martes, 14 de marzo de 2017

EN EL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE JOSÉ ZORRILLA



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Como este año se cumple el bicentenario del nacimiento del poeta y dramaturgo vallisoletano José Zorrilla y siempre lo he admirado mucho, quiero dedicar una página a ensalzar su vida y su obra, así como su contribución a hacer del Romanticismo español un movimiento literario muy conocido, respetado y admirado dentro y fuera de nuestro país. Según queda anunciado, Zorrilla nació en Valladolid en 1817. Estudió leyes en Toledo y en su ciudad natal. Trasladado a Madrid, abandonó su carrera de derecho y se dio a conocer como poeta en 1837, al declamar ante la tumba de Larra, que acababa de suicidarse, unos versos dedicados a la vida y a la muerte que comienzan:
“Ese vago clamor que rasga el viento
es la voz funeral de una campana,
vano remedo del postrer lamento
de un cadáver sombrío y macilento
que en sucio polvo dormirá mañana.
Acabó su misión sobre la tierra,
y dejó su existencia carcomida,
como una virgen al placer perdida
cuelga el profano velo en el altar.
 Miró en el tiempo el porvenir vacío,
 vacío ya de ensueños y de gloria,
 y se entregó a ese sueño sin memoria,
¡que nos lleva a otro mundo a despertar!”

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Además de dedicarse al periodismo, fue poeta y un excelente dramaturgo. Como cultivador de poesía lírica, destacó en Poesías, Cantos del trovador o Flores perdidas. He aquí un ejemplo, entresacado de su poema Corriendo van por la vega:
Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.
Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
 le dijo éste a una mujer
que entre sus brazos lloraba:
“Enjuga el llanto, cristiana,
no me atormentes así,
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.
Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores,
y en la vega del Genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza.”

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También escribió leyendas en verso como Margarita la tornera, El capitán Montoya o A buen juez mejor testigo. De esta última copiamos la Conclusión tras oír todos el testimonio del Cristo de la Vega de que Diego Martínez había prometido a Inés de Vargas casarse con ella a la vuelta de la guerra delante de la imagen sagrada:
“Las vanidades del mundo
renunció allí mismo Inés,
y espantado de sí propio
Diego Martínez también.
Los escribanos, temblando,
dieron de esta escena fe,
firmando como testigos
cuantos hubieron poder.
Fundóse un aniversario
y una capilla con él,
y don Pedro de Alarcón
el altar ordenó hacer,
donde hasta el tiempo que corre,
y en cada año una vez,
con la mano desclavada
el crucifijo se ve.”
 
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Como autor de teatro, le debemos obras inmortales como El puñal del godo, El zapatero y el rey o Don Juan Tenorio, pieza dramática que se solía representar en la televisión española durante la festividad de Todos los Santos y en que se han inspirado escritores, cineastas, músicos y artistas de todo el mundo. Sólo en el cine español, junto al Quijote de Cervantes, es la obra que más se ha rodado y estrenado. Y respecto al resto de los campos antedichos, encontramos sin hacer demasiado extensa la lista, en la música Don Giovanni de Mozart, en literatura Don Juan ou le festin de pierre, de Moliere, Don Juan, de Lord Byron, Don Quijote, Don Juan y la Celestina, de R. de Maeztu, y en la pintura han tratado el tema de Don Juan, los artistas españoles Dalí y Picasso, entre otros. He aquí unos versos del drama de Zorrilla sacados de la escena XII en que Don Juan relata a Don Luis sus hazañas amorosas ante otros caballeros entre los que se encuentran, también con sus disfraces correspondientes, Don Diego y  Don Gonzalo:
“Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.
Ni reconocí sagrado,
ni hubo ocasión ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.
A esto don Juan se arrojó,
y escrito en este papel
está cuanto consiguió:
y lo que él aquí escribió,
mantenido está por él.”
Viajó a Francia, donde conoció entre otros a Dumas, Gautier o Muset, y a México donde el emperador Maximiliano lo nombró director del Teatro Nacional. De regreso a España volvió a casarse e ingresó en la Real Academia de la Lengua. Murió en Madrid en 1893.

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