sábado, 1 de agosto de 2026

LECTURAS DE AYER (I) LA HORA XXV

   


     Quiero empezar agosto, para refugiarme de los agobios interminables de los incendios y la política, recordando viejas lecturas que en otro tiempo me trajeron calma al placentero pero duro oficio de enseñar. La de hoy es la que da título a esta entrada: LA HORA XXV.

     LA HORA XXV, que llevaba el añadido AL SERVICIO DEL MÉDICO, era una publicación mensual literaria, en cuya portada aparecía el retrato (fotografía o pintura) de un escritor de cualquier tiempo y lugar y de vez en cuando el de un médico que había obtenido el Premio de Literatura que se convocaba  de vez en cuando para que los facultativos aficionados a escribir quisieran demostrar su valía y condición de literatos. 

        Yo empecé a adquirir LA HORA XXV AL SERVICIO DEL MÉDICO en el Mercadillo de libros de ocasión de San Antonio a poco de llegar, procedente de Zamora, mi ciudad natal, a Barcelona el 4 de julio de 1964 para cursar la carrera de Filosofía y Letras en su Universidad. Y en la biblioteca reservo un estante para reunir un centenar de estos modestos volúmenes pequeños de lomo rojo repletos de la mejor literatura del mundo dosificada en textos breves.

      A veces vuelvo a ellos, bien visibles por su color escarlata y los extraigo de uno en uno con cariño de su nicho para acariciarlo y darle vida al instante, hojeando con sumo cuidado para no deshojarlo más y ojeando sus ilustraciones y propagandas médicas repartidas por el cuaderno y los textos literarios. Ahora tengo un número en mis manos, el LXVI, de noviembre de 1962 (de 2 años antes de mi llegada a la ciudad condal). En la portada puede verse el retrato pintado de Mariano José de Larra (mirada soñadora, lejana y ajena al destino terrible que lo aguarda, a los amores con Dolores Armijo y a la pistola que le saltará la tapa de los sesos). Abro el volumen, que no supera nunca las cinto cincuenta páginas y descubro al dorso de la efigie de Larra, a página completa, la fotografía del anuncio médico de un fármaco de la época: PENUBER, en comprimidos, jarabe e inyectable. El Editorial aparece en la página contigua avisando a los lectores que están ya en vísperas de la Fiesta del Médico de 1962, con el premio literario y el sorteo del Seat-600 del Premio de Oro de este año. Paso la hoja y me enfrento, al dorso, con Al margen de la Medicina, El descanso, necesidad biológica, a cargo del Dr. Zeda, y en la página contigua con el Sumario: Editorial, Nuestra portada, Impresiones del viaje a Estados Unidos, NOVELAS, M. J. de Larra, El castellano viejo, y cuatro autores más. SECCIONES FIJAS, Cámara, STOP-peligro, Viaje con "La hora XXV", Premio de Oro, Rincón de la Poesía, Índice terapéutico.

     


     Tengo que admitir que lo primero que leía de LA HORA XXV era Nuestra Portada, que hablaba, ¿cómo no?, del escritor elegido ese mes como protagonista del cuaderno, en este caso de Larra, y enseguida, me iba a las páginas de su artículo de costumbres El castellano viejo (que empieza así: "Ya en mi edad pocas veces gusto de alterar el orden que en mi manera de vivir tengo hace tiempo establecido, y fundo esta repugnancia en que no he abandonado mi lares ni un solo día para quebrantar mi sistema, sin que haya sucedido el arrepentimiento más sincero al desvanecimiento de mis engañosas esperanzas."). Después me iba al final del cuaderno, a las páginas dedicadas al Rincón de la Poesía que, a cargo de Juan Chacón, trataba de Lope de Vega, poeta lírico (tras unas breves palabras de introducción al poeta). Chacón incluye unas cuantas composiciones distribuidas en: I, Formas líricas sencillas (seguidillas, villancico, cantar de siega y canción de bodas; II, Romances, y III, Sonetos). Copio íntegra la Canción de bodas: "Esta novia se lleva la flor/ que las otras no./ Bendiga Dios el molino/ que tales novias sustenta,/ muela su harina sin cuenta/ a costa de tal padrino./ Estas muelen de lo fino/ del trigo que muele amor,/ que las otras no."). Y no abandono el número sin antes echar un vistazo a los chistes gráficos de la última página, cuyo protagonista es un médico, como no podía ser de otro modo. En este caso, mientras ausculta la espalda de su paciente, éste dice: "Lo único que me duele, doctor, es tener que trabajar." 

         Entre los escritores españoles, además de Larra, figuran en LA HORA XXV, Bécquer, Valera, Jardiel Poncela, Cervantes, Calderón de la Barca, Valle-Inclán, Ana María Matute... Escritores de otras naciones: Balzac, Maurois, Dostoyevski, Tolstoi, Goethe,  Petronio, Montanelli, Bandello, Shakespeare, George Sand, Henry Troyat, Eça de Queiroz, Maquiavello, Allan Poe, Virginia Woolf y un larguísimo etcétera. 

      Cada domingo que pisaba el contorno del modernista Mercado de San Antonio para pasear entre los puestos de libros en busca de un nuevo número, una nueva cara, una nueva ocasión de lectura, sentía una emoción nueva, como la vez que, acompañado de un colega al que había invitado a dar una vuelta por el mercadillo, descubrimos en la portada de un volumen de esos el rostro del fraile escritor del Siglo de Oro por el que sentía mi acompañante verdadera devoción: Tirso de Molina. Recuerdo que quise regalárselo después de comprárselo al librero. Era el número XVIII, con fecha de 1958. El texto del fraile mercedario que contenía ese número se titulaba Tres maridos burlados, un relato delicioso que intenté en vano adaptar al teatro para mis alumnos de EATP de entonces, finales de los ochenta y que al final cambié por Canción de Navidad, de Dickens. Pero mi colega se negó en redondo. Cada vez que cae ese cuaderno de lomo rojo en mis manos, me acuerdo de él y de su voz leyendo el Editorial: "Noviembre: el día es breve, larga es la noche; embozada se apresura la gente en busca de cobijo que les guarezca de la lluvia y de los primeros fríos, Tristeza ante la proximidad del invierno, dejados atrás los alborozos y las luces del verano."

      Me despido hasta la próxima recordando  que en este número XVIII dedicado a fray Gabriel Téllez, más conocido por su seudónimo Tirso de Molina y creador de la figura de Don Juan (figura que imitaron entre otros Molière y Zorrilla), protagonista de su obra El burlador de Sevilla y Convidado de Piedra; además del cuento Tres maridos burlados, de Tirso, el número XVIII de LA HORA XXV recoge entre otros puntos Escaparate Literario, Declaraciones de José Tamayo o, como era de esperar, el tema de Don Juan en el ensayo de Gregorio Marañón Don Juan y yo, y en el Rincón de la Poesía de Juan Chacón en tres apartados: I,  El burlador de Sevilla y Convidado de Piedra, de Tirso de Molina; II, Don Juan Tenorio, de Zorrilla;  III, Otros Don Juan (tratados por escritores mundiales, como el citado Molière, Byron, Bernard Shaw o Baudelaire en un poema traducido al español por el poeta modernista Eduardo Marquina con el título Don Juan en los Infiernos, cuyo primer serventesio es: "Cuando bajó Don Juan al subterráneo abismo,/ pagado ya  el Caronte el óbolo supremo,/ un mendigo sombrío, seguro de sí mismo,/ el puño fuerte y duro colocó en cada remo..."