miércoles, 10 de enero de 2024

TEATRO NEGRO (II) LA ENFERMEDAD DE NANI

 


LA ENFERMEDAD DE NANI

(Adaptación de Caballos fantasmas, de Isak Dinesen)


Una mansión antigua.

Una familia con una niña enferma, Nani.


Primer cuadro

Antesala del dormitorio de Nani.

Doctor, que cuida a Nani, y Tula, madre de Nani.

DOCTOR (A Tula). Señora, su hija está curada y tiene que levantarse y andar por la mansión y salir a pasear, al principio acompañada y más tarde sola.

TULA Si siempre mantiene los ojos cerrados y no quiere hablar con nadie ni comer y cuando alguna criada intenta obligarla a levantarse grita diciendo que le duelen mucho las piernas. No sé qué hacer, doctor.

DOCTOR Mi querida señora, nos hallamos ante un caso inexplicable. Estamos a las puertas de una decisión entre la vida y la muerte y la persona que debe tomar esa decisión sólo tiene ocho años. Tenga en cuenta que Nani es una niña que posee una voluntad de hierro.

TULA ¿Qué quiere decirme, doctor?

DOCTOR El mundo de los niños suele girar en torno a un personaje por el que se siente atraído. Es lógico que en este caso la admiración esté inspirada por una madre joven como usted. Durante mucho tiempo Nani la ha tenido a usted dedicada en cuerpo y alma a ella y no está dispuesta a que termine esta feliz situación; de modo que persiste en continuar enferma para causarle angustia y posiblemente se empeñe en morir para que usted la eche de menos.

TULA (Entre sollozos) ¿Así que es necesario que yo me convierta en una maldición para los seres que más quiero?

DOCTOR (Intentando calmarla) Tampoco creo que sea eso. Lo único que le pido es que durante un tiempo se aleje de su hija. Nani tiene que comprender que usted no regresará a casa hasta que ella esté perfectamente sana, y entonces permanecerá usted siempre junto a ella. Pedro, su marido, me ha hablado de una carrera automovilística que tendrá lugar en Francia dentro de dos semanas. Mi consejo es que parta mañana mismo en su compañía. (Tula cambia de gesto) Vaya tranquila. Usted dejará a Nani en buenas manos. Las dos criadas son de absoluta confianza y Margarita, su niñera, efectúa diligentemente su trabajo. Los cuatro nos pondremos de acuerdo para hablar a Nani de usted todos los días e insistirle que cuanto antes se cure más pronto regresará usted. Verá qué pronto nuestra testaruda niña dejará de esforzarse por morir y hará todo lo posible por recuperarse.

TULA (Más tranquila) Mi hermano llega mañana de París. Le he mandado un telegrama.

DOCTOR ¿Su hermano el artista? ¿El que hace a Nani esos dibujos Tan interesantes? (Tula asiente) Justo es la persona que necesitamos. Él le describirá a la niña con todo detalle su viaje de usted y además podrá ilustrarlo.



Segundo Cuadro

Durante el viaje.

Única escena

En el café de un hotel.

Tula y Pedro, y César, hermano de Tula. Sentados a una mesa.

PEDRO (A César) Ha sido una alegría hablar contigo este rato antes de que tú partas para nuestra casa y nosotros para París.

CÉSAR Yo también me he alegrado mucho de veros. Os deseo lo mejor para vuestro viaje, y yo ya tengo ganas de ver a mi sobrina y hacer lo que pueda por ella.

TULA Te lo agradecemos mucho, hermano. (A Pedro) ¿Verdad, querido?

PEDRO (Levantándose) Por supuesto. Estamos que no sabemos qué hacer. Y tu hermana sufre cada día más. Voy a revisar el equipaje. Enseguida vuelvo. (Sale)

TULA Ahora que estamos solos, quiero pedirte algunos favores.

PEDRO Los que quieras, hermanita. Ya sabes que por ti hago milagros.

TULA Ojalá hicieras éste de ahora. Ya sabes que el mundo infantil suele centrarse en un ser de poderosa personalidad por quien se siente atraído. Por eso me voy a París para salvar la vida de Nani. Y tú, César, debes hablarle todos los días y a todas horas de mí. Dile que mamá volverá a casa cuando ella éste curada.

CÉSAR Cuenta con ello.

TULA Otro favor, hermanito. Mándame a la dirección de París que te he dado informes sobre el progreso de la enfermedad de la niña.

CÉSAR Hecho. Pero esa no es la única razón por la que me enviaste un telegrama.

TULA No, hermanito. Quería tu consejo.

CÉSAR (Extrañado) ¿Un consejo? ¿Sobre qué?

TULA Verás. Pedro y yo estamos, la familia, estamos pasando un mal momento económico. Y de repente se nos ha presentado una oportunidad de oro para salir de ésta. Mauricio Mendoza, ya sabes, un buen amigo de la familia, le ha ofrecido a Pedro aceptarle en la firma como socio.

CÉSAR Pero eso es maravilloso.

TULA Salvo que Mauricio es mi admirador, y a tu cuñado no le gustará si se entera. Yo amo a Pedro. Lo quiero desde hace siete años y lo conozco de memoria. En cambio, Mauricio es una persona muy misteriosa como puedes deducir de su reputación. Posee la cueva de Aladino, y lo relaciono con nuestro viejo cuento de hadas familiar porque resulta que Mauricio es un gran entendido en piedras preciosas. Ojalá la tatarabuela Ana no se hubiese llevado las joyas de la familia cuando huyó con el mozo de cuadra.

CÉSAR Sí, siempre hay algo misterioso en esas románticas historias de amor.

TULA La noche anterior a que Nani enfermara, Mauricio y yo cenamos juntos y me enseñó un enorme rubí que había comprado en Holanda. Nos dijo que cuando Pedro y él firmaran el trato me regalaría el rubí engarzado en un brazalete. Pero al caer enferma Nani no lo he vuelto a ver.

(Entra Pedro)

PEDRO ¿De qué hablabais?

TULA (Cambiando de tema) Le estaba contando a César que durante toda la enfermedad nuestra hija sólo ha hablado de caballos, nada más que de caballos: de carreras en el hipódromo, cuidados que necesitan. Y lo más raro es que Nani no ha visto nunca caballos. ¿Verdad, querido?

PEDRO Verdad, querida. Cuando la niña empezó su obsesión le compré un caballo mecánico de juguete. Pero no le gustó.



Tercer Cuadro

La mansión antigua.

Dormitorio de Nani. Todo está lleno de juguetes y junto a la cama descansa un caballo mecánico.

Primera escena

César y Nani

CÉSAR (Junto a la cama de la niña, que está incorporada sobre su almohadón y le mira en silencio) He visto a tu madre y me ha dado muchos recuerdos para ti. Me ha dicho que volverá a casa cuando te cures del todo. ¿Quieres que te ayude a levantar para sentarte a lomos de este caballo mecánico que parece estar invitándote a hacerlo? ¿No? ¿A qué quieres que juguemos cuando te levantes?

NANI No podemos jugar. Tú y yo no podemos.

CÉSAR Si tú y yo no podemos, ¿quién puede jugar entonces?

NANI Bene.


Segunda escena

Los mismos. El doctor y una criada.

(Entra el doctor)

DOCTOR (A César) Buenos días, artista. Por fin le vemos. ¿Cuánto tiempo ha pasado? A mí me parece una eternidad.

CÉSAR No tanto. Sin ir más lejos, el verano pasado estuve aquí.

DOCTOR ¿Cómo va la obra?

CÉSAR Algo se va haciendo. Ahora he venido a hacer otro tipo de obra. (Miró a Nani)

DOCTOR. Espero que ésta salga tan bien o mejor que las otras. (Se puso a examinar a Nani. Luego se dirigió a la criada) ¿Se ha levantado esta criatura?

CRIADA He hecho todo lo posible pero ha sido inútil. Dice que no puede y que le duelen mucho las piernas.

DOCTOR (Molesto) Esto empieza a ponerse serio. En mi próxima visita, que será dentro de tres días, quiero encontrar a la niña de pie. ¿Me ha entendido?

CRIADA Lo intentaré, doctor.

DOCTOR No lo intente, consígalo. No lo olvide. (A César) Bienvenido. Volveremos a hablar pronto. (A la criada) ¿Me sigue un momento afuera? Quiero darle unas cuantas recomendaciones.

(Salen el doctor y la criada)

CÉSAR (A Nani, que ha permanecido con los ojos cerrados todo el rato) Te levantarías si pudieras jugar con Bene, ¿verdad?

NANI (Abriendo los ojos para mirar a César) Sí.

CÉSAR ¿Y por qué no puedes hacerlo ahora mismo?

NANI (Molesta) Tú lo sabes muy bien.

CÉSAR He estado todo este tiempo fuera, cariño, Parece que aquí han ocurrido muchas cosas en mi ausencia y nadie me ha puesto al corriente. ¿No te importa decírmelo?

NANI (Afligida) Porque Bene está muerto.



Cuarto cuadro

Habitación de Margarita, la niñera de Nani.

Única escena

Margarita y César, ambos de pie. La joven junto a la ventana y el artista apoyado en el armario.

MARGARITA (Tímida) Estoy encantada de hablar con usted de Nani, pobre niña. ¿Qué quiere saber?

CÉSAR Yo también estoy encantado de hablar con usted. Me recuerda una figura de Vermeer y me gustaría retratarla en un cuadro, si a usted no le importa. Pero ahora vengo a hablar de la enfermedad de mi sobrina.

MARGARITA Me preocupa mucho lo que tiene la niña y lamento ver lo que sufre la señora con su pequeña. Me gustaría ayudarla, pero no sé cómo hacerlo. Nadie sabe qué hacer para curar esa extraña enfermedad que padece.

CÉSAR Extraña es, en verdad. Por cierto, ¿quién es Bene? La niña ha mencionado hoy su nombre, y estoy convencido de que usted puede decirme cosas de él.

MARGARITA (Palideciendo) ¡Bene! No me atrevo, señor.

CÉSAR Pues tiene que atreverse, Margarita. Yo he venido aquí para ayudar a sanar a Nani, y no podré hacerlo si usted no me lo dice.

MARGARITA Tenía esperanza de que nadie se enterara.

CÉSAR ¿Y por qué razón no debería enterarse nadie?

MARGARITA Porque Bene está muerto.

CÉSAR Eso ya lo sé. Y créame que lo siento mucho. Pero debo saber alguna cosa más de Bene. Y si usted fuera tan amable de contármelo, le prometo firmemente no decírselo a nadie.

MARGARITA (Exhalando un largo suspiro) Se lo contaré. Así me aliviará un poco la inmensa pena que aún me acompaña. Bene era el nieto del viejo cochero que tenía su vivienda sobre las caballerizas de la casa. El cochero tuvo un hijo que trabajaba en una importante cuadra de caballos de carrera, estaba casado y tenía siete hijos; cuando su esposa murió y se volvió a casar, su nueva mujer no quiso ocuparse de Bene, que era el más pequeño; con lo que el viejo cochero se encargó de cuidarlo y educarlo. Así fue como Nani y Bene se conocieron y fueron muy amigos; siempre andaban y jugaban juntos y cuando tenían ocasión se iban al local donde se guardaban los arneses.

CÉSAR Pero en eso no hay nada malo.

MARGARITA Sí lo hubo, señor, porque Bene contagió el sarampión a Nani. Y cuando la niña empezaba a superar la enfermedad, Bene murió. Y fue entonces cuando Nani sufrió la recaída.

CÉSAR ¿Cómo se enteró la niña?

MARGARITA (Sollozando) Se lo dije yo. Siempre lo lamentaré. El caso es que cuando murió el niño que era de la misma edad que Nani, no sé si se lo he dicho, estuve consolando al viejo cochero y llorando con él gran parte del día. Y cuando entré en el dormitorio de mi pobre niña y me vio con los ojos rojos de las lágrimas y me preguntó por qué había llorado, no tuve otro remedio que decírselo. Se puso tan mala que tuvimos que llamar al doctor a medianoche. Nani deliraba.

CÉSAR Mi hermana me contó que no paraba de hablar de caballos.

MARGARITA Sí, hablaba de caballos. En la habitación de los arneses había muchos retratos de caballos y Bene le enseñó a Nani los nombres de todos ellos. Y la niña había noches en que cuando entraba en su dormitorio a arroparla o comprobar cómo se encontraba, me pedía que le acercara el oído y entre susurros me decía que Bene y ella tenían hermosos y ricos caballos para jugar.

CÉSAR Gracias por todo lo que acabas de contarme, Margarita. Creo que ya estoy en condiciones de hablar con Nani de su amiguito Bene.

MARGARITA ¿Le parece correcto, señor?

CÉSAR Más que correcto. El doctor le dijo a mi hermana que para los niños siempre existe una persona que los hechiza y capta su atención más que los demás. El doctor cree que para Nani esa persona es su madre, pero ahora sé que en realidad esa persona no es otra que Bene.



Quinto cuadro

Dormitorio de Nani

Única escena.

Nani y César

NANI (Al ver entrar a su tío se incorporó en la cama sobre los almohadones) Hola, tío. Creí que hoy ya no ibas a venir a verme,

CÉSAR ¿Cómo se te ocurre decirme eso? ¿Quieres hablar?

NANI ¿Hablar? ¿De qué?

CÉSAR Por ejemplo, de ese caballo mecánico inmóvil que hay junto a tu cama. ¿No te desharías de él?

NANI (Mirando con desprecio al juguete) Más de una vez lo he pensado, no creas.

CÉSAR Las cosas que copian a otras son un verdadero aburrimiento. ¿No te parece, Nani?

NANI Sí.

CÉSAR Las únicas cosas verdaderamente reales son las que uno se inventa y no se parecen a las demás. Por ejemplo yo invento muchas cosas verdaderamente reales: flores, pájaros, una mujer que se arroja al río porque es desgraciada…Poseen aroma, cantan, se arrojan al río con naturalidad, como si tal cosa.

NANI ¿Con qué los haces?

CÉSAR Normalmente, encuentro siempre algo con que hacerlos. ¿No te pasa a ti eso?

NANI (Sonriendo suavemente) Sí.

CÉSAR Volviendo a los caballos, a los caballos verdaderamente reales. Supongo que Bene podía obligarles a hacer cualquier cosa.

NANI (Asintiendo con la cabeza) Bene me explicaba todo lo que los caballos hacían.

CÉSAR (Afirmando) Bueno, Nani. Me tengo que ir a dar un paseo en el coche que me dejó tu mamá. Es un fastidio porque un coche resulta muy lento cuando piensas en los caballos de Bene.

NANI (Mudando el rostro ligeramente) ¿Volverás, tío César?

CÉSAR Claro. Hasta pronto.



Sexto cuadro

Dormitorio de Nani

Única escena

Nani, recostada sobre los almohadones, y César sentado en una silla junto a la cama, en el mismo sitio donde estaba el caballo mecánico de juguete.

NANI (Después de recorrer con el dedo los dibujos floreados de su colcha) Tío César, ¿dónde guardas las flores, los pájaros y la dama?

CÉSAR Los pongo contra la pared de mi estudio; así nadie puede verlos. Pero siguen allí todo el tiempo, por supuesto.

NANI (Tras pensar unos segundos) Nuestros caballos están en su caballerizas, en las cuadras.

CÉSAR Lógico, como todos los caballos de raza.

NANI ¿Quieres que te enseñe mis caballos, tío César?

CÉSAR No sabes cuánto me gustaría verlos. No he dejado de pensar en ellos ni un momento. No me parece bien que estén sin agua y sin nadie que los atienda, ahora que Bene no está, ahora que tus piernas están demasiado débiles para sostenerte.

NANI No lo están (Se puso de pie sobre la cama). ¿Lo ves?

CÉSAR (Inmutable) Hay que tener las piernas muy fuertes para trabajar en un establo. Será mejor hacerlo mañana. ¿No crees?

NANI (Negando con la cabeza) No, quiero ir hoy. Después de comer. (Volvió a su postura anterior en la cama y bajó el volumen de voz) Que no se enteren las criadas.

CÉSAR No te preocupes. No se enterarán.

NANI Margarita puede vestirme.

CÉSAR Margarita puede vestirte. Yo les diré a las criadas que me has invitado a dar un paseo en coche.

NANI Es necesario, tío César, que nunca, nunca, digas a nadie lo que estamos hablando hoy.

CÉSAR Si alguna vez menciono los caballos o las cuadras a cualquier alma viviente, que nunca más vuelva a pintar un buen cuadro en toda mi vida.



Séptimo cuadro

Habitación de los arneses.

Única escena

Nani y César

CÉSAR Ha sido una aventura llegar hasta aquí, Nani.

NANI Sí, tío. Como cuando Bene y yo veníamos. Aquí hemos pasado momentos maravillosos.

CÉSAR Me ha gustado cómo has hablado al viejo cochero cuando nos ha visto subir las escaleras.

NANI Se ha asustado un poco al verme, pero se ha quedado tranquilo cuando me ha visto caminar y sonreír. Además le he dicho que estoy bien y que pronto voy a estar mejor.

CÉSAR Y cuando se ha puesto a llorar recordando a su nieto, me ha gustado lo que le has dicho. Eres un sol, Nani. Estoy orgulloso de tener una sobrina como tú. Guapa, educada e inteligente.

NANI Le he dicho lo que tenía que decirle, tío César. Que su nieto era mi mejor amigo y siempre lo recordaré. Es la verdad.

CÉSAR Y lo de la llave ha sido genial, Nani.

NANI Eso ha sido lo más fácil. Bene me enseñó el lugar donde la escondía su abuelo. Lo había visto en una película de policías y ladrones.

CÉSAR Es verdad, parece de película. Una revista debajo de la puerta y un lápiz para empujar la llave que está puesta al otro lado. Ahora entiendo por qué insistías tanto antes en hacerte con un lápiz y una revista. (Pausa) Bueno ahora ya estamos aquí dentro. (Miró a su alrededor) Es amplia la sala y bastante luminosa aunque tiene mucho polvo.

NANI Pero está todo igual que cuando estaba Bene. Mira, tío César. (Le señaló la pared de la izquierda) Ahí están colgados los arneses y las monturas. Y en esa otra pared (le señaló la de la derecha), están los retratos de los caballos, galopando, saltando vallas, tirando de carruajes...

CÉSAR En resumen, el mundo de vuestros juegos.

NANI Sí, pero sobre todo, éste es el reino de Bene. Te recuerdo que Bene era hijo de domador de caballos y nieto de un cochero.

CÉSAR (En voz baja) En una palabra, el heredero legítimo de este viejo y perdido mundo de los caballos en Inglaterra.

NANI ¿Qué dices, tío César?

CÉSAR. Nada, pequeña. Que aquí tu amigo Bene se debía encontrar como el niño más feliz del mundo y dueño de este tesoro.

NANI Pues claro. Súbeme en hombros, que te voy a enseñar este tesoro (César obedece. Nani lo conduce hasta los cuatro primeros retratos de caballos y le va explicando cada uno) Éste es Ranger, que ganó en Longchamps. Éste es Boiard, que ganó en Ascot. Éste es el caballo favorito de la Reina y éste el favorito del príncipe Alberto. Éste es Roberto el Diablo, que ganó en Saint-Leger. ¿No te parece que tiene aspecto de diablo? Éste es Gladiator, que ganó el derby. Todo está escrito debajo de cada uno, ¿lo ves?

CÉSAR Sí, es genial. ¿Qué vamos a ver ahora?

NANI La coronación de la Reina el 28 de junio de 1838. Llévame hasta el cuadro de enfrente (César obedeció.) ¿Lo ves?

CÉSAR (Lo contempló unos segundos y leyó la explicación inferior) Es magnífico.

NANI Ya. Ahora bájame. (César volvió a obedecer) Jugaremos al desfile de la coronación. (Echó a andar hacia un sillón enorme que había en el rincón más cercano y se subió a él como si fuera un trono aunque se la veía muy pequeña sentada en él)

CÉSAR (Con gesto de asombro) Muy bien, Nani. Como una reina acomodada en su trono.

NANI Yo seré Dios que contempla todo desde las alturas. Bene decía que Dios contemplaba desde arriba todos los caballos. Y ahora (con gesto muy digno) abre las puertas del establo y... ¡que salgan los caballos!

CÉSAR Sí, querida. (Cogió un retrato de caballo y lo colocó en el suelo contra la pared).

NANI No; Osmond, no, tío César. El que está dos más a su derecha.

CÉSAR (Desplazándose hacia el que había dicho Nani para leer su nombre) ¿Zeodone?

NANI Sí, Zeodone, que ganó el Grand National. Nunca habrías podido encontrar el establo tú solo, ¿verdad, tío César? Bene lo encontró sin ayuda. Tuvo que encaramarse sobre la silla de amazona para alcanzarlo.

CÉSAR (Pasmado, retiró de la pared el retrato del caballo mencionado y apareció ante él un hueco rectangular a través del cual sólo había oscuridad) ¿Están aquí?

NANI (Con tono triunfal) Sí, ahí están. Ve sacando de una en una las cosas que hay ahí y déjalas en el suelo.

CÉSAR (Obedeció y sacó varias cajas de diferentes tamaños, de cuero y terciopelo, algo agrietas por el tiempo y con cerraduras doradas aunque algunas bastante oxidadas, y las fue dejando en el suelo) ¿Ahora que hago? (El asombro estaba dibujado en su rostro).

NANI Ahora, ve abriendo de una en una.

CÉSAR (Abrió la primera caja. Sorpresa en sus ojos) ¡Pero qué tenemos aquí, Nani! Estas joyas son una maravilla. Resplandecen como cien sonrisas deslumbrantes.

NANI ¿Habías visto alguna vez, tío César, caballos tan magníficos? Entre Bene y yo los lavamos con una pequeña esponja y un jabón de su abuelo. Puestos en fila llegan de una pared a otra. Abre otra.

(César abrió todas las cajas y su admiración fue en aumento. Allí había diamantes, rubíes, zafiros, broches de todas formas y tamaños, brazaletes, pendientes, hebillas, collares, perlas de todo tipo, tiaras, piedras talladas...)

CÉSAR (Sin borrar la sorpresa de su rostro) ¿Y ahora qué hago, princesa?

NANI Ahora tienes que hacer comenzar el desfile, dejando para el final el carruaje de la Reina. Lo primero, mister Lee, el alguacil de Westminster, que es ese sello tallado en ágata con el escudo de la familia, que puede sostenerse de pie.

CÉSAR (De rodillas, obedece) Sí, es verdad. Detrás irá el Regimiento Real de Caballería, claro, ¿No es así?

NANI Sí, tío César. Los rubíes más pequeños, colócalos en tres hileras.

(Y así, siguiendo las órdenes de Nani, César fue disponiendo las joyas de las cajas imitando todos y cada uno de los elementos del cortejo, los carruajes de la familia real, el último de los cuales era el de la Reina Madre, una gran perla engarzada como pendiente. La Brigada de Palacio, broches; los cuarenta y ocho remeros de la Reina, perlas del collar más pequeño; el Escuadrón Superior del Regimiento Real de Caballería, los rubíes más grandes del collar; los Cazadores Reales, las esmeraldas del collar; los Alabarderos de la Guardia, diamantes.)

NANI Así, muy bien, tío César. Y para cerrar el desfile, lo más importante, el carruaje de la Reina, la gran tiara (César obedece); coloca delante los aretes más pequeños y detrás, junto al carruaje, los más largos y pesados. Bien. Y ahora pon a la Reina en su coche. Ya sabes cuál es.

CÉSAR (Asintiendo con la cabeza) El diamante más grande. No podía ser otro. (Lo coloca con cuidado en medio del semicírculo de la tiara).

NANI (Orgullosa) Eso es, En realidad, soy yo, tío César. Bene decía que era yo. Levántate para ver el desfile y di qué te parece.

CÉSAR (Se puso de pie y sin limpiarse los pantalones contempló el cortejo) Parece la cueva de Aladino.

NANI (Contrariada) No deberías decir que se parece a la cueva de Aladino, tío César, porque es exactamente la coronación.

CÉSAR Eso es lo que quise decír, Nani. Es una verdadera coronación. Una coronación lujosa y fascinante. De ahí que algunas personas pudieran decir que, de alguna manera, se parece a la cueva de Aladino.

NANI (Tras pensar unos segundos) Es cierto, sí. Cuando hayamos acabado, lo guardarás todo y volverás a poner a Zeodone en la puerta del establo. Entonces nadie podrá encontrarlos, ¿verdad, tío César?

CÉSAR Sí, Nani. Y será igual que si Bene siguiera aquí, ¿no crees?

NANI (Negando con la cabeza) No, no será exactamente igual. Pero pronto estaré completamente curada. Y entonces Bene volverá y él y yo estaremos de nuevo juntos para siempre.




EPÍLOGO


(Al cabo de un tiempo volvieron a casa los padres de Nani, y César, antes de irse y ver que Nani parecía ser una personita cada vez más normal y obediente, quiso mantener una conversación con su hermana Tula)

La mansión.

Habitación de Tula.

Única escena

Tula y César

TULA ¿De verdad, hermanito, que mañana te vas?

CÉSAR Claro, Tula. Aquí ya he terminado mi función. He cuidado de mi sobrina y he terminado tres cuadros; dos de ella y uno de Margarita. La niña la veo prácticamente curada y…

TULA Sí, lo sé; aun así, me gustaría que te quedaras unos días más, a ver qué ocurre del trato con Mauricio.

CÉSAR. Ya no necesitáis hacer ningún trato con Mauricio para salir de la situación económica en que os encontráis.

TULA (Sorprendida) ¿Por qué lo dices, César?

CÉSAR Porque ya sois ricos.

TULA ¿Ricos? ¿Qué estás diciendo? Si somos más pobres que una rata.

CÉSAR ¿Entonces no sabéis lo de la sala de los arneses?

TULA (Abriendo los ojos como platos) ¿Qué hay en la sala de los arneses? Como no sea polvo y trastos viejos. Estás de lo más intrigante, hermanito.

CÉSAR ¿No ocurrió ahí lo de los amores…

TULA (Con tono cortante) No sigas. Sólo Dios sabe lo que ahí ocurrió. Y eso fue hace doscientos años. (Pausa) Creo que ya te conté alguna cosa cuando eras todavía un niño.

CÉSAR Sé muchas cosas. Me las contó Margarita, la niñera de Nani.

TULA (Molesta) ¿Qué te contó?

CÉSAR Que la tatarabuela y el mozo de cuadra se enamoraron, pusieron los cuernos al tatarabuelo…

TULA (Asintiendo con la cabeza) Esa es la historia de amor que pesa sobre la familia…

CÉSAR Deduzco que los amantes, después de preparar cuidadosamente la fuga…

TULA También pudo ocurrir que el tatarabuelo los sorprendiera antes de escapar y...

CÉSAR … Y lo más probable es que si buscamos en la sala encontraríamos los esqueletos de los amantes. De momento ya sé que hay todo un tesoro de joyas escondidas en la sala de los arneses.

TULA (Nuevo gesto de sorpresa) ¿Joyas? ¿Cómo lo sabes?

CÉSAR Las vi hace días jugando con Nani. Por eso te he dicho antes que erais ricos y ya no tenéis que arrimaros a ese… Mauricio. Bueno, tú sí, si es que quieres repetir la aventura de la tatarabuela. Aunque ya te digo que ese diamante que quiere regalarte lo vi el otro día entre rubíes, esmeraldas y docenas de joyas más en la sala de los arneses. Si quieres, antes de irme, puedo mostrarte dónde se esconden. Aunque hay un pequeño problema para que podáis tomar posesión de ellas.

TULA ¿Qué pequeño problema?

CÉSAR Nani no va a querer que lo hagáis.

TULA ¿Por qué?

CÉSAR Porque está esperando a que vuelva su amiguito Bene para seguir jugando con ellas a la coronación de la Reina.

FIN




sábado, 30 de diciembre de 2023

COPLAS DE DICIEMBRE

     

        Mientras el año 2023 corre raudo hacia su fin, como queriendo olvidar algunos puntos de la vida social y política,  que se ha visto obligado a cargar a sus espaldas en contra de su voluntad y en alguna ocasión hasta avergonzado, he sido tentado a escribir unas cuantas coplas destinadas a tratar algunos de esos puntos.
 
 

Cantemos con alegría

los villancicos de ayer,

mientras podamos, ahora.

¡Que lloraremos después!


 

No debería existir

la soledad en diciembre

y menos en Navidad,

cuando todos se divierten.

 

Es diciembre y hace frío

y las lluvias volverán;

tengamos fe y esperanza

y el Niño Dios proveerá.


La Navidad en familia

no tiene comparación:

en la mesa con nosotros

disfruta hasta el mismo Dios.

 

Adiós, año veintitrés

de este siglo veintiuno,

donde pocos viven cuerdos

y a nadie tienta el futuro.

 

Los diputados olvidan

que la Navidad es santa,

y así cambian mazapanes

por insultos y amenazas.


La lotería se viene,

la lotería se va;

y los pobres siguen pobres

y de ahí no medrarán.

 

Mientras medio mundo brinda

en felices sobremesas,

el otro medio se mata

en sanguinarias trincheras.

 


Dejemos los metaversos

y volvamos a las rimas

que nos hacen más humanos

y dan sentido a la vida.

 

El 22 de diciembre

por fin pasará a la historia:

en vez de darnos el Gordo

nos dará la PERRA GORDA.

 

Las uvas del treinta y uno

 contienen doble destino:

despiden un año muerto

y reciben a uno vivo.

 

Por si no vivimos muchas

Navidades como ésta,

disfrutemos la presente

por si fuese la postrera.

 

 

 

 

 

 


 


 

 

 

 

domingo, 17 de diciembre de 2023

FILMOTECA DELIBEANA (y IV)

 

Trataremos ahora de comentar brevemente el resto de películas basadas en novelas de Delibes, respetando el orden cronológico de su aparición.

La primera de ellas, La Guerra de Papá, 1977, adaptación de El príncipe destronado, fue dirigida por Antonio Mercero e interpretada en sus principales personajes por Lolo García (Quico), Teresa Gimpera (Mercedes, la madre del anterior), Héctor Alterio (Pablo, su padre), Verónica Forqué (Vítora, la joven que se cuida del niño), Rosario García Ortega (Domi, la criada), Queta Claver ( la tía Cuqui), etcétera. Completan la ficha técnica el guión, del mismo Mercero y Horacio Valcárcel; la fotografía de Albert Pascual y el montaje de Javier Morán.

La trama es como sigue: Después de haber pasado muchos años desde que España sufrió la cainita guerra civil, ganada entre otros por el autoritario don Pablo, la guerra sigue siendo para sus hijos “la guerra de papá”. El filme cuenta la historia de la vida cotidiana de una familia acomodada desde el punto de vista de Quico, un niño de cuatro años que acaba de ser “destronado” por su nueva hermanita. En efecto, a Quico, penúltimo hijo de una familia rica su hermana pequeña de ocho meses ha venido a desplazarle y ahora acapara toda la atención que sus padres le dispensaban antes. De ahí que para llamar su atención, inventa todo tipo de travesuras junto con su hermano Juan, de siete años, desquiciando a una madre frustrada por sus problemas matrimoniales.



La dirección de El disputado voto del señor Cayo, 1986, corrió a cargo de Antonio Gómez Rico; el guión, del mismo y Manuel Matji; la fotografía, de Alejandro Ulloa, y de la interpretación de sus principales papeles se encargaron Francisco Rabal (señor Cayo), Juan Luis Galiardo (Víctor Velasco), Iñaki Miramón (Rafael), Lydia Bosch (Laly), Eusebio Lázaro, Mari Paz Molinero... narra la historia de un pequeño pueblo en el que sólo viven dos únicos vecinos que se odian y no se hablan, mientras en la sede provincial del partido socialista se viven los últimos momentos de la campaña electoral de 1977. La acción de la historia transcurre alternadamente transcurre en dos momentos diferentes pero relacionados entre sí: el primero, perteneciente al pasado está filmado en color, y el segundo, correspondiente al presente. en blanco y negro. En el momento filmado en color, aparece Víctor, papel que encarna Juan Luis Galiardo, un viejo militante socialista que ha pasado buena parte del tardofranquismo encarcelado por sus actos de protesta en contra del régimen, y que ahora se presenta a las elecciones de 1977 como candidato a diputado por la provincia de Burgos, para lo cual hará campaña en unos cuantos pueblos, acompañado por dos militantes mucho más jóvenes, Laly y Rafael. Cuando los tres llegan a una aldea despoblada, se encuentran con el señor Cayo, alcalde de la misma, que los recibe y les notifica que en el pueblo sólo viven dos personas además de él; su esposa, una mujer muda, cuya interpretación corre a cargo de Mari Paz Molinero, y un hombre con el que al parecer no ha cambiado una palabra desde hace bastantes años. Los tres políticos pasan el día con el alcalde enterándose de las tradiciones del lugar y la manera de vivir que tienen el señor Cayo y su mujer. Al oírlo, Rafael no llega a comprender cómo puede vivir gente alejada de la política que tanto le interesa a él. Eso provoca una discusión general, que de repente es interrumpida por la aparición de una pandilla de jóvenes de ultraderecha, que los acosan y golpean con intención de amedrentarlos, y luego desaparecen por donde habían venido. Rafael se aparta y Víctor y Laly discuten sobre el desencanto que sienten sobre su rol como representantes políticos en un país cuyos modos de vida no paran de cambiar.

El segundo momento, en blanco y negro, se refiere a unos años después, en que Rafa y Lali se encuentran en el funeral de Víctor y allí hablan de volver a visitar al señor. Cayo, tal como se lo habían prometido la última vez que se vieron. Rafa, involucrado ahora plenamente en la maquinaria del partido, parece escéptico, pero al fin decide ir. Se encuentra con el señor Cayo, que ahora se encuentra completamente solo. Rafa intenta hablar con él, pero viendo que el anciano está muy enfermo, decide llamar a una ambulancia para que se lo lleven a un centro médico. La película termina con Rafa, visiblemente más mayor, caminando hacia su automóvil por las calles de la aldea completamente desierta. En un muro, Rafa pinta las siglas V.V, recordando a Víctor, sobre el lugar donde habían colgado sus carteles la pandilla ultraderechista.



El tesoro, película de 1990, dirigida por Antonio Mercero, guión escrito por el propio Mercero, José Luis Garci y Horacio Valcárcel, fotografía de Hans Burmann e interpretada en sus principales papeles por José Coronado, Ana Álvarez, Álvaro de Luna, Pepe Soriano, Saturnino García... cuenta la historia ocurrida en una pequeña localidad castellana, en la que un agricultor encuentra un importante tesoro celtibérico. Jerónimo Otero, un profesor de Arqueología, llega al pueblo acompañado por un grupo de estudiantes. Entre ellos está Marga, una hermosa chica que mantiene una relación sentimental con el profesor. La presencia del pequeño grupo de investigadores forasteros despierta un ambiente de hostilidad y violencia entre los lugareños

En su momento Mercero comentó a los medios que su Tesoro era casi una ópera prima porque, dijo, “es una película sencilla, hecha con modestia, sin demasiados medios y con actores noveles”, Aun así se presentó en Valladolid “dignamente, sin complejo alguno (…), Creo que puede tener sus posibilidades.” El trabajo de la factura del filme fue duro (hasta seis versiones hizo con Valcárcel en busca del beneplácito de Delibes). “El hecho real sucedió en Zamora, explica Mercero; yo trataba de situar la acción en un pueblo que diera la idea de primitivismo inherente a la historia (…), y en los alrededores de Riaza encontré Madriguera. El color rojo de sus tierras me pareció ideal para transmitir el espíritu de crispación que emana de la trama”



La película hispano-mexicana La sombra del ciprés es alargada (inicialmente llevó por título Los Cuatro Postes), también es de 1990; fue nominada al Mejor guión adaptado en los premios Goya, y dirigida por Luis Alcoriza; la fotografía corrió a cargo de Hans Burmann e interpretaron sus personajes principales Emilio Gutiérez Caba (don Mateo Lesmes), Fiorella Faltollano (Doña Gregoria, esposa de Don Mateo), Naëlle de Prados (Martina, hija de los dos anteriores), Ivan Fernández (Pedro de niño), Juan José Guerenabarrena (Pedro de mayor), Miguel Ángel García, (Alfredo)...

El filme arranca con la llegada del tren a la estación de Ávila en la segunda década del siglo XX. Pedro, un niño de nueve años, huérfano, acompañado por su tío y tutor, entra a vivir como pensionado en la austera casa de Don Mateo, maestro autodidacto que a partir de ese momento será el encargado de su educación. En la casa están también Doña Gregoria y Martina, esposa e hija del maestro, y también su perro Bony. Posteriormente aparecerá en la casa Alfredo, huérfano de padre, rebelde y aventurero, que adora el mar, y que será compañero de habitación y estudios de Pedro. Lamentablemente, Alfredo, enfermo de tuberculosis, acabará muriendo. La vida sencilla, las relaciones con sus compañeros y la especial relación entre la vida y la muerte inculcada por Don Mateo influyen definitivamente en la vida de Pedro. En una segunda parte y pasados los años, Pedro, que es capitán de barco mercante-- conocerá en Veracruz a una joven antropóloga, que es hija de un republicano español exiliado, la cual le hace replantearse toda su vida y sus ideales. Sin embargo, un fatal accidente de tráfico en el puerto hará que todo vuelva a ser como al principio.



Las Ratas,1997, es una película dirigida por Antonio Giménez Rico e interpretada en sus principales papeles por Álvaro Monje , José Caride, Juan Jesús Valverde (nominado en los Goya de ese año a Mejor actor de reparto) , Francisco Algora, Esperanza Alonso...

La trama es como sigue: En la Castilla rural de los años 50, miserable y olvidada, vive con su padre el Ratero en una cueva el Niní, un chaval muy despierto, conocedor de los secretos de la naturaleza pero poco instruido. A lo largo de las cuatro estaciones del año el espectador asiste a las correrías de ambos como cazadores de ratas de agua, cuya carne, muy apreciada por los paladares de los vecinos, venden a buen precio, y es el único medio de subsistencia que conocen. Los intentos del alcalde del pueblo de desalojarles de su cueva, con la excusa de velar por su seguridad (cuando en realidad sigue los dictados de una política basada en las apariencias) y la rivalidad de un cazador furtivo, que mata a las ratas por placer, alteran el sencillo discurrir de sus vidas, haciendo brotar irresistible la violencia por parte del Ratero.

Como puede observarse por lo apuntado hasta ahora, el director de la película, Antonio Giménez Rico, es un ferviente admirador de la narrativa de Miguel Delibes, como demuestran sus adaptaciones de Mi idolatrado hijo Sisí (que en el cine se llamó Retrato de familia), El disputado voto del señor Cayo y esta de Las ratas, con la que realizó un sobrio y sugerente retrato de la vida del campo, a la que comienzan a llegar los primeros avances del desarrollo.

Aunque la fotografía es obra de un especialista como Teo Escamilla y las imágenes no están exentas de suma belleza, se ha intentado evitar el preciosismo para mostrar con exactitud la austeridad del paisaje castellano. Y para ello se ha tomado la difícil decisión de suprimir la música en favor de una banda sonora compuesta por los naturales sonidos de la naturaleza, como el viento, la lluvia, los pasos sobre el follaje o los cantos de los grillos y cigarras. También hay que añadir que con la película, encuadrada en un pesimismo donde la tragedia se convierte en inevitable, Giménez Rico ofrece un cuadro creíble y humano de la vida cotidiana del pueblo, de las conversaciones entre los paisanos y sus tertulias en el bar, alcanzando a veces tono documental (por citar un ejemplo palmario, ahí está la secuencia de la matanza del cerdo). Y lo mismo ocurre con los pequeños y grandes dramas de los personajes (la helada que puede destruir la cosecha, las rogativas para tener lluvia, los remordimientos por las malas acciones del pasado...). Y todo eso es contemplado a través de la mirada del Niní, que con su generosidad a la hora de ofrecer su ayuda a todo el que la pide, demuestra que existe una sabiduría más grande que la que se adquiere en los libros.



Finalmente, Una pareja perfecta, 1998 (adaptación del Diario de un jubilado), es una película dirigida por Fracesc Betriu, el guión es obra de Rafael Azcona; la fotografía de Carlos Suárez y los papeles de los personajes principales del reparto son encarnados por Antonio Resines (Lorenzo), José Sazatornil (don Tadeo Piera), Chus Lampreave (doña Cuca), Ramón Barea (Melecio), Daniel Guzmán (Terry), Lucía Giménez (Sonia), y Kiti Mánver (Anita), que en el Festival de Málaga de 1998 logró el premio de mejor actriz.

Su trama se basa en una extraña relación profesional y amistosa entre dos hombres que surge un día en que un cuarentón en paro, Lorenzo, encuentra en el periódico un anuncio para trabajar como acompañante de un anciano poeta homosexual llamado Tadeo. De este modo ambos empiezan su particular relación profesional y personal y también una serie de aventuras y desventuras que vivirán juntos. Si les añadimos a esos lances los ingredientes de unas fotos comprometedoras, un funeral inesperado, un chapero encantador, un robo de joyas y un adolescente rubio, un premio Nobel falso, un amigo melancólico, una hija enmancipada, una pequeña parcela en lo aledaños..., entenderemos mejor que la vida de la singular pareja se altere también de modo un tanto curioso.

Comedia amarga, como puede deducirse, donde la “pareja perfecta”, formada por Antonio Resines y José Sazatornil, y Kiti Manver realizan las mejores interpretaciones del reparto. Sin embargo, todo hay que decirlo, la película no pudo hacerse con el favor de los críticos cinematográficos.



En otro orden de cosas, la hispanista estadounidense Janet Pérez, en su ensayo Perspectivas sobre el cine de Miguel Delibes, fiel reflejo de la cultura popular española de la segunda mitad del siglo XX, escribe que “entre los atributos que facilitan la adaptabilidad de textos de Delibes a medios representativos figura su evidente concepción visual, no sólo el énfasis sobre lo pictórico, sino el hecho de que muchos pasajes han sido concebidos de manera análoga a escenas teatrales”. También, “la construcción episódica, anecdótica de muchas obras (...) que se presentan casi construidas ya en secuencias o tomas cinematográficas.” Otra cualidad es “su oralismo, la fidelidad extrema del autor al lenguaje hablado (…), al habla rural castellana, prestando mucha atención a las variaciones del léxico que pueden existir entre pueblo y pueblo, debido al aislamiento secular en que se ha desarrollado su historia.”


Y para concluir este apartado, conviene destacar que la relación de Delibes con el cine no sólo se ha quedado ahí, en su incondicional cinefilia y en la adaptación cinamatográfica de algunas novelas suyas, sino que incluso llegó a conseguir un premio cinematográfico, la Espiga de Oro, en la Semana Internacional del Cine de Valladolid, en la edición de 1993.






viernes, 1 de diciembre de 2023

DELIBES Y EL CINE BASADO EN SUS NOVELAS (III)

 


              Existe un número considerable de películas basadas en otras tantas novelas de Delibes. Desde 1964 nueve obras del escritor vallisoletano han sido llevadas a la gran pantalla. Desde El Camino, de Ana Mariscal, que se hizo el año citado, hasta la última, Una pareja perfecta, basada en Diario de un jubilado, pasando por Retrato de familia, de Antonio Giménez Rico, director también de El disputado voto del señor Cayo o Las ratas. Igual que él, el director Antonio Mercero llegó a dirigir varias películas basadas en obras de nuestro autor; por ejemplo, La Guerra de papá, versión de El príncipe destronado, o El tesoro. Por su parte, Mario Camus dirigió una de las mejores películas del cine español, Los santos inocentes, basada en la novela del mismo nombre de Delibes. Mientras que La sombra del ciprés es alargada fue dirigida por Luis Alcoriza.

                Aquí trataremos en primer lugar de las películas que han salvado la prueba del tiempo y a las que se les ha otorgado mayor valoración artística, que son: El camino, Retrato de familia y Los santos inocentes, y a continuación trataremos del resto de películas por orden cronólogico de proyección en las pantallas, es decir, La guerra de papá, El disputado voto del señor Cayo, La sombra del ciprés es alargada, El tesoro, Las ratas y Una pareja perfecta.


               Empezamos, pues, por El camino que es, como hemos dicho, la primera novela de Delibes adaptada el cine por Ana Mariscal. Como afirma D. F. Arranz en su libro Las cien mejores películas sobre obras literarias españolas, “su adaptación al cine fue una arriesgada decisión de una directora poco convencional en nuestro cine como Ana Mariscal. No sólo por el hecho de ser una conocida actriz y una de las escasas directoras de nuestra cinematografía en esos años, sino también por atreverse a fundar la productora Bosco Films en 1952.” Y hablando de Ana Mariscal, es interesante recordar, además, que como fundadora de la Bosco Films, dirigió y produjo varias películas en los años cincuenta y sesenta (Segundo López, Con la vida hicieron fuego y La quiniela, en otras) y que, retirada del medio cinematográfico, reapareció en 1987 en el film de J. Aguirre El polizón de Ulises, dio clases de cine en distintos centros y colaboró con periódicos y revistas. Y como algo esencial, merecería ser considerarla la primera directora de cine español.

      Volviendo a la ficha técnica de El camino, película de 1964, en blanco y negro, deberíamos mencionar que su guión corrió a cargo de la propia Ana Mariscal y José Zamit, que la excelente fotografía del film es obra de Valentín Javier, esposo de la directora, y que gracias a ella, la cineasta retrata la vida cotidiana de un pequeño pueblo con sus miserias y necesidades, logrando entre otra cosas que los jóvenes protagonistas, como Maribel Martín o Juan Luis Galiardo, debutantes, “no desentonaran ante los grandes nombres femeninos que completan el reparto (los casos de Julia Caba Alba o Mary Delgado, por ejemplo).

      Redundando un poco en la figura de la malograda cineasta y en la dirección de su primera película, El camino, es necesario constatar que a pesar de ser entonces una película maldita en el sentido de haber obtenido escasas distribución y valoración crítica, consiguió realizar “una lograda adaptación de la novela de Delibes y una de las afortunadas muestras de realismo poético español”, según afirman A. Barahona y P. Bastias en su libro Las mentiras sobre el cine español (Royal Books, 1995). Atendiendo a la nota técnica que incluyen sus autores en la obra citada dentro del apartado Películas de equivalente categoría artística a las bien historiadas, se trata de una película coral con diversas historias paralelas que se cruzan entre sí, como la solterona (Maruchi Fresno, que interpreta el papel de la Guindilla menor) engañada por un calavera sin escrúpulos; el viejo maestro (José Orjas, que hace de don Moisés) al que le encuentran una novia como broma Daniel, Germán y Roque; la beata (Julia Caba Alba, que interpreta a la Guindilla mayor) que sorprende con una linterna la intimidad de las parejas en la oscuridad del campo; las fuerzas vivas del pueblo (Joaquín Roa. María Isbert...) que se valen de mil fórmulas para criticar las películas exhibidas en el improvisado cine local, y, especialmente, los tres niños (José Antonio Mejías, Ángel Díaz y Jesús Crespo, que encarnan a Daniel, el Mochuelo, Germán, el Tiñoso y Roque, el Moñigo, respectivamente), que se reúnen para hacer bromas con don Moisés o con el gato de las Guindillas y hurtar manzanas en la finca del Indiano, por ejemplo; sin contar con la relación de cariño entre Daniel y la Uca (papel encarnado por Maribel Martín), que está enamorada de él, con la emoción que respira la despedida de ambos al final del relato, o la trágica e inesperada muerte de Germán, elementos con que expresa Ana Mariscal con verdadero acierto la ternura y la tristeza melancólica de que está impregnada la novela de Delibes. La nota acaba con la expresión de sorpresa de los autores mencionados arriba ante el hecho de “ser necesario el fallecimiento de la directora para el pase televisivo de un film del mismo nivel artístico que la Tía Tula y muy superior a otros títulos del nuevo cine español.

                 


                  En Retrato de familia, film de 1976 adaptado de la novela de Delibes Mi idolatrado hijo Sisí y dirigido por Antonio Giménez Rico, la acción transcurre en una ciudad de Castilla, posiblemente Valladolid, en febrero de 1936, en un periodo de proceso electoral en el que el industrial Cecilio Rubes (encarnado por Antonio Ferrandis) se mantiene neutral, pero el ambiente sociopolítico que reina en el país le obliga a tomar partido. A todo esto hace su aparición Paulina (Mónica Randall), que es la amante de Cecilio y que además mantiene relaciones sexuales con Sisí, hijo del industrial (papel que interpreta Miguel Bosé). Estalla la guerra civil y todo se complica para los miembros de la familia Rubes.

      Delibes participa en el guión de la película como supervisor, junto a los titulares Giménez Rico y Samano, guión que tras un año de trabajo fue rechazado por la censura; por lo visto, había una escena excesivamente escabrosa que al ser suprimida en la segunda reescritura, el guión superó todos los trámites. La fotografía de la película corre a cargo de José Luis Alcaine y la música es de Carmelo Bernaola.

      La película refleja muy acertadamente la sociedad de la España del arranque de la guerra civil, donde dominan el poder asfixiante del caciquismo y los atentados anarquistas, uno de los cuales destroza el almacén del industrial Rubes (Antonio Ferrandis), que, sin embargo, aprovecha la ocasión para colarle a la compañía de seguros unos artículos que estaban defectuosos. Y respecto de la interpretación de sus actores, hay que señalar la del mencionado Antonio Ferrandis, que encarna excelentemente el papel de padre superprotector, y también la de Amparo Soler Leal, que hace de Adela, la madre de Sisí, callada y absolutamente negada por Cecilio Rubes, su marido. Una de las interpretaciones más flojas y difusas es la de Miguel Bosé, que interpreta el papel de Sisí sin pasión, cuando se trata de uno de los personajes que más influyen en el climax y desenlace de la película.

                  


                     La adaptación de Los santos inocentes, película de 1984, tuvo lugar en escenarios naturales de Extremadura con un más que holgado presupuesto y la dirección de Mario Camus, el cual expresó así la génesis de la película, con la presencia en ella incluso de algún actor importante, tras leer la obra de Miguel Delibes publicada por Planeta en 1981: “Cuando leí la novela tuve la impresión de que de ella podía salir una buena película. Ya había hablado con Paco Rabal sobre la posibilidad de que interpretara el papel de Azarías, pero temíamos que los derechos estuvieran ya vendidos. Cuando Julián Mateos vino a casa para pedir mi colaboración en un proyecto de teatro, le sugerí como contrapropuesta la posibilidad de adaptar esta obra. Julián la leyó y le gustó. Ante mi asombro, averiguó que los derechos cinematográficos estaban libres y los compró.” Y manos a la obra. Con ayuda de Antonio Larreta y Manuel Matji, Mario Camus trasladó al guión de la película el estilo vivo y descriptivo de Miguel Delibes, acoplando a él las analepsis que interrumpen la narración para contar los hechos del pasado de los principales personajes de la novela. Por ejemplo, el trato que da Iván, el señorito (personaje que encarna Juan Diego) a quienes trabajan para él en el cortijo, sobre todo Paco, el Bajo (Alfredo Landa), al que utiliza como rastreador animalizado en las cacerías; detalles que ayudan, entre otros, a convertir el film en modelo de cine social. El propio Miguel Delibes, que había retocado no pocos diálogos del guión, elogió los aciertos del director de la película en la adaptación de su novela y reconoció que “superaba en algunos aspectos lo que él había querido explicar en su texto.”

      Completan la ficha técnica del film en color y de 105 minutos de duración, la fotografía, que fue obra de Hans Burmann, y la música de Antón García Abril. Estructuralmente, la película se divide en cuatro partes tituladas con el nombre de sus personajes centrales: Quirce, Nieves, Paco, el Bajo, y Azarías, respetando la fórmula del flash-back. Siendo el primero de ellos, Quirce, el hijo mayor de Paco, el Bajo, quien mejor representa la sublevación de muchos campesinos de la época que sufrieron la esclavitud que les imponían los caciques que lograron finalmente librarse de la miserable situación campesina.

      La ficha artística muestra un excelente elenco de actrices y actores: Alfredo Landa (Paco, el Bajo), Paco Rabal (Azarías) Terele Pávez (Régula), Juan Diego (Señorito Iván), Mary Carrillo (Señora Marquesa), Maribel Martín (Señorita Miriam) Belén Ballesteros (Nieves) y Juan Sánchez (Quirce), de los cuales los dos primeros recibieron el premio de interpretación en el Festival de Cannes. Concluyendo, Los santos inocentes, pese a la dureza de muchos pasajes de la película, alcanzó tal éxito de público, que llegó a ocupar los primeros lugares de la lista de los filmes más taquilleros de todos los tiempos.