I
Sólo los niños saben dar manojos
de flores verdaderas,
esencias de alegría este Domingo
de Ramos contra ramos.
Navegan los presagios con las nubes
viajeras de este abril que ya no sabe
si la lluvia le espera o si una sombra
antigua de leyenda lo señala
como un mes para muerte y para luto.
II
De nuevo soñaré con aquel río
en cuyas aguas las luces de los pasos
se miran temblorosas.
De nuevo soñaré con la Esperanza
brillando en las estrellas de su túnica.
Y Judas, mientras tanto,
negará la enseñanza recibida,
tramitará el delito entre las sombras
amargas de su propia cobardía
y firmará el descenso hacia su abismo.
III
Semana Santa, abril encadenado
al luto de por vida.
Mañanas, tardes, noches, madrugadas
holladas por tambores.
Hábitos, cruces, andas
para Cristos agónicos.
Semana Santa, ritos ancestrales,corazones nevados por la pena
prolongada de abril.
¿Hasta cuándo llevaré su recuerdo
como una cruz clavada en tu memoria?
IV
Y Él seguirá salvando,
escribiendo en la tierra,
manzanas pecadoras.
Abrirá la visión en ojos muertos
nacidos en la sombra,
antes de que sus manos,
hechas para la cura y la caricia,
se ofrezcan a las sogas del verdugo,
antes de que otros labios,
nublados de traición, manchen su rostro.
V
En alas del recuerdo que me asedia
me llega aquel silencio repetido
abierto en las heridas perpetuadas
en Cristos de mi tierra.
Aún siento en la penumbra de las plazas
quemarse los pabilos de las velas.
Nunca está la nostalgia tan presente
como el dolor de mi Semana Santa.
VI
Santo cordero ahora
es quien fue un huracán bajo la bóveda
del templo cuando el látigo
usó contra el impío mercader.
Nadie guarda su vida.
Apóstoles serán, pero ahora duermen,
simulan no ver nada.
Serán los que difundan por el mundo
sus lecciones de paz.
Pero ahora prefieren dar la espalda
al peligro que acecha a su Maestro.
Sólo tiembla la luna en los olivos
al entrever las sogas de la muerte.
VII
El Viernes caminábamos deprisa
con frío matutino en las entrañas,
mirando el oro nuevo de otro albor.
Allá, por las Tres Cruces, desfilaban
-niebla triste nimbando la madera
augusta de las tallas- los hermanos
sonando su clarín y su tambor
-el Merlú que llevamos en el alma-.
Trazaba allí la cruz
nítidamente su señal en todas
las frentes zamoranas.
Temblaba en la mañana la Verónica
-al aire el paño con la faz sagrada-.
VIII
Sólo damas de negro,
en fila silenciosa,
llorosas acompañan
la Soledad más sola.
Es una noche fría
abierta a tristes luces.
Sábado Santo: invierno
prolongado en abril.
Navaja de crespón
rajando la esperanza.




