lunes, 21 de enero de 2013

SABER DE POESÍA (4)

 
     5. Partiendo de Pedro Salinas

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



 
Para valorar la calidad de un poema, conviene además tener presentes las palabras que al respecto dijo Pedro Salinas (Madrid, 1891 –Boston, 1951): “Estimo en la poesía, sobre todo la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio.”


-autenticidad: calidad de auténtico, sincero, verdadero.

- belleza: calidad de perfecto, acabado, bien hecho tanto en la forma como en el fondo.

- ingenio: calidad de creativo, inteligente, especialmente en los juegos fonéticos, léxicos y morfosintácticos del lenguaje empleado en el poema.

 

Primer ejemplo: autenticidad

Lo fatal, de Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 1867- León, Nicaragua, 1916)

 

“Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...”



 

         
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
Aunque Fernando Pessoa (Lisboa, 1888- 1935) afirmara que “el poeta es un gran fingidor”, hay que entender sus palabras en el contexto en que las dijo. Lo cierto es que el poeta que escribe un poema auténtico, como el que nos ocupa, no está por la labor de fingir o falsear los hechos, sentimientos o ideas reflejados en los versos. Leyendo con detenimiento el poema de Rubén Darío, enseguida comprobamos que las afirmaciones y negaciones expuestas en él suenan a verdad, a algo que verdaderamente está viviendo, sintiendo el poeta: el dolor de ser vivo o el de ser consciente y darse cuenta del sufrimiento que padece, frente a la insensibilidad del árbol o de la piedra. Es más, el poeta se involucra personalmente en la pesadumbre que sienten todos los humanos, cuyo destino es morir un día, y lo que es peor aún, “no saber adónde vamos ni de dónde venimos”. Nadie puede negar la veracidad de esos hechos tan dolorosos y decepcionantes. En su poema, Rubén Darío toma la palabra por todos nosotros para decir triste pero verazmente lo que todos pensamos y sentimos acerca de nuestro común destino.

 

 

 
Segundo ejemplo: belleza  

Fe mía, de Pedro Salinas

 
“No me fío de la rosa
de papel,
tantas veces que la hice
yo con mis manos.
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti que nunca te hice,
de ti que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo,
seguro azar.”

 
Lo primero que llama la atención de este poema es su perfecta y medida brevedad, y enseguida, pese a la brevedad del poema, la cantidad de ideas expresadas en él. Y eso se logra con un perfecto conocimiento de lo que en verdad es escribir poesía: decir muchas cosas con las menos palabras posibles. Pero claro, a esa nota de la brevedad referida, debemos añadir la belleza que la viste, la perfección que respira cada verso dentro del poema y la elección de las palabras dentro de los versos, así como la estructura elegida para el desarrollo del poema, basada en dos negaciones: no me fío… ni me fío; y  una afirmación : de ti me fío (recordemos que por algo el poema se titula Fe mía).
Más elementos que implican belleza, perfección, algo acabado y bien hecho: en primer lugar, las dos negaciones se refieren a la rosa, que pasa por ser el modelo de belleza y perfección entre las flores y la flor más cantada por los poetas; en la primera negación se niega la fe en la rosa de papel que tantas veces hizo el poeta; en la segunda, la rosa rosa, la verdadera. Por último, y en contraste con esas negaciones de la creencia de algo que existe, está la afirmación de la fe en algo sobre lo que no tiene nadie ningún poder: el azar, que para el poeta es seguro, redondo. No quisiéramos terminar este comentario sin aludir a esas dos bellísimas metáforas referidas a la rosa verdadera: “hija del sol y sazón”, “la prometida del viento”; ni al bello paralelismo (repetición intencionada de ciertas palabras) del final del poema, clave para afirmar la fe del poeta en el azar: “de ti que nunca… de ti que nunca… de ti me fío…”

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



 
Tercer ejemplo: ingenio

Érase un hombre a una nariz pegado, de Francisco de Quevedo (1580- 1645)

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado. 

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.

 

El ingenio, unido a la gracia y a veces a la comicidad, del soneto de Quevedo se halla en haber hecho en catorce versos catorce definiciones de la nariz de un personaje (posiblemente la de Góngora, su rival literario más encarnizado). Dichas definiciones se formulan, lógicamente, valiéndose del verbo ser (aquí la forma pronominal del pretérito imperfecto de indicativo “érase”, hasta diez veces, y la normal “era”, dos veces) que es el propio de las definiciones: todas parten de la primera: “Érase un hombre a una nariz pegado” (una hipérbole en toda regla). Las demás no dejan de ser exageraciones cómicas de la nariz o del hombre pegado a ella, muy visuales y plásticas la mayoría: nariz superlativa, una alquitara (alambique) medio viva, un pez espada, un reloj de sol, un elefante boca arriba, una nariz sayón y escriba (mordaz alusión a la nariz judía, corva y ganchuda, del centro de sus burlas, el mencionado Góngora), un Ovidio Nasón mal narigudo (obsérvese el juego que se hace con el apellido del poeta latino Nasón, como si fuera un aumentativo del apéndice nasal), espolón de una galera, las doce tribus de narices era (nueva alusión a la nariz judaica), una pirámide de Egipto, archinariz, y en el colmo del chiste imparable, el último verso: “sabañón garrafal, morado y frito”. Ingenio, en este caso, puesto al servicio del insulto y vejación verbal de una persona odiada. Pero, al fin y al cabo, ingenio.

jueves, 17 de enero de 2013

VERSIONES DEL INFRAMUNDO


EL TREN


 
 
 
 
 
 
 



Hola, me llamo Martín y voy a coger el metro como cada mañana. Viajar en metro en una ciudad grande es lo más normal del mundo. Subes a él, recorres unas cuantas estaciones y bajas en la tuya. Tú lo habrás hecho mil veces. Y ahora, montado en el tren, voy al lugar de mi trabajo, que se encuentra a diez minutos de aquí. Y mientras espero a que llegue la estación donde debo apearme, ojeo en el periódico el horóscopo del día más para divertirme con la sarta de tonterías que dice que para fiarme de él. No sé cómo puede haber personas que se crean lo que dice el horóscopo sobre su futuro y se pasen toda la vida temiendo que se cumplan esas falsas predicciones. Compadezco al pobre periodista que se pasa horas y horas pensando en tantas necedades para impresionar a los crédulos lectores. Yo jamás he prestado la menor atención a esas paparruchas y la vida no me ha ido mal del todo; es más, diría que todo hasta ahora me ha salido a pedir de boca. Tuve una infancia feliz en una familia feliz. En la Universidad destaqué por mi aplicación y buenas calificaciones. Luego me casé con la mujer que yo quería. ¡Vaya, aquí dice mi horóscopo que me abstenga de viajar hoy para evitar males mayores! ¡Ya estamos! Pero, ¿dónde va este tren que no para?  ¡Y la siguiente estación es la mía! Y el metro sigue su marcha y mi estación se queda atrás. “¡Oigan, detengan este tren! ¡Quiero bajarme!” Y esta gente que viaja conmigo ni se inmuta. Parecen ir ensimismadas en algo oculto. Todos con los ojos fijos y la cabeza en alto. De todos modos, voy a preguntar a esta mujer. “Perdone, señora, ¿sabe cuál es la siguiente estación de este tren?” ¡Ni el menor gesto por mirarme! ¡Como si nada fuera con ella! Y las estaciones siguen pasando sin que el metro haga nada por detenerse. Me acercaré a ese hombre que va cogido a la barra central. A ver si es algo más amable que la señora. “Perdone, caballero, ¿sabe cuál es el destino de este tren?” La misma actitud, la misma mirada. Pero ¿es que no va a haber nadie aquí que me pueda ayudar? Es muy raro que nadie haga siquiera un gesto de prestarme atención. Y el metro pasa por estaciones desconocidas para mí. No me gusta nada esto. “¡Quiero salir de aquí! ¡Detengan el metro!” Noto que el corazón me late furiosamente y un sudor frío recorre mi cuerpo de la cabeza a los pies. “¡Ustedes! ¿Es que no piensan hacer nada? ¿Van a seguir sin moverse? ¡Hagan que se detenga este maldito tren!” Ahora caigo en un detalle que hasta ahora no había notado. “¡El ruido! ¿Dónde está el ruido de este tren? ¿El zumbido del motor, la vibración de los cristales, el traqueteo, las ruedas? ¡No se oye nada! ¡Sólo el silencio! ¡Este silencio que me saca de quicio! Y ahora el tren sale del túnel y corre por el campo, lejos de la ciudad. ¡Y yo desconozco todo esto! ¿Adónde se dirige? ¡Eh!, ¿qué es esto? ¡Si parece que el tren abandona los carriles y flota en el aire! ¿Me estaré volviendo loco? ¡Y esta gente sin moverse! ¿Qué pasa ahora? El tren ha chocado contra algo. ¡Ayyy, que me caigo! ¡Mi cabeza!


No sé cuánto tiempo he permanecido sin conocimiento… ¡Ufff!, ¡cómo me duele la cabeza! El golpe ha debido ser tremendo. ¿Qué ha ocurrido? ¡Ah, ya recuerdo! El tren debió de chocar contra algo. Menos mal que parece que, salvo el golpe recibido en la cabeza, no me he roto ningún hueso ni siento el menor dolor. ¡Qué alivio! ¿Y ahora qué pasa? Las puertas del metro se han abierto y todos estos viajeros silenciosos e inmóviles hasta hace un momento empiezan a salir del vagón. ¡Pues yo me quedo aquí! Vayan a donde vayan, a alguna parte iré a parar si les sigo. ¡Vaya camino de piedras! Mejor es esto que seguir en el tren. Esta gente, por la decisión que adoptan al caminar, saben adónde van y van conformes. Pues yo detrás. ¡Pero qué es lo que veo! ¡La verja de un cementerio! ¿A qué irá toda esa gente ahí? ¡Adentro! Y ahora se acercan a unos ataúdes abiertos y se meten en ellos. ¡Dios bendito! Y la tierra se abre para que los ataúdes desaparezcan bajo ella. ¿Qué me está ocurriendo? Siento como si una fuerza sobrenatural me empujara hacia el único ataúd que queda todavía abierto sobre la tierra, y no me quedan ganas ni deseos  de resistirme. ¡Debo meterme dentro! Así, la tapa bien sujeta. “Tierra, recógeme en tu seno, porque estoy muerto. He debido morir en ese extraño tren”. Pero, ¿cómo es posible que esté a la vez ahí dentro del ataúd, muerto bajo tierra, y esté caminando a la vez con otros como yo hacia el metro que parece aguardarnos?

martes, 15 de enero de 2013

ANTOLOGÍA COMENTADA DE LA POESÍA ESPAÑOLA


Rodrigo Caro(Utrera, 1573- Sevilla,1647) estudió Cánones en Osuna y después en Sevilla cuando a la muerte de su padre fue recogido por su tío. Ejerció de abogado eclesiástico y nunca le faltó trabajo, y así pudo alimentar convenientemente a su madre y ocho hermanos. Luego se ordenó sacerdote y logró ser elegido abogado del concejo municipal de Utrera, donde más tarde ejerció de censor de libros. Trasladado a Sevilla, hizo también de juez de testamentos. En los últimos años de vida sufrió varios contratiempos como un pequeño destierro a Portugal y, el peor de todos, el agravamiento de una enfermedad del estómago, que le obligó a dejar su capellanía, y que finalmente lo llevó a la muerte.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Rodrigo Caro escribió sonetos, canciones de amor, romances burlescos, poemas mitológicos, epístolas, etcétera. Pero sin duda alguna su mejor composición es la famosa Canción a las ruinas de Itálica.

Seleccionamos un fragmento de esta última:

“Éstos, Fabio, ¡ay, dolor!, que ves ahora
   campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa;
aquí de Cipión la vencedora
colonia fue: por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo;
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelan cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh, fábula del tiempo! Representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago.
¿Cómo en el cerco vago
de su desierta arena
el gran pueblo no suena?
¿Dónde, pues, fieras, ¡ay!, está el desnudo
luchador? ¿Dónde está el atleta fuerte?
Todo desapareció, cambió la suerte
voces alegres en silencio mudo.”

 La Canción es un tipo de composición, en cuanto a la forma e intención se refiere, parecida a la oda o al himno y adopta la combinación de endecasílabos y heptasílabos a la manera de la silva, aunque en este caso aparece dividida en estancias, la primera de las cuales abarca los nueve primeros versos, cuyo esquema estrófico es: 11A 11B 11C 10A (nótese que este verso no cumple el esquema) 11B 11C 7c 7e 7e. 

 

Francisco de Rioja(Sevilla, 1583- Madrid, 1659) se licenció en Leyes. Se ordenó sacerdote y fue canónigo de la catedral de Sevilla. Adquirió fama como teólogo y jurista. Fue amigo del Conde-Duque de Olivares y protegido por él, a quien sirvió en asuntos políticos y literarios. Contra la sublevación de los catalanes escribió Aristarco en nombre del Conde-Duque, y a la caída del valido no se separó de él y le acompañó al destierro, primero a Loeches y después a Toro, donde falleció el valido. Rioja regresó a Sevilla cansado y desilusionado del mundo de la Corte. El cabildo sevillano le nombró agente suyo en Madrid, y allí fue en 1654, donde residió hasta su muerte.

Rioja se relacionó con escritores de la talla de Lope de Vega y Cervantes, fue bibliotecario de Felipe IV y cronista de Castilla.

En su obra poética se nota al principio la lectura de Fernando de Herrera, pero en seguida adopta la filosofía del Barroco con el tema principal del desengaño si bien lo sabe disfrazar de una suave melancolía. Amante de la naturaleza, elige como motivos de sus memorables silvas a las flores (A la rosa, Al clavel, Al jazmín…)


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Elegimos la silva A la rosa
 
“Pura, encendida rosa,
émula de la llama,
que sale con el día,
¿cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo,
y ni valdrán las puntas de tu rama,
ni púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa?
El mismo cerco alado
que estoy viendo riente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blancas plumas
y oro de su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas
y esto, purpúrea flor, esto ¿no pudo
hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
róbate licencioso su ardimiento
el color y el aliento.
Tiendes aun no las alas abrasadas
y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
está al morir tu vida,
que dudo si en sus lágrimas la Aurora
mustia tu nacimiento o muerte llora.”

La silva, ya lo hemos dicho en alguna otra ocasión, es una composición poética basada en la combinación de endecasílabos y heptasílabos que riman consonantemente siguiente el esquema elegido por el poeta. En este caso, el esquema estrófico es el siguiente:  7a 7b 7c 11C 11D 11D 11B 7a 7- (este verso no rima con ninguno) 11A... etcétera.

 


Andrés Fernández de Andrada (Sevilla, 1575 – México, 1648) fue capitán del ejército español y un poeta exquisito. Destinado a México, allí murió envuelto por la pobreza y el anonimato, pese a haber escrito la mejor epístola moral de tipo horaciano de la literatura española, Epístola moral a Fabio. Sus fuentes literarias hay que buscarlas en la Biblia, Séneca y, por supuesto, Horacio. La Epístola, una reflexión profunda sobre la brevedad de la vida y la desvalida condición humana, invita a la resignación de tipo cristiano.

Aunque anteriormente se le atribuyó a otros poetas de la época como Bartolomé Leandro Dámaso de Argensola o Rodrigo Caro, primero Adolfo Castro y luego Dámaso Alonso demostraron fehacientemente que el autor de la Epístola moral a Fabio es Andrés Fernández de Andrada.


He aquí un fragmento de la Epístola:

"Fabio, las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere
y donde al más activo nacen canas;1

el que no las limare o las rompiere
ni el nombre de varón ha merecido,
ni subir al honor que pretendiere.

El ánimo plebeyo y abatido
elija en sus intentos temeroso
primero estar suspenso que caído;

que el corazón entero y generoso
al caso adverso inclinará la frente
antes que la rodilla al poderoso.

Más triunfos, más coronas dio al prudente
que supo retirarse, la fortuna,
que al que esperó obstinada y locamente.

Esta invasión terrible e importuna
de contrarios sucesos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna.

Dejémosla pasar como a la fiera
corriente del gran Betis2, cuando airado
dilata hasta los montes su ribera.
(…)
Más quiere el ruiseñor su pobre nido
de pluma y leves pajas, más sus quejas
en el bosque repuesto y escondido,

que agradar lisonjero las orejas
de algún príncipe insigne, aprisionado
en el metal de las doradas rejas.
(…)
Iguala con la vida el pensamiento,
y no le pasarás de hoy a mañana,
ni aun quizá de uno a otro momento.

Casi no tienes ni una sombra vana
de nuestra grande Itálica, y, ¿esperas?3
¡Oh terror perpetuo de la vida humana!4
(…)
¿Qué es nuestra vida más que un breve día,
do apenas sale el sol, cuando se pierde
en las tinieblas de la noche fría?

¿Qué más que el heno, a la mañana verde,
seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
¿Será que de este sueño me despierte?

¿Será que pueda ver que me desvío
de la vida viviendo, y que está unida
la cauta muerte al simple vivir mío?
(…)
¿Piensas acaso tú que fue criado
el varón para el rayo de la guerra,
para surcar el piélago salado,

para medir el orbe de la tierra
y el cerco por do el sol siempre camina?
¡Oh, quien así lo entiende, cuánto yerra!”
 
 
Esta composición está formada por tercetos encadenados, de tal forma que el verso central de cada terceto rima consonantemente con el primero y tercero del siguiente terceto; así hasta el final de la composición, que se cierra con un serventesio, con lo que no queda suelto ningún verso.
 

domingo, 13 de enero de 2013

LA COCINA DE LA LITERATURA (1)


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Este año 2013 voy a incluir en este blog un viejo proyecto mío (empezado a escribir en 2003 y concluido poco antes de jubilarme como profesor de Lengua castellana y Literatura en el IES La Románica, de la población barcelonesa de Barberá del Vallés), titulado LA COCINA DE LA LITERATURA. 

LA COCINA DE LA LITERATURA se compone de los siguientes programas y puntos:

-Programa I   CÓMO MEJORAR MI ESTILO Teoría

Puntos:

1.      Ortografía esencial: Acentuación. Puntuación. Fonemas dificultosos.
2.      Lo que hay que evitar en el escrito. Expresiones incorrectas.
3.      Los problemas del léxico. Extranjerismos. Arcaísmos. Impropiedad.
4.      Empleo de las categorías gramaticales. Gerundios, pronombres personales, otros. Empleo correcto e incorrecto de las preposiciones.
5.      Los tropos. Sinécdoque, metonimia, metáfora.

 

                          -Programa II  CÓMO MEJORAR MI ESTILO   Práctica

                           Actividades encaminadas a reforzar los puntos expuestos en el Programa I.

 

                        -Programa III  CÓMO SE ESCRIBE UN CUENTO  Teoría

                         Puntos:

1.      Normas básicas para la narración.
2.      Elementos de la narración. El tiempo, el narrador y modos de narrar, los personajes.
3.      Narradores y lectores.
4.      Ejemplo y comentario.
5.      El cuento y su historia.
6.      Dos cuentos: El amigo desleal y Los dos estudiantes.
7.      Elementos básicos del cuento.
8.      Cómo escribir un cuento.
9.      Un cuento, Historia del hombre que sólo comía altramuces, y su análisis.
10.  Estructuras básicas del cuento. Personajes típicos. Principios y finales. Palabras y expresiones propias del cuento.
11.  Cuentos ultracortos.
 

                            --Programa IV  CÓMO SE ESCRIBE UN CUENTO  Práctica

                             Actividades encaminadas a reforzar los puntos expuestos en el Programa III.

 

                             --Programa V   PARA ESCRIBIR POESÍA  Teoría

                              Puntos:

1.      Intentando definir la poesía.
2.      Nociones de Métrica. Verso y medida. Los versos castellanos. La rima. El ritmo. Las estrofas castellanas.
3.      La narración, la descripción y el diálogo en la poesía.
4.      El lenguaje poético. Las figuras.
5.      Poesía épica. Epopeya. Poema épico-burlesco. Romance.
6.      Poesía lírica. Oda. Elegía. Sátira.
7.      Estructuras poéticas frecuentes.
 

 

                              --Programa VI   PARA ESCRIBIR POESÍA Práctica

                           Actividades encaminadas a reforzar los puntos expuestos en el Programa V.
 

 

viernes, 11 de enero de 2013

POESÍA PARA NIÑOS (3)


ADIVINANZAS Y TRABALENGUAS

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Sombrero grande
para todo el mundo;
de día está claro
y de noche oscuro.

 
En una zarzamora
había una mariposa
zarzarrosa y alicantosa.
Cuando la mariposa
zarzarrosaba y alicantaba,
la zarzamora mariposeaba.

 
Verde me crié,
rubio me cortaron
y blanco me amasaron.

 
A ti la tila no te va,
¿eh, Atilano?
Pues a Atila si le va
la tila, hermano.

 
Si el enamorado
es entendido,
ahí va el nombre de la amada
y el color de su vestido.

 
Cuesta
se puso a subir la cuesta,
y en medio de la cuesta
Cuesta se acuesta
porque a Cuesta le cuesta
subir la cuesta.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



Estás dentro,
y no puedes entrar.
Si lo piensas bien,
lo adivinarás.

 
Debajo de un carro
había un perro;
vino otro perro
y le mordió el rabo.

 
Tengo pico y no soy ave,
patas y no soy animal,
no como ni bebo, y todos
lo hacen en mi delantal.

 
Con un puñal de acero
me descorazonaré si puedo,
y, descorazonado, después
amando te seguiré.

 
Mi trabajo es muy sencillo:
de vidrio, metal o roca,
yo recojo con mi boca
las canas del cigarrillo.

 
Paco Peco,
chico rico,
insultaba
como un loco
a su tío Federico.
Y éste dijo:
poco a poco,
Paco Peco,
poco pico
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 



Acróbata de las aves,
abeja de pluma fina,
sigue adornando con néctar
el milagro de tu vida.

 
Pablito
clavó un clavito.
¿Qué clavito
clavó Pablito?

 
Cuatro troncos de palmera,
una ducha manejable
y dos soplillos de orejas.
¡A ver si lo aciertas!
 
 
Quiero y no quiero querer
a quien no queriendo quiero.
He querido sin querer
y estoy sin querer queriendo.
Si por mucho que te quiero,
quieres que te quiera más,
te quiero más que me quieres.
¿Qué más quieres? ¿Quieres más?



Lana sube,
lana baja,
y lo que toca,
lo raja.
 


Aunque dos piernas tenemos,
nunca sabremos andar.
Pero el hombre sin nosotros
nunca a la calle saldrá.



En el Este éste está;
está éste en el Este.
Pero el Este ¿dónde está?
 

 

miércoles, 9 de enero de 2013

POEMA RESCATADO


EL ÚLTIMO SILENCIO DE MACHADO

El invierno le ha echado hacia la orilla
donde el mar nos enseña
que la vida es frágil amapola
que se muere en un día.
Las olas rompiendo en espumas
sobre la carne rosa de la playa
se reflejan en su mirada agónica
mientras su corazón piensa en la oscura
mordaza de la losa. Ya no tienen
lugar aquí los versos. Los poemas
son luz que al tiempo nublan.
Sólo quedan los ojos asidos al silencio.
El último silencio de Machado.
La esencia iluminada del poema.

 



















El invierno le aparta de la vida.
Y regresa al hotel para dejarse
en los brazos de la Palabra única
y firma con el alma su pecado.

 
Su pecado tremendo de llamarse
don Antonio Machado, fiel obrero
del andamio de no ofender a nadie.
Su pecado tremendo de buscar
a Dios en las palabras y en la niebla
y encontrarlo en la playa de Colliure.
El último silencio fue en febrero,
y hoy, palabra de oro que renace
mientras digo su nombre en el poema.