jueves, 12 de febrero de 2026

HISTORIA DE FANTASMAS (I)


Aquí me he hecho eco, en otros momentos del blog, de todo cuanto tiene que ver con fantasmas y aparecidos en cualquier género literario. Hoy lo hago en el dramático o teatral con esta Historia de fantasmas



 

(Adaptación libre de un cuento de Henry James)

CUADRO I

De día, a las puertas de una casa aislada en el campo con aires de estar abandonada. Un anciano capitán que se apoya en un bastón y un joven estudiante de teología, que se encuentran casualmente en ese lugar.

CAPITÁN Como usted puede apreciar, éste es un lugar muy tranquilo.

ESTUDIANTE Tiene usted razón, muy tranquilo y... solitario. Me gusta pasear por lugares solitarios. Hasta por los cementerios.

CAPITÁN Pasear, sí. Hágalo mientras pueda. Algún día se quedará rígido, tendido para siempre, en un cementerio.

ESTUDIANTE Cierto, pero ¿sabe usted que hay quienes pasean después de muertos?

CAPITÁN Usted no cree eso.

ESTUDIANTE ¿Cómo sabe si creo o no? ¿Por qué lo dice?

CAPITÁN Porque usted es joven y además algo ligero.

ESTUDIANTE Por lo que dice, deduzco que usted cree en los fantasmas. Pero hay mucha gente que no cree.

CAPITÁN La mayoría de la gente es boba. Y a usted lo veo diferente de ella. Más bien lo veo inteligente... ¿Me equivoco si le digo que usted es estudiante de una disciplina distinguida?

ESTUDIANTE  No se equivoca. Estudio teología. Quiero ser sacerdote.

CAPITÁN  Entonces usted debería saber algunas cosas.

ESTUDIANTE  Posiblemente. Tengo un gran deseo de saber. ¿A qué se refiere usted?

CAPITÁN  Me gusta su aspecto. Me parece usted un joven modesto.

ESTUDIANTE  ¿Modesto? Bueno.

CAPITÁN  Me parece usted muy juicioso.

ESTUDIANTE  Entonces ¿ya no le parezco ligero?

CAPITÁN  Me mantengo en lo que dije sobre la gente que no cree en los fantasmas: ¡es boba!                  (Golpea varias veces el suelo con el bastón.)

ESTUDIANTE ¿Usted ha visto a un fantasma?

CAPITÁN Lo he visto, sí, señor. Y para mí esto no es teoría. No he tenido que buscar en viejos libros para averiguar qué debo creer. ¡Lo sé! Golpea de nuevo el suelo con su bastón. Yo he visto con mis propios ojos, como ahora lo veo a usted, el espíritu, el espectro, el fantasma, como usted prefiera llamarlo, de una persona muerta.

ESTUDIANTE  ¿Y fue un momento horrible?

CAPITÁN  Soy un viejo militar. No me espanté, si es eso lo que me pregunta.

ESTUDIANTE  ¿Y dónde ocurrió eso? ¿Cuándo vio a ese fantasma?

CAPITÁN Perdóneme que no entre en detalles. Y creo que hoy ya he hablado más de lo debido: no puedo soportar que se hable de estas cosas tan ligeramente. Sólo quiero que recuerde usted en el futuro que ha tratado con un anciano honrado que le ha dicho, bajo palabra de honor, que ha visto a un fantasma. Y para dar mayor peso a mis palabras, permítame que le diga mi nombre: capitán Ramírez.

ESTUDIANTE Encantado de conocerle. Yo me llamo Félix García. Espero tener el gusto de verlo otra vez.

CAPITÁN Lo mismo le digo.

Fundido.

 


CUADRO II

De día, en la fonda donde se aloja el estudiante de teología.

Daniela, la hija del dueño, y el estudiante, sentados en la sala de costura de la joven.

DANIELA ¿Cómo le ha ido hoy su paseo?

ESTUDIANTE Más entretenido que otras veces.

DANIELA ¿Y eso?

ESTUDIANTE Hoy he conocido a un personaje curioso. Es un militar muy anciano que se ha presentado a sí mismo como capitán Ramírez. Por cierto, no sabrá usted quién es, ¿verdad?

DANIELA Ramírez, Ramírez... Y capitán... Ahora que lo pienso, sí que he oído hablar del capitán Ramírez. Pero de eso hace muchos años y, por lo que se decía de él, había logrado sobrevivir de un escándalo familiar.

ESTUDIANTE ¿Escándalo familiar? ¿Y en qué se basaba ese escándalo?

DANIELA Mató a su hija.

ESTUDIANTE ¿Que mató a su hija? ¿Cómo?

DANIELA No la mató con una pistola, ni con un puñal, ni con arsénico, que entonces estaba muy estilado ese método. La mató con su lenguaje. Que luego me digan del lenguaje que empleamos nosotras las mujeres. Su padre le echó una maldición, una terrible maldición. Y la joven murió.

ESTUDIANTE Pero ¿qué había hecho la chica?

DANIELA Recibir la visita de un joven que la quería muchísimo y a quien el padre había prohibido entrar en su casa.

ESTUDIANTE Ah, sí, ¡la casa! Una casa de campo con aires de estar abandonada, que se encuentra a una legua de aquí.

DANIELA ¿Qué sabe usted de esa casa?

ESTUDIANTE Poco. Sólo la he visto por fuera. Pero me gustaría que usted me contara algo más de ese asunto.

DANIELA ¿No me llamará usted supersticiosa?

ESTUDIANTE ¿Supersticiosa usted? Usted es la quintaesencia de la razón pura. El propio Kant se quedaría asombrado si la oyera a usted.

DANIELA Bueno, todo el mundo sabe que la razón pura es la razón sin ningún componente empírico, y la razón práctica es la razón dirigida a la acción. Y todo hilo tiene su defecto, toda aguja su punto de óxido. Preferiría no hablar de... de ese tema. 

ESTUDIANTE No sabe usted cómo excita mi curiosidad.

DANIELA Lo siento por usted. Me pondría nerviosa si sigo hablando de ello.

ESTUDIANTE ¿Qué daño puede hacerle hablarme de la casa?

DANIELA ¿Dice daño? Se lo hizo a una amiga mía.

ESTUDIANTE ¿Qué había hecho su amiga?

DANIELA Me explicó el secreto del capitán Ramírez que él le había revelado con mucho misterio y recato. Había sido novia suya en otro tiempo y se lo confesó, recomendándole que no lo repitiera a nadie. Y le aseguró que si lo hacía le ocurriría algo terrible.

ESTUDIANTE ¿Y qué le pasó?

DANIELA Que se murió.

ESTUDIANTE Bueno, todos nos morimos un día. ¿Le había prometido su amiga algo al capitán.

DANIELA No tomó en serio las palabras del capitán. Sencillamente no le había creído. Me repitió la historia a mí y unos días después sufrió una inflamación de los pulmones. Y poco tiempo más tarde, sentada aquí donde yo ahora estoy sentada cosí su mortaja. Desde entonces no he contado a nadie lo que mi amiga me dijo.

ESTUDIANTE ¡Es algo muy raro!

DANIELA Raro, sí, pero a la vez ridículo. Es algo que puede hacer estremecerse a cualquiera, pero a la vez puede provocar la risa. Sin embargo, no se preocupe por mí. No voy a decir una sola palabra sobre el asunto. Temo que si se lo contara a usted, podría pincharme enseguida con una aguja o cualquier otra cosa y en pocos días moriría del tétano.

ESTUDIANTE Entonces, ¿qué hago yo? Me estoy muriendo de curiosidad. He perdido el apetito y hoy, por ejemplo, no he probado bocado en el desayuno. 


         DANIELA  Recuerde lo que le ocurrió a Beatriz de Borgoña, segunda esposa de Federico I Barbarroja...

ESTUDIANTE  Sí, que igual se puede morir de una estocada que de hambre.

DANIELA Yo nunca he tenido el corazón duro; así que, si hemos de morir, moriremos juntos. Volvamos al caso del capitán Ramírez. Siempre fue un hombre de carácter fuerte y dado a la ira, y aunque quería mucho a su hija, su voluntad era la ley. Él había elegido un marido para ella y ya se lo había comunicado. La madre había muerto y vivían los dos solos en la casa. El caso es que la muchacha se citaba con un joven forastero cada vez que su padre se ausentaba de la casa. Pero una noche el capitán regresó antes de lo acostumbrado y los sorprendió juntos. A él lo agarró por el cuello y a ella la maldijo; entonces el joven gritó que la chica era su esposa y el capitán le preguntó a ella si era verdad que estaban casados; la hija respondió que no y el padre, enfurecido, repitió la maldición mientras la echaba de casa añadiendo que la repudiaba. La joven se desmayó y el capitán se fue. Y cuando más tarde volvió a la casa, la encontró vacía. Sobre la mesa del comedor, sin embargo, había una nota firmada por el joven donde le acusaba de haber matado a su hija, añadiendo que, como marido suyo, tenía derecho a enterrar su cadáver, que se había llevado en su coche.

ESTUDIANTE ¿Y qué pasó después? ¿Qué fue del capitán? ¿Y lo del fantasma?

DANIELA  Ahora viene eso. Una semana más tarde de aquello una noche al capitán se le apareció el fantasma de su hija y ya no dejó de hacerlo en el futuro, y cada medianoche lo hacía con más ganas de molestarlo y espantarlo, en pago y venganza de lo que le había hecho.

ESTUDIANTE Y el capitán, ¿reaccionó de alguna manera?

DANIELA El capitán Ramírez pasó poco a poco de la ira del principio, a la tristeza más completa; hasta el punto de dejar la casa; luego trató de venderla o alquilarla para sacar para comer, ya que no disponía de medios suficientes para ello.  Para entonces habían aumentado sobremanera las apariciones del fantasma, y nadie quería saber nada de comprar o alquilar la casa. Y el capitán, desesperado, decidió coger su capa y su inseparable bastón para marchar a mendigar su pan por el mundo. Y precisamente eso (no hay mal que por bien no venga, hizo que el fantasma se ablandara tanto como para proponerle un acuerdo al capitán.

ESTUDIANTE ¡Ah!, ¿sí? ¿Qué acuerdo?

DANIELA Una medianoche, el fantasma le dijo al capitán: “Esta casa la quiero para mí. Vete a vivir a otro sitio. Pero como no tienes ni donde caerte muerto, seré su inquilino y te pagaré una renta de alquiler.” Le propuso una cantidad de dinero y el capitán aceptó. Y todos los meses viene a cobrar la renta. Y hasta hoy, me imagino.

ESTUDIANTE Si es así, la tristeza que padece tiene una compensación económica.

DANIELA Eso parece. El viejo capitán no trabaja y el fantasma de su hija lo mantiene. Una casa donde se aparecen los muertos es una propiedad muy valiosa, ¿verdad, Félix?

ESTUDIANTE Verdad, Daniela. ¿Y con qué dinero paga el fantasma?

DANIELA El mejor de todos: con monedas de oro y plata. Con una sola singularidad: que todas están acuñadas antes de la muerte de la joven.

ESTUDIANTE De modo que el fantasma se comporta de modo satisfactorio con el capitán pagándole un buena renta.

DANIELA Tengo entendido que el anciano vive dignamente, ya que es inquilino de una casa junto al río, con un jardín delante y un corral detrás con algunos animales, y lo atiende una criada de avanzada edad. Pero, a todo esto, ¿a qué se debe el interés que muestra usted por el capitán Ramírez y esa casa habitada por el fantasma de su hija que le paga una renta?


          ESTUDIANTE ¿Mi interés? Bueno, voy a hacer con usted lo que usted ha hecho conmigo al contarme esa historia de maldiciones. Le confieso que estoy decidido a convencer al anciano capitán para que me permita visitar esa casa encantada. Más de una vez nos hemos encontrado a la puerta de ese triste y abandonado caserón, y hemos hablado de la vida y de la muerte, de la inmortalidad del alma, de la creencia o no en los fantasmas... Hemos llegado a intimar tanto que hasta me ha dicho que él ha visto a un fantasma. Que no puede ser otro que el de su hija y el de la historia que usted me ha contado.

DANIELA Podría ser. ¿Cómo saberlo?

ESTUDIANTE  Pues entrando con el capitán en esa casa.

DANIELA Usted verá. Yo no entraría por nada del mundo en un lugar como ese.

ESTUDIANTE De todos modos, gracias, Daniela, por ayudarme con su historia a entender mejor a mi nuevo amigo el capitán Ramírez.

DANIELA  A todo esto, espero que no nos pase nada malo a ninguno de los dos.

ESTUDIANTE  Yo también lo deseo.

Fundido.

 


CUADRO III

De día, en un rincón del cementerio de la localidad. El estudiante y el capitán, sentados en un banco de piedra, junto a un panteón.

ESTUDIANTE  Le he buscado a usted aquí más de una vez, creyendo que en sus paseos se acercaría a este lugar tan callado y solitario, donde los muertos hacen la mejor compañía a gente como usted.

CAPITÁN  Sí, alguna vez me gusta visitar lugares tranquilos como éste. Pero dejemos de momento aparte los gustos de cada uno de nosotros y respóndame a mi pregunta: ¿Qué es exactamente lo que quiere usted de mí?

ESTUDIANTE  Gozar de su amena conversación. Quedé muy a gusto el día en que charlamos...

CAPITÁN ¿Me encuentra usted divertido?

ESTUDIANTE Lo que se dice divertido, no; a usted lo encuentro interesante.

CAPITÁN  Divertido no, interesante sí. ¿Le parezco a usted un loco?

ESTUDIANTE Por favor, no diga eso.

CAPITÁN Para que lo sepa, soy el hombre que mejor poblada tiene la cabeza de estos lugares. Ya sé lo que piensan y dicen todos los locos de mí, pero no lo pueden probar y yo sí. Le explicaré. Una vez, sin quererlo, cometí un crimen, y ahora pago el castigo con mi vida entera. Nunca he intentado esquivar mi pena, pero la he aceptado. Si fuera católico, me habría hecho monje para dedicar mi vida al ayuno y a la oración. Pude haberme suicidado, pero no lo hice; a cambio, afronté las consecuencias. Las afronto doce veces al año y así lo haré hasta el último aliento que tenga mi viejo y ya muy cansado cuerpo...

ESTUDIANTE  ¡Genial! ¡Digno de admiración! Pero me deja usted con mucha curiosidad y mucha simpatía.

CAPITÁN ¿Simpatía? Me cuesta creerlo. Usted lo que realmente siente es curiosidad. Sobre todo, curiosidad.

ESTUDIANTE Si yo supiera exactamente cuánto sufre usted, sería mayor mi compasión.

CAPITÁN Muchas gracias. Su compasión no me sirve de gran cosa. Le diré algo, pero no en mi interés, sino en el suyo. Usted me dijo que estudiaba teología, ¿verdad?

ESTUDIANTE Así es, señor, y sigo haciéndolo porque es una disciplina que no puede aprenderse en un periodo corto de tiempo...

CAPITÁN Entre otras cosas porque no tienen ustedes para estudiar más que sus libros. ¿No conoce usted el refrán que dice: “Un grano de experiencia vale más que un kilo de preceptos”? Yo soy un gran teólogo.

ESTUDIANTE  Se ve. Usted ha tenido la experiencia.



          CAPITÁN Usted ha leído sobre la inmortalidad del alma en lo que han escrito Platón, san Agustín, Pomponazzi, Lutero, Unamuno...,machacando lógica y citando autoridades para demostrar que es verdad. Pero yo lo he visto con mis propios ojos y lo he tocado con mis manos. Esto es más valioso, pero lo he pagado caro. Es mejor que usted lo aprenda en los libros. Usted es una buena persona y no tendrá nunca un crimen sobre su conciencia.

ESTUDIANTE  Espero, sin embargo, tener mi parte de pasiones humanas aunque sea ahora una buena persona y mañana posiblemente doctor en teología.

CAPITÁN Usted tiene buen carácter, como lo tengo yo ahora, pero yo en otro tiempo fui demasiado brutal. Debería usted saber que yo maté a mi hija.

ESTUDIANTE ¿A su hija?

CAPITÁN La dejé sin sentido y murió. Pude ser ahorcado por ello, pero yo no la maté con mis manos, sino con mis palabras, terribles y reprobables. Y sé que su alma es inmortal. Y tengo una cita con ella doce veces al año, que es cuando recibo mi lección.

ESTUDIANTE ¿Nunca lo ha perdonado su hija?

CAPITÁN Me ha perdonado como perdonan los ángeles. Y esto es lo que no puedo soportar porque su mirada es dulce y serena. Casi preferiría clavarme un puñal en el corazón. Oh, Dios mío, Dios mío...

Tras inclinar la cabeza sobre el puño de su bastón, apoya su frente sobre las manos cruzadas.

ESTUDIANTE ¿Puedo ayudarle en algo, capitán Ramírez?

El capitán levanta lentamente la cabeza. Luego se levanta del banco de piedra. El estudiante lo imita.

CAPITÁN Tengo que irme, he de caminar un largo trecho todavía.

ESTUDIANTE Es posible que nos volvamos a ver.

CAPITÁN ¡Ay!, ya estoy muy viejo y es probable que tarde en volver. Tengo que cuidarme. Pero me gustaría verlo a usted de nuevo. Por cierto, Félix... Me dijo usted que se llamaba Félix, ¿verdad?

ESTUDIANTE Así es, Félix García.

CAPITÁN El nombre le hace justicia. ¿Y dónde vive?

ESTUDIANTE Llevo siempre encima un libro al que considero uno de mis viejos amigos. Saca un libro de un bolsillo y se lo entrega al capitán. Se titula La agonía del criatianismo. En la solapa de atrás aparecen escritos mi nombre y mi dirección. Me gustaría que guardara usted este pequeño libro. Lo leo a menudo y a usted, si le echa una ojeada, le dirá algo de mí.

El capitán coge el libro y le da varias vueltas.

CAPITÁN No soy un gran lector, pero no voy a rechazar el primer regalo que me hacen desde que vivo mi desgracia... y el último. Muchas gracias, joven.

Fundido.

 

CUADRO IV

De noche, a las puertas de la casa aislada en el campo. El estudiante. El capitán.

PRIMERA ESCENA

El estudiante mira a su alrededor

ESTUDIANTE Todo está igual que la primera vez: soledad, quietud, tristeza... Aumentadas sin duda por la noche que ha caído sobre la naturaleza y mi ánimo. Ya es la medianoche. Ya han sonado las doce campanadas de la torre de la iglesia más cercana. Ya estará dentro el capitán para cobrar el alquiler del fantasma. Se arrima a la puerta de la casa para examinar su interior por las rendijas de la madera. Las luces aún están encendidas. A ver si tengo suerte de ver la entrevista del capitán con el fantasma de su hija. Se retira de la puerta. ¡Lástima! He llegado tarde. Las luces del interior se han apagado. El cobro ya se ha efectuado. Pronto esta puerta se abrirá y aparecerá el capitán. ¿Cómo reaccionará cuando me vea aquí? Espero que no sea tan mal como si me hubiera visto antes de entrar y me hubiera oído pedirle que me permitiera entrar con él para ser testigo del encuentro con el fantasma. Ahora me corroe el miedo. Cruje la puerta al abrirse.


SEGUNDA ESCENA

El estudiante ve salir de la casa al capitán, que se asombra al verlo.

CAPITÁN ¿Qué hace usted aquí?

ESTUDIANTE Me perdonará usted que me haya tomado esta libertad, pero usted me alentó a hacerlo.

CAPITÁN ¿Cómo sabía usted que yo estaba aquí?

ESTUDIANTE Lo deduje. Usted me contó la mitad de su historia y yo deduje la otra mitad. Me enorgullezco de ser un gran observador. Y me fijé en uno de mis paseos en esta casa. Enseguida me pareció que encerraba un gran misterio, y cuando usted me mostró su confianza de decirme que veía espíritus, fantasmas,  tuve la seguridad de que sólo podía ser aquí.

CAPITÁN Es usted muy inteligente. Entonces, ¿qué es exactamente lo que esta noche le ha traído aquí?

ESTUDIANTE  Ah, vengo a menudo. Me gusta contemplar esta casa.

CAPITÁN Por fuera no tiene nada de singular.

ESTUDIANTE He estado buscando una oportunidad para entrar en ella. Pensé que podría encontrarlo a usted y que me lo permitiría. Me gustaría mucho ver lo que ve usted.

CAPITÁN ¿Sabe usted lo que he visto?

ESTUDIANTE ¿Cómo voy a saberlo si no es, como dijo usted el otro día, por medio de la experiencia? Por favor, ahora que estamos los dos aquí, ¿podemos entrar?

CAPITÁN  ¿Entrar? No entraré hasta la próxima vez ni por cien veces la suma que he recibido hace un rato. Si quiere usted entrar solo, adelante.

ESTUDIANTE ¿Me esperará usted aquí?

CAPITÁN  Sí, claro. No estará usted mucho tiempo ahí dentro. La casa está a oscuras siempre. Pero en la mesa del recibidor hay dos candeleros con velas y una caja de fósforos al lado. Con ellos podrá ver las estancias que desee.

ESTUDIANTE ¿Adónde tengo que ir para ver al fantasma?

CAPITÁN A donde quiera. El fantasma lo encontrará a usted.

Fundido.



(Continuará)


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