Recientemente nos ha dejado Maite Jou, poeta y profesora de Lengua y Literatura española, amiga y compañera mía en el Departamento de Castellano en el IES La Románica de Barberá del Vallés. Ella, junto con un viejo amigo y compañero de profesión, muchos años antes en la enseñanza privada y en los últimos en La Románica, José Mari La Hoz, prepararon mi fiesta de despedida y jubilación en 2009 en el Hotel La Torre Vermella de Cerdanyola del Vallés. No olvidaré nunca esa fiesta tan entrañable y tan llena de manifestaciones cariñosas orales y escritas hacia mi persona y mi trabajo como docente.
Me enteré del fallecimiento de Maite (contaba sólo 68 años) por las redes sociales y por una nota que la ACEC (Associació Col·legial d’Escriptors de Catalunya), notificaba la muerte de la poeta y decía de ella que era una mujer comprometida con la cultura, con la poesía y con los creadores, pero también con la necesidad de generar comunidad en torno a la literatura (“Una dona compromesa amb la cultura, amb la poesia i amb els creadors, però també amb la necessitat de generar comunitat al voltant de la literatura”). Debo decir que nunca tuve la oportunidad de enterarme de que Maite escribía versos ni de leer nada suyo. Me emocioné mucho viendo en Facebook una fotografía de Maite en sus últimos años leyendo algo ante un atril y escuchando la grabación que otra miembro de la ACEC colgó en esa red social del poema La fi. A Maite le gustaba tanto la fotografía como la poesía, no en balde impulsó el proyecto Poesia a Cop d’Ull, una iniciativa que buscaba hermanar el arte de la fotografía y la creación poética en una misma perspectiva. He visto reproducido el reloj ingenioso de Maite titulado Hora de Sortida publicado por La Plaquetona-Vilamarins, en el verano de 2017. y A lloc (2025).
Cuando una poeta muere,
muere una voz que sabía
transformar la soledad
en la mejor compañía.ç
Y Maite lo supo hacer
con la luz de su poesía.
Y si leemos sus versos,
seguirá siempre viva.
































