miércoles, 22 de abril de 2026

EN EL DÍA DEL LIBRO

          



          En la Cuesta de Moyano

         una vez encontré un libro

         que tengo como oro en paño

         como se tiene a un amigo.


       


         Ese libro se titula Don Quijote en el Ateneo,  y ahora que ya estamos en 23 de abril, Día del Libro, que entre otros propósitos pretende recordar la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, aprovecho la ocasión para hablar de ese libro, citando algunos pasajes relacionados con el personaje  principal de la obra magna de Cervantes y del propio autor, a quien el libro lo define alguna vez como un "fugitivo insertado". 

         


      Lo primero que se dice de Don Quijote es que salió a "un mundo decadente, invadido por la pobreza, donde la justicia y la arbitrariedad se han convertido en protagonistas, para imponer de nuevo los principios irrenunciables: la justicia, la libertad, la igualdad, la paz y la armonía." Añadiendo que le había parecido "convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante i irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravios y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama."

       
          Para explicar las razones que mueven a Cervantes a escribir su Libro, y a Don Quijote a salir de su aldea a "desfacer entuertos", es bueno recordar lo que Milan Kundera dice a propósito en su ensayo El arte de la novela: "Cuando Dios abandona lentamente el lugar donde había dirigido el universo y u orden de valores, separado el bien del mal y dado sentido a cada cosa, Don Quijote salió de su casa y ya no estuvo en condiciones de conocer el mundo. Éste, en ausencia del Juez supremo, apareció de pronto en una dudosa ambigüedad: la única verdad divina se descompuso  en cientos de verdades relativas que los hombres se repartieron. De este modo nació el mundo de la Edad Moderna y con él la novela, su imagen y modelo."  

     


      Todo ello (se lee en otra parte del libro) llevó a Cervantes a concebir su Novela como una obra de arte "sometida a unas reglas y al decoro y a la verosimilitud, normas que no se hallaban en los Libros de Caballerías (tipo Amadís de Gaula, Tirant lo Blanch, Palmerín de Inglaterra...)", y hacer del Quijote, además de una parodia de los libros que leyó Alonso Quijano hasta volverse loco, un compendio de todos los géneros de novela que existían entonces: morisca, picaresca, pastoril, italiana, sentimental... De cualquier modo, en su obra inmortal "muestra su conciencia más crítica enfrentándose a un mundo que benévolamente dignifica al hombre desvalido, y, acremente, "desmitificando la gran mayoría de valores establecidos. De este modo Cervantes lucha desde su realidad histórico-personal por una vida y una sociedad más dignas y más humanas".

       


      Para ir terminando, recojo a continuación lo que el autor del Quijote dijo en su Viaje del Parnaso de su producción literaria: 

       "Yo he dado en Don Quijote pasatiempo

         al pecho melancólico y mohíno,

         en cualquiera sazón, en todo tiempo.

         Yo he abierto en mis Novelas un camino

         por do  la lengua castellana puede

         mostrar con propiedad un desatino.

         Yo soy aquel que en la invención excede

          a muchos; y al que falta en esta parte,

          es fuerza que su fama falta quede."

           


         Y como hay que hablar del Día del Libro de 2026, tengo que decir que aquí,  en Tosa de Mar, marcha viento en popa, paralelo a la Diada de Sant Jordi. El libro, es decir, la luz, la sabiduría (el Sant Jordi de la leyenda), sigue luchando contra las sombras, la ignorancia (el Dragón del mito) para desterrarlos de este mundo donde reina el incivismo y la incultura. Por ello, y mientras recuerdo con serenidad y sin nostalgia alguna otros Días del Libro del pasado en que yo mismo firmaba mis propios libros, deseo francamente que hoy los buenos lectores descubran en las paradas de libros cualesquiera que sean los que visiten, el libro o los libros que andan buscando para seguir contribuyendo con quienes entendemos la vida y el mundo como  los ámbitos más apropiados para encontrar y vivir la justicia, la libertad, la igualdad, la paz y la armonía, es decir,  los principios irrenunciables de que hablaba el ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha.

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

MEMORIAS DE UN JUBILADO. Barcelona, 1964

 


Lo primero que vi de Barcelona fue la estación de Francia y su alta luz de cien razas viviendo con sus lenguas y exóticas historias. Yo acababa de dejar en la esquina del pasado mi página vivida de ciudad provinciana, y abría a la aventura del mestizaje libre y sin fronteras mis ansias de aprender pese al cansancio nocturno de los casi mil kilómetros que me separaban de la primera almendra de la vida, ya en las lindes de la verdad adulta y sus celadas.



El primer piso que tuvimos era luminoso, abierto, cosmopolita y brujo, y se encontrava junto al canto del agua de Montjuic y su esmeralda subiendo hacia el Castillo. (Al alcance de la mano, todo un mundo reciente esperándome.) Nuestra primera vivienda en alto, tibio el aire en los balcones y la luz en el alma del ser que ya aprendía sin libros y sin sueños. (Casi olvido las huertas y los nidos de aquel otro que vive en mi interior, siempre alumbrando.)

 


Y el primer mar de Barcelona que vi fue el mar de Casa Antúnez, al pie del Cementerio; su agua alegre brillaba en nuestros cuerpos. Era julio y ya estaba dispuesta la amistad a saludarme pronto. Allí, en la orilla, compartiendo la espuma de las horas, los primeros amigos catalanes me hablaron de museos, de caminos futuros por los barrios con solera donde el vino se casa con el arte. Yo, a cambio, pensaba regalarles humo de versos, y, todos, saciaríamos bohemias ingenuas de endiosada juventud.



Sus nombres quedan ya sembrados, vivos, en mis surcos diarios. Versos hablan del estudio de uno de ellos, A, uno de los mejores amigos que he tenido siempre, donde tejíamos nuestros sueños artísticos; sus lienzos regían nuestras charlas; yo leía mis versos becquerianos; lo demás era fruto del vino y la esperanza. La juventud podía con los ebrios retornos por la calle del Romano, tras cuya estatua solíamos librar batallas de vejigas acosadas. Y el tranvía, soñando con la gloria, nos iba transportando por la noche como Ulises camino de sus Ítacas. Atrás quedaban versos y dibujos sembrados en la frágil servilleta, entre el olor a vino peleón y el humo del cigarrilloo, como un guiño que la diosa bohemia nos brindaba.

 


 Nombres, vivos nombres que ahora traen momentos de amistad, que a la mirada prosaica del presente me torturan con la inútil nostalgia. Pero entonces..., entonces eran brillos de diamante en nuestras manos. Petritxol, Canuda, los Baños Viejos..., mundos donde abrían sus puertas al amor y al arte cuerpos y almas tocadas por un don común, por un año de gracia, aquel primero en que aprendí el misterio de Barcino, arrimando el oído al corazón, al barrio de las putas y del arte. Pintábamos de día en caballete con el mar a los pies y el cielo azul temblando entre las velas de los muelles. Y por las noches abríamos las salas de Baco con las llaves más gozosas. Entre vaso y vaso abríamos ventanas a las musas, mientras F. perdía lápices en Cristos agonizantes y putas con los senos encrespados, un J. hablaba de sus minotauros y el otro J. no dejaba de soñar con París; E. flotaba en nubes de Picasso y A. la pintaba con pinceles untados en el óleo eterno del corazón.

 


 Las borracheras duraban lo que duraba el fiel arrobamiento. Luego volvíamos al recinto de los Beatles y volvíamos a caer en toboganes de magia y erotismo. En el estudio pasábamos el tiempo hablando libres de Dios, del arte, del sexo y de poemas mientras el mundo se multiplicaba en andamios y las palomas pintaban las estatuas con sus grises de fuego. En el refugio tocábamos las teclas de las musas y planeábamos híbridas visitas a museos y tabernas. Recuerdo todo eso ahora con inútil apasionamiento.

 


 En cambio, recuerdo con alegría y agradecimiento el generoso horizonte del Mercadillo de San Antonio, libros esperando la suerte de las manos que saben teclearlos con caricias de estudiante. A. me acompañaba las mañanas de domingo por búsquedas y encuentros. Libros de magia, de poesía, de arte. Libros que un día sirvieron de escondite a secretos bélicos y a conjuras esotéricas. Libros que fueron cuajando bibliotecas y sueños... Libros que acabaron siendo testigos de una época y que ahora me obligan a esbozar sonrisas mezc los labios arabescos de gris melancolía cuando hojeo sus bosques de poemas, sus cálidas ventanas de pinturas, de rostros, de paisajes, de esperanzas.

 


 Aquel sesenta y cuatro del inicio fue también la aventura de las aulas, de las asignaturas serias, hondas, de los sabios doctores que supieron sembrar en mí los dones del trabajo bien hecho, la lectura, la enseñanza... Alsina, Blecua , Castro..., compromisos de rigor y de entrega hacia el estudio... Y nuevos compañeros, y otras rutas: la Avenida de la Luz y el cariñena, y el bulevar lujoso donde quiso Gaudí poner la almendra de sus sueños en casas temblorosas, casi tartas de piedra, invitaciones para que Dios bajase a ver si eran reales o plagios rebeldes de su excelsa magia. Aquel sesenta y cuatro del inicio la sabia luz de la Universidad alumbró los desvanes de mi mente.

 


 Y si era la ciudad en el verano un diamante brindado a quien osara entrar en su recinto misterioso con los cinco sentidos en alerta, en invierno se convertía en una dama que ofrecía sus encantos sin fin bajo la lluvia y el olor de alquitrán y los sonidos perdidos de la noche a quien quisiera poner en el tablero su ventura, sus virtudes de amante sin prejuicios. Los amigos cogíamos el metro y, mineros del arte, un día amábamos la piedad de Pedralbes, y al siguiente, deseábamos a las mujeres que ardían en los cuadros que Picasso en Montcada dejó vírgenes para aliviar miradas encendidas... Era todo la fiebre de la edad, que lo mismo encendía nuestras ingles que alzaba el corazón a los altares.

 


 O nos daba de pronto por cambiar de horizonte y, locos, nos subíamos al tren del litoral. Y, como a dioses en la orilla del mar, la luz de Sitges nos ungía de gracia y de poemas, tras rendir pleitesía a la pintura de Rusiñol en Cau Ferrat. Comíamos entonces bocadillos de esperanza y bebíamos el vino de la gloria mientras nos quemaba los ojos la alegría de formar parte ya del arte fiel que no recibe nada y lo da todo. Hay fotos que dan fe de aquellos días, y humos de cigarrillos y papeles habitados de esbozos y poemas, y cuadros que ya cuelgan para siempre en las salas eternas del olvido.




miércoles, 1 de abril de 2026

SEMANA SANTA EN VIVO


 

I

Sólo los niños saben dar manojos

de flores verdaderas,

esencias de alegría este Domingo

de Ramos contra ramos.

Navegan los presagios con las nubes

viajeras de este abril que ya no sabe

si la lluvia le espera o si una sombra

antigua de leyenda lo señala

como un mes para muerte y para luto.


II

De nuevo soñaré con aquel río

en cuyas aguas las luces de los pasos

se miran temblorosas.

De nuevo soñaré con la Esperanza

brillando en las estrellas de su túnica.

Y Judas, mientras tanto,

negará la enseñanza recibida,

tramitará el delito entre las sombras

amargas de su propia cobardía

y firmará el descenso hacia su abismo.


III

Semana Santa, abril encadenado

al luto de por vida.

Mañanas, tardes, noches, madrugadas

holladas por tambores.

Hábitos, cruces, andas

para Cristos agónicos.

Semana Santa, ritos ancestrales,

corazones nevados por la pena

prolongada de abril.

¿Hasta cuándo llevaré su recuerdo

como una cruz clavada en tu memoria?


IV

Y Él seguirá salvando,

escribiendo en la tierra,

manzanas pecadoras.

Abrirá la visión en ojos muertos

nacidos en la sombra,

antes de que sus manos,

hechas para la cura y la caricia,

se ofrezcan a las sogas del verdugo,

antes de que otros labios,

nublados de traición, manchen su rostro.


V

En alas del recuerdo que me asedia

me llega aquel silencio repetido

abierto en las heridas perpetuadas

en Cristos de mi tierra.

Aún siento en la penumbra de las plazas

quemarse los pabilos de las velas.

Nunca está la nostalgia tan presente

como el dolor de mi Semana Santa.



VI

Santo cordero ahora

es quien fue un huracán bajo la bóveda

del templo cuando el látigo

usó contra el impío mercader.

Nadie guarda su vida.

Apóstoles serán, pero ahora duermen,

simulan no ver nada.

Serán los que difundan por el mundo

sus lecciones de paz.

Pero ahora prefieren dar la espalda

al peligro que acecha a su Maestro.

Sólo tiembla la luna en los olivos

al entrever las sogas de la muerte.


VII

El Viernes caminábamos deprisa

con frío matutino en las entrañas,

mirando el oro nuevo de otro albor.

Allá, por las Tres Cruces, desfilaban

-niebla triste nimbando la madera

augusta de las tallas- los hermanos

sonando su clarín y su tambor

-el Merlú que llevamos en el alma-.

Trazaba allí la cruz

nítidamente su señal en todas

las frentes zamoranas.

Temblaba en la mañana la Verónica

-al aire el paño con la faz sagrada-.



VIII

Sólo damas de negro,

en fila silenciosa,

llorosas acompañan

la Soledad más sola.

Es una noche fría

abierta a tristes luces.

Sábado Santo: invierno

prolongado en abril.

Navaja de crespón

rajando la esperanza.