libro para ayudar a la memoria a recordarlo mejor. ¿Va usted a su labor de costura de todas las mañanas?
DANIELA De momento, no. Ahora venía a buscarlo a usted. Tengo que decirle algo.
ESTUDIANTE Usted dirá.
DANIELA ¿Recuerda lo que hablamos usted y yo hace unos días sobre el capitán Ramírez y la trágica historia que había vivido con su hija?
ESTUDIANTE Sí, claro que lo recuerdo, ¿cómo iba a olvidarlo?
DANIELA Pues acabo de enterarme de lo que ha ocurrido durante la noche pasada con la casa del anciano, y me ha parecido que a usted le interesaría saberlo.
ESTUDIANTE ¿Esta noche dice usted?
DANIELA Sí, un vecino de la zona ha visto esta mañana temprano cómo la casa del fantasma era un montón de escombros y vigas carbonizadas. Triste fin para una historia, ¿no le parece?
ESTUDIANTE Triste y feliz a la vez, Daniela. Según como se mire.
DANIELA ¿Por qué dice eso?
ESTUDIANTE Porque anoche estuve yo ahí, y pude ver, por fin, al fantasma de la historia, mejor dicho, a la hija del capitán. Por cierto, ella me dio la última paga para su padre, ya que él no podía ir a recogerla porque estaba tan enfermo que me pidió a mí que fuera en su lugar. Y lo peor es que esta mañana, cuando yo le llevaba el dinero a la casa del río, me he encontrado muerto al capitán. ¿Quiere que le diga más?
DANIELA Creo que es bastante. El capitán muerto, la casa quemada y el fantasma...
ESTUDIANTE … el fantasma buscando otro lugar. ¿Qué va a hacer? En todas partes hay caserones abandonados y ansiosos de alojar fantasmas.
DANIELA En fin, le dejo a usted estudiar. Y ahora sí. Yo me voy a la sala de costura.
Daniela sale del comedor. Al quedarse solo, el estudiante abre de nuevo el libro por donde está la nota que escribía a la hija del capitán fallecido.
ESTUDIANTE Ahora ya no hace falta esta nota. Ni siquiera para comunicarle que a la casa la ha destruido el fuego. Por cierto, ahora que caigo, posiblemente ese incendio lo provocamos nosotros al dejar encendidos los candeleros cuando abandonamos la casa. Daniela tiene razón al decir que esta historia es verdaderamente triste.
Fundido.






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