miércoles, 30 de octubre de 2019

EL VERDADERO ARTE DEL PASTEL

 


Mientras el centro de Barcelona es reventado por la violencia de unos pocos, que intentan llevar su odio hasta límites insospechados, cerca del lugar donde siguen sucediéndose los actos vandálicos y de coacción de los derechos de la mayoría de los ciudadanos, está teniendo lugar estos días una exposición de pintura en la Fundación MAPFRE, ya de por sí un marco arquitectónicamente bello y sugestivo. Pues bien en dicha exposición juega un papel muy importante el pastel, dibujo y pintura a la vez, técnica que en manos de grandes artistas universales, como Degas, Renoir, Millet, Picasso, Boudin, Redon..., y así hasta casi setenta, consigue expresar un mundo de belleza único que abarca obras desde el siglo XVIII hasta la época contemporánea, pasando por el Impresionismo, que confirió a las barritas de pastel la importancia de otras técnicas clásicas como el óleo, el temple o el acrílico.
 
 
 
Entre el centenar de cuadros expuestos, posee la figura humana, especialmente la femenina, una representación considerable, seguida del paisaje y otros motivos.
 
 
 
 
 
Arte y belleza frente a violencia. Sensatez frente a locura. Educación del buen gusto y sensibilidad frente a incivismo. Sin duda, un paseo por esta muestra de delicadeza y poesía pintada haría a más de uno reflexionar sobre la escasa rentabilidad que ofrece el odio.
 

 
 
 
 

domingo, 27 de octubre de 2019

LA PAZ DE ESPAÑA

LA PAZ DE ESPAÑA


Si quieres conseguir la paz de España,
vístete el alma con humildad de niño
y estrena la mañana con corazón amable.
Sube al andamio como si fuera altar,
como si fuera un surco donde sembrar tu cuerpo
para que sirva de pan a todos tus paisanos
sin excepción de lengua, partido o religión.


Si quieres conseguir la paz de España,
vive en ella como si fuera un bosque
cuyo cura precisa de tus manos,
y arranca hierbas malas y planta nuevos árboles
para que dure su vida de aroma y luz tranquila,
y guste pasear por sus senderos
y sea para todos un edén.


Si quieres conseguir la paz de España,
empieza a estar en paz contigo mismo
mirándote al espejo limpiamente.
Acuéstate seguro de haber hecho
de día bien las cosas, cerrando alguna herida,
abriendo las ventanas de nuevas amistades,
respetando opiniones y aceptando el diálogo.
.


Si quieres conseguir la paz de España,
constrúyela primero con ladrillos
de amores cotidianos, con acero
de saludos sinceros, con cristales
de abierta honestidad, con argamasa
de palabras y silencios duraderos,
con cimientos de justicia y tolerancia..


Sólo así la paz crecerá libre
como una primavera triunfadora,
y el cielo alumbrará más limpiamente,
y la tierra será más habitable,
y los hijos que nazcan de nosotros
vivirán sin sentir jamás el miedo
y más libres confiando en el mañana.


jueves, 24 de octubre de 2019

MEMORIAS DE UN JUBILADO. LECTURAS DE AYER (I)

Aprovechando que está de moda la llamada "Memoria histórica" recuerdo algunos detalles sobre las lecturas de ayer. Y empezaré con el título que sigue:


QUÉ DEBO LEER”

Así se llamó un libro que, con el subtítulo “Guía de lecturas para hombres, mujeres y niños”, dio a conocer el escritor José Mª Borrás en la Sociedad General de publicaciones, S. A.. (Barcelona, 1931) y que fue ampliamente utilizado en los años que siguieron a nuestra guerra civil y, en consecuencia, durante el franquismo.
Ya en el Prólogo el autor asegura que las listas de libros que ofrece a lo largo de la obra “son para el gran público únicamente” y que no por ello el libro mostrado “puede ser útil para el lector corriente, ahorrándole trabajos y tanteos.” A la pregunta “¿Por qué debemos leer?” responde clara e incuestionablemente: “Para recrear el entendimiento, enriquecer la memoria, alimentar la voluntad, dilatar el corazón y satisfacer el espíritu.” De lo cual deduce el autor los tres tipos diferentes de lecturas: las que nos ofrecen los maestros de la literatura para nuestro recreo, las de estudio y consulta y las que cultivan nuestra sensibilidad y mejoran nuestra forma de ser.
El resto del libro se limita a presentar varias listas: la primera de todas está constituida por “Los cien mejores libros, según Sir Lubbock”, lista que posee graves defectos: el más importante, el excesivo dominio de obras escritas en inglés (54 para ser más exactos); otros defectos: la lista contiene sólo un libro en español (menos mal que es El Quijote), uno en italiano (La Divina Comedia, claro), tres o cuatro en alemán, algunos más en francés y pocos pertenecientes a los clásicos griegos y latinos. La mejor lista para el autor es la llamada “Las cien obras maestras de la literatura universal, según Louis Dumur”, que contiene autores y obras de todo tiempo y lugar, desde la Biblia hasta las Poesías y Cuentos de Kipling. En las páginas siguientes Borrás abre un paréntesis para elogiar y comentar obras y autores de fama universal, desde la citada Biblia, para cuyo elogio recurre a las archiconocidas palabras de Donoso Cortés, hasta los clásicos griegos y latinos y la literatura cristiana, para afrontar, acto seguido, los diversos géneros literarios; en primer lugar, trata de la Poesía, citando listas de obras y autores pertenecientes a las principales literaturas españolas y extranjeras; haciendo lo mismo con el Teatro y siguiendo por los Cuentos y Novelas. Concluye las listas con libros que se refieren a los grupos siguientes: Historia, Biografía y Crítica artística, Diarios, Memorias y Epistolarios, Geografía y Viajes, Literatura científica, Ensayistas y moralistas, Sociología y Política, y Religión y Filosofía. Apenas deja libros importantes fuera aunque hay otros que se repiten en algunos grupos (cosa inevitable si se tiene en cuenta la similitud entre no pocos de ellos).
El libro cobra su interés en las últimas páginas de la obra con los dos apartados siguientes: “¿Qué deben leer las mujeres?” y “Lecturas infantiles” No voy a decir nada sobre el primero, salvo que me parece de una discriminación aberrante respecto de las lecturas para hombres, que ya anteriormente se han llevado el mayor peso del libro (discriminación, no obstante, comprensiva si se tiene en cuenta la época de la que hablamos) Pero sí de las “Lecturas infantiles”, por considerarlo parte esencial del trabajo que me ocupa.
 
 
Nada más empezar el apartado, el autor se da prisa en dejar bien claro el espíritu que le ha movido a presentar las listas de libros para niños que más adelante lleva a cabo. Y así dice: “Conviene proporcionarles obras escritas ex profeso para ellos, cuidando ya desde un principio de que estos libros, por su valor literario, por su presentación, por la calidad de sus láminas, contribuyan a formar el gusto y la sensibilidad de los pequeñuelos.” 
 Acto seguido, y siguiendo a Marcel Braunsvich, trata de las tres grandes etapas de la vida intelectual del niño antes de presentar la lista de libros correspondiente a cada uno de ellos.
 
Esquemáticamente, las etapas a que hemos hecho referencia, acompañadas por sus principales temas lectores, se presentarían así:
 
 
.-Primera: de 5 a 9 años.
Narraciones de hechos maravillosos y descripciones del mundo natural.
 
.-Segunda: de 9 a 12 años.
Narraciones y descripciones que satisfagan la imaginación.
Escenas y vivencias de la vida doméstica y escolar rodeadas de ensueño y fantasía.
Desde los 11 años dejará los cuentos infantiles y se interesará por las novelas de aventuras.
 
.-Tercera: de 13 a 15 años.
Primeras novelas con experiencias humanas vividas, que muestren los primeros dolores y gozos verdaderos de la existencia.
La historia humana y el dilatado ámbito del universo, y lo que hay en ellos de maravilla y apele a la imaginación infantil (aspectos curiosos de la tierra y del mundo material y las especiales particularidades de la vida de los animales y las plantas.
Finalmente, antes de mostrarnos las anunciadas listas de libros, el autor nos hace una advertencia del todo incuestionable, a mi parecer, y que sin duda juzgo lo más acertado de la página: “No les impongáis a los niños los libros y las lecturas. Que sean ellos quienes los pidan. Llevadles con frecuencia a visitar los escaparates de las librerías (...). Habladles con entusiasmo de los libros que leísteis en vuestra...” Yo añadiría que nos vieran leer a nosotros con frecuencia. El ejemplo es la mejor educación y la que mejor cala en las almas infantiles.
 
No hay sitio para copiar todos los libros que abarcan las tres listas. Basten unos ejemplos para que podamos hacernos una idea del contenido de cada una de ellas.
 
Lista primera: Cuentos de Perrault, de las Mil y una Noches, de Grimm, de Hadas, El gigante egoísta, de O. Wilde, Aventuras de Peter Pan, Alicia en el país de las maravillas, Leyendas de Oriente, Cuentos del Padre Coloma...
 
 
 
 
Lista segunda: La Odisea, Los caballeros de la Tabla Redonda, El Lazarillo de Tormes, Ivanhoe, La cabaña del tío Tom, La isla del Tesoro, Cuentos de Poe, Hace falta un muchacho, de Cuyás, Novelas de Julio Verne, de Emilio Salgari...
 
Lista tercera: Novelas de Dickens, de Kipling, La guerra de los mundos, de Wells, Novelas de Curwood, de Zane Grey, Beau Geste, de Wrent, Platero y yo, de J. R. Jiménez, Arte y costumbres de los pieles rojas, de Harris Salomón...






jueves, 17 de octubre de 2019

Revista AWEN Número VII. RELÁNGRAFOS

Aquí incluyo algunos Relángrafos míos que la Revista literaria AWEN, de Venezuela, acaba de publicar en su número VII, dedicado a HÍBRIDOS LITERARIOS, octubre 2019.

 


El novelista, pese a tener bien pensada la trama de su relato, no puede evitar casi nunca que alguno de los ingredientes narrativos que combina en su obra no salga como había planeado. Unas veces es el espacio donde se mueven los personajes, el cual intenta explicar y justificar su comportamiento según sea sórdido o saneado, opresor o liberal; otras, el tiempo que regula y ordena las acciones de los personajes según la lógica o la importancia de las mismas; y otras veces, son los propios personajes quienes se rebelan contra los designios de su autor atendiendo a las situaciones que el propio argumento, con sus causas y efectos, va creando a su paso. De ahí que, en ocasiones, el novelista se lamenta de que en su quehacer literario no sea Dios, el cual, siempre en su terrible omnipotencia, mantiene bien atados los destinos de sus criaturas desde que nacen hasta que mueren y nada pueden hacer para evitarlo, salvo el adelantar su propia muerte con el suicidio voluntario, que a veces falla también, lo que da la razón al verdadero Novelista de la Vida. Sólo los novelistas buenos entienden por qué eso es así. Dios escribe la realidad; el novelista la inventa. De otro modo: Dios escribe vida; el novelista, ficción.
 
 
Caperucita se salió del sendero de su bosque y se encontró en otro lugar con Alicia. Algo no iba bien. O Perrault se compadeció de la niña cambiando de golpe el lobo por el conejo. O Lewis Carrol quiso de repente cambiar la suerte que tenía su protagonista y la puso a prueba para ver cómo lograba burlar los colmillos del lobo. Hay una tercera opción: la tradición popular se cansó de tanta ñoñería y echó al ruedo de la perdición a las dos muchachas confiando en que la astucia innata de la infancia las hiciera capaces de salir airosas de los peligros que las rodeaban. En un mundo como el de hoy hasta los más pequeños saben cómo hacerlo. Tampoco hay que insistir demasiado.
 
 
 
 
Bailan y bailan las medusas en las olas con la música eterna del mar hasta agotarse; finalmente, sólo quedan sobre la arena sus faldas hawaianas.
 
 
Tras vivir junto a su amada la sensación vivísima de un momento único en la playa, el cerebro y el corazón del poeta unieron imperiosamente sus respectivas capacidades para identificar con palabras la emoción sentida. La atención y la búsqueda de un rato intensísimo en que el poeta no vivía otra cosa, dio a luz este verso: »Besa süave la brisa tu blusa…« El esfuerzo mental, sin embargo, había sido tan agotador que, el poema recién comenzado se quedó tal cual, sin continuación, temblando en ese extraño endecasílabo (diéresis en la tercera sílaba) surgido de una aliteración que intentaba imitar un fenómeno físico.
 
  


La diferencia entre la labor narrativa y la labor poética es mayor de lo que se piensa. Mientras el novelista siempre está dispuesto a dar una nueva versión al relato que está escribiendo y, de hecho, muchas veces suele utilizar el material narrativo con que cuenta, el poeta no puede disfrutar de esa opción. El material poético que intenta modificarse sólo puede provocar dos situaciones: que el poema resultante sea irremisiblemente otro o que se deseche totalmente y pase a alimentar las papeleras del olvido.


El novelista clásico se parece a Dios. La obra creada por él explica su existencia. El Quijote justifica la existencia de Cervantes. La existencia de Dios está patente en la perfección del universo. Para siempre uno y otro hablarán en sus respectivas creaciones. Para bien o para mal.


El primer verso marca el ritmo y la medida de los demás que formarán con él la estrofa, en primer término y, finalmente, el poema. De ahí que sea tan importante acertar con el que abre la composición. Aunque, claro está, también puede suceder, como hemos visto más arriba, que todo se quede en el arranque.
 
 
 
En la playa, por unos minutos, mientras pisaba las huellas de quienes me antecedían en el paseo por la arena mojada de la orilla, he notado que tenía pensamientos y figuraciones impropias de mí, como si de las pisadas ocupadas por las mías subieran las ideas y los pensamientos de sus dueños piernas arriba hasta alojarse en mi cerebro. Ha sido una sensación horrible como si yo, en vez de ocupar mi sitio de siempre, estuviera siendo ocupado por personalidades diferentes. Menos mal que el oleaje, al borrar las huellas que esperaban con ansiedad mis pies, borró también de golpe el aluvión de pensamientos ajenos que, por segundos, habían poseído mi mente. Aliviado, apreté con ternura la mano de mi mujer, que caminaba a mi lado. Ella me miró con sorpresa y me preguntó qué me pasaba. Le contesté: »Nada, querida; figuraciones mías.


Las medusas muertas sobre la arena me recuerdan implantes de senos desechados. Es más: un pensamiento atroz ha venido a mi encuentro. De repente todas las bañistas, oprimidas por la silicona que rellena sus senos, se han desprendido del relleno, y el mar en sus vaivenes lo ha depositado en la orilla.
 
 
Míster X no es Míster X. Tiene nombre y apellidos. Y un domicilio. Y una familia. Y un trabajo. Y alguna que otra afición. Y algún amigo. El novelista así lo tiene consignado en varias de sus múltiples fichas. Adelantamos su nombre porque es muy significativo: Bonifacio Toro Manso. El hombre nunca rompió un plato en su vida y todo lo que hacía parecía estar santificado; de ahí que el nombre de Bonifacio le viniera que ni pintado. En cuanto a sus dos apellidos, quedan claramente justificados en la novela. Sabido de toda la comunidad era que apenas podía entrar por la puerta de entrada del edificio por la envergadura de los cuernos que su mujer le había puesto años atrás con el administrativo de la Notaría del pueblo. ¡Pobre, hasta la X de su primer nombre presenta cuernos en los cuatro puntos cardinales!
 
 
 
Viendo que no llegaba Caperucita por el sendero del bosque, y a la que acechaba detrás de un árbol desde horas atrás, el lobo empezó a aullar desesperado. Se veía ya sin papel en el cuento que Perrault había tramado para él. Por eso, sin dejar de aullar, pidió desde lo más hondo de su desgraciado, aunque perverso corazón, que al menos Rodríguez de la Fuente le diera una pequeña oportunidad en su programa de televisión, aunque fuera corriendo por las solitarias cumbres de la Sierra de la Culebra, enmarcada su oscura silueta por la amarillenta luz de la luna.

domingo, 1 de septiembre de 2019

MEMORIAS DE UN JUBILADO, EL NIÑO QUE ESCRIBÍA CUENTOS DE MIEDO (2)

Capítulo V. Aún más sorpresas

Al oír esto último, Xavi se puso serio. El hombre lo notó enseguida.
--¿Qué ocurre ahora para que pongas esa cara?—le preguntó.
--¿Y a mí qué me pasará? ¿Cómo puedo salir de aquí? Mis padres y mi hermano Martí me echarán de menos y llorarán al ver que no vuelvo a casa.
--Tú lo tienes más fácil que yo porque dispones de una opción para dejar este sitio.
--¿Cuál?
--Mirar dentro del casco de la armadura y ver lo que hay en él.
El niño sonrió mientras cogía del suelo el objeto mencionado.
--Vamos a ver la sorpresa del casco.
-- Ábrelo levantando la visera, que es la pieza que corresponde a los ojos.


Xavi obedeció y metió la mano por el hueco hasta el fondo. Sus dedos rozaron con un obejto circular con las dos caras pulidas. Lo sacó. Era un reloj de bolsillo. La cara del niño lo decía todo. El hombre asintió con la cabeza.
--Sí, es un reloj de bolsillo—dijo--. Si lo abres verás que marca una hora. Siempre la misma. La hora en que yo entré en la casa.
El niño lo abrió, vio la hora que señalaban las agujas y preguntó:
--Ya la he visto. ¿Y ahora qué hago?
--¿Quieres salir de aquí?
--Ya se lo he dicho.
--¿Ahora mismo?
--Por supuesto. Ya tengo ganas de ver a mis padres y a mi hermano Martí y abrazarlos con todas mis fuerzas.
El hombre consultó su reloj de muñeca.
--Bien. Ahora son las doce y media. Pon las agujas del reloj de bolsillo en esa hora, la aguja pequeña en el doce y la mayor en…
--Sí, ya sé—le interrumpió Xavi--, en el 6.
--Eso es. Eres un niño muy listo. Pero hazlo rápido, porque si no coinciden las horas en el momento de ajustar las agujas, no podrás salir nunca de la casa. Y habrás perdido la ocasión que tenías.

Xavi, antes de hacer lo que le recomendaba el hombre, pensó en otra opción mucho menos arriesgada. Con escribir en el cuento de miedo que estaba redactando que a la casa la destruía un rayo durante una terrible tormenta, bastaba. Y si no, escribiendo simplemente que acababa de despertar de una de tantas pesadillas como tenía cuando era más pequeño. O mandando a Martí que, si fallaban las otras opciones, escribiera en el cuento la palabra FIN.
El niño que escribía cuentos de miedo levantó el lápiz de la hoja para llamar a su hermano pequeño. Martí acudió corriendo.
--¿Qué quieres, Xavi? ¿Voy a salir ya en el cuento?
--Creo que sí. Antes voy a probar una cosa y, por si no sale bien, estate preparado a las cinco y cinco de la tarde.
--¿Para qué? ¿Qué tengo que hacer a esa hora? ¿A qué hora has dicho?
--A las cinco y cinco de la tarde. Para esa hora ya estaremos en casa, seguramente merendando, jugando, haciendo los deberes o escribiendo yo este cuento. Si estoy haciendo esto último, me quitas el lápiz de las manos y, al lado de la última palabra que haya escrito yo, vas tú y pones la palabra FIN. ¿Has entendido? FIN. Y todo habrá acabado. ¿Lo harás?
--Sí.
--Prométemelo.
--Te lo prometo. Adiós, me voy a leer un rato el libro que me ha dejado el yayo.
--¿Te gusta?
--Bastante.
--¿De qué trata?
--De dos amigos que se llaman Sara y David a los que el abuelo de Sara les ha regalado una semilla, de la que brotan siete caminos.
--¿Siete caminos? ¿Por qué siete caminos?
--Uno para cada color de los siete que tiene el arco iris.
--¿Y qué hacen esos niños? ¿Cómo has dicho que se llaman?
--Sara y David. Todavía no he llegado, pero deben encontrar la solución del enigma que encierra cada uno de esos siete caminos.
--Muy interesante.
--Bueno, adiós—dijo Martí dando por terminada la conversación.
--Yo también leeré un poco cuando acabe el párrafo que estoy escribiendo--dijo Xavi. Ah, Martí, y no te olvides de lo que te he dicho.
--Vale, pesado.
Y desapareció.
Xavi siguió escribiendo.

“El niño valiente puso las agujas del reloj en la posición que el hombre le había dicho.
--¿Y ahora qué?--le preguntó--. ¿Qué pasará cuando lleguen las cinco y cinco de la tarde? ¿Me veré fuera de la casa así, sin más?
--Algo parecido. Pero antes debes hacer algo en lo que yo no podré ayudarte.
--¿Por qué?
--Porque yo no estaré aquí. Tengo que hacer otra cosa para volver a casa lo antes posible y averiguar qué ha sido de mi familia. Pero eso es cosa mía. Tú, en cambio, lo tienes más fácil.”

Xavi iba a escribir en su historia de miedo lo que debía hacer el hombre para volver a su casa y averiguar qué había sido de su familia, y luego qué tenía que hacer él, pero lo veía muy difícil y no sabía cómo empezar; así que prefirió levantar el lápiz de la hoja donde estaba escribiendo y cogió el libro que le había dejado su abuelo algunos días antes para leer un rato y aprender algún truco más de los escritores de historias. Y abrió el libro por la página donde se había quedado la vez anterior, y empezó a leer en voz alta, que era la manera que leía delante de su abuelo:

"--¡Ya! –dijo el detective--. Vayamos, pues, directamente al grano sin dar más vueltas al asunto. Tengo que buscar y encontrar este reloj de música para usted, ¿no?
--Sí, eso es. Su misión será conseguir la dirección del actual dueño de este reloj –su dedo señalaba un punto de la fotografía--. Aquí, en la parte superior, el reloj de música ha sido marcado con una pequeña cruz para poder reconocerlo. Cuando encuentre al dueño, yo me pondré en contacto con él.”
En ese momento Martí volvió a entrar en el cuarto.
--¿Qué? ¿Has pensado ya cuándo voy a salir yo en la historia?
La pregunta quedó florando en el aire como un aro de humo.
De repente el niño que escribía cuentos de miedo decidió no escribir más cuentos de miedo, al menos hasta que acabara de leer el libro que estaba leyendo. Así que se levantó con él par ir al comedor mientras su hermano pequeño iba detrás de él esperando una respuesta a su pregunta. Entonces se giró y le dijo:
--Martí, vuelve al cuarto de los deberes y coge el lápiz que hay sobre la hoja del cuento que estaba escribiendo. Y cuando te diga, pones FIN en la línea siguiente de la última palabra escrita.
El pequeño fue corriendo al lugar donde le acababa de decir su hermano.
Xavi se sentó en el sofá del comedor, abrió el libro y se puso a leer. De vez en cuando echaba una ojeada al reloj de pulsera.
Martí le gritó desde el cuarto:
--¿Cuándo?
El reloj marcaba las cinco y cuatro minutos.
--Espera unos segundos...
--Venga, que me canso.
--¡Ya!
--¿Y ahora qué?--preguntó Martí.
--¿Ya has escrito la palabra FIN donde te he dicho?
--Sí, pesado.
--Pues nada, tu trabajo ha terminado. Ya puedes seguir con lo tuyo.
La magia se cumplirá.


martes, 30 de julio de 2019

MEMORIAS DE UN JUBILADO. EL NIÑO QUE ESCRIBÍA CUENTOS DE MIEDO 1

                                                                                                       Para mis nietos Xavi y Martí


Capítulo I. Xavi decide ir a explorar la casa embrujada

Xavi es un niño de diez años que vive en Cerdanyola del Vallés. Tiene mucha imaginación y le gusta leer historias de miedo y escuchar las que le cuenta su abuelo.
Un día que acababa de terminar de leer una de estas historias, le entraron ganas de escribir la primera historia de miedo de su vida, semejante a la de su lectura. La acción pasaba en una casa embrujada donde ocurrían fenómenos extraños que asustaban mucho a la gente que se acercaba a ella. De día brotaban de sus paredes cantos de pájaros desconocidos, y de noche alguien gritaba en su interior pidiendo socorro.
La casa, que se abría diciendo la palabra mágica “Diáspora” y se cerraba pronunciando “Trapabajo”, temblaba cuando el viento soplaba fuerte y se encogía cuando llovía más de la cuenta. Los calores del verano hacían que la casa volviera a su tamaño habitual y a recuperar su equilibrio. La vivienda se componía de un salón lleno de armaduras oxidadas y tapices antiguos, y una habitación que contaba con un viejo armario de madera oscura. Nada más.
En cuanto a los personajes de la historia, eran principalmente dos: uno, el dueño de la casa, un ser misterioso que dormía en un armario, de pie, como las capas que había colgadas en el mueble. Y el segundo personaje era el propio Xavi, que empezó a actuar cuando decidió ir a la casa embrujada para averiguar el origen de los cantos de pájaros desconocidos y los gritos de socorro.
Xavi, que, además de imaginativo, es muy valiente, preparó una mochila con todo lo que necesitaba para sus exploraciones y se dirigió al lugar donde se encontraba la casa. El edificio estaba al lado de un bosque, cerca de un río, y un silencio extraño se extendía sobre ella. Era por la tarde y aún quedaba bastante luz de día cuando Xavi llegó a los árboles que acompañaban a la casa.
Nadie habría dicho que aquella construcción estaba embrujada. Pero cuando Xavi llegó junto a la puerta, empezaron a oírse los cantos de los pájaros. Lejos de asustarse, el niño valiente pronunció la palabra mágica, “Diáspora”, y la puerta se abrió, a la vez que cesaban los cantos de los pájaros.




Capítulo II. Las primeras sorpresas

Xavi, en cuanto hubo terminado de escribir el Capítulo I, lo repasó muy bien para que no hubiera ninguna falta de ortografía y estuviera contado como a él le gustaba. Y como todo estaba bien escrito, se puso a planear lo que sucedería nada más pisar el umbral de la casa embrujada. Evitó pronunciar la palabra “Trapabajo”, para que la puerta permaneciera abierta, y dio dos pasos hacia delante. Y como el vestíbulo estaba oscuro y no veía nada, el niño valiente sacó de su mochila la linterna y empezó a enfocar las cosas que allí había mientras seguía caminando. Al enfocar el cono de luz sobre una armadura, le pareció que alguien estaba escondido dentro de ella. Su primera reacción fue dar media vuelta y salir corriendo de la casa. Pero cuando se está escribiendo una historia inventada, el que escribe es más valiente que en la realidad.
Así que Xavi siguió alumbrando los tapices que colgaban de las paredes, todas llenas de máscaras guerreras, algunas de las cuales mostraban rara ferocidad. Por lo que el niño prefirió seguir enfocando armaduras viejas y oxidadas que, como incansables y fieles centinelas, parecían estar vigilando que ningún intruso molestara la paz de la casa.
De pronto, cuando ya parecía que el niño se estaba acostumbrando al ambiente y al silencio de la casa, afuera empezó a llover y a soplar el viento en los árboles del costado del edificio. Y antes de que Xavi se diera cuenta de que el temporal aumentaba, las paredes del salón empezaron a temblar y los tapices que colgaban de ellas. Las máscaras, con el movimiento, adquirían gestos y muecas terroríficas que a otro niño habrían espantado y obligado a dejar para otro momento mejor explorar el resto de la casa.

Pero Xavi, el niño valiente, estaba decidido a descubrir los misterios que encerraba la vieja casa y siguió su camino hasta una habitación donde sólo había un armario de madera oscura. Nada más. Picado por la curiosidad, se dirigió hacia el mueble para abrirlo y examinar su contenido. Y mientras que con una mano aguantaba la linterna, con la otra empuñó el pomo de la puerta del armario y lentamente empezó a tirar de él. Entonces una voz suave y delicada sonó dentro:
--Es mejor que no abras, niño atrevido.
Lejos de acobardarse, Xavi respondió con un tono parecido al anterior, como burlándose de la voz:
--Si he llegado hasta aquí es para adivinar qué misterios encierra esta casa. ¿Eres tú, voz de niña, de muñeca o de lo que sea, uno de esos misterios?



Capítulo III. El ser misterioso del armario

Xavi levantó el lápiz de la hoja donde estaba escribiendo para ver entrar a su hermano pequeño Martí, que enseguida le preguntó qué estaba haciendo.
--Estoy escribiendo una historia de miedo.
--No me gustan las historias de miedo.
--Ésta te gustará porque pienso sacarte en ella.
Martí, sorprendido:
--¿Y qué haré?
--Me ayudarás a descubrir el misterio que hay en el armario.
--¿Qué armario?
--Uno que hay en la casa embrujada que estoy explorando—contestó Xavi--. ¿Y sabes qué pasó al irlo a abrir? Que de repente sonó una voz ronca de vieja.
Martí dio un respingo.
--¿Una voz ronca de vieja? ¡Qué miedo! Y tú qué hiciste? Saldrías corriendo, ¿no?
--Todo lo contrario. Me quedé allí para averiguar de quién era aquella voz.
--Ya me lo contarás. Ahora me voy a jugar con los coches.
--¿No quieres que te avise cuando salgas en la historia?
--Bueno.
Y Martí salió como había entrado. Xavi volvió la mirada a la hoja donde escribía y puso al lado del Capítulo III: “El ser misterioso del armario”. Y en la línea siguiente empezó a escribir.


“Cuando el ser misterioso del armario oyó lo que había respondido Xavi a sus palabras, empujó de golpe la puerta, tirando al niño al suelo. La linterna rodó por el polvo de las baldosas haciendo bailar el cono de luz por la oscuridad de la habitación.
El niño vio desde el suelo, iluminados por la linterna, los extremos de unos tentáculos de pulpo gigante terminados en unos pies desnudos, grandes y deformes, mientras una voz, ahora ronca y muy desagradable, le decía:
--Deberías hacer más caso a los buenos consejos. Ahora vas a pagar los resultados de tu imprudencia.
Xavi, sin hacer mucho caso de sus palabras, se levantó rápidamente y recogió del suelo la linterna. Enfocó con ella el resto del ser del armario y lo que vio no le hizo ninguna gracia. Era una especie de pulpo gigante que tenía por cabeza una calavera monda y lironda; por las cuencas de los ojos salía una luz verdosa y por los agujeros de la nariz un líquido grueso, a modo de moco, iba bajando hasta la mandíbula superior y se colaba entre los pocos dientes que permanecían enganchados a ella; mientras que la lengua parecía un oscuro badajo dentro de su campana. El resto del cuerpo eran los tentáculos de pulpo que hacían de manos y pies, unas y otros provistos de dedos como morcillas y uñas negras y largas como mejillones.
Al verlo, Xavi dio dos pasos hacia atrás.
--¿Ahora te vas a asustar?—dijo el monstruo avanzando hacia él--. ¿Ahora que te iba a contar quién soy y qué hago en esta casa?
Xavi se rehízo.
--¿Va a durar mucho tu relato?
--Lo que haga falta. No haber venido a molestarme y a arrancarme de mi sueño de temporada.
--¿Es que duermes por tiempos?
--¡No te burles!—chilló el monstruo con voz atronadora mientras daba una patada contra el suelo con uno de sus deformes pies y hacía temblar la habitación como una hoja sacudida por el huracán.
Xavi salió rodando hacia el comedor hasta chocar con una de las armaduras oxidadas que, con el golpe, cayó deshecha a su lado; el casco golpeó su propia cabeza. Volvió a perder la linterna, que se quedó alumbrando los pies deformes del monstruo caminando hacia donde estaba él.
--Lo siento, niño valiente. No volveré a espantarte. Y en compensación por el susto que te has llevado, te regalo el casco de armadura que tienes junto a la cabeza. Hay una sorpresa dentro. ¿Quieres ver lo que es?
Xavi, sin decir nada, se levantó para recoger la linterna. Luego volvió a donde estaba el casco de la armadura y, tras cogerlo con la otra mano y oír algo rodar dentro, enfocó con la linterna la extraordinaria cabeza del durmiente del armario. La luz verdosa de las cuencas de los ojos de su calavera brilló extrañamente antes de recorrer de arriba abajo el cuerpo del niño; enseguida la luz de los ojos aflojó su intensidad y el oscuro badajo de la lengua se movió para decir con voz tranquilizadora:
--Entonces ¿qué dices?
--¿Podemos sentarnos en algún sitio?—preguntó a su vez Xavi.
--Además de valiente, eres un niño algo burlón, ¿eh? Pero me caes bien. El único sitio donde podemos estar algo más cómodos es dentro de mi armario. Alucinarás cuando lo veas.”


Capítulo IV. Más sorpresas

En la realidad, Xavi no era tan valiente como cuando escribía, aunque a veces volvía con Martí solo desde el colegio hasta la plaza cercana de su casa, donde les esperaba su padre. Pensaba eso mientras dejaba descansar un rato a su cuento de miedo para dedicar otro tiempo a los deberes de la escuela. Tenía que hacer un ejercicio sobre hiatos y diptongos. Al final distinguió perfectamente unos y otros en la frase: “El agua del río está fría en invierno”. Y escribió en la ficha: “Hay hiatos en río y en fría, y diptongos en invierno y en agua.” En ese momento entró Martí con un coche en la mano y haciendo el ruido del motor con la boca.
--BUUUUURRRRRRRRRR. ¿He salido en la historia?—añadió.
--Aún no. Falta poco. Ya te dije que te avisaría.
--¿Dónde te has quedado?
--Cuando acabe los deberes del colegio, seguiré el cuento. Iré con el monstruo a su armario y allí me contará quién es y qué está haciendo en la casa embrujada. Ah, Martí, se me olvidaba decirte que me ha regalado un casco de armadura con una sorpresa dentro.
--¿Qué sorpresa?
--Aún no he mirado dentro del casco. Ya te lo diré cuando lo haga.
--Vale, adiós. BUUUURRRRRR.
Martí desapareció de nuevo y Xavi siguió haciendo los deberes. Y como era ya tarde cuando los acabó y su padre llamó a los dos niños para cenar, tuvo que dejar la historia para la tarde del día siguiente.

“El niño valiente, sin deshacerse de la linterna y del casco de armadura, siguió al monstruo hasta su armario. Éste, muy educado, le invitó a entrar. Xavi enfocó con la linterna una hilera de capas colgando allí dentro, antes de que el habitante del mueble las corriera a un lado para mostrarle el camino que debía tomar con uno de los tentáculos rematado en una mano de seis morcillas con mejillones en sus extremos.
Nada más ver lo que tenía delante, Xavi soltó un oh de admiración al comprobar que se encontraba en un camino alfombrado de pétalos de rosas y acompañado por árboles que tenían flores rosadas. Era un día radiante de primavera, y el aire, suave, olía muy bien. Los pájaros cantaban alegres y un calor agradable acariciaba la cara del niño.
--Ya puedes apagar la linterna, niño valiente—oyó que alguien decía a sus espaldas. Xavi se giró y vio a un hombre de mediana edad, de rostro simpático y bien vestido.
El niño, muy sorprendido:
--¿Usted es el monstruo del armario?
--Pues aunque te parezca increíble, sí. Vamos a sentarnos en uno de los bancos que hay en el jardín del fondo. Allí te contaré lo que quieres saber de mí. Mientras llegamos puedes preguntarme lo que quieras.
Los dos se pusieron a caminar. Xavi no se lo pensó dos veces antes de preguntarle:
--¿Cómo un hombre normal como usted puede transformarse en un monstruo tan monstruoso y desagradable? ¿Y cómo un monstruo tan monstruoso y desagradable puede convertirse en un hombre normal?
--Muy fácil. Tú ya debes de saber qué es una maldición, ¿verdad? Pues cuando yo tenía más o menos tu edad sufrí la maldición de un brujo que vivía aquí. Yo era un niño muy travieso y desobediente que no hacía caso a lo que me decían mis padres.
--¿Como qué?
--Pues por ejemplo que no viniera a esta casa sin su permiso. Claro que nunca se lo pedí porque ya sabía que no me lo iban a dar. Y una tarde, al salir del colegio, me vine solo a explorarla. Y como estaba cerrada, no se me ocurrió otra cosa que romper un cristal de la puerta y abrir el picaporte de dentro metiendo la mano por el agujero.


A todo esto el hombre y el niño habían llegado al jardín indicado. El hombre se sentó en un banco que había junto a una fuente de sirenas que echaban agua sin cesar e invitó al niño a sentarse a su lado. Xavi obedeció dejando a sus pies, sobre el césped, la mochila y el casco de la armadura.
--¿Qué pasó?—preguntó enseguida.
--De momento, nada. Pero cuando a mi encuentro salieron tres niñas muy guapas y empezaron a hablarme, su padre el brujo apareció hecho una furia detrás de ellas. Les pidió que se fueran dentro inmediatamente y luego clavó en mí su mirada de fuego.
--¡Tú no sabes lo que has hecho!—voceó--. Y me maldijo por haber visto a sus hijas. Y añadió que yo nunca vería la luz verdadera. Me condenó a vivir en este mundo irreal y a tener que alimentar esta fuente trayendo diariamente agua de un pozo que está lejos. Sólo así sus hijas, convertidas en sirenas, podrían crecer hasta hacerse mayores, pero siempre sin dejar de ser de piedra.
--¿Y por qué en sirenas? ¿Y por qué de piedra?
--Te explico. El padre de las tres chicas, además de brujo era amante de la escultura y siempre que podía compraba estatuas para adornar su jardín. Y un día que se había encaprichado de una estatua de delfín que poseía un mago rival suyo, como su dueño no quería venderla, se la robó, con tan mala suerte que mientras la traía a casa, se le cayó al suelo y se rompió en cien pedazos. Al momento presintió que algo muy malo le estaba pasando a su familia. Y así era porque al entrar en el jardín se encontró con que sus tres hijitas estaban sobre el césped convertidas en sirenas de piedra. Y a sus pies un papel, firmado por su rival el mago que decía: “Si quieres ver crecer a tus hijas, ponlas sobre una fuente y haz que echen agua todos los días. Crecerán, pero siempre como sirenas de piedra. Así no te olvidarás del delfín que me robaste.”
Xavi le escuchaba con muchísima atención.
--¿Y el brujo cuándo murió?—dijo.
--Cuando vio que sus hijas habían crecido hasta hacerse mayores.
--¿Y a usted cuándo lo convirtió en un monstruo?
--Poco antes de morir me condenó a vivir siempre en este mundo del armario y a salir de él sólo para vigilar que no entrara nadie en esta casa. Y para asustar a los intrusos con la forma de pulpo gigante y horrible que tú ya sabes, niño valiente. Dejó dicho a las paredes que temblaran cuando soplaba fuerte el viento y se encogieran cuando caía una lluvia prolongada. Y a los pájaros cantar de día y a mí gritar pidiendo socorro de noche.

domingo, 7 de julio de 2019

MEMORIAS DE UN JUBILADO. EL SOLITARIO JÚBILO DE LA ESCRITURA (y 2)



Los verbos son la acción y la energía de la frase.

Todos los argumentos son buenos para escribir, pero no debemos acercarnos a ellos sólo con la mente y las ideas, sino con todo el cuerpo, con el corazón, con los brazos, con el estómago. Si lo hacemos así, descubriremos nuestra inteligencia, nuestras palabras, nuestra auténtica voz.

No nos cansemos de repetir que escribir es algo que requiere de una vida entera y mucho ejercicio.

Ser escritor y escribir significa sentirse libre para cumplir la propia función.

La libertad de ser escritor consiste en entender quiénes somos, qué tenemos que hacer en esta vida y hacerlo.

El nombre es lo que arrastramos durante toda la vida, y a él contestamos cuando nos nombran al pasar lista en clase, nos licenciamos o lo oímos en un susurro en la noche.

El escribir es nuestro amigo. Nunca nos abandonará, aunque nosotros reneguemos de él muchas veces.

Uno de los valores permanentes del arte es volvernos a despertar a la vida que estamos viviendo.

Ser escritores significa ser portadores de los detalles que conforman nuestra historia.

Presentar un libro no es criticarlo. Es decir lo que te ha hecho pensar y sentir, pero sin intentar convencer de ello a los que asisten a la presentación.

Registrar los detalles de nuestra vida significa tomar postura en contra de las bombas, en contra de las matanzas indiscriminadas, en contra de la velocidad excesiva, en contra de la eficiencia exagerada.

Nos conforta saber que cuanto escribimos posee vitalidad y lucidez. Pero sólo nos llenará de verdad cuando el escrito llega a resplandecer con luz propia.

Mientras escribimos debemos decir sí a la vida y a cada uno de sus aspectos. Nuestra tarea consiste en decir un sí sacrosanto a las cosas verdaderas de nuestra vida, tal como existen, a la auténtica verdad de lo que somos nosotros, tal como somos.

Si utilizamos los detalles, adquirimos una mayor capacidad para expresar nuestros dolores y nuestras alegrías.

Los detalles son los  componentes fundamentales del arte de escribir.

Al escribir con detalle, nos giramos para enfrentarnos con el mundo.

El proceso de la escritura es una fuente continua de vida y vitalidad.

El escritor vive dos veces. Tenemos suerte. Por eso tenemos mucho aprecio a nuestro tiempo y no tenemos prisa en venderlo.

Si queremos ser grandes escritores debemos transmitir más que nuestras palabras nuestra misma respiración en el momento en que estamos inspirados, es decir, la respiración del aliento de nuestra inspiración.

Si mientras nos proponemos escribir una poesía logramos captar las cosas como son, la misma poesía estará allí donde estemos al completo.

Cuando estemos ocupados en escribir, la llama de vida que intentamos ansiosamente expresar con nuestras palabras, debería tener su origen en la paz interior.

Si queremos aprender a escribir bien debemos hacer, cuatro actividades: leer bastante, escuchar intensamente y escribir mucho; y no pensar demasiado Será suficiente con entrar en el calor de las palabras, de los sonidos y de las sensaciones, seguir moviendo la pluma sobre el papel o golpeando las teclas del ordenador.

La revisión de nuestros propios escritos debería ser como un reconsiderar lo expresado. No una nueva escritura.

Escribir nos proporciona la posibilidad de tocar con la mano nuestra propia existencia y ello nos suaviza y nos permite sentirnos otra vez en contacto con nosotros mismos.

Si queremos aprender qué es poesía, leámosla y escuchémosla, y permitamos que aquellos modelos y formas se impriman en nosotros. Y desde luego no nos alejemos de la poesía para analizarla racionalmente, lógicamente. Entremos dentro de ella con todo nuestro cuerpo.

Debemos sentir ternura y determinación con respecto a lo que escribimos y cultivar el sentido del humor con la profunda convicción de que estamos haciendo lo que es justo.

La tarea de la literatura es mantener despiertos, presentes y vivos a los lectores. Pero por favor no crucemos la línea sutil que hay entre la precisión y la autocomplacencia.

Muchas veces el verdadero arte llega a rozar el sentimentalismo, pero nunca debe caer en ello.

Para ser auténticos escritores, siempre debemos tener en cuenta que la vida no tolera condiciones y que vivir y escribir son dos cosas diferentes.

En el arte de escribir existe un viejo refrán: “No digas; muestra.” No hay que explicar al lector lo que tiene que sentir; hay que mostrarle la situación y ésta despertará en él ese mismo sentimiento. Los escritores no hacemos psicología. No nos concierne hablar sobre sentimientos; nosotros sentimos emociones y mediante nuestras palabras las hacemos despertar en los lectores.

Cuando escribimos tenemos que quedarnos en estrecho contacto con nuestros sentidos y con la realidad sobre la que escribimos.

El escritor lo es todo: arquitecto, chef, agricultor, y al mismo tiempo el escritor no es nada de todo eso.

Si en nuestros escritos aparecen pasajes indecisos o poco definidos, sería suficiente recrear la imagen de la que se originaron y añadir los detalles que puedan acercar a nuestra imagen mental lo que habíamos escrito.

Mientras escribimos no debemos permitir al yo la menor oportunidad de manipular las cosas a su gusto y volverse escrupuloso.

Releer nuestros escritos puede ayudarnos a entender cómo funciona nuestra mente.

El verdadero valor del arte es convertir en extraordinario lo que es corriente.

En el habla familiar podemos encontrar expresiones insustituibles.

Nuestras raíces influyen en nuestra escritura y en la estructura misma de nuestro lenguaje.

Lo que hace grande a un poeta es, además de lo que dice, la capacidad de entrar en sintonía con ciertos ritmos del lenguaje.

Como el arte es comunicación, escribamos de manera que nos puedan entender los demás.

La soledad es un sufrimiento que lleva consigo la urgente necesidad de volver a estar en contacto con el mundo.

Seguir escribiendo es lo que nos abre el corazón de par en par hacia una nueva ternura y una nueva comprensión de nosotros mismos.

Escribir puede enseñarnos a respetar la verdad que desde la página se esparce por toda nuestra existencia.

Hagamos que el escribir nos enseñe a vivir y que la vida nos enseñe a escribir.

En todos los haikus tiene lugar un salto, un momento en el cual el poeta da un gran salto mental, y los lectores tienen que alcanzarlo también en su mente, como una sensación de espacio.

En un poema breve la utilización de las palabras está gobernada por la máxima economía, de modo que el título debería añadirle una dimensión suplementaria.

Escribimos porque amamos el mundo.

En nuestra sociedad ser artista significa vivir en soledad.

Escribir nos ofrece la gran ocasión de alcanzar a nado la libertad.

A menudo, mientras escribimos nuestras mejores obras, se nos está rompiendo el corazón.

Cuando estamos realmente dentro de lo que estamos escribiendo, no importa dónde nos encontremos, porque de todas formas es perfecto. Saber que podemos escribir en todas partes nos da la sensación de una gran autonomía y seguridad.

El trabajo del escritor consiste en dar vida incluso a lo más banal, en volver a despertar al lector a la excepcionalidad de todo lo existente.

Tendríamos que enfrentarnos a lo que tenemos que decir y escribir, no con agresividad o con vergüenza, sino rodeándolo festivamente y a paso de baile.

¿Quién ha dicho que el escritor necesite un estudio? Un estudio con aparente desorden indica fertilidad mental y creatividad. Un estudio perfectamente ordenado hace pensar que quien lo ocupa le tiene miedo a su propia interioridad y que en aquel espacio material se refleja una necesidad interior de control. Cuando la creatividad es precisamente lo contrario: una pérdida de control. Es mejor aprender a conocernos lo suficientemente a fondo para que no tengamos necesidad de perdernos en la decoración.