jueves, 8 de octubre de 2026

MEMORIAS DE UN JUBILADO. VENTANAS DEL AYER

 

 
De vez en cuando me convenzo a mí mismo para echar la vista atrás y abrir las ventanas del pasado, en este caso a los cuadros que antaño pintaba, aunque sólo sea para ver cómo concebía la labor de los pinceles y los pigmentos cuando tenía menos años y menos experiencia como aficionado al arte de Velázquez y Picasso. Y descubro, para mi sorpresa, que las ventanas que pinto ahora no me satisfacen tanto como éstas que rescato del pasado.
 
 
Primera ventana 
 
Mujer que cose
 


Ya no recuerdo cuándo la pinté. Sólo sé que mi mujer, mientras estaba preparando la tabla para trabajar sobre ella, y trazaba al carboncillo la silueta del motivo principal, me recordó que esa misma figura ya la había pintado al óleo en una tela y la había regalado a una pareja amiga nuestra que se había ido a vivir a Pineda de Mar. "Lo sé, cariño (dije). Pero me quedé tan triste desde el dia en que dejé de ver en las paredes de casa a la Mujer que cose, que ha llegado el momento de tenerla de nuevo entre nosotros."

 

                                                              Segunda ventana 

                                                               Mujer pensativa 


Esta mujer pensativa ya no la tengo en mi casa y cuantas veces intenté repetirla en lienzo, tabla y otros soportes, me fue imposible plasmarla ni siquiera a la mitad de vida y presencia de lo que conseguí la única vez que se me ocurrió fijarme en una ilustración que descubrí en un número de la Hora XXV, revista de médicos que en los años setenta prodigaba algunos puestos del mercadillo de libros de ocasión que tenía lugar alredeor del modernista Mercado de San Antonio de las mañanas dominicales. Lo del soporte que empleé para este melancólico retrato de mujer tiene también su pequeña historia, y es que un vecino de Horta, sabedor de mi afición a pintar, me regaló una plancha de lata de las que empleaba para anunciar sus artículos de ultramarinos en las galerías del barrio. Y a decir verdad, al instante pensé que el material del soporte le vendría que ni pintado al rostro meditativo de la persona reflejada en él. Muy  ogulloso  tuve expuesto el cuadro en el altillo de casa hasta que una cuñada mía se encaprichó de él, y mi mujer y yo se lo regalamos cuando se cambió de piso. Por eso no me apena tanto no tener la Mujer pesativa en casa porque siempre que quiera podré volver su gesto recatado y pensativo, cabeza ladeada, ojos bajos y manos recogidas sobre el pecho.

 

                                                                     Tercera ventana

                                                        La niña de la Vila Vella 

A La niña de la Vila Vella puede verla en persona cualquier visitante de Tossa de Mar que se dé una vuelta por el recinto medieval de la población girondense, ya que se trata de una estatua de niña que con un botijo en la mano y la mirada puesta en los guijarros del piso de la calle, allí se encuentra sobre el machón de una casa, a la vista de todo aquel que recorra el emcantador recinto entre bares, almenas, cubos de muralla y rincones adornados de macetas y arbustos de arriates y  utensilios marinos y bélicos que en su día fueron rescatados de las profundidades del mar que rodea la Vila Vella. Yo que tengo la suerte de veranear y pasarme mucho tiempo de jubilado en Tossa de Mar, suelo recorrer lo que los turistas  llaman "El Castillo" y saludo a la triste estatua solitaria, cabizbaja y meditabunda  cuando inicio la pendiente que conduce al  Museo de la ciudad. Un día se me ocurrió eternizar a la Niña en un soporte de panel con puzzle incluido para poder tenerla a la vista siempre sin moverrme del piso.

  

                                                                       Cuarta ventana  

                                                              Mujer sentada en el suelo 

 


Inspirada (¿réplica??) en el cuadro de Henri Toulouse-Lautrec titulado originalmente Rouse dit aussi La Toilette, esta ventana ya no la tengo conmigo. Le dije adiós a poco de conocer a una pareja amiga de Tossa para regalársela de buen grado por la amabilidad y generosidad que siempre han con nosotros. Y a veces, cuando vamos a visitarlos a la casa que compraron en Tossa, una de las más retratadas por los turistas camino del Codolar, saludo a la Pelirroja de Lautrec, imaginándome que algún día se girará para corresponderme al saludo.

 


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