Aquí me he hecho eco, en otros momentos del blog, de todo cuanto tiene que ver con fantasmas y aparecidos en cualquier género literario. Hoy lo hago en el dramático o teatral con esta Historia de fantasmas.
(Adaptación libre de un cuento de Henry James)
CUADRO I
De día, a las puertas de una casa aislada en el campo con aires
de estar abandonada. Un anciano capitán que se apoya en un bastón y un joven
estudiante de teología, que se encuentran casualmente en ese lugar.
CAPITÁN Como usted puede apreciar, éste es un lugar muy tranquilo.
ESTUDIANTE Tiene usted razón, muy tranquilo y... solitario. Me gusta pasear por
lugares solitarios. Hasta por los cementerios.
CAPITÁN Pasear, sí. Hágalo mientras pueda. Algún día se quedará rígido,
tendido para siempre, en un cementerio.
ESTUDIANTE Cierto, pero ¿sabe usted que hay quienes pasean después de muertos?
CAPITÁN Usted no cree eso.
ESTUDIANTE ¿Cómo sabe si creo o no? ¿Por qué lo dice?
CAPITÁN Porque usted es joven y además algo ligero.
ESTUDIANTE Por lo que dice, deduzco que usted cree en los fantasmas. Pero hay
mucha gente que no cree.
CAPITÁN La mayoría de la gente es boba. Y a usted lo veo diferente de ella.
Más bien lo veo inteligente... ¿Me equivoco si le digo que usted es
estudiante de una disciplina distinguida?
ESTUDIANTE No se equivoca. Estudio teología. Quiero ser sacerdote.
CAPITÁN Entonces usted debería saber algunas cosas.
ESTUDIANTE Posiblemente. Tengo un gran deseo de saber. ¿A qué se refiere usted?
CAPITÁN Me gusta su aspecto. Me parece usted un joven modesto.
ESTUDIANTE ¿Modesto? Bueno.
CAPITÁN Me parece usted muy juicioso.
ESTUDIANTE Entonces ¿ya no le parezco ligero?
CAPITÁN Me mantengo en lo que dije sobre la gente que no cree en los
fantasmas: ¡es boba! (Golpea varias veces el suelo con el bastón.)
ESTUDIANTE ¿Usted ha visto a un fantasma?
CAPITÁN Lo he visto, sí, señor. Y para mí esto no es teoría. No he tenido
que buscar en viejos libros para averiguar qué debo creer. ¡Lo sé! Golpea de nuevo el suelo con su bastón. Yo he visto con mis
propios ojos, como ahora lo veo a usted, el espíritu, el espectro,
el fantasma, como usted prefiera llamarlo, de una persona muerta.
ESTUDIANTE ¿Y fue un momento horrible?
CAPITÁN Soy un viejo militar. No me espanté, si es eso lo que me pregunta.
ESTUDIANTE ¿Y dónde ocurrió eso? ¿Cuándo vio a ese fantasma?
CAPITÁN Perdóneme que no entre en detalles. Y creo que hoy ya he hablado más de
lo debido: no puedo soportar que se hable de estas cosas tan
ligeramente. Sólo quiero que recuerde usted en el futuro que ha
tratado con un anciano honrado que le ha dicho, bajo palabra de
honor, que ha visto a un fantasma. Y para dar mayor peso a mis
palabras, permítame que le diga mi nombre: capitán Ramírez.
ESTUDIANTE Encantado de conocerle. Yo me llamo Félix García. Espero tener el
gusto de verlo otra vez.
CAPITÁN Lo mismo le digo.
Fundido.
CUADRO II
De día, en la fonda donde se aloja el estudiante de teología.
Daniela, la hija del dueño, y el estudiante, sentados en la sala
de costura de la joven.
DANIELA ¿Cómo le ha ido hoy su paseo?
ESTUDIANTE Más entretenido que otras veces.
DANIELA ¿Y eso?
ESTUDIANTE Hoy he conocido a un personaje curioso. Es un militar muy anciano que
se ha presentado a sí mismo como capitán Ramírez. Por cierto, no
sabrá usted quién es, ¿verdad?
DANIELA Ramírez, Ramírez... Y capitán... Ahora que lo pienso, sí que
he oído hablar del capitán Ramírez. Pero de eso hace muchos años
y, por lo que se decía de él, había logrado sobrevivir de un escándalo familiar.
ESTUDIANTE ¿Escándalo familiar? ¿Y en qué se basaba ese escándalo?
DANIELA Mató a su hija.
ESTUDIANTE ¿Que mató a su hija? ¿Cómo?
DANIELA No la mató con una pistola, ni con un puñal, ni con arsénico, que entonces estaba muy estilado ese método. La
mató con su lenguaje. Que luego me digan del lenguaje que empleamos nosotras las mujeres. Su padre le echó una maldición, una terrible maldición. Y la
joven murió.
ESTUDIANTE Pero ¿qué había hecho la chica?
DANIELA Recibir la visita de un joven que la quería muchísimo y a quien el
padre había prohibido entrar en su casa.
ESTUDIANTE Ah, sí, ¡la casa! Una casa de campo con aires de estar abandonada, que se encuentra a una legua de aquí.
DANIELA ¿Qué sabe usted de esa casa?
ESTUDIANTE Poco. Sólo la he visto por fuera. Pero me gustaría que usted me contara algo
más de ese asunto.
DANIELA ¿No me llamará usted supersticiosa?
ESTUDIANTE ¿Supersticiosa usted? Usted es la quintaesencia de la razón pura. El propio Kant se quedaría asombrado si la oyera a usted.
DANIELA Bueno, todo el mundo
sabe que la razón pura es la razón sin ningún componente empírico, y la
razón práctica es la razón dirigida a la acción. Y todo hilo tiene su defecto, toda aguja su punto de óxido.
Preferiría no hablar de... de ese tema.
ESTUDIANTE No sabe usted cómo excita mi curiosidad.
DANIELA Lo siento por usted. Me pondría nerviosa si sigo hablando de ello.
ESTUDIANTE ¿Qué daño puede hacerle hablarme de la casa?
DANIELA ¿Dice daño? Se lo hizo a una amiga mía.
ESTUDIANTE ¿Qué había hecho su amiga?
DANIELA Me explicó el secreto del capitán Ramírez que él le había
revelado con mucho misterio y recato. Había sido novia suya en otro
tiempo y se lo confesó, recomendándole que no lo repitiera a nadie.
Y le aseguró que si lo hacía le ocurriría algo terrible.
ESTUDIANTE ¿Y qué le pasó?
DANIELA Que se murió.
ESTUDIANTE Bueno, todos nos morimos un día. ¿Le había prometido su amiga algo
al capitán.
DANIELA No tomó en serio las palabras del capitán. Sencillamente no le
había creído. Me repitió la historia a mí y unos días después
sufrió una inflamación de los pulmones. Y poco tiempo más tarde,
sentada aquí donde yo ahora estoy sentada cosí su mortaja. Desde
entonces no he contado a nadie lo que mi amiga me dijo.
ESTUDIANTE ¡Es algo muy raro!
DANIELA Raro, sí, pero a la vez ridículo. Es algo que puede hacer estremecerse a cualquiera, pero a la vez puede provocar la risa. Sin embargo, no se preocupe por
mí. No voy a decir una sola palabra sobre el asunto. Temo que si se
lo contara a usted, podría pincharme enseguida con una aguja o
cualquier otra cosa y en pocos días moriría del tétano.
ESTUDIANTE Entonces, ¿qué hago yo? Me estoy muriendo de curiosidad. He perdido
el apetito y hoy, por ejemplo, no he probado bocado en el desayuno.
DANIELA Recuerde lo que le ocurrió a Beatriz de Borgoña, segunda esposa de
Federico I Barbarroja...
ESTUDIANTE Sí, que igual se puede morir de una estocada que de hambre.
DANIELA Yo nunca he tenido el corazón duro; así que, si hemos de morir,
moriremos juntos. Volvamos al caso del capitán Ramírez. Siempre fue
un hombre de carácter fuerte y dado a la ira, y aunque quería mucho
a su hija, su voluntad era la ley. Él había elegido un marido para
ella y ya se lo había comunicado. La madre había muerto y vivían
los dos solos en la casa. El caso es que la muchacha se citaba con un
joven forastero cada vez que su padre se ausentaba de la casa. Pero
una noche el capitán regresó antes de lo acostumbrado y los
sorprendió juntos. A él lo agarró por el cuello y a ella la
maldijo; entonces el joven gritó que la chica era su esposa y el capitán le
preguntó a ella si era verdad que estaban casados; la hija respondió
que no y el padre, enfurecido, repitió la maldición mientras la
echaba de casa añadiendo que la repudiaba. La joven se desmayó y el
capitán se fue. Y cuando más tarde volvió a la casa, la encontró
vacía. Sobre la mesa del comedor, sin embargo, había una nota
firmada por el joven donde le acusaba de haber matado a su hija,
añadiendo que, como marido suyo, tenía derecho a enterrar su
cadáver, que se había llevado en su coche.
ESTUDIANTE ¿Y qué pasó después? ¿Qué fue del capitán? ¿Y lo del fantasma?
DANIELA Ahora viene eso. Una semana más tarde de aquello una noche al capitán se le
apareció el fantasma de su hija y ya no dejó de hacerlo en el
futuro, y cada medianoche lo hacía con más ganas de molestarlo y espantarlo, en pago y venganza de lo que le había hecho.
ESTUDIANTE Y el capitán, ¿reaccionó de alguna manera?
DANIELA El capitán Ramírez pasó poco a poco de la ira del principio, a la tristeza
más completa; hasta el punto de dejar la casa; luego trató de
venderla o alquilarla para sacar para comer, ya que no disponía de medios suficientes para ello. Para entonces habían aumentado sobremanera las apariciones del fantasma, y nadie
quería saber nada de comprar o alquilar la casa. Y el capitán, desesperado, decidió coger
su capa y su inseparable bastón para marchar a mendigar su pan por el mundo. Y precisamente eso (no hay mal que por bien no venga, hizo que el fantasma se ablandara tanto como para proponerle un
acuerdo al capitán.
ESTUDIANTE ¡Ah!, ¿sí? ¿Qué acuerdo?
DANIELA Una medianoche, el fantasma le dijo al capitán: “Esta casa la quiero para mí. Vete a vivir a otro
sitio. Pero como no tienes ni donde caerte muerto, seré su inquilino y te pagaré una renta de alquiler.” Le propuso una
cantidad de dinero y el capitán aceptó. Y todos los meses viene a
cobrar la renta. Y hasta hoy, me imagino.
ESTUDIANTE Si es así, la tristeza que padece tiene una compensación económica.
DANIELA Eso parece. El viejo capitán no trabaja y el fantasma de su
hija lo mantiene. Una casa donde se aparecen los muertos es una
propiedad muy valiosa, ¿verdad, Félix?
ESTUDIANTE Verdad, Daniela. ¿Y con qué dinero paga el fantasma?
DANIELA El mejor de todos: con monedas de oro y plata. Con una sola
singularidad: que todas están acuñadas antes de la muerte de la
joven.
ESTUDIANTE De modo que el fantasma se comporta de modo satisfactorio con el capitán pagándole un buena renta.
DANIELA Tengo entendido que el anciano vive dignamente, ya que es inquilino
de una casa junto al río, con un jardín delante y un corral detrás
con algunos animales, y lo atiende una criada de avanzada edad. Pero,
a todo esto, ¿a qué se debe el interés que muestra usted por el
capitán Ramírez y esa casa habitada por el fantasma de su hija que
le paga una renta?
ESTUDIANTE ¿Mi interés? Bueno, voy a hacer con usted lo que usted ha hecho
conmigo al contarme esa historia de maldiciones. Le confieso que
estoy decidido a convencer al anciano capitán para que me permita
visitar esa casa encantada. Más de una vez nos hemos encontrado a la
puerta de ese triste y abandonado caserón, y hemos hablado de la
vida y de la muerte, de la inmortalidad del alma, de la creencia o no en los fantasmas... Hemos llegado a intimar tanto que hasta me ha dicho
que él ha visto a un fantasma. Que no puede ser otro que el de su hija y el de la historia que usted me ha contado.
DANIELA Podría ser. ¿Cómo saberlo?
ESTUDIANTE Pues entrando con el capitán en esa casa.
DANIELA Usted verá. Yo no entraría por nada del mundo en un lugar como ese.
ESTUDIANTE De todos modos, gracias, Daniela, por ayudarme con su historia a
entender mejor a mi nuevo amigo el capitán Ramírez.
DANIELA A todo esto, espero que no nos pase nada malo a ninguno de los dos.
ESTUDIANTE Yo también lo deseo.
Fundido.
CUADRO III
De día, en un rincón del cementerio de la localidad. El estudiante y el capitán, sentados en un banco de piedra, junto
a un panteón.
ESTUDIANTE Le he buscado a usted aquí más de una vez, creyendo que en sus paseos se acercaría a este lugar tan callado y solitario, donde los muertos hacen la mejor compañía a gente como usted.
CAPITÁN Sí, alguna vez me gusta visitar lugares tranquilos como éste. Pero dejemos de momento aparte los gustos de cada uno de nosotros y respóndame a mi pregunta: ¿Qué es exactamente lo que quiere usted de mí?
ESTUDIANTE Gozar de su amena conversación. Quedé muy a gusto el día en que
charlamos...
CAPITÁN ¿Me encuentra usted divertido?
ESTUDIANTE Lo que se dice divertido, no; a usted lo encuentro interesante.
CAPITÁN Divertido no, interesante sí. ¿Le parezco a usted un loco?
ESTUDIANTE Por favor, no diga eso.
CAPITÁN Para que lo sepa, soy el hombre que mejor poblada tiene la cabeza de
estos lugares. Ya sé lo que piensan y dicen todos los locos de mí, pero no lo
pueden probar y yo sí. Le explicaré. Una vez, sin quererlo, cometí
un crimen, y ahora pago el castigo con mi vida entera. Nunca he
intentado esquivar mi pena, pero la he aceptado. Si fuera católico,
me habría hecho monje para dedicar mi vida al ayuno y a la oración.
Pude haberme suicidado, pero no lo hice; a cambio,
afronté las consecuencias. Las afronto doce veces al año y así lo
haré hasta el último aliento que tenga mi viejo y ya muy cansado cuerpo...
ESTUDIANTE ¡Genial! ¡Digno de admiración! Pero me deja usted con mucha
curiosidad y mucha simpatía.
CAPITÁN ¿Simpatía? Me cuesta creerlo. Usted lo que realmente siente es curiosidad. Sobre todo, curiosidad.
ESTUDIANTE Si yo supiera exactamente cuánto sufre usted, sería mayor mi
compasión.
CAPITÁN Muchas gracias. Su compasión no me sirve de gran cosa. Le diré
algo, pero no en mi interés, sino en el suyo. Usted me dijo que
estudiaba teología, ¿verdad?
ESTUDIANTE Así es, señor, y sigo haciéndolo porque es una disciplina que no
puede aprenderse en un periodo corto de tiempo...
CAPITÁN Entre otras cosas porque no tienen ustedes para estudiar más que sus
libros. ¿No conoce usted el refrán que dice: “Un grano de
experiencia vale más que un kilo de preceptos”? Yo soy un gran
teólogo.
ESTUDIANTE Se ve. Usted ha tenido la experiencia.
CAPITÁN Usted ha leído sobre la inmortalidad del alma en lo que han escrito Platón, san Agustín, Pomponazzi, Lutero, Unamuno..., machacando lógica y citando autoridades para
demostrar que es verdad. Pero yo lo he visto con mis propios ojos y
lo he tocado con mis manos. Esto es más valioso, pero lo he pagado
caro. Es mejor que usted lo aprenda en los libros. Usted es una buena
persona y no tendrá nunca un crimen sobre su conciencia.
ESTUDIANTE Espero, sin embargo, tener mi parte de pasiones humanas aunque sea
ahora una buena persona y mañana posiblemente doctor en teología.
CAPITÁN Usted tiene buen carácter, como lo tengo yo
ahora, pero yo en otro tiempo fui demasiado brutal. Debería usted
saber que yo maté a mi hija.
ESTUDIANTE ¿A su hija?
CAPITÁN La dejé sin sentido y murió. Pude ser ahorcado por ello, pero yo no
la maté con mis manos, sino con mis palabras, terribles y
reprobables. Y sé que su alma es inmortal. Y tengo una cita con ella
doce veces al año, que es cuando recibo mi lección.
ESTUDIANTE ¿Nunca lo ha perdonado su hija?
CAPITÁN Me ha perdonado como perdonan los ángeles. Y esto es lo que no puedo
soportar porque su mirada es dulce y serena. Casi preferiría
clavarme un puñal en el corazón. Oh, Dios mío, Dios mío...
Tras inclinar la cabeza sobre el puño de su bastón, apoya su
frente sobre las manos cruzadas.
ESTUDIANTE ¿Puedo ayudarle en algo, capitán Ramírez?
El capitán levanta lentamente la cabeza. Luego se levanta del
banco de piedra. El estudiante lo imita.
CAPITÁN Tengo que irme, he de caminar un largo trecho todavía.
ESTUDIANTE Es posible que nos volvamos a ver.
CAPITÁN ¡Ay!, ya estoy muy viejo y es probable que tarde en volver. Tengo
que cuidarme. Pero me gustaría verlo a usted de nuevo. Por cierto, Félix... Me dijo usted que se llamaba Félix, ¿verdad?
ESTUDIANTE Así es, Félix García.
CAPITÁN El nombre le hace justicia. ¿Y dónde vive?
ESTUDIANTE Llevo siempre encima un libro al que considero uno de mis viejos
amigos. Saca un libro de un bolsillo y se lo entrega al capitán. Se titula La agonía del criatianismo. En la solapa de atrás aparecen escritos mi
nombre y mi dirección. Me gustaría que guardara usted este pequeño
libro. Lo leo a menudo y a usted, si le echa una ojeada, le dirá algo de mí.
El capitán coge el libro y le da varias vueltas.
CAPITÁN No soy un gran lector, pero no voy a rechazar el primer regalo que me
hacen desde que vivo mi desgracia... y el último. Muchas gracias,
joven.
Fundido.
CUADRO IV
De noche, a las puertas de la casa aislada en el campo. El estudiante. El capitán.
PRIMERA ESCENA
El estudiante mira a su alrededor
ESTUDIANTE Todo está igual que la primera vez: soledad, quietud, tristeza...
Aumentadas sin duda por la noche que ha caído sobre la naturaleza y
mi ánimo. Ya es la medianoche. Ya han sonado las doce campanadas de
la torre de la iglesia más cercana. Ya estará dentro el capitán
para cobrar el alquiler del fantasma. Se arrima a la puerta de la casa para examinar su interior por las
rendijas de la madera. Las luces aún están encendidas. A ver si tengo suerte de ver la
entrevista del capitán con el fantasma de su hija. Se retira de la puerta. ¡Lástima! He llegado tarde. Las luces del interior se han apagado.
El cobro ya se ha efectuado. Pronto esta puerta se abrirá y
aparecerá el capitán. ¿Cómo reaccionará cuando me vea aquí?
Espero que no sea tan mal como si me hubiera visto antes de entrar y
me hubiera oído pedirle que me permitiera entrar con él para ser
testigo del encuentro con el fantasma. Ahora me corroe el miedo. Cruje la puerta al abrirse.
SEGUNDA ESCENA
El estudiante ve salir de la casa al capitán, que se asombra al
verlo.
CAPITÁN ¿Qué hace usted aquí?
ESTUDIANTE Me perdonará usted que me haya tomado esta libertad, pero usted me
alentó a hacerlo.
CAPITÁN ¿Cómo sabía usted que yo estaba aquí?
ESTUDIANTE Lo deduje. Usted me contó la mitad de su historia y yo deduje la
otra mitad. Me enorgullezco de ser un gran observador. Y me fijé en
uno de mis paseos en esta casa. Enseguida me pareció que encerraba
un gran misterio, y cuando usted me mostró su confianza de decirme
que veía espíritus, fantasmas, tuve la seguridad de que sólo podía ser aquí.
CAPITÁN Es usted muy inteligente. Entonces, ¿qué es exactamente lo que esta
noche le ha traído aquí?
ESTUDIANTE Ah, vengo a menudo. Me gusta contemplar esta casa.
CAPITÁN Por fuera no tiene nada de singular.
ESTUDIANTE He estado buscando una oportunidad para entrar en ella. Pensé que
podría encontrarlo a usted y que me lo permitiría. Me gustaría
mucho ver lo que ve usted.
CAPITÁN ¿Sabe usted lo que he visto?
ESTUDIANTE ¿Cómo voy a saberlo si no es, como dijo usted el otro día, por medio de la
experiencia? Por favor, ahora que estamos los dos aquí, ¿podemos
entrar?
CAPITÁN ¿Entrar? No entraré hasta la próxima vez ni por cien veces la suma
que he recibido hace un rato. Si quiere usted entrar solo, adelante.
ESTUDIANTE ¿Me esperará usted aquí?
CAPITÁN Sí, claro. No estará usted mucho tiempo ahí dentro. La casa está
a oscuras siempre. Pero en la mesa del recibidor hay dos candeleros
con velas y una caja de fósforos al lado. Con ellos podrá ver las
estancias que desee.
ESTUDIANTE ¿Adónde tengo que ir para ver al fantasma?
CAPITÁN A donde quiera. El fantasma lo encontrará a usted.
Fundido.
(Continuará)