viernes, 26 de mayo de 2017

VIAJE A ITALIA 2017 (I)



PRIMER DÍA. 
Mañana
A poco más de las ocho y media de este viernes especial, 19, ya hemos despertado a medio mundo, tras ver amanecer en el piso del ensanche. Lo digo porque sobre un mar de nubes estamos volando los Tres hacia Bolonia (¿o debía decir Volonia? Jajajá).

 

Ya pasan de las tres y media de la tarde. Primera siesta en Bolonia y primera comida en nuestro apartamento de Cadutti di Cefalonia, en el mismo corazón artístico de la ciudad docta, grossa y rossa. Desde el apartamento podemos ver importantes siluetas artísticas de la ciudad, entre ellas la emblemática Torre Asinelli. Se trata de un acogedor apartamento con código personal de acceso que se halla en un palacio del siglo XIII en una de cuyas esquinas se levanta otra de las monumentales torres de defensa. A la hora mencionada ya llevamos en la retina gran parte del centro histórico (no en balde nos encontramos a unos pasos de la Piazza Maggiore y de la Fuente de Neptuno, ahora cubierta por obras de restauración). Entre lo más significativo que hemos visto hasta ahora se halla la basílica gótica de San Petronio, que no fue más allá en sus colosales dimensiones por disposición del Papa de entonces que no quería que ningún otro templo superase a San Pedro de Roma y se quedó como se quedó, y a medio vestir la fachada de mármol, para mayor vergüenza de su desnudez; menos mal que ya en las puertas puede admirarse la mejor escultura de aquel tiempo (Quercia, Lombardi…), y en cuanto a su magnífico interior, cuenta con un coro del Quattrocento, dos órganos monumentales, el ciborio del altar mayor construido por Vignola y otras bellezas artísticas como los frescos de las paredes pintados por Módena, el mejor para mí el del Juicio Universal, o la Meridiana de Cassini, la más larga del mundo; como curiosidad literaria, el poeta Carducci dedicó a la basílica el poema titulado En la plaza de San Petronio:
“Surge nel chiaro inverno la fósca turrita Bologna,
 /e il colle sopra bianco di neve ride.
/È l’ora soave che il sol morituro saluta /
le torri e ’l tempio, divo Petronio, tuo; /
le torri i cui merli tant’ala di secolo lambe, /
e del solenne tempio la solitaria cima. /
Il cielo in freddo fulgore adamàntino brilla; /
e l’aër come velo d’argento giace /
su ’l fòro, lieve sfumando a torno le moli/
che levò cupe il braccio clipeato de gli avi. /
Su gli alti fastigi s’indugia il sole guardando /
con un sorriso languido di vïola, /
che ne la bigia pietra nel fósco vermiglio mattone /
par che risvegli l’anima de i secoli, /
e un desio mesto pe ’l rigido aëre sveglia /
di rossi maggi, di calde aulenti sere, /
quando le donne gentili danzavano in piazza
e co’ i re vinti i consoli tornavano. /
Tale la musa ride fuggente al verso in cui trema /
un desiderio vano de la bellezza antica.”

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Tarde
Tras la siesta, de nuevo en la calle, siguiendo la ruta que nos marca el familiar cicerone. Por Via Zamboni nos dirigimos a la zona universitaria, y sobre las cinco y media de la tarde estamos sentados en la plaza de Verdi, junto a la ópera, en una terraza de un bar plagado de estudiantes que charlan, beben y fuman sin parar. Probamos los famosos “spritzs”, refrescos con alcohol que recuerda la ocupación austriaca; esta parte histórica no nos interesa para nada en este presente feliz y turístico, artístico y mundial que estamos viviendo en Bolonia; sólo el espíritu juvenil que ha vuelto de repente a nuestras vidas. Mientras bebemos y charlamos (el fumar ya no es tan importante), escuchamos el cántico de las campanas de S. Giacomo Maggiore, que está aquí, cerca de nosotros y que yo apunto en mi libreta de acuarela para inmortalizar un poquito este momento. Poco antes visitábamos por supuesto esta basílica románico-gótica, mucho más pequeña que San Petronio, pero muy interesante (allí descubrimos un extraordinario grupo escultórico de Alfonso Lombardi en la tumba del jurisconsulto Malavolta, en la girola del templo. Acabado el placentero rato del rosado “Spritz”, nos metemos por las calles silenciosas ahora cercanas a la Via de San Vitale, adonde vamos buscando una heladería artesanal para degustar  tan emblemático producto de la tierra. Por San Vitale accedemos a la plaza de las Dos Torres (la vuelta ha sido casi completa) y cerramos el círculo del paseo al pie de los versos que Dante dedicó a la torre Garisenda, la mocha, la torcida, la que se cae de vergüenza ante la esbeltez y valentía de su hermana la Asinelli, versos del Infierno de su Divina Comedia:
“Qual pare a riguardar la Carisenda / sotto ‘l chinato, quando un nuvol vada / sovr’essa sì ched ella incontro penda; / tal parve Anteo a me che stava a bada / di vederlo chinare, e fu tal ora / ch’ i’ avrei voluto ir per altra Strada.”


SEGUNDO DÍA
Mañana
El primer día en Bolonia se nos ha ido como un vuelo de vencejo, como el sabor inconfundible del “spritz”. Y el segundo día, sábado 20, me despierta a las 7 y media de la mañana una franja de luz que entra por las cortinas de la ventana de nuestro dormitorio. Ardiendo de ilusión me levanto y abro la ventana a los tejados y al fornido volumen cuadrado de la torre del palacio donde está el apartamento. Entre unos y otra descubro un cielo azul purísimo poblado de vencejos que chillan y vuelan sin parar dando  la bienvenida al día. Y en cuanto a mí, aunque no he pasado buena noche, pensando en la ruta que nos espera hoy, nuevas emociones, otras calles, otros monumentos, lo vivo todo con buen espíritu. Y en espera de que se haga el desayuno, me asomo al resto de las ventanas del apartamento para saludar las partes más altas del palacio Podestá, del Ronzani, el trozo descarnado de San Petronio y la torre Asinelli, que aquí en Bolonia es como la Torre Eiffel en París.

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Puestos en camino, entramos en la calle de la Independencia, pórticos a un lado y a otro (lo de los pórticos, la terracota, los embutidos, las torres y los “spritzs” ya son un clásico para mí en Bolonia, sin olvidar el románico, el gótico y el renacentista, que en sí mismos formarían un volumen infinito). En los soportales de la derecha encontramos enseguida la catedral de San Pietro. No pararía de visitar este hermoso templo, fachada barroca con pilastras corintias, cuyo interior, una nave única con capillas laterales que disponen de deambulatorio, encierra un tesoro de bellísimas sorpresas, la principal de ellas para mí la constituye el grupo escultórico en terracota de Lombardi Cristo muerto con las Marías que lloran, en el que destacan las figuras de Cristo yacente tendido en primer término sobre un lecho y las tres mujeres que lamentan la muerte de Jesús (el realismo de estas cuatro figuras y el resto impresiona vivamente a quien nada más entrar en el templo repara en el grupo, situado ya en la primera capilla de la derecha).
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Son curiosas también las figuras de leones en mármol rosa que, repartidos por el templo apresan entre sus garras varios animales y sostienen con sus cabezas sonrientes pilas de agua bendita o pequeños andamios para las velas. Sin olvidar el magnífico órgano que muestra con orgullo a nuestro asombrado paso sus enormes tubos grises, lápices gigantes que parecen esperar el momento de dibujar la música solemne y sagrada en las altas bóvedas de la nave central.

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Dispar contraste entre el silencio de San Pietro y el barullo de gente que se arremolina en torno de los puestos de ropas del mercadillo de la plaza del 8 de agosto, mientras el tráfico rodado pone su discordante sinfonía de cláxons y rodar de ruedas. Al fondo descubrí el arbolado del parque más importante de Bolonia, el de La Montagnola, de triste recuerdo para nosotros, pues hace casi treinta años durante una rápida visita a Bolonia, sufrimos el robo de una maleta que dejamos durante un rato en el vehículo donde viajábamos en aquella ocasión, antes de continuar nuestro viaje a Venecia y Florencia. Gracias a Dios, las circunstancias de este viaje de ahora no tienen nada que ver con aquel. Aun así, dimos una vuelta por el parque, árboles centenarios, fuentes esculturales (las de los leones cazando y las gigantescas tortugas siguen en pie, pero el agua brilla por su ausencia) y vagabundos, que a estas horas de la mañana, casi las once, están todavía en alguno de sus duros sueños. 

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De vuelta hacia el centro, descubrimos viejos canales que nos recordaron algunos de Venecia (el Reno, el río de Bolonia, no anda lejos). Subiendo por Independencia, encontramos una tienda donde hacen a la vista del público riquísimos tortellini y decidimos comprar una buena cantidad para la comida de hoy en el apartamento. El cansancio del primer día, con una noche regular por medio, ya va haciendo su efecto en las piernas y los pies, por lo menos en mí. Así que sobre las doce, mientras ellos dos hacen la compra para la comida, me meto en la iglesia de los Santos Gregorio y Siro, situada en la calle Monte Grappa, a descansar y a escribir unos apuntes. Hay un filipino haciendo la limpieza del templo y me temo que por sus miradas me está diciendo que he llegado en una mala hora. Efectivamente, mientras observaba una capilla dedicada al Santo del Opus Dei, al que llegué a conocer en persona cuando yo era profesor en un Colegio de Barcelona que regía la Obra, me avisó de que la iglesia iba a cerrarse al público (en Bolonia muchos templos cierran a mediodía). Obedientemente recogí los bártulos y salí de nuevo a la calle, desde la cual se puede contemplar en todo su esplendor el hermoso campanario de la catedral de San Pietro, justo donde empezamos esta mañana el “percorso”, como le gusta decir a nuestro querido cicerone familiar. Doy un paseo en espera de que los dos acaben de comprar en el COOP y saludo nuevamente a la estatua de bronce de Ugo Bassi, patriota religioso fusilado que, subido a su pedestal en la calle de su mismo nombre, continúa señalando con su dedo índice extendido un lugar fuera de la vía, ahora muy concurrida. A mí me parece un dedo acusador de la intolerancia religiosa, a la vez que confirma su fe independiente. 

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Con la compra en las manos, entramos en una gelatería artesanal a tomarnos un helado de dos gustos (un helado al día y cada día dos gustos: hoy he escogido pistacho y mango).

Tarde
Tras la comida en el apartamento, que nos sirve de placentero descanso en medio de este ir y venir por las arterias de Bolonia (también incluyo una pequeña siesta), revisamos las cosas que más nos han gustado de la mañana y las fotos que hemos hecho, para borrar aquellas que no nos gustan o que repiten los mismos motivos. Y a patear. Si quieres descubrir una ciudad en su vida diaria y disfrutar a la vez de sus monumentos artísticos, debes concienciarte para andar hasta el agotamiento siguiendo cada día, cada mañana, cada tarde, un nuevo “percorso”, un nuevo itinerario o recorrido. Para que puedas además premiarte con un helado, una buena comida, una “birra” y también, como en nuestro caso, un “spritz”. Hoy toca, entre otras cosas, visitar con la suficiente tranquilidad la zona de Santo Stefano. 

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Y sobre las 4 y media de la tarde estamos entrando en el complejo religioso medieval que lleva el nombre de nuestro santo, el protomártir de la Iglesia, complejo que ha sido bautizado más de una vez como la Santa Jerusalén de Bolonia. Construido en el siglo V por el obispo Petronio, el de la basílica de la plaza Mayor, contiene una reproducción del Santo Sepulcro, que es lo primero que vimos, siempre guiados estupendamente por nuestro especial cicerone, que me señala en la cripta la columna que se trajo de Jerusalén y que recuerda la estatura que tuvo Jesucristo, que es la nuestra más o menos. 
El recorrido es emocionante: los ojos, ante tanta belleza artística y significación humana, no dejan de mandar al corazón mensajes de ternura y caridad. En las paredes del Crucifijo los frescos hablan de la vida de San Esteban. Aquí estuvo enterrado san Petronio antes de que sus restos fueran trasladados a la basílica que lleva su nombre. Nuevas emociones al pasar a la iglesia de los santos Vital y Agrícola, cuyos sarcófagos, hoy vacíos, muestras ricos relieves de leones, pavos reales, ciervos… Y la cruz que hay en una de las paredes dicen que es la que portaba Agrícola cuando fue martirizado. Como enamorado visitante de estas cosas, me dejo llevar gustosamente por el aire encantador de las leyendas (¿y si fuera verdad lo que cuenta el pueblo devoto?). Nuevas sorpresas nos esperan en el patio de Pilato. El cicerone nos llama la atención sobre la pila de mármol que se levanta en el medio, ahora rodeada de gente que quiere hacerse fotos con ella. Según la leyenda, en ella se lavó las manos Pilato para dejar en manos de la chusma la pasión y muerte de Jesús. Más real que eso… También hay un gallo de piedra del siglo XIV que recuerda el que cantó por tres veces consecutivas mientras Pedro negaba conocer a Cristo otras tantas. El claustro de San Esteban es un lugar apropiado para recapacitar en todo lo que hemos visto. Me inspiro en las paredes, en las columnas, en el espacio de cielo, como hizo Dante para escribir la Divina Comedia (salva sea la diferencia) para redactar estas notas que morirán sin gloria pero que hasta ese momento llegue me servirán para recordar una hora de una tarde de mayo de 2017 en este sagrado lugar donde las citas se repiten en las paredes. “El más rápido en transformarse en cruz.” “Visten el color de la muerte, pero son la más bella expresión de la vida.”

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A las cinco y media nos sentamos en la terraza del bar Agricola e Vitale, los dos protomártires cristianos cuyos sarcófagos acabamos de ver en la basílica del conjunto de San Esteban, que inundados de sol y visitantes muestra su estampa al otro lado de la explanada de cantos que nos separa de ella. Tres, habituales ya, “spritzs” nos acompañan generosos en la mesa, junto a la libreta de acuarela donde hago el segundo apunte de Bolonia. A la izquierda de la explanada se levanta igualmente un edificio civil de hermosa arquitectura, el Palacio Cavazza, con el remate lleno de cabezas de piedra que se asoman a la plaza y la parte inferior abierta con airosos arcos apuntados. Al acabar nuestras bebidas atravesamos el palacio por patios encantadores y lugares de esparcimiento llenos de vida y salimos a la estrada Maggiore. Vista de la omnipresente torre Asinelli. Recorremos nuevos rincones hasta ahora nunca vistos y volvemos a la via Rizzoli, esquina con las Dos Torres. Un selfie de los Tres nos parece necesario a estas alturas de nuestra estancia en la ciudad de las torres.
Sobre las siete de la tarde entramos en la famosa librería Feltrinelli en busca de algún libro especial sobre Bolonia y tras los primeros tanteos encuentro uno cuyo título ya despierta mi curiosidad e interés, detalles que casi siempre constituyen el punto de partida de una lectura provechosa: 101 stori su Bologna che non ti hanno mai raccontato- c’é un’altra città nella città; como se ve, un título harto elocuente de un libro que contiene anécdotas, hechos curiosos, apuntes biográficos sobre las más diversas figuras relacionadas con la historia de Bolonia y sobre las adversidades sufridas por la propia ciudad. Un libro escrito por Margherita Bianchini que me tendrá muy ocupado a partir de ahora mismo.

sábado, 6 de mayo de 2017

BICENTENARIO DEL POETA MELÉNDEZ VALDÉS




 

Dentro de unos días, concretamente el próximo 24 de mayo se cumplen los doscientos años del fallecimiento del poeta extremeño Juan Meléndez Valdés, y no quiero dejar pasar la ocasión de dedicarle un recuerdo. Había nacido también en mayo 63 años antes en Ribera del Fresno, Badajoz. No es extraño, pues, que la primavera con su alegría y ganas de vivir, los ríos y los árboles estén siempre presentes en su poesía. En el retrato que de él hizo uno de nuestros principales pintores, Francisco de Goya y Lucientes, aparece, sin embargo serio y con mirada entre triste y soñadora. Y acertó porque la causa de ese carácter melancólico que siempre tuvo se halla en el hecho de que se quedara huérfano de madre aún muy niño y a los veinte perdió también a su padre. Pocos años más tarde sufrió además la dolorosa pérdida de un hermano. Paralela a su trabajo como catedrático de Derecho en la Universidad de Salamanca, fiscal, juez y canciller, es su labor como poeta, género en el que destacó sobremanera (sus composiciones anacreónticas, por ejemplo, son de una calidad indiscutible). El conjunto de sus poemas se recogió en Poesías (Imprenta Real, Madrid, 1820). He aquí una selección de versos de su poema De la primavera:

 

“La blanda primavera
derramando aparece
sus tesoros y galas
por prados y vergeles."
(…)
"De esplendores más rico
descuella por oriente
en triunfo el sol y a darle
la vida al mundo vuelve."
(…)
"Con su aliento en la sierra
derretidas las nieves,
en sonoros arroyos
salpicando descienden."
(…)
"Revolantes las aves
por el aura enloquecen,
regalando el oído
con sus dulces motetes;
y en los tiros sabrosos
con que el Ciego las hiere
suspirando delicias,
por el bosque se pierden,
mientras que en la pradera
dóciles a sus leyes
pastores y zagalas
festivas danzas tejen."
(…)
"Y nosotros, amigos,
cuando todos los seres
de tan rígido invierno
desquitarse parecen,
¿en silencio y en ocio
dejaremos perderse
estos días que el tiempo
liberal nos concede?
Una vez que en sus alas
el fugaz se los lleve,
¿podrá nadie arrancarlos
de la nada en que mueren?
Un instante, una sombra
que al mirar desparece,
nuestra mísera vida
para el júbilo tiene.
Ea, pues, a las copas,
y en un grato banquete
celebremos la vuelta
del abril floreciente.”

miércoles, 26 de abril de 2017

MUJERES DE LA LITERATURA ESPAÑOLA



I.
DESDE DOÑA JIMENA A LA CELESTINA (1)


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Hace poco leía yo en Cátedra, una buena revista de educación donde las haya, que una profesora de Literatura se quejaba de la poca presencia que tienen las escritoras españolas en los manuales de texto de dos de las editoriales españolas más importantes, Santillana y Teide, en el  siglo XIX, en el que, según ella, sólo aparecen dos escritoras: Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán, frente a siete escritores: Bécquer, Espronceda, Larra, Zorrilla, Duque de Rivas, Clarín, y Galdós. Lamentable. Ha cambiado mucho el sistema educativo, en la alternancia en el Gobierno de los dos partidos políticos principales, y para mal. Cuando yo enseñaba procuraba hablar también de las poetisas Carolina Coronado y Gertrudis Gómez de Avellaneda en el periodo mencionado, siguiendo lo que había aprendido con mis profesores cuando yo estudiaba en el instituto de mi ciudad natal. Pero eso es una cosa, penosa desde luego, y lamentable, como digo: la escasa presencia de las escritoras en los manuales de texto que hoy en día estudian nuestros adolescentes, y otra bien distinta la que intento presentar aquí con el título que aparece arriba. Mujeres en la literatura española, como autoras (además de las mencionadas, María de Zayas, Teresa de Jesús, Rosa Chacel, Carmen Laforet, Ana María Matute y un largo etcétera) y como personajes, que será el cuerpo principal de mi modesto trabajo y algunos de cuyos nombres incluyo a continuación, presentes por otra parte en todos los géneros cultivados. Y así pasarán por aquí, entre otras, doña Jimena, doña Elvira y doña Sol, esposa e hijas del Cid, del Cantar de Gesta que lleva el nombre del Campeador, la Virgen María de Los Milagros de Nuestra Señora de Berceo y de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, la Trotaconventos del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita, precedente a su vez de la Celestina de Fernando de Rojas, Melibea, de la misma obra, Dulcinea del Toboso, del Quijote de Cervantes, doña Inés, del drama Don Juan Tenorio de Zorrilla, Fortunata y Jacinta, de la novela del mismo nombre de Galdós, Ana Ozores, de La Regenta de Clarín, y así hasta llegar a otros tantos nombres ilustres de nuestra más reciente literatura, como Bernarda Alba y sus cinco hijas, de la tragedia La casa de Bernarda Alba de García Lorca, Andrea, de la novela Nada de Carmen Laforet, o Carmen, de la novela Cinco horas con Mario de Delibes, sin olvidar a las mujeres anónimas que siembran de sentimientos variados todas las etapas de nuestra literatura. Nadie puede poner en duda ni su presencia ni su importancia. Y a las pruebas nos remitimos.


Quejas y razones de amor

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La primera manifestación literaria se debió a una mujer, que se quejaba de que su amado (amigo) se había alejado de su lado o se había muerto. Las jarchas y las cantigas de amigo, son un buen ejemplo de ello. En ellas la enamorada hace testigo de sus penas y lamentos a su propia madre, a sus hermanas o a una amiga suya. Tres ejemplos:

“Merced, amigo mío.
No me dejes sola.
Hermoso, besa mi boquita:
yo sé que no te irás.”

“Decidme, ay, hermanitas,
¿cómo contener mi mal?
Sin mi amado yo no viviré:
¿adónde iré a buscarlo?”


“Tanto amarte, tanto amarte,
amado, tanto amarte,
enfermaron mis ojos alegres.
Ya me duelen con tanto dolor.”

Composiciones de parecido tema son, entre otras, Razón de amor con los denuestos del agua y del vino, la Disputa de Elena y María y La vida de Santa María Egipciaca. En Razón de amor, aparece un personaje masculino que se retrata como culto, contando en primera persona que una tarde, mientras dormía la siesta apaciblemente en un huerto ve en sueños un vaso de vino y otro de agua que han sido colocados allí por una mujer para obsequiar a su marido. Éste bebe del vaso de agua, que tiene poderes mágicos, y aparece una doncella que canta penas de amor. Los dos enamorados se reconocen como tales mediante prendas de amor e inmediatamente se produce el encuentro amoroso y la separación consiguiente con la llegada del alba. Para finalizar aparece una paloma que vierte el vaso de agua en el del vino. Dada la dificultad original, copio un fragmento del relato más o menos versificado en castellano actual que hace el protagonista:
“En el mes de abril después yantar
estaba bajo un olivar
y un vaso de plata vi brillar.
Lleno estaba de vino
que era bermejo y fino;
Cubierto era de tal mesura,
que no lo toca la calentura.
Una dama allí lo había puesto,
que era señora del huerto,
para que cuando su amigo viniese
de aquel vino a beber le diese;
y que de tal vino tuviese
en la mano cuando comiese.
Y de él tuviese cada día:
nunca más enfermaría.
Bajo el manzanar
me deshice de la vestidura
para que no me hiciese mal la calentura.
Me acerqué a un manantial,
nunca hubo hombre que tuviese suerte tal.
Tan gran virtud su agua tenía
que el frescor que de ella salía
en todo su alrededor
no se sentía el calor.
Todas las hierbas muy bien olían
si a la fuente cerca tenían:
allí había salvias, había rosas,
lirios y violas.
Tantas hierbas allí había
que solo nombrarlas no sabría.
Mas el olor que de allí salía
a hombre muerto resucitaría.
Tomé del agua un bocado
Y fue del todo refrescado.
Otro vaso había allí
lleno de un agua muy fría.
Bebería de ella de buen grado,
mas tuve miedo de ser encantado.
Sobre un prado puse mi cabeza
para que no me hiciese mal la siesta;
en mi mano tomé una flor,
y quise cantar amor,
pero vi venir a una doncella,
que nadie había visto más bella.
Blanca era y bermeja,
cabellos cortos sobre la oreja,
frente blanca y lozana,
cara fresca como manzana;
nariz igual y derecha,
nunca viste otra tan bien hecha;
Ojos negros y rientes,
boca a razón y blancos dientes;
labios bermejos non muy delgados
verdaderamente bien mesurados…”

En la Disputa de Elena y María, dos hermanas jóvenes y de buena posición social discuten sobre si es mejor ser amiga de un clérigo o de un caballero. Como es habitual en este tipo de obras, unas veces se alaban y otras se denuncian las ventajas, con lo que se nos muestra el anverso y el reverso de los dos estamentos sociales, si bien sólo se hace valorando tanto en los pros como en los contras los aspectos materiales, dejando de lado los espirituales. Como no se ponen de acuerdo las dos hermanas, deciden buscar un árbitro, el rey Oriol, para exponerle el punto de su discordia. Y la composición, incompleta, acaba ahí. Como muestra, copio el fragmento en el que una hermana reprende a la otra por los argumentos empleados para defender a su amigo.
“…somos hermanas e fijas de algo,
mais yo amo el mais alto,
ca es caballero armado,
de sus armas esforçado;
el mio es defensor,
el tuyo es orador:
quel mio defende tierras
e sufre batallas e guerras,
ca el tuyo yanta e yaz
e siempre esta en paz.
Maria, atan por arte,
respuso de la otra parte
Ve, loca, trastornada,
ca non sabes nada!
dizes que yanta e yaz
por que esta en paz!
ca el vive bien honrado
e sin todo cuidado;
ha comer e beber
e en buenos lechos yazer;
ha vestir e calçar
e bestias en que cabalgar,
vasallas e vasallos,
mulas e caballos;
ha dineros e paños
e otros haberes tantos.
De las armas non ha curar
e otrosi de lidiar,
ca mas val seso e mesura
que siempre andar en locura,
como el tu caballero
que ha vidas de garçon.
Cuando al palacio va
sabemos vida que le dan:
el pan a racion,
el vino sin sazon;
sorrie mucho e come poco,
va cantando como loco;
como tray poco vestido,
siempre ha fambre e frio.
Come mal e yaze mal
de noche en su hostal,
ca quien anda en casa ajena
nunca sal de pena.”

Finalmente, la Vida de Santa María Egipciaca es un poema hagiográfico de la primera mitad del siglo XIII, emparentado con el mester de clerecía y escrito en 1451 pareados de rima irregular en castellano con rasgos de aragonés, que cuenta la vida de la prostituta y luego santa, María Egipcíaca. La historia de María, bella y lasciva, que abandona su hogar para dedicarse a la prostitución en Alejandría. Cuando envejece marcha hacia Jerusalén, pero poco antes de llegar, unos ángeles  se la llevan. Arrepentida, se retira al desierto para hacer vida de eremita, donde contará su vida a un monje que será el encargado de transmitir su historia. La estructura del poema alberga el contraste entre la María joven y bella, pero corrupta internamente, y la anciana que contiene un alma purificada. Así comienza la obra (adaptada al castellano actual):

“Oíd, varones, una razón que guarda en sí mucha verdad.
Escuchad de corazón si buscáis de Dios perdón.
Todo es hecho de verdad y no hay nada de falsedad.
Todos aquellos que a Dios amen estas palabras escucharan
y los que de Dios no se preocupan esta palabra les será muy dura.
Bien sé que de voluntad la oirán aquellos que a Dios amarán
Y los que a Dios amen gran galardón de Él recibirán.
Si escucháis esta palabra más os valdrá que una fábula
de una dama que habéis oído quiero contaros toda su vida
de santa María egipciaca que fue una dama muy lozana
y de su cuerpo muy lozana cuando era  doncella y niña
belleza le dio Nuestro Señor porque fue hermosa pecadora.
Mas la merced del Creador después le hizo gran amor.
Esto sepa todo pecador que fuere culpado por el Creador
que no es pecado tan grande ni tan horrible
que no le conceda Dios su perdón.
Por penitencia o por confesión
quien se arrepiente de corazón
luego le perdona Dios.
Los que toman penitencia bien se guarden de descreencia,
que quien descree del Creador no puede tener su amor.
El pecado no es criatura, sino vicio que viene de natura.
Dios del cielo non creó pecado, aunque en todos está asentado,
es asentado malo nuestro pecado.
En todos puso enemigos obligados a hacer todos los males,
que no hay hombre nacido que a ello sea castigado.
Los apóstoles que a Dios sirvieron pecaron mucho y mucho fallaron,
que no se debe maravillar si a un hombre le ven pecar.
Mas de aquel es gran maravilla que siempre duerme y nunca vela.
Quien en sus pecados duerme tan fuerte no despierta hasta que muere…”


Destierros y traiciones

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Y en el principal cantar de gesta de nuestra literatura, el denominado Poema de Mio Cid, por seguir el hilo cronológico, el elemento femenino es fundamental para el desarrollo del argumento y la distribución de la estructura formal. Y si no, recordemos a la niña de nueve años que aparece en la primera parte del Poema, la del Destierro del Cid por orden de Alfonso VI, pidiendo por favor al Campeador que siga adelante en su triste marcha hacia el destierro de Castilla si no quiere que el Rey la castigue a ella y a cuantos intenten ayudarle dándole cobijo arrebatándoles lo poco que tienen, incluidos los ojos de la cara. He aquí el texto:
“La niña de nueve años muy cerca del Cid se para:
"Campeador que en bendita hora ceñiste la espada,
 el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,
 con severas prevenciones y fuertemente sellada.
 No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,
 porque si no perderíamos los haberes y las casas,
perderíamos también los ojos de nuestras caras.
Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.
Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas."
 Esto le dijo la niña y se volvió hacia su casa.”

Algo parecido ocurre entre doña Jimena, la esposa del Cid y las dos hijas de ambos, doña Elvira y doña Sol, cuando el Campeador, antes de salir hacia el Destierro, oye misa con ellas en el monasterio de San Pedro de Cardeña y luego se despide de sus seres queridos. Todos lloran en la despedida y al separarse lo hacen, como dice el juglar anónimo, con el dolor que produce separar la uña de la carne. La ternura con que el Cid mira a sus hijas antes de partir hacia el destierro no ofrece dudas, ni la recomendación que hace el Campeador al abad don Sancho para que cuide de las tres mujeres de su vida durante su ausencia. Ver el framento correspondiente:
“Ya la oración se termina, la misa acabada está,
de la iglesia salieron y prepáranse a marchar.
El Cid a doña Jimena un abrazo le fue a dar
y doña Jimena al Cid la mano le va a besar;
no sabía ella qué hacerse más que llorar y llorar.
A sus dos niñas el Cid mucho las vuelve a mirar.
"A Dios os entrego, hijas, nos hemos de separar
y sólo Dios sabe cuándo nos volvamos a juntar."
Mucho que lloraban todos, nunca visteis más llorar;
como la uña de la carne así apartándose van.
Mío Cid con sus vasallos se dispone a cabalgar,
la cabeza va volviendo a ver si todos están.
Habló Minaya Álvar Fáñez, bien oiréis lo que dirá:
"Cid, en buena hora nacido, ¿vuestro ánimo dónde está?
“Pensemos en ir andando y déjese lo demás,
todos los duelos de hoy en gozo se tornarán,
y Dios que nos dio las almas su consejo nos dará”.
Al abad don Sancho vuelve de nuevo a recomendar
que atienda a doña Jimena y a las damas que allí están,
a las dos hijas del Cid que en San Pedro han de quedar;
sepa el abad que por ello buen premio recibirá.”

Sin salirnos del Poema, en la segunda parte, tras la conquista de Valencia por el Cid y la reconciliación entre él y el Rey, las dos hijas del Campeador, contraen matrimonio con los Infantes de Carrión, los cuales, tras sufrir el escarnio del león a cargo de los hombres del Cid, deciden fingir su marcha para vengarse de la burla atando a dos árboles del robledal de Corpes a sus recientes esposas para azotarlas y dejarlas medio muertas. He aquí el pasaje donde las insultan, las dejan en camisa y las azotan bárbaramente; luego las abandonan a su suerte, medio muertas.

“Escuchadnos bien, esposas, doña Elvira y doña Sol:
vais a ser escarnecidas en estos montes las dos,
nos marcharemos dejándoos aquí a vosotras, y no
tendréis parte en nuestras tierras del condado de Carrión.
Luego con estas noticias irán al Campeador
y quedaremos vengados por aquello del león.”
Allí los mantos y pieles les quitaron a las dos,
sólo camisa y brial sobre el cuerpo les quedó.
Espuelas llevan calzadas los traidores de Carrión,
cogen en las manos cinchas que fuertes y duras son.
Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:
“Vos, don Diego y don Fernando, os lo rogamos por Dios,
sendas espadas tenéis de buen filo tajador,
de nombre las dos espadas, Colada y Tizona, son.
Cortadnos ya las cabezas, seamos mártires las dos,
así moros y cristianos siempre hablarán de esta acción,
que esto que hacéis con nosotras no lo merecemos, no.
No hagáis esta mala hazaña, por Cristo nuestro Señor,
si nos ultrajáis caerá la vergüenza sobre vos,
y en juicio o en corte han de pediros la razón.”
Las damas mucho rogaron, mas de nada les sirvió;
empezaron a azotarlas los infantes de Carrión,
con las cinchas corredizas les pegan sin compasión,
hiérenlas con las espuelas donde sientan mas dolor,
y les rasgan las camisas y las carnes a las dos,
sobre las telas de seda limpia la sangre asomó.
Las hijas del Cid lo sienten en lo hondo del corazón.
¡Oh, qué ventura tan grande si quisiera el Creador
que asomase por allí Mío Cid Campeador!
Desfallecidas se quedan, tan fuertes los golpes son,
los briales y camisas mucha sangre los cubrió.
Bien se hartaron de pegar los infantes de Carrión,
esforzándose por ver quién les pegaba mejor.
Ya no podían hablar doña Elvira y doña Sol.”

 Continuando en la Edad Media de nuestra Literatura, encontramos manifestaciones variadas donde la mujer ejerce un papel importantísimo. Sin dejar los cantares de gesta, en el del Cerco de Zamora, la reina de la ciudad, doña Urraca, a la que su padre el rey de Castilla y León Fernando I le legó en su lecho de muerte la ciudad del Duero, sufre el asedio de su ambicioso hermano Sancho II, que quiere reunir bajo su cetro todos los reinos que separó su padre al morir, y ya sólo le falta Zamora. Por suerte Bellido Dolfos acaba con Sancho y el Ojito del Duero permanece libre. Durante el cerco entre Urraca y el propio Cid, que es seguidor de Sancho II, surge un diálogo interesante en el que la reina de Zamora le recrimina su acción y le recuerda su pasada relación amorosa. Ver el texto del romance viejo que recoge dicho diálogo:

“—¡Afuera, afuera, Rodrigo, 
el soberbio castellano! 
Acordársete debría 
de aquel buen tiempo pasado 
que te armaron caballero 
en el altar de Santiago, 
cuando el rey fue tu padrino, 
tú, Rodrigo, el ahijado; 
mi padre te dio las armas, 
mi madre te dio el caballo, 
yo te calcé espuela de oro 
porque fueses más honrado; 
pensando casar contigo, 
¡no lo quiso mi pecado!, 
casástete con Jimena, 
hija del conde Lozano; 
con ella hubiste dineros,
conmigo hubieras estados; 
dejaste hija de rey 
por tomar la de un vasallo. 
En oír esto Rodrigo 
volvióse mal angustiado: 
—¡Afuera, afuera, los míos, 
los de a pie y los de a caballo, 
pues de aquella torre mocha 
una vira me han tirado!, 
no traía el asta hierro, 
el corazón me ha pasado; 
¡ya ningún remedio siento, 
sino vivir más penado!”

 Resultado de imagen de doña urraca en zamora

En otro cantar de gesta, el de La condesa traidora y el conde Sancho García, conocido por las versiones que se hizo de él en la Crónica Najerense del siglo XII o en la Crónica General del XIII, entre otras, trata de la perfidia que trama la condesa de Castilla, esposa del conde García Fernández, la cual, seducida por el caudillo cordobés Almanzor a la que ofrece ser su esposa y reina de Córdoba, maquina un plan para que su marido el conde acabe siendo derrotado y muerto por las tropas de Almanzor tras alimentar deficientemente al caballo que monta. Y no contenta con eso, trata de asesinar al hijo de ambos, al sucesor en el condado, que es Sancho García. Pero éste, con intervención divina, es avisado de la conspiración de su madre y acaba con su vida.