sábado, 5 de septiembre de 2009

POEMAS RESCATADOS

De Colección abierta, poemario publicado por obra y gracia de Cátedra Nova a finales de 2006, en la entrada anterior de mi blog rescaté tres poemas titulados respectivamente Humo, Estanque y Playa. En ésta incluyo los tres siguientes:

HAIKÚS



Sobre la tapia,
acento de ciprés:
solemne alarma.
Al sol medita
con sus ojos de chino
la lagartija.

Cómo se entrega
con su sangre valiente
la buganvilla.

Por San Lorenzo
llora la noche lágrimas
de luz y fuego.



Flor de dolor:
sangre en la ropa y luto
de corazón.

¡Las amapolas!
¿Por qué lloran los trigos
lágrimas rojas?




HOMBRE

Ser hombre es luchar
contra cualquier olvido
para que la mordaza
no abandone su nicho.
Ser hombre es pasar
en silencio por todo
y gritar cuando el pan
se reparte con odio.
Ser hombre es seguir
haciendo de poeta,
alzar sueños de naipes
sobre un mantel de arena.
Ser hombre es morir
asido a una cometa
y confiar en que Dios
sujete bien la cuerda.



CUADRO

No existe nada más. La sala duerme.
Los ojos acarician los colores,
náufragos en el piélago del cuadro.
Vaso, naipes, laúd, sorpresa viva,
jerarquía sin orden de las formas.
¿A qué clase de oído se destina
la música callada del laúd?
¿A quién esos claveles?
¿Qué mano habrá de ser
que rompa la esperanza de ese pan?
¿Qué mente justa y sabia ha de mover
sobre el tablero de ajedrez las piezas
o jugará los naipes ganadores?
¿Qué labios beberán la roja furia
del vino encarcelado en esa copa?

No hay nadie más que yo ante ese cuadro.
Y el milagro se duerme entre sus formas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

POEMAS RESCATADOS

Cátedra Nova, Revista de Bachillerato que edita la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto de Badajoz, mostró en diciembre de 2006 la impagabale generosidad de incluir entre las páginas del número 24 mi Colección abierta, una treintena de poemas suscitados por circunstancias cotidianas, muchas veces deseos irrealizables y otras esperanzas y recuerdos agridulces. De ellos deseo rescatar los siguientes:










HUMO

Lo peor del regreso fue volver
a ver la casa muerta en la plazuela
en medio de las otras aún vividas
con los balcones ciegos, el tejado
vencido por el tiempo y las ventanas
tapiadas con los clavos del olvido.
Lo demás se reía en torno nuestro:
el río, el puente, el cielo, las murallas,
el vino en las tabernas... Todo, ajeno
a nosotros, marchaba sin nostalgia.
Decían en el barrio que las cuatro
paredes de la casa algún mal día
se alzarían formando un restaurante,
un hostal o un asilo... Herida el alma,
soñábamos sin tino, deseábamos
que el recuerdo olvidara sus manías
y mantuviera eterno el mundo aquel
en que fue Arcadia dulce nuestra casa.
Ilusión de poeta, siempre vuelo
de nube vaporosa, esencia inútil
de humo tras el fuego, como el mundo.









ESTANQUE

El banco favorito. Y el estanque.
Los llantos de las tórtolas en el pinar vecino.
El aire acariciando los habanos
de las inquietas espadañas. Era
la tarde, el tiempo vivo.
Y nosotros, testigos del presente
que no muere. Como dioses. Humanos
sin pecado o condena.
Alimentándonos
con nuestro propio éxtasis.
Ni antes ni después:
la hora exacta, ésta
del agua que se empina entre las cañas
y el árbol que devuelve a los caminos
la esencia universal, total, del cielo.

Hora mágica y justa
en que el labio enmudece
para que se oiga sólo la palabra
de la mañana niña, ésta que juega
con el sexo impoluto del nenúfar
y la pasión fogosa de la acacia.









PLAYA

Baila el mástil sobre el lomo del mar
y escriben las gaviotas en la arena
el mensaje esotérico del sol.

Sobre la piel irradia
el calor de este mayo que se esfuma
hacia el verano cada vez más próximo.

Mi sombra con su sombra
pegadas a la arena:
voz y silencio de la luz que aguarda.

El tiempo es un reloj que sólo sueña
en el beso lineal de sus agujas,
en el beso total de nuestras sombras.

Baila el mástil ausente.
Y en la arena, fuego rosa que besa,
escriben sus poemas las gaviotas.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

POEMAS RESCATADOS

Hoy le toca el turno a Cuando la infancia es siempre, breve colección de poemas que ganó el Premio Calassanç de Poesía de la ciudad de Terrassa el año 2000 y que formó libro con los poemarios y los relatos de los certámenes correspondientes a los años 1999, 2000 y 2001. Pues bien, de Cuando la infancia es siempre quiero rescatar los siguientes poemas:

SONETO DE LOS AMIGOS DEL BARRIO

Amigos de mi barrio junto al Duero,
compañeros de magias y aventuras:
hoy, tan lejos de aquellas horas puras,
os recuerdo en manojo duradero.

Y anclados en el tiempo verdadero,
os recuerdo en el sol de las maduras
almendras de los tesos, las pinturas
del río desde el soto, aquel letrero
de NO PASAR que nunca fue acatado,
la oscura molinera y su molino,
el mendigo estival, casi sagrado...

No importa la distancia ni el candado:
con nostalgia se vuelve al fiel camino
que nos lleva a la esencia del pasado.




SONETO DEL TIRADOR

La horquilla del negrillo viva, dura,
esperaba en el árbol mi venida,
mi mano hábil de niño, cuya vida
era el juego del sueño y la aventura.
Con el filo de la navaja pura,
pacífica, del árbol desprendida,
la horquilla me miraba, ya atrevida,
ya ávida de tino y de captura.
Yo saciaba sus ganas con dos gomas,
un retal de badana y cantos finos
que el río acariciaba con paciencia.
Y ahora, amigo tirador, te asomas
a mi memoria con los rotos trinos
de un pájaro vencido con tu ciencia.
DIOS DE LA INFANCIA
El río
tu nombre iba diciendo puente abajo.
Yo a diario lo oía
y lo aprendí tranquilo,
sin religión ni pruebas,
como se aprende el sitio de la casa,
el escalón que suena en la escalera
o la sonrisa dulce de la madre.
Yo llegaba a tu orilla,
Dios de la infancia,
y vivía contigo la aventura
de ver la tarde mansa
como un balón de fútbol a mis pies.
Y eras tú la caricia;
tú, el callado murmullo.
Eras preciso y luminoso entonces
como el rayo de luz en el desván
donde nadaba eterno el polvo de oro
de las cosas que ya nadie buscaba.
Yo llegaba a tu luz
y me enredaba manso en tu diamante
porque tú sabías ser
la suma de mis sueños,
el arma de esperanza
contra todos mis miedos.
Tú eras entonces un Dios vivo
y obediente como los cantos lisos
que mi infalible tirador lanzaba,
vivo y libre como los viejos sauces,
como las dulces noches
que después se abatían como copos
de amor y de silencio sobre mí.
Yo te aprendí tranquilo,
sin religión ni pruebas,
como aprendí a la vez el sitio de la casa,
el escalón sonoro
o la sonrisa dulce de la madre.

martes, 1 de septiembre de 2009

DE VISTA, DE OÍDAS, DE LEÍDAS

Recetas para después de una guerra














Es un libro para leer a la orilla del mar, sin pensar en nada que no sea este presente que llevamos nosotros como queremos y dejando atrás, en el desván de la memoria y en el trastero de la inútil nostalgia, el tiempo que ya no existe. Sin embargo, leyendo el libro de Luis Fausto Rodríguez de Sanabria, no puede uno evitar que ciertos recuerdos, casi todos amables, pertenecientes a la más tierna infancia (metida de lleno en la posguerra, como es mi caso), vengan a acariciarnos con su aire color sepia y su sabor a aceitada de Semana Santa. Como dice el propio autor en la Introducción, Recetas para después de una guerra trata de "historia, cocina, periodismo, nostalgia, entretenimiento..." Y es verdad que hay historia, la intrahistoria de gente de entonces perteneciente a todas las edades, profesiones y clases sociales, que cuentan sus inquietudes, sus aventuras, su formas de pensar y de vivir y de ganarse la vida en una época tan falta de recursos y tan llena de miedos y amenazas. Dicha época abarca desde el año 1939, momento en que se declara la victoria de los rebeldes, hasta 1945, momento en que acaba la guerra europea con la capitulación de las tropas alemanas en Reims. Las historias adoptan todo tipo de género y estilo, desde la carta hasta la instancia, pasando por llamadas telefónicas, confesiones o meros relatos. Y es verdad que hay recetas culinarias que, según Rodríguez de Sanabria, "son pobres pero honradas" (había en mis tiempos de niño educado en los Salesianos de mi ciudad natal un poema significativo titulado El hijo del pueblo que aprendimos de memoria todos y que empezaba así: "Nació pobre pero honrado..."); las recetas eran pobres pero honradas salidas casi todas ellas de una vieja libreta de la madre del autor y otras del "acervo popular". Desde gachas de pastor con torreznos hasta chocolate con churros, pasando por carne a la puritana, pipirrana jaenera, zarangollo o cañas rellenas, por citar unas pocas. Es una lectura amena y correcta que, a modo de diario en el que se citan textos periodísticos referidos a eventos nacionales e internacionales, presenta siempre la misma estructura, a saber:
.-Fecha
.-Texto periodístico
.-Nombre de la receta
.-Relato
.-Preparación de la receta

lunes, 31 de agosto de 2009

POEMAS RESCATADOS

Inicio hoy, víspera de septiembre, cuando los caminos se llenan de pinaza y de un aire de adioses que entristece, una nueva sección poética destinada a rescatar ciertos poemas míos desperdigados en antologías y libros colectivos, así como otros que pertenecen a libros de ediciones agotadas. Y lo hago realizando las correcciones y ampliaciones que considere oportunas, de modo que estas últimas versiones son las que doy por definitivas.

En esta ocasión primera les toca la oportunidad de ver de nuevo la luz a dos poemas que aparecen en El laberinto de Ariadna, cuya primera edición data de diciembre de 2008.










COMO SI HABLARA KAVAFIS

Pocas cosas tan bellas y tan frágiles
como la miel de dos cuerpos desnudos
frente a frente.

Bellas porque es la vida misma quien
florece y se eterniza en esas pieles
que se abrazan y escriben su poema
de luz que se recrea sin renuncias.

Frágiles porque están presas del paso
de la arena del tiempo, enferman, mueren
y dejan tras de sí luto y tristeza.

La belleza y la fragilidad de
dos cuerpos desnudos frente a frente
tras la huida del sol se hacen memoria,
festín de los recuerdos. Sólo entonces
florece de su adiós la luz del verso.


SIN DEJAR DE SOÑAR

Los racimos dorados penden de la memoria
y las horas cansadas son ya tiempo perdido
en la agenda sensible de nuestra soledad.

La noche nos espera como otras veces pródiga
para servir de cofre a esta mágica perla
humana y siempre viva, o sea, la amistad.

Entre vosotros vuelvo a soñar que la vida
no es sólo este huracán que mezcla espina y rosa,
saludo y despedida, amor y desamor.

Entre vosotros vuelve a ser todo esperanza,
otoño que no muere bajo este oscuro viento
silente del olvido, del miedo, del dolor.

Dejemos que los lutos, las penas y los miedos
descansen unas horas mientras dura esta gracia
de estar juntos bebiendo y hablando sin pesar.

Que mañana este río al que llamamos vida
volverá a transportarnos como hojas de otoño
de un sueño hasta otro sueño sin dejar de soñar.




viernes, 28 de agosto de 2009

MI CONCURSO DE PINTURA RÁPIDA DE TOSSA DE MAR

La 53ª edición, 2009














El próximo domingo 30 de agosto volveré a repetir una experiencia emocionante, la de participar con mi pequeño granito de arena en el Certamen de Pintura Rápida de Tossa de Mar, el decano de España. Es emocionante acercarse a La Nau para rellenar la inscripción y sellar el cuadro que por la tarde debe ser entregado en el mismo edificio (sobre las ocho de la tarde tiene lugar el fallo del concurso y posteriormente se inaugurará la exposición de las pinturas presentadas hasta el 30 de septiembre) y ver de paso a los concursantes que, armados de sus cachivaches de pintura y procedentes de todo el territorio nacional, traen los ojos llenos de ilusión y la cabeza de ideas con encuadres, rincones de Tossa y mil planes que llevarán a término cuando salgan de La Nau, ya inscritos y con el cuadro sellado, y se apuesten en cualquier encrucijada del pueblo para representar el mar, una calle, el chiringuito de la playa, las murallas de la Vila Vella o cualquiera de las atractivas calles de este pueblo encantador de la Costa Brava. Lo bueno de este día es que con antelación cada uno de los participantes (al menos yo lo hago) lleva toda la semana previa dándole vueltas a la imaginación sobre qué motivo va a escoger para plasmarlo en su cuadro. En lo que a mí respecta, puedo decir que el año pasado me ocurrió algo parecido, pero a última hora y ante el blanco del lienzo, cambié de idea y la emoción y el trabajo fueron mayores. Pensaba hacer un bodegón de peces y ostras con algún rincón de la Vila Vella al fondo, pero a última hora, mientras revisaba a Feininger, se me ocurrió hacer algo en homenaje al pintor alemán y acabé presentando al concurso el cuadro siguiente:




Y aquí estoy, el día anterior al Certamen, pensando todavía en la obra que mañana presentaré en él. Tal vez pinte el bodegón de peces y ostras que pensé realizar el año pasado. Tengo hechos algunos bocetos sobre ello y uno de ellos se acerca a lo que me gustaría entregar mañana. Sobre una mesa en primer término aparecerá una botella de vino y un plato con cuatro o cinco peces, cuyo color aún no he decidido, aunque podrían ser salmonetes y en ese caso tendría que vigilar los tonos de los rojos para que el cuadro no cantara demasiado; y en el ángulo derecho de la mesa, que formará un imaginario marco con el motivo de la Vila Vella (tal vez la calle del restaurante, tal vez el patio de armas, porque ambos motivos me satisfacen por igual), dos o tres ostras abiertas, cuyo gris verdoso dará un toque lírico al cuadro. Ya veremos mañana, cuando me enfrente al blanco del cuadro y trace con ceras las líneas del dibujo base.


Finalmente, llega el día esperado. A estas hora de la mañana Tossa está desierta. Cruzo la avenida con el cuadro en blanco a cuestas camino de La Nau. Encuentro con viejos conocidos que también participan en el Certamen, unos con óleo y otros con acuarela. Nos deseamos suerte y con el soporte sellado y la inscripción hecha, cada uno a su rincón, a empezar la carrera contra los nervios y la lucha contra la forma, la línea y los colores. Antes desayuno en la terraza mirando fijamente el blanco del cuadro como intentando ver en él la futura composición. Luego las horas de trabajo, mientras mi mujer baja a la playa, corrigiendo, añadiendo más color, quitándolo, reduciendo con el blanco de esmalte (técnica que empleo desde hace un tiempo para dar brillo a los colores) algún tono subido o tapando alguno que destaca demasiado... Luego, a mediodía, dejo en reposo el cuadro y bajo al pueblo, a las inmediaciones de la playa, para echar una ojeada a los pintores apostados allí y mirar cómo van en sus respectivas obras. Me doy un baño y subimos a casa para comer. Antes veo de nuevo el cuadro y durante la comida pienso en los últimos toques. Hay cosas que arreglar o mejorar: las cortinas, el pez rojo, los brillos de la botella, el tono apagado del patio de armas de la Vila, el rojo de la mesa, los brillos de las ostras... qué sé yo. De nuevo los nervios.

Pero, por fin, tras alguna hora más de retoques y enmiendas, doy por acabada la pintura (en realidad, nunca, en mi caso por lo menos, ninguna pintura está acabada) y la entrego en el edificio de La Nau dentro del plazo que señalan las bases (ya adelanto que no concurso para ganar ningún premio de pintura, sino para superarme a mí mismo, que también es ganar). Ahora, mientras escribo estas líneas y veo la foto del cuadro, que incluyo a continuación, vuelvo a pensar en todo lo que cambiaría en él. Como en la misma vida (si pudiera). Pero así soy yo, un perfeccionista incorregible (vaya paradoja).







miércoles, 19 de agosto de 2009

DE VISTA, DE OÍDAS, DE LEÍDAS

Libro amigo Bruguera







Hace unos días hablaba desde este blog de las lecturas propias del verano y de viejas colecciones de revistas y libros que desgraciadamente han dejado de editarse. En aquella ocasión hablé de la colección de revistas para médicos y farmacéuticos en forma de librito titulada La Hora XXV. En la presente lo hago de la colección que la editorial Bruguera llamó durante los años sesenta y setenta Libro amigo. En las décadas citadas y en las siguientes, aunque ya no se editaban, fui adquiriendo ejemplares de la citada colección en cuantas librerías de viejo encontraba a mi paso en Barcelona, sin olvidar mi principal fuente de hallazgos librescos el Mercadillo de San Antonio, del que soy aún, cuando las circunstancias me lo permiten, un ferviente visitante. Más de trescientos volúmenes he logrado reunir hasta la fecha y no he perdido la esperanza de seguir encontrando algún que otro ejemplar. A veces, mi amor por esta colección me ha llevado a adquirir algunos ejemplares que ya tenía, como el que encabeza este artículo, pero no me importa porque así lo puedo seguir leyendo tanto en mi habitual residencia como en esta de Tossa. Por la esquina del ejemplar (Antologías), podemos deducir que la colección Libro amigo posee varios apartados, desde tratados sobre los más diversos temas, hasta diccionarios, ensayos lingüísticos y literarios, libritos de divulgación, estudios de idiomas o todo tipo de antologías, ya sean de poesía o de cuentos, cuando no portadoras del encabezamiento común Las mejores historias de..., como las del encabezamiento. Las mejores historias de ultratumba es un libro ideal para leer durante los largos días del verano a la orilla del mar o a la sombra de un pino, cuando no en las pesadas horas de calor nocturnas. Yo he vuelto a hacerlo estos días de bochorno estival y de algún modo me han hecho casi (¡casi!) olvidar el tórrido calor de las últimas noches. Si aún hay quien no ha podido disfrutar de las impresionantes historias que contiene el libro, puede hacerlo por medio de Internet. Por mi parte, aquí adelanto unas cuantas anotaciones para ir abriendo boca. Las historias que componen el libro han sido seleccionadas por Van Hageland, quien en la introducción ya nos adelanta que el miedo es un fenómeno literario pues lo encontramos en la novela policiaca y sobre todo en los relatos fantásticos. Y eso se debe a que el miedo es el sentimiento humano más fuerte, salvaje y primitivo (son sus palabras), un "sentimiento difícilmente explicable de nuestra vida interior ante los misterios de nuestra propia personalidad", y continúa: "Desde el momento en que nuestra imaginación se adelanta a la inteligencia y a la razón, surge el miedo" y si ese miedo lo exteriorizamos en el relato pierde su aspecto terrible y nos libramos de su influencia. Eso debieron de pensar muchos de los grandes escritores de la literatura universal, desde Shakespeare a Dickens, pasando por Poe y tantos otros cuyas historias de ultratumba aparecen entre las 24 que Van Hageland ha recogido en el libro. Y ahí está el fantasma del padre de Hamlet a quien se le aparece para comunicarle que su muerte ha sido causada por su propio hermano con la ayuda de su propia esposa y para exigirle cumplida venganza. Y el hombre encantado de Dickens, y la estremecedora historia de la hermosísima Ligeia, creación de Poe, cuyo espectro ocupa y vivifica el cadáver de la segunda esposa del protagonista, lady Rowena. Y la mano desollada de Maupassant, y la casa en alquiler de Le Fanu, y los caballos nocturnos de Claude Seignol, y un largo etcétera de casos terroríficos y fantásticos que el aficionado a este tipo de relatos encontrará en este ejemplar del Libro amigo de Bruguera.