Verso
RONDALLA VERANIEGA
I
El verano es una caricia
de mar y arena
para un cuerpo tendido
que al sol espera.
Una fuente
con agua nueva,
rediviva en frescura,
que en sueños llega.
Un jardín de azahares
con dos mil abejas,
y una alegre lectura
que se renueva.
Una noche, una música
y una verbena
donde el barrio de siempre
baila y recuerda.
Pero el verano es también
hoces y espigas,
espaldas dobladas,
pieles heridas,
llanuras ardientes
y exiguas comidas,
huertos saqueados,
corrales en ruinas,
golondrinas muertas
y secas gavillas
Y echo de menos las arboledas
que se arrimaban frescas al río,
y a las aceñas que trabajaban
moliendo el trigo.
Echo de menos aquellos cuentos
que por las noches a mis vecinos
yo les contaba como si fueran
amigos míos.
Echo de menos a los veranos
en que el cerebro, mago, divino,
se empeñaba en parar el tiempo
tan fugitivo.
II
Yo no sé dónde estáis todos ahora,
si en un pueblo de la montaña,
dormido cerca del cielo
o en un pueblo de la costa
invadido de turistas.
Yo no sé si algunos de vosotros
estáis cruzando el mundo
coleccionando postales,
suvenires, entradas de museos...
Yo no sé dónde estáis, alumnos míos.
Sólo sé de este silencio
que amordaza los pupitres,
el patio de recreo,
los campos de deportes...
desde que os fuisteis.
Ahora, viendo cómo la soledad
habla en los armarios donde hace poco
vivían vuestros libros,
parece que nunca habéis estado,
que sólo habéis sido personajes
de un sueño que he tenido.
Y sin embargo,
aquí siguen vuestros nombres
escritos en la madera de los estantes,
y caigo en la cuenta de que todo
es una ausencia prevista,
un paréntesis en la vida de las obligaciones,
y que pronto volveré a veros,
y os preguntaré cómo os han ido las vacaciones,
y volveré a hablaros de nuevas lecturas,
de la obra de teatro
que prepararemos para Navidad...
Pero ahora seguid disfrutando de la arena sin tiempo,
de la excursión sin planes...
Y de todo lo que veáis y disfrutéis
extraed la savia que fortalece el corazón
y alecciona el espíritu.
Detrás de las columnas y los cuadros
hubo siempre una respiración parecida a la vuestra,
un corazón atento y un alma ansiosa por aprender.
Para que cuando volváis a estas aulas
vengáis más recios de carácter,
adolescentes sólidos con hambre de futuro.
III
Estos vencejos de la tarde prueban
con sus plumas oscuras otros vuelos,
otras ballestas negras, otros cielos,
otras tardes que mi vida elevan
por encima del tiempo y de los velos
traidores de la edad. Y tengo celos
de las gentes cuyas miradas llevan
el cielo de mi tierra y los pretiles
del río donde vuelan los vencejos
con sus plumas oscuras y reviven
las nostalgias que me llegan más lejos.
IV
El tiempo se sembraba en mi persona
viéndolo roer aquellas hojas de morera
que yo preservaba del calor
en la fresca cantarera.
Y en pocos días su blanca fragilidad
se llenaba
de hilo jubiloso de suntuosa seda.
Y enseguida buscaba un rincón en su caja
y empezaba a tejer su tumba de oro
hasta desaparecer bajo su seda.
Y después, el capullo perfecto,
delicadamente quieto,
se quedaba colgando colmado de futuro.
Hasta que de pronto, ¡la fiel metamorfosis
cumplió con su destino! Aquel gusano obrero
salió hecho mariposa de su tumba.
¡Genial resurrección!
De un sacrificio silencioso
brotó una nueva vida limpiamente multiplicada.
Experiencia educativa en mi niñez
que nunca he olvidado.
V
El barro se ha hecho arte en recipiente
domador de agua limpia y amigo de la sombra.
El barro se ha hecho aljibe y surtidor
para conjurar, puro, fresco,
la sed inmensurable del verano.
En tu entraña de arcilla, botijo irremplazable,
el agua se convierte en generosa ayuda,
milagrosa bebida de fórmula paciente.
En el verano te recuerdo
sumido en la penumbra rezumante
de la fresca cantarera
ansiando aliviar el labio seco
del que trabaja en el campo.
VI
Este verano
he vuelto a ver el mar y su milagro
de mástil y gaviota,
de ola y cormorán.
Y no me canso
de convertir en canto
la luz y la alegría de la gente
cuando la besa el mar.
Este verano
he vuelto a ser el niño que fui ataño.
Y a lomos de mi burra,
desde el pueblo al pinar,
de la calle al camino
el sol me sonreía
y el aire me sonaba
a familia y a hogar.









No hay comentarios:
Publicar un comentario