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domingo, 9 de octubre de 2011

Los libros que hay que leer

iteratura y Guerra Civil


Hace unas entradas hablaba aquí de un libro de Trapiello, imprescindible para conocer y entender la postura que adoptaron durante la Guerra Civil española conocidos escritores y poetas que vivieron en uno y otro bando. Pues bien, a continuación incluyo la ficha técnica de la obra, seguida de la mitad de las notas que recogí tras su lectura.
Andrés Trapiello,
Las armas y las letras. Literatura y Guerra Civil (1936-1939).
Ediciones Destino, Barcelona, 4ª impresión, julio 2010.
633 páginas distribuidas en:
-Tres prólogos y Agradecimientos
-Doce capítulos y uno más titulado Final
-Un apartado con datos biográficos de los escritores, políticos y otros que fueron los protagonistas de los hechos que se cuentan en los capítulos anteriores, así como referencias bibliográficas de interés; apartado que se titula Las personas del drama
-Una Cronología general de la Guerra Civil española (desde el 17 de julio de 1936 hasta el 1 de abril de 1939)
-Un Índice onomástico y
-Una página destinada a los Créditos de las imágenes.
Y todo el libro ilustrado espléndidamente con fotografías de los protagonistas, carteles políticos, portadas de obras literarias, etcétera, acompañados de sus pies correspondientes.

El contenido de los cuatro primeros capítulos, sucintamente expuesto, es el siguiente:

Capítulo primero

Ideas generales sobre los viejos escritores de la Generación del 98, especialmente Unamuno, Baroja y Azorín, algunos de la del 14, como Ortega y Gasset, y otros que resurgen alrededor de la Gaceta Literaria, casos de Giménez Caballero o Dionisio Ridruejo.

Capítulo segundo

El papel del Cuartel General de Salamanca en los primeros días de la Guerra, que tuvieron como protagonistas a Unamuno y Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de la ciudad del Tormes. Y también, ¿cómo no?, el omnipresente Giménez Caballero y el conde de Foxá, siempre rodeado, a la vez, de fusilamientos y cenas opíparas.

Capítulo tercero

Ahora la ciudad es Madrid en esos primeros días de la Guerra, cuyos actores principales son los escritores Juan Ramón Jiménez, José Bergamín y Rafal Alberti, con la importancia que adquiere la Alianza de Intelectuales Antifascistas para Defensa de la Cultura y el papel importantísimo que adquiere la publicación de El Mono Azul, que era algo así como órgano político, revista literaria, noticiero y hasta medio de propaganda militar.

Capítulo cuarto

Lo que le pasó en Madrid al poeta bohemio Pedro Luis de Gálvez que finalmente murió fusilado, y los casos de Ramiro de Maeztu y el de Lorca, cuyas vidas también segó la violencia y la sinrazón de la Guerra.

jueves, 20 de enero de 2011

LOS LIBROS QUE HAY QUE LEER

El camino, de Delibes




En realidad, muchos son los libros de Miguel Delibes (1920-2010) que todo buen amante de la lengua castellana debe leer y releer. Son los casos de Las ratas, Las guerras de nuestros antepasados, La hoja roja, Cinco horas con mario o El hereje, por citar unas pocas. Pero sin duda la que siempre deja honda huella en el alma niña del lector es El camino.

Novela aparecida en 1950, cuenta en 21 capítulos la vida de un pueblo y las costumbres de sus habitantes desde el punto de vista de un niño, Daniel, el Mochuelo, que la noche antes de partir hacia la capital para hacerse un hombre de provecho y labrarse un camino en la vida, rememora su breve pero rica existencia en compañía de sus amigos Germán, el Tiñoso, y Roque, el Moñigo. El lector entrará como en su propia casa en un mundo congelado en el tiempo cuyos temas son los de siempre: la búsqueda de los padres de lo mejor para sus hijos, la amistad en la infancia y la primera adolescencia, las murmuraciones y sus efectos, el poder de la tierra donde uno ha nacido sobre él, lo prohibido en las aventuras infantiles, la impotencia de la voluntad humana ante determinados hechos, la vida de la aldea frente a la de la ciudad, el progreso, el amor, la religión, la muerte...

Y luego está el lenguaje, un lenguaje el de Delibes limpio, castizo y hondamente emotivo, que hace reflexionar a cada instante al lector.
He aquí el principio de la novela:


"Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba...
Su padre entendía que esto era progreso; Daniel, el Mochuelo, no lo sabía exactamente. El que estudiase el Bachillerato en la ciudad pòdía ser, a la larga, efectivamente, un progreso. Ramón, el hijo del boticario, estudiaba ya para abogado en la ciudad, y cuando les visitaba, durante las vacaciones, venía empingorotado como un pavo real y les miraba a todos por encima del hombro; incluso al salir de misa los domingos y fiestas de guardar, se permitía corregir las palabras que don José, el cura, que era un gran santo, pronunciara desde el púlpito. Si esto era progresar, el marcharse a la ciudad a iniciar el Bachillerato, constituía, sin duda, la base de este progreso.
Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado."



viernes, 7 de enero de 2011

LOS LIBROS QUE HAY QUE LEER

Rimas y Leyendas de Bécquer



En cada nueva colección de libros que inicia una editorial siempre figura alguna obra de Gustavo Adolfo Bécquer, por lo general las Rimas o las Leyendas, aunque también pueden ser sus Cartas, las literarias escritas a una mujer o las dirigidas a El Contemporáneo, periódico madrileño del que el poeta era director, desde una de las celdas del monasterio de Veruela cuando se recuperaba de una dolencia pulmonar. Da lo mismo. Lo que busca la colección en particular es ofrecer una de las prosas más líricas y profundas del siglo XIX español y sin duda la mejor poesía de ese siglo. Nadie puede dejar de conocer la Rima LXXIII, que muestra los sentimientos del poeta ante la trágica muerte de una niña y que empieza:

"Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
y otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron..."

La muerte, lo mismo que el dolor están presentes en sus versos, pero es que también lo está la misma poesía en varias composiciones. Por ejemplo, en la Rima V, oímos hablar a la poesía de sí misma del siguiente modo:
"Espíritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.
Yo nado en el vacío,
del sol tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas..."

Pero sobre todo a Bécquer lo conocemos como al poeta del amor en todas sus facetas, desde la de la felicidad hasta la del desengaño; y hasta las fuerzas telúricas presentan manifestaciones apoteósicas de amor, como leemos en la Rima X:
"Los invisibles átomos del aire
en derredor palpìtan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada,
oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas,
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
Silencio. ¡Es el amor que pasa!"


Este es el mismo Bécquer de las prodigiosas Leyendas, donde el misterio y la poesía de dan la mano y el personaje femenino adquiere suma importancia, como ocurre en los relatos ambientados en Toledo como El beso, La rosa de pasión o La ajorca de oro y otros con ambiente soriano como El monte de las ánimas, Los ojos verdes o La promesa, por citar los títulos de seis de sus más conocidas Leyendas.
Nadie puede quedarse sin conocer la historia de la judía Sara que es capaz de sacrificarse por su novio cristiano y encontrar la muerte a manos de su propio padre, el cruel Daniel Leví, aunque de sus restos nacerá la rosa de pasión, una flor que presenta los atributos de la crucifixión de Cristo. Ni la historia de Beatriz, personaje contrapuesto de Sara, quien, caprichosa y cruel, manda a su primo Alonso a una muerte segura en el monte de las ánimas, donde es devorado por los lobos. Ni el trágico fin de Fernando de Argensola en la fuente de los álamos atraído por el amor de la mujer de ojos verdes que mora en el fondo misterioso de las aguas.