domingo, 9 de agosto de 2026

POEMAS DEL TIEMPO QUE NO VUELVE (II)

 



AQUELLA PRIMAVERA


La golondrina

encontraba su camino

en pleno vuelo

y entraba en el desván

por la azul claraboya hasta su nido,

puesto allí desde siempre

encima de una viga.

Fiel realidad de aquella primavera,

promesa eternizada en una voz

que prosigue sonando todavía,

puro silencio musicado,

como el vuelo del ave que salvaba

la claraboya abierta en el desván

en mis ojos de niño, de aquel niño

que sigue respirando entre mis sueños..


RETORNO INÚTIL


Un día regresaste

creyendo que el deseo obra milagros.

Pero una vez allí, viste que nada

te quedaba de aquel árbol primero:

ni tronco, ni raíces, ni ramajes

donde los nidos fueron ecos

de la tierra que te daba la luz.

Y volviste de nuevo a este paisaje

de tarde que se cuelga de tus ramas

con un poco de sol.

Y sueñas que algún día

nacerá entre tus hojas otro nido

que alegrará tu alma.


                                  Tu otoño es este otoño, no el que sueña

en la tierra del trigo que no vuelve,

sino el que ve el camino que recorres.

Los retornos son vanos,

inútiles perfumes de nostalgia.


SONETO REBELDE


El soneto rebelde siempre sabe

que el poeta nada tiene

que ver con su factura. Como el ave

que cruza el aire cuando al nido viene

sin pensar que sin alas nunca habría

podido recorrer ese camino.

El soneto rebelde siempre ansía

traspasar el sentir del adivino.

Y deja que la libre golondrina

se transforme las veces que ella quiera

con tal de reescribir su primavera.

El soneto rebelde afina, atina,

combate contra pálidas cegueras

y, aunque el blanco no vea, lo adivina.





MALHERBE


El francés de Malherbe hizo de todo

--hasta ser mala hierba--: escribió versos,

criticó lo indecible y en Provenza

sirvió de secretario a todo un Príncipe

y se casó con la hija de un gran cargo.

Sus Lágrimas del Santo de las Llaves

no las vieron ni el Greco ni Velázquez.

Mas tal vez puedan ver en el Parnaso

el epitafio que apunto desde Tossa:

“El francés de Malherbe hizo de todo,

paseó por el mundo como todos

y un día se fue a donde vamos todos.

Y vosotros que estáis viendo su fosa

por favor, no aspiréis a otra cosa.”




UN JUEGO NADA MÁS


Fue un juego, nada más, 

y ¡cuántas lágrimas a solas derramé,

cuando de noche recordaba en casa

la sangre del gorrión entre mis dedos,

aún caliente su cuerpo, lejos ya

del vuelo y de los árboles!

Un guijarro redondo en la badana

y bien tensas las gomas, nada más.

En un segundo cruel se había roto

el misterio de la naturaleza.

¡Un juego, nada más,

y cuánto  me arrepentí aquella noche! 


BARCELONA 1966


Atrás quedaron versos y dibujos

sembrados en efímeros papeles,

y nombres, vivos nombres que evocaban

momentos de amistad: los Baños Viejos,

Canuda, Petritxol, el Pino..., puertas

abiertas a la magia de Barcino.



                                       
                                      Las borracheras duraban lo que duraba

el fiel arrobamiento. Luego

volvíamos al refugio de los Beatles

y descendíamos por toboganes

de magia creativa. Afuera, el mundo

ascendía en andamios acrobáticos

y las palomas pintaban las estatuas

con sus grises de olvido y de ceniza.

El tema era el placer del vino mago

que hacía derramar poemas tristes

a lo Buesa, o el deambular romántico

por calles enjoyadas de Gaudí

o altares de Picasso. Pero había

un viejo nubarrón que amenazaba

la mies de la familia, un huracán

dispuesto a derribar la luz de casa.



                                      Un tren de madrugada atravesó

sin un descanso lágrimas y tierras

mientras en el macuto me quemaban

mil versos contra Dios, contra la vida,

contra la primavera que inundaba

los campos de lujuria. Llegué, limpio

de llantos, hasta el lecho donde el padre

aguardaba mi beso, mi palabra,

tal vez la aceptación de que él había

significado todo para mí.

Y nada hice ni dije: tristemente

lo miré como al barco que se aleja

dejando tras de sí una ausencia blanca.



                                      Y los amigos siguieron compartiendo

conmigo cigarrillos y botellas,

poemas y pinturas. Pero todo

había ya cambiado sin remedio.

Y las palabras nos sonaban lejos

porque sabíamos que algo puro, vívido,

a punto estaba de desvanecerse,

como el perfume de una mujer bella

que deja nuestro cuarto tras amarnos.

Como si aquella Barcelona nuestra

estuviera diciéndonos adiós.

                           


                                           
                                     


                                    

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