jueves, 8 de mayo de 2014

DICCIONARIO PERSONAL DE ZAMORA Águedas, Ajo, Alba y Aliste, Alcañices



ÁGUEDAS, Las
Una vez al año, por febrero, las mujeres zamoranas asumen el gobierno del mundo en medio de la fiesta, corros, cantos y bailes, donde son las protagonistas.
Se encomiendan a Santa Águeda, la mártir de los senos cortados, con misas y oraciones, y la Santa las viste con los trajes regionales que duermen todo el año en el baúl con alcanfor para que los luzcan con orgullo en su fiesta y, sobre todo, les da alas para volar más altas que ninguna otra criatura del Señor, incluidas las cigüeñas, que ya por estas fechas de febrero adornan blanquinegras el cielo azul de Zamora.
Claudio Rodríguez, nuestro máximo poeta, dijo en El baile de las Águedas:
“Óyeme tú, que ahora
pasas al lado mío y un momento,
sin darte cuenta, miras a lo alto
y a tu corazón baja
el baile eterno de Águedas del mundo,
óyeme tú, que sabes
que se acaba la fiesta y no la puedes
guardar en casa como un limpio apero,
y se te va, y ya nunca…,
tú, que pisas la tierra
y aprietas tu pareja, y bailas, bailas.”




AJO zamorano
Al arte culinario de Zamora le faltaría uno de sus duendes principales si no contara en sus platos más conocidos con un diente de ajo, el ajo que en la Feria de San Pedro luce en soberbias ristras al lado de otros frutos de la tierra, cerámica y aperos de labranza. Ahí están el ajo arriero tan presente en la merluza o en el imprescindible y omnipresente bacalao, las suculentas sopas de ajo que los portadores de los pasos de la madrugada del Viernes Santo consumen en el Alto de las Tres Cruces para reponer fuerzas, o el ajo sin más que acompaña a tantos guisos zamoranos.
El dramaturgo Ricardo de la Vega dijo:
“Siete virtudes
tienen las sopas
quitan el hambre,
y dan sed poca.
Hacen dormir
y digerir.
Nunca enfadan
y siempre agradan.
Y crían la cara
colorada.”





ALBA y Aliste, Palacio de los Condes de
En mi infancia era el Hospicio y muchas veces motivo para poner a prueba mis habilidades de futbolista, pues de camino del Puente que me llevaba a mi barrio, tuve que devolver en más de una ocasión la pelota de los hospicianos que en un lance del juego había ido a parar a la Cuesta de Alfonso XII, por donde yo bajaba en ese momento. Una pelota que, por otra parte, dejaba en evidencia los paupérrimos años de la posguerra, pues la mayoría de las veces estaba construida de trapos, remiendos y gomas de neumático de coche, para botar más.
Ahora el antiguo Palacio de los Condes de Alba y Aliste ha recuperado su origen, aun superándolo con creces ya que se ha convertido en Parador Nacional. Situado estratégicamente en el mismo centro histórico de la ciudad, frente al Hospital de la Encarnación y vecino del monumento a Viriato, tiene la suerte de ser testigo de las principales procesiones de la Semana Santa zamorana, especialmente la del Yacente, de la noche del Jueves Santo en que los cofrades, vestidos con hábito de estameña blanca, entonan delante del Palacio su solemne Miserere.

ALCAÑICES
Es la capital de la emblemática comarca de Aliste, situada al noroeste de la provincia y haciendo frontera con Portugal. En tiempos medievales fue dominada por los Templarios, aquellos hombres mitad monjes mitad guerreros que defendían hasta morir los Santos Lugares. Aún quedan reliquias de la Orden del Temple en la comarca y, concretamente, en Alcañices aún puede verse la Torre del Reloj de su castillo templario.  otro pueblo de entrañable recuerdo para mí, Fornillos de Aliste, donde de pequeño viví momentos muy felices junto a mis vecinos Eulalia y Julio, maestros de profesión y hospitalarios de corazón, si bien el recuerdo más poderoso fue el de la visita que me hizo mi padre durante una ruta en bicicleta por los embalses. También hay que recordar a Bercianos de Aliste por su Cristo articulado que durante el Viernes Santo los vecinos del lugar se acercan a la iglesia donde está crucificado para, una vez desclavarlo de la cruz, llevarlo a enterrar al campo.

Luis Cortés dijo en su obra Mi libro de Zamora:
“Señalemos que bien anteriormente los Templarios fueron señores de Alcañices como aún señalaremos que posteriores señores de esta villa lograron hacerla cabeza de un marquesado que ha dejado su nombre en nuestra historia. ¡Tiempos mejores serían sin duda aquellos en que por Aliste había aún bosques con venados o en que los Templarios encontraban algo a su conveniencia en tales pagos de carrapitos y jarales.”

Y en otro lugar del mismo libro:
“Vamos a asistir al alucinante entierro de Cristo, en la tarde del Viernes, entre fantasmales cofrades de blancas vestiduras, que no otra cosa son que los sudarios con que entregarán su cuerpo a la tierra áspera y dura, que han arañado a diario durante su peregrinar humano, para extraer de ella su humilde yantar. Permitidme desertar por una vez la conmemoración ciudadana para vivir el Viernes Santo aldeano de Bercianos de Aliste, nombre oficial de lo que vecinos y aledaños llaman Bercianos del Camino o la Ribera, allí donde casi terminan Zamora y España, hacia la banda portuguesa de poniente.”

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