A medida que se acerca la Semana Santa al calendario, a mí me asalta la emoción de recordar algunos detalles relacionados la mayor parte con la Semana Mayor, habida cuenta de que si Dios quiere pronto haré uno de mis retornos a la ciudad del alma. Y lo haré en varias instantáneas.
La primera no puede ser otra que la Plazuela de Belén, donde
estuvo la casa en que nací (aún siguen sus cimientos vivos
sosteniendo lo que ahora es un hostal). Mi casa, los tres balcones
(desde el balcón central, a cuya luz se sentaba mi madre a coser)
veíamos la ciudad estirarse de un extremo a otro muy por encima del
Puente de Piedra: la Catedral (el esbelto cimborrio de escamas de
piedra y la torre del Salvador con su enigmática disposición de
ventanas y campanas en sus cuatro cuerpos: tres, dos, una, ninguna),
la Casa del Cid (su torre rosada, sus almenas mirando al río, su
puerta ferrada mirando siempre a la cuesta del Obispo...), la muralla
extendida de izquierda a derecha, los campanarios, las iglesias de
San Ildefonso y San Cipriano (románicas de pro). Y el Puente de
Piedra.

Segunda instantánea. Vamos por la calzada del Puente de Piedra, vigilada por
la barandilla de barrotes de hierro rematados en chirimbolos y por
pequeños muros de cemento construidos estratégicamente para mayor
seguridad de los peatones. El río Duero fluyendo bajo los arcos del Puente de
derecha a izquierda, camino de Oporto. Islas, azudas, aceñas. Los
ojos, los cortamares, el agua golpeando siempre en ellos y siguiendo su marcha a la vez para cumplir su destino. Caminamos hacia la
salida del Puente, cordón umbilical que une el barrio a la ciudad. A
la izquierda la carretera de Vigo, Olivares (antes, ya ciudad, la
cuesta de Pizarro que lleva a San Ildefonso). A la derecha, orillando
el Duero, la avenida del Mengue (mi padre me contaba tradiciones y
leyendas del Mengue o Diablo que he narrado en otros sitio). Calle del Puente, dirección Plaza de
Santa Lucía, ya Barrios Bajos de la ciudad (calles de oficios y
gremios (Baños, Zapatería, Plata, Alfamareros, Manteca...). Y Plaza
de Santa Lucía.
La tercera instantánea nace en la mencionada Plaza de Santa Lucía. A la izquierda, el Palacio de Puñonrostro o
el Cordón (rejas, puerta de medio punto, cordón, gárgolas...),
arquitectura señorial civil del siglo XVI con chambrana
(cordón franciscano) tallada sobre la piedra y en la que se
resguardan el escudo de armas de los Puñonrostro. Hoy es el Museo de
Zamora (el que yo conocí estaba en la calle de Santa Clara).
Haciendo ángulo recto con el Palacio, la iglesia que da nombre a la
Plaza (los ojos de la santa que íbamos a besar toda la familia el 13
de diciembre, la espadaña con el nido de cigüeña y el típico
crotoreo de la esbelta ave...) Adiós a otra iglesia, que hoy es
almacén visitable del mismo museo. El principio de la cuesta de
Alfonso XII e iniciada ésta, el arranque de la costanilla de San
Cipriano. Las dejamos para otra instantánea y regresamos a la
embocadura de la calle Zapatería (recuerdo del “Jerusalem,
Jerusalem” que en la Plaza se canta ante el Cristo de la Buena
Muerte el Lunes Santo por la noche muy de noche).

Cuarta instantánea. Calle de la Zapatería (recuerdo del poeta
Claudio Rodríguez, a quien le gustaba venir por estos lugares de
cantina y vino moro, gentes buenas y sencillas que se bañaban en el
río y a veces encontraban la muerte en él; “siempre la claridad
viene del cielo”, “hoy el primer surco será mi cuerpo.”),
Calle de la Plata (por aquí pasaba la Vía de la Plata, Al-Balat,
calzada romana que cruzaba la Península Ibérica por el oeste de sur
a norte). Iglesia románica de Santa María de la Horta (torre
cuadrada, muros con contrafuertes, ventanas ciegas, hornacinas
apuntadas, puerta con arquivoltas, ábside...). Perteneció durante
siglos, junto con el convento que en el siglo XIV se construyó anexo
a ella, a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. En el
templo se guarda el Cristo de la Agonía o de la Expiación, anónimo
de la segunda mitad del siglo XVII, que desfila el Martes Santo por
la noche en la Hermandad Penitencial de las Siete Palabras. Una alta
chimenea de la primera fábrica de electricidad de la ciudad (después
convertida en fábrica de alcohol) parece estar clavándole una
gigantesca cruz sin brazos. En los alrededores calles con nombres de
profesiones: Alfamareros, Caldereros... Vamos hacia la cuesta del
Piñero. (Nos esperan, entre otros, el Seminario y la iglesia de San
Andrés.)

Quinta instantánea. Por la cuesta del Piñero (El Piñero hace
referencia a una población de la provincia de Zamora que limita al
norte con Gema y Sanzoles, al sur con Fientespreadas y San Miguel de
la Ribera, al este con Venialbo y al oeste con Jambrina. El nombre
del pueblo alude a la existencia antigua de pinos en la zona y su
fundación se remonta a la Edad Media dentro del proceso repoblador
emprendido por los reyes de León en su avance reconquistador contra
los árabes.) Por la cuesta del Piñero llegamos al antiguo
Seminario, edificio construido en el siglo XVIII para cumplir una
misión pedagógica y religiosa ejercida en principio por la Compañía
de Jesús. El artístico inmueble forma ángulo recto con la iglesia
de San Andrés, templo de origen románico (en el siglo XII existía
un templo con el mismo nombre que fue reedificado entre 1550 y 1570
por cuenta de las indicaciones del testamento de Antonio Sotelo
Cisneros, capitán de Hernán Cortés en la conquista de México, por
lo que en el interior de la iglesia actual se aprecian detalles
góticos. Y sobre todo cuenta con el sepulcro del propio Antonio de
Sotelo, con la estatua orante del difunto en alabastro, obra de
Pompeyo Leoni en los últimos años del siglo XVI. En la capilla de
San Nicolás de Tolentino se venera la Virgen de la Saleta, obra de
Ramón Álvarez, desde el año 2014. Y también se expone al culto La
Dolorosa de Ricardo Segundo, que procesiona con la Cofradía de la
Vera Cruz en la tarde del Jueves Santo. Del exterior se conservan
parte de la fachada norte y la torre mocha románicas. Tras observar
estos regalos escultóricos, salimos de nuevo a la calle de San
Andrés, desde la cual podríamos caminar, a nuestra la izquierda,
hasta la playa Mayor. Sin embargo, lo haremos a mano derecha, hacia
el Mercado de Abastos y la calle de Santa Clara, donde nos esperan
sorpresas arquitectónicas notables.

Sexta instantánea. Por San Andrés llegamos a la plaza donde se
levanta el magnífico edificio modernista del Mercado de Abastos,
construido en 1902 bajo el diseño del arquitecto benaventano Segundo
Viloria, construcción elegante donde destacan sus enormes ventanales
y altas bóvedas. Son muchos los recuerdos que tengo de experiencias
vividas allí durante mi infancia y adolescencia, cuando mi madre me
llevaba a la consulta del médico de cabecera y luego premiaba mi
buen comportamiento con un bollo suizo que devoraba mientras ella
hacía la compra en el interior del mercado y luego me dejaba ver el
espectáculo variopinto que tenía lugar en el exterior de la plaza,
compuesto por ciegos cantadores de crímenes ocurridos en la
provincia, adivinadores y charlatanes que vendían todo tipo de
artículos, desde pomadas de serpiente que curaban todo tipo de
enfermedades hasta plumas estilográficas que clavaban en troncos
para probar que eran irrompibles y duraban toda la vida.

Por la
plaza de Mercado de Abastos se pasa a la de la Gobernación y de allí
a la calle de Santa Clara, donde nos espera una vista general de la
iglesia de Santiago del Burgo, en la cual destacan, de izquierda a
derecha, la torre cuadrangular, lisa hasta que alcanza los vanos
campaneros (se supone que las ventanas perdieron el arco de medio
punto antes del siglo XIX y que la mocha torre acababa en un agudo
remate piramidal a cuatro aguas); varios contrafuertes, ventanas
franqueadas por columnitas, la hermosa y mágica puerta principal con
sus arquivoltas y el capitel colgado (no necesita columna), la
lágrima de piedra que cantó nuestro poeta Claudio Rodríguez... Y
sólo falta el murete frontal poblado de ancianos que toman el sol.
Santiago del Burgo es el templo románico por excelencia que, del
siglo XII (construida durante el reinado de Fernando I), como la
Catedral, mantiene la estructura de tres naves de cabecera tripartita
y sin crucero. La nave central, de gran altura, esta cubierta con
bóveda de cañón y las dos laterales con bóveda de arista,
separándose entre ellas mediante arcos de medio punto que descansan
en seis pilares a los que se adosan semicolumnas. Los capiteles
existentes son fundamentalmente de tipología vegetal, aunque algunos
son historiados como la lucha de David con una honda, Sansón y el
león, aves y dragones picoteando racimos de uvas y diferentes
caballeros. Por último, su cabecera es copia exacta de la iglesia de
San Esteban, que se encuentra en la plaza del mismo nombre entre los
barrios de San Torcuato y La lana.

Séptima instantánea. Puestos ya en la calle de Santa Clara, sin
duda la arteria más animada y humana en todos los sentidos de la
ciudad del alma, volvemos hacia el centro y a los pocos pasos
llegamos a la plaza del Casino (llamada actualmente Plaza de
Zorrilla), que nos regala con nuevas sorpresas arquitectónicas y
escultóricas de peso: en primer lugar el propio Casino, llamado
también El Círculo de Zamora, que es uno de los edificios de estilo
modernista (su espléndida fachada muestra los rasgos propios de la
arquitectura modernista, mosaicos, balaustres, ventanas ordenadas en
arco...) más importantes de la ciudad, construido en 1905 por Miguel
Mathet Coloma. Frente al Casino e levantado en la calle de San
Torcuato, se halla el Palacio de los Momos (ejemplo de arquitectura
civil de los pocos que podemos encontrar en España con decoración
de estilo gótico isabelino del que solo se conserva la fachada, en
la que destacan las puertas adoveladas, los arcos conopiales, las
ventanas del piso más alto formadas por dos arcos de medio punto y
adornadas con seres mitológicos y motivos florales y los escudos).
Su origen se remonta a finales del siglo XV y principios del XVI y
fue conocido como Casa de los Sanabria. Hoy aloja la Audiencia
Provincial de Zamora.

Finalmente, en el centro del jardín de la
plaza se erige el grupo escultórico de bronce de Baltasar Lobo La
Maternidad (Mère et enfant au l’air), de 1947 y que el escultor
zamorano, inspirado por una escena que vio mientras veraneaba en el
pueblo de La Ciotat, cerca de Marsella (una madre jugaba con su
pequeño en la arena de la playa entre risas y gestos cariñosos)
donó a la ciudad en 1984. La madre alzando al hijo con sus manos
adorna la fuente que parece reír incesantemente ante el júbilo
maternal representado por el bronce.
Octava instantánea. Por la acera del Palacio nos encaminamos hacia
la Plaza Mayor, donde nos aguardan con los brazos abiertos nuevos
tesoros arquitectónicos y escultóricos. Nada más entrar en la
Plaza, a la izquierda se levanta, haciendo esquina con la cuesta de
Balborraz, el Ayuntamiento Viejo. Antes de hablar del Ayuntamiento
Viejo, debemos detenernos en la calle Balborraz (del árabe "bab
al ras" que se traduce como “puerta de la cabeza”, llamada
así porque en su dintel existía la cabeza esculpida de
Ahmed-ben-Moavia. una bajada muy acentuada hacia los Barrios Bajos y
el Duero, en una de cuyas casas instaló su taller el imaginero
zamorano Ramón Álvarez, autor de muchas de las esculturas que
procesionan en Semana Santa. Desde el siglo X es una calle de
artesanos que enlazaba la judería vieja con el casco antiguo de
Zamora, donde vivían los artesanos más típicos: alfamareros,
caldereros, carpilleros, herreros, laneros, lateros... Finalmente,
conviene añadir que en esta calle se encuentran dos casas de estilo
modernista obra del entonces arquitecto municipal Francesc Ferriol
Carreras, cuyos rasgos principales son: la verticalidad, la
ornamentación profusa y minuciosa, los motivos florales y vegetales
y la utilización de las líneas curvas (esas dos casas son: la casa
de Mariano López fundada en 1908 y la casa de Faustina Leirado
fundada en 1910.

Volvemos a la Plaza Mayor, al Ayuntamiento Viejo,
un edificio
porticado de
los más antiguos de la Plaza junto con la iglesia de San
Juan. Tuvo funciones de Ayuntamiento hasta 1950, justo cuando comenzó
a funcionar el nuevo edificio, ubicado justo enfrente, al otro
extremo de la Plaza. El Ayuntamiento Viejose realizó a comienzos del
siglo XVII y es de estilo plateresco (entre sus cambios más
significativos está la eliminación de dos de sus torres, y de la
restauración del edificio en 1977). En la actualidad alberga las
dependencias de la Policía Municipal. En la esquina derecha se abre
la Calle de los Herreros, la del viacrucis del vino y de las tapas de
mi juventud.