
Virginia Clemm (Baltimore, 1822 –
Fordham, 1847) fue la esposa del escritor romántico estadounidense
Edgar Allan Poe. Ambos, que eran primos, contrajeron matrimonio
cuando ella tenía 13 años y él 27. Algunos dicen que los esposos
mantuvieron una relación más fraternal que conyugal, y otros que
nunca consumaron el matrimonio. Virginia enfermó de tuberculosis en
1842 y murió por esta causa cinco años más tarde cuando sólo
tenía 24 en la casa de campo de la pareja, situada en las afueras de
Nueva York. Años antes de contraer matrimonio, Virginia y
Edgar ya habían vivido ocasionalmente bajo un mismo techo, junto con
otros miembros de la familia. La pareja tuvo que mudarse con
frecuencia para adaptarse a los cambios de empleo del poeta. Vivieron
intermitentemente en Baltimore, Filadelfia y Nueva York. Pocos años
después de su boda, Poe se vio envuelto en un grave escándalo que
involucraba también a las poetisas Frances Osgood y Elizabeth Ellet. Los rumores
acerca de las supuestas infidelidades de su esposo afectaron a
Virginia hasta el punto de que, en su lecho de muerte, declarara que
la última mujer mencionada la había asesinado.

Tras su muerte, su
cuerpo fue finalmente ubicado bajo el mismo monumento funerario que
alberga los restos de su marido, en el cementerio Westminster de
Baltimore. Solo se ha comprobado la autenticidad de uno de sus
retratos, una acuarela pintada tras su muerte. La enfermedad y
posterior muerte de su esposa causaron una gran impresión a Edgar,
que quedó muy abatido y se refugió en la bebida. Se cree que el
trágico final de Virginia tuvo también una notable influencia en la
obra de Poe, en la cual es frecuente el motivo del fallecimiento de
una joven, como por ejemplo en los famosos poemas Annabel Lee y El
cuervo. Al nacer Virginia, se le puso el nombre de una de sus
hermanas que había fallecido diez días antes, siendo todavía una
niña. Su padre, William Clemm, era comerciante de artículos de
ferretería en Baltimore. Se había casado con Maria, la madre de
Virginia, en 1817, tras la muerte de su primera esposa, Harriet,
prima hermana de Maria. Tras su muerte, en 1826, dejó muy pocos
bienes a su mujer y sus hijos, y los parientes les negaron su ayuda,
porque anteriormente se habían opuesto al matrimonio. Para mantener
a su familia, Maria tuvo que ponerse a coser y aceptar huéspedes,
ayudada por la pensión de 240 dólares anuales que le había sido
concedida a su madre, Elizabeth Cairnes, que estaba paralizada y
postrada en cama. Edgar conoció a su prima Virginia en agosto de
1829, cuatro meses antes de ser licenciado del ejército. Ella tenía
por entonces siete años. En 1832, la familia, compuesta por
Elizabeth, Maria, Virginia, y el hermano de Virginia, Henry, logró,
gracias a la pensión de Elizabeth, alquilar una casa en Baltimore.
El hermano mayor de Edgar, William Poe, que había vivido antes con
la familia, había fallecido en 1831. Edgar se fue a vivir con ellos
en 1833 y enseguida se enamoró de una vecina llamada Mary Devereaux.
La joven Virginia hizo de mensajera entre los enamorados, y en una
ocasión tuvo que conseguir un mechón del cabello de Devereaux para
dárselo a Edgar. Elizabeth Cairnes Poe falleció en 1835, dejando a
la familia sin ingresos económicos, en una apurada situación
financiera. Henry falleció por entonces, hacia 1836, y Virginia
quedó como la única superviviente de los hijos de Maria Clemm. En
agosto de 1835, Edgar dejó Baltimore y se trasladó a Richmond,
donde había conseguido un empleo en el Southern Literary Messenger,
con la esperanza de ganar algún dinero que le permitiera ayudar a su
familia, sumida en la pobreza. Mientras Poe se encontraba fuera de
Baltimore, otro primo suyo, Neilson Poe, marido de la medio hermana
de Virginia, Josephine Clemm, supo que Edgar estaba considerando la
idea de contraer matrimonio con Virginia. Neilson se ofreció a
llevarla consigo y educarla, con el fin de evitar el matrimonio de la
joven a una edad tan temprana, aunque dejando abierta la posibilidad
de que la oferta de matrimonio pudiera ser más tarde reconsiderada.
Edgar llamó a Neilson, propietario de un periódico de Baltimore, su
“más implacable enemigo”, e interpretó las acciones de su primo
como un intento de romper su relación con Virginia.

El 29 de agosto
de 1835 Edgar escribió una emotiva carta a Maria, declarando que
“escribía cegado por las lágrimas” y suplicándole que
permitiese a Virginia decidir por sí misma. Sintiéndose respaldado
por su empleo en el Southern Literary Messenger, Poe se ofreció a
velar económicamente por Maria, Virginia y Henry, si se trasladaban
con él a Richmond. Los planes de matrimonio se confirmaron y Edgar
regresó a Baltimore para solicitar una licencia matrimonial el 22 de
septiembre de 1835. Es posible que, ya entonces, la pareja contrajese
discretamente matrimonio, pero los relatos al respecto no son claros.
La única ceremonia conocida tuvo lugar en Richmond, el 16 de mayo de
1836, cuando la unión de Edgar y Virginia fue sancionada por un
ministro presbiteriano, el reverendo Amasa Converse. Edgar tenía 27
años y Virginia 13, aunque se escribió que su edad era de 21. La
ceremonia tuvo lugar al atardecer en casa de una tal Mrs. James
Yarrington, propietaria de la casa de huéspedes en la que Edgar,
Virginia y la madre de Virginia, Maria Clemm, residían por entonces.
Yarrington ayudó a Maria Clemm a hornear el pastel y preparó la
cena de la boda. La pareja pasó después una corta luna de miel en
Peterburg. Ha habido un apasionado debate en torno a lo inusual de
este matrimonio, dadas la diferencia de edad y la relación de
consanguinidad existentes entre los esposos. Unos dicen que no se
trataba de algo particularmente infrecuente, como tampoco lo era el
que Poe llamase cariñosamente a su esposa “Sissy” o “Sis”
(del inglés “sister”, “hermana”). Otros, que aunque el
matrimonio entre primos no fuese infrecuente, sí lo era la extrema
juventud de la novia. Hasta existen quienes concluyen que la relación
de Virginia y Edgar fue más la de dos hermanos que la de dos
cónyuges. La cuestión es que todos coinciden en que Virginia y
Edgar formaron una pareja feliz y enamorada. Quien fuera en una
ocasión patrón de Poe, George Graham, escribió de su relación:
“Su amor por su esposa fue una especie de adoración extática al
espíritu de la belleza”. En una ocasión, Poe escribió a un
amigo: “A nadie entre los seres vivientes veo tan hermoso como a mi
mujercita”. En correspondencia, ella, según muchos relatos de la
época, estaba cerca de idolatrar a su esposo. A menudo se sentaba
cerca de él cuando escribía, mantenía en orden sus útiles de
escribir, y se ocupaba de sus manuscritos. Manifestó su amor por Poe
en un poema acróstico que escribió cuando tenía 23 años, fechado
el día de San Valentín de 1846:
“Ever
with thee I wish to roam
Dearest
my life is thine.
Give
me a cottage for my home
And
a rich old cypress vine,
Removed
from the world with its sin and care
And
the tattling of many tongues.
Love
alone shall guide us when we are there -
Love
shall heal my weakened lungs;
And
Oh, the tranquil hours we'll spend,
Never
wishing that others may see!
Perfect
ease we'll enjoy, without thinking to lend
Ourselves
to the world and its glee -
Ever
peaceful and blissful we'll be.”
(Deseo
vagar siempre contigo,/
queridísimo,
mi vida es tuya.
Dame
una cabaña por hogar
cubierta
de una espesa enredadera,
lejos
del mundo con sus pecados y sus preocupaciones
y
del cotilleo de muchas lenguas.
Sólo
el amor nos guiará cuando estemos allí,
el
amor curará mis débiles pulmones;
qué
tranquilas horas disfrutaremos
sin
cuidarnos de los demás,
en
perfecta calma gozaremos,
apartados
del mundo y sus reclamos.
Siempre
tranquilos y felices viviremos.)

El “cotilleo de muchas lenguas” («the tattling of many tongues»)
del poema de San Valentín escrito por Virginia, era una referencia a
hechos reales. En 1845, Poe había empezado un flirteo con Frances
Osgood, una poetisa casada de 34 años. Virginia sabía de esta
amistad, e incluso pudo haberla alentado. Invitó a menudo a Frances
a visitarles en casa, creyendo que la presencia de la mujer ejercía
un efecto positivo sobre Poe, que había hecho la promesa de
“renunciar al uso de estimulantes” y nunca aparecía borracho en
presencia de la poetisa. Al mismo tiempo, otra poetisa, Elizabeth
Ellet, se enamoró de Edgar y concibió celos de Frances. Aunque, en
una carta a Sarah Whitman, el escritor dijo que el amor de ella por
él era “repugnante” y escribió que “no podía hacer otra cosa
que rechazarlo con desdén”, publicó varios de los poemas de Ellet
en el Broadway Journal mientras fue el editor de esta publicación.
Ellet era conocida por ser arrojada y vengativa. Mientras se
encontraba de visita en casa del escritor, en enero de 1846, vio una
de las cartas privadas dirigidas por Frances a Poe. Según Ellet,
Virginia señaló algunos “párrafos aterradores” en la carta de
Osgood. Ellet se puso en contacto con Osgood y le sugirió que
tuviera cuidado con sus indiscreciones, y que le pidiera a Poe que le
devolviera sus cartas, movida por los celos o quizá por el deseo de
motivar un escándalo. Osgood, entonces, envió a Margaret Fuller y
Anne Botta a pedir a Poe, de parte suya, que devolviera las cartas.
Molesto por el entrometimiento, Poe las llamó “metomentodos” y
dijo que Ellet haría mejor en “cuidarse de sus propias
cartas”, sugiriendo que también podrían contener indiscreciones.
Recogió todas las cartas de Ellet y las dejó en casa de ella.
Aunque las cartas le habían sido ya devueltas a Ellet, ésta le
pidió a su hermano que se las reclamase en su nombre a Poe. El
hermano de Ellet, el coronel William Lummis, no creyó que Poe se las
hubiese entregado ya, y amenazó de muerte al escritor. Para
defenderse, Poe le pidió una pistola a Thomas English. English,
amigo de Poe, que, además de un escritor menor, era también un
experto médico y abogado, tampoco creyó que Poe hubiese devuelto
realmente las cartas e incluso cuestionó su existencia. El modo más
sencillo de salir del aprieto era, según dijo, “la retirada de los
cargos infundados”. Molesto por ser tildado de mentiroso, Poe
empujó a English a una pelea a puñetazos. Más adelante, Poe se
jactaría de haber salido triunfante en el combate, aunque English
opinaba de otro modo; en cualquier caso; la cara de Poe había
sufrido un feo corte por culpa de uno de los anillos de English.
Según Poe: “Le di a E. una paliza que recordará hasta el día de
su muerte”.

En cualquier caso, la pelea hizo que aumentaran los
rumores sobre el asunto Osgood. El marido de Osgood intervino y
amenazó con demandar a Ellet, a menos que ésta se disculpase por
sus insinuaciones. Ella se retractó de sus palabras en una carta
dirigida a Osgood, en la que decía: “La carta que me enseñó Mrs
Poe debe haber sido una falsificación” hecha por el propio
Poe. Echó toda la culpa a Poe, sugiriendo que el incidente se había
producido porque el escritor era “dado a la bebida, y proclive a
actos de locura”. Ellet difundió el rumor de la locura de Poe, que
fue retomado por otros enemigos del autor e incluso vio la luz en las
páginas de varios periódicos. El diario de St. Louis Reveille
informó: “Hay un rumor que circula por Nueva York, en el sentido
de que Mr. Edgar A. Poe, el poeta y autor, ha quedado trastornado, y
sus amigos van a ponerlo al cuidado del Dr. Brigham del 'Insane
Retreat' de Utica”. El escándalo solamente concluyó cuando
Frances Osgood se reconcilió con su marido. Virginia, sin embargo,
quedó muy afectada por todo el asunto. Había venido recibiendo
cartas anónimas sobre las supuestas indiscreciones de su marido ya
desde julio de 1845. Se cree que Ellet estaba detrás de estos
anónimos, que llegaron a alterar a Virginia hasta el punto de que en
su lecho de muerte declararía que Mrs. Ellet había sido su asesina.
Por aquel entonces, Virginia había desarrollado una tuberculosis,
que le fue descubierta a mediados de enero de 1842. Una tarde,
mientras cantaba y tocaba el piano, comenzó a echar sangre por la
boca, aunque su marido creyó que se trataba solo de la rotura de un
vaso sanguíneo. Su salud empeoró y se convirtió en una inválida,
lo que causó a Edgar una profunda depresión, especialmente cuando
de forma ocasional ella mostraba signos de mejoría. En una carta a
su amigo J. Ingram Poe describió su estado de ánimo de entonces:
“Cada vez yo sentía todas las agonías de su muerte, y en cada
avance de mi trastorno la amaba con más intensidad y me aferraba a
su vida con más desesperada pertinacia. Pero soy por constitución
sensible, nervioso en un grado muy poco frecuente. Me volví loco,
con largos intervalos de horrible cordura”. La enfermedad de
Virginia obligó sin duda a la familia Poe a trasladarse, con la
esperanza de encontrar un entorno más saludable para ella. Se
mudaron varias veces dentro de Filadelfia a comienzos de la década
de 1840, y su última residencia en la ciudad se conserva ahora como
el Edgar Allan Poe National Historic Site, en Spring Garden. En dicha
casa, Virginia llegó a encontrarse lo suficientemente bien como para
cuidar del jardín y agasajar a los visitantes tocando el arpa o el
piano y cantando. Posteriormente, en algún momento a comienzos de
abril de 1844, la familia se trasladó a Nueva York, viajando en tren
y barco de vapor. Virginia esperó a bordo del barco mientras su
marido buscaba alojamiento en una casa de huéspedes de Greenwich
Street. A comienzos de 1846, la amiga de la familia Elizabeth Smith
informaba que Virgina afirmaba: “Sé que moriré pronto; sé que no
me pondré bien; pero quiero ser tan feliz como sea posible, y hacer
feliz a Edgar” Prometió a su marido que después de su muerte se
convertiría en su ángel de la guarda. En mayo de 1846, la familia
(Poe, Virginia, y su madre, Maria) se mudó a una pequeña casa de
campo en Fordham, a unas catorce millas de la ciudad. En la que es la
única carta conservada de Poe a Virginia, fechada el 12 de junio de
1846, él la instaba a seguir siendo optimista: “Preserva a tu
corazón de la desesperanza, y confía todavía un poco más”. De
la reciente pérdida del Broadway
Journal, la única publicación de la que Poe fue propietario
en toda su vida, dijo, “Debería haberme desanimado, pero no lo
hago por ti, mi querida mujercita; tú eres ahora mi mayor y único
estímulo para enfrentarme a esta desagradable, insatisfactoria e
ingrata vida” Pero hacia noviembre de ese año, el estado de
Virginia era desesperado. Entre sus síntomas estaban un apetito
irregular, las mejillas sonrojadas, el pulso variable, sudores
nocturnos, fiebre alta, resfriados repentinos, falta de aliento,
dolores en el pecho, toses y esputos con sangre.

Tal era el estado de
salud de ambos esposos que Nathaniel Willis, amigo de Edgar e
influyente editor, publicó un anuncio el 30 de diciembre de 1846,
solicitando ayuda para la familia: “Lamentamos poner en su
conocimiento que el escritor Edgar Allan Poe y su esposa están ambos
peligrosamente enfermos de tuberculosis, y que la mano del infortunio
se cierne pesadamente sobre sus asuntos temporales. Lamentamos decir
que han quedado reducidos a una situación tal que apenas son capaces
de obtener lo necesario para vivir. Esto es, sin duda, verdaderamente
duro, y esperamos que los amigos y admiradores del señor Poe
acudirán prontamente en su ayuda en esta amarga hora de necesidad.”
Hay que insistir en la circunstancia de que Willis, que no había
mantenido contactos con Poe durante dos años y que desde entonces
había perdido a su propia esposa, fue uno de los principales apoyos
del poeta en esta época. Además envió al matrimonio un inspirado
libro navideño, El anillo de bodas;
o como hacer un hogar feliz. Otros periódicos recogieron la
historia, uno de los cuales dijo: “¡Gran Dios!, ¿es posible que
los aficionados a la literatura de la Unión dejen al pobre Poe morir
de inanición y lo arrojen a la mendicidad en Nueva York? Eso es lo
que nos han llevado a creer las frecuentes noticias en los periódicos
afirmando que Poe y su esposa están postrados en un lecho de
miseria, muerte y enfermedad, sin un céntimo”. El Saturday Evening
Post afirmaba que Virginia se hallaba en una situación sin
esperanzas, y que Poe estaba desamparado: “Se ha dicho que Edgar A.
Poe está postrado con fiebre cerebral, y que su esposa se encuentra
en las últimas etapas de la tuberculosis. Se encuentran sin dinero y
sin amigos”. Incluso el editor Hiram Fuller, a quien Poe había
demandado anteriormente por difamación, intentó en el New
York Mirror buscar ayuda para Poe y su esposa: “Nosotros,
con los que él peleó, tomaremos la delantera.” Según las
descripciones que de ella se conservan, Virginia tenía el cabello
oscuro y los ojos violeta, y la piel tan pálida que de ella se ha
dicho que era “blanco puro”, por lo que tenía un “mal cutis
que echaba a perder su belleza.” Otro visitante de Fordham
escribió: “Mrs. Poe lucía un aspecto muy juvenil; tenía grandes
ojos negros, y una blancura de perla en el cutis, de una perfecta
palidez. Su pálido rostro, sus brillantes ojos, y su pelo negro como
ala de cuervo le daban un aspecto ultraterreno.” Este aspecto
ultraterreno fue mencionado por otras personas, que sugirieron que su
apariencia no era del todo humana. William Gowans, que se alojó en
una ocasión en casa de la familia, describió a Virginia como una
mujer de “belleza y encanto sin igual, sus ojos podían rivalizar
con los de una hurí, y su rostro desafiaba a que lo imitase el genio
de todo un Canova.

Muchos testimonios contemporáneos, así como
biógrafos modernos, han destacado su apariencia infantil, incluso en
los últimos años de su vida. En su lecho de muerte, Virginia pidió
a su madre: “Cariño... ¿consolarás y cuidarás a mi pobre Eddy?
¿Nunca nunca le
abandonarás?” Su madre, de hecho, permaneció junto al escritor
hasta que este murió, en 1849, aunque no estuvo presente en su
fallecimiento. Cuando Virginia estaba agonizando, la familia recibió
numerosas visitas, entre ellas la de una antigua amiga llamada Mary
Starr. En cierto momento, Virginia puso la mano de Starr en la de Poe
y la exhortó a “ser una amiga para Eddy, y no abandonarle”.
Virginia fue atendida por Marie Louise Shew, de 25 años de edad.
Shew, que trabajaba como enfermera, poseía conocimientos médicos
gracias a su padre y a su marido, que eran también médicos. Ella
proporcionó a Virginia un edredón, ya que hasta el momento solo
tenía como manta la vieja capa militar de Poe, y también botellas
de vino, que la inválida bebía “sonriendo, incluso cuando le
resultaba difícil tragarlo”. Virginia mostró además a Poe una
carta de Louisa Patterson, segunda esposa del padrastro del escritor,
John Allan, que había conservado durante años y que daba a entender
que Patterson había causado deliberadamente la ruptura entre Allan y
Poe. El 29 de enero de 1847, Poe escribió a Marie Louise Shew: “Mi
pobre Virginia vive todavía, aunque marchitándose deprisa y
sufriendo mucho dolor”. Virginia murió al día siguiente, 30 de
enero, tras cinco años de enfermedad. Shew ayudó a organizar su
funeral, e incluso compró el ataúd. Aparecieron obituarios en
varios periódicos. El 1 de febrero, los neoyorquinos Daily
Tribune y Herald incluían
este sencillo obituario: “El sábado 30 del mes pasado, de
consunción pulmonar, en el 25º año de su vida, VIRGINIA ELIZA,
esposa de EDGAR A. POE”. El funeral tuvo lugar el 2 de febrero. Poe
rehusó ver el rostro de su esposa muerta, diciendo que prefería
recordarla viva. Aunque ahora se encuentra en el cementerio de
Westminster, en Baltimore, fue sepultada en primera instancia en una
cripta propiedad de la familia Valentine, dueña también de la casa
de campo en que residía la pareja. Sólo se conoce la existencia de
un retrato de Virginia, para el cual el artista debió utilizar su
cadáver como modelo. Pocas horas después de su muerte, Poe se dio
cuenta de que no tenía un solo retrato de su esposa y encargó que
se le hiciese uno en acuarela. Se la muestra llevando los “hermosos
linos” con los que Shew recuerda haberla vestido; Shew puede haber
sido la autora del retrato, aunque no se sabe con seguridad. La
imagen presenta a Virginia con una ligera papada y ojos color
avellana. El retrato pasó más tarde a la familia de la medio
hermana de Virginia, Josephine, esposa de Neilson Poe. En 1875, año
en el que el cadáver de su marido fue de nuevo sepultado, el
cementerio en el que yacía Virginia fue destruido, y sus restos casi
olvidados. Un temprano biógrafo de Poe, William Gill, reunió sus
huesos y los guardó en una caja que puso bajo su cama. La historia
de Gill apareció en el Boston Herald veintisiete años más tarde
del suceso: afirma que visitó el cementerio de Fordham en 1883,
exactamente en el mismo momento en que el sacristán Dennis Valentine
cogía con su pala los huesos de Virginia, listo para tirarlos por no
haber sido reclamados por nadie. El propio Poe había fallecido en
1849, así que Gill cogió los restos de Virginia y, tras ponerse de
acuerdo con Neilson Poe y John Prentiss Poe en Baltimore, se encargó
de bajar la caja a la sepultura del autor en un pequeño ataúd de
bronce, situándolo a la izquierda de Poe. Los restos de Virginia
yacieron finalmente junto a los de su marido, el 19 de junio de 1885,
septuagésimo sexto aniversario del nacimiento de Poe, y casi diez
años después de que fuese erigido el monumento funerario del
escritor. El mismo hombre que había oficiado como sacristán durante
el funeral original de Poe y sus posteriores exhumaciones e
inhumaciones, se encontraba también presente en los ritos funerarios
por los cuales el cadáver del escritor quedó reposando junto al de
Virginia y al de la madre de ésta, Maria Clemm.

La muerte de Virginia tuvo un significativo impacto en Poe. Tras su
muerte, el escritor quedó sumido en una profunda tristeza durante
varios meses. Un amigo dijo al respecto: “La pérdida de su esposa
fue un duro golpe para él. Tras su muerte, no parecía importarle
vivir una hora, un día, una semana o un año; ella era todo para
él”. Un año después de su muerte, Poe escribió a un amigo que
había experimentado el mayor mal que puede sufrir un hombre, cuando,
según sus palabras, “una esposa a la que amaba como ningún hombre
había amado antes”, había caído enferma. Mientras Virginia aún
luchaba por recuperarse, Poe regresó al alcohol después de un largo
período de abstinencia. Con qué frecuencia y en qué cantidad bebía
es un tema controvertido, que fue discutido ya en vida del autor y lo
es también hoy por sus modernos biógrafos. Poe se refirió a esta
reacción suya a la enfermedad de su mujer como a su propia
enfermedad, afirmando que encontró la cura para ella “en la muerte
de mi esposa. Esto puedo soportarlo, y así lo hago, como corresponde
a un hombre. Era la horrible e interminable oscilación entre la
esperanza y el desespero lo que no hubiera podido soportar por más
tiempo sin una total pérdida de la razón”. Poe visitaba
regularmente la tumba de Virginia. Cuando su amigo Chauncey Burr
escribió: “Muchas veces, tras la muerte de su amada esposa, fue
visto en una medianoche de invierno, sentado junto a su tumba, casi
helado en la nieve”. Poco después de la muerte de Virginia, Poe
cortejó a otras mujeres, como Nancy Richmond, Sarah Whitman y su
amada de la niñez, Sara Royster. A pesar de eso, Frances Osgood, que
también fue cortejada por Poe, creía “que Virginia fue la única
mujer a la que él alguna vez amó”. Relacionado con todo esto (su
matrimonio, el cortejo a varias mujeres, etcétera, conviene apuntar
que según algunos que conocían bien a Edgar Poe, éste era
impotente y debido a lo cual, tal vez inconscientemente, escogió por
esposa a una niña de trece años, con la cual le era imposible
mantener relaciones maritales normales. Otros también afirman que,
aunque no existen evidencias de ello, sí que, a causa de los
escrúpulos de Poe, su casamiento con Virginia no resultó
satisfactorio, circunstancia que jugó un “extraño papel” en la
obra del poeta. Relacionado con este punto, Baudelaire, un ferviente
conocedor de la obra de Poe apreció en ella el hecho de que no hay
un solo pasaje que se refiera a la lujuria o a los goces sensuales.
De ahí que otros estudiosos de la vida y obra del autor de El Cuervo
hayan subrayado que Poe fue para su mujer, Virginia, a la vez esposo,
hijo y hermano, que buscó siempre en las personas de su entorno
consuelo maternal, y que su esposa hizo más bien para él de hermana
menor.
