martes, 27 de mayo de 2008
lunes, 26 de mayo de 2008
Cuando todo era hiel
Recuerdo que la noche era un folio de nieve,
y tú eras las palabras que volaban sobre él,
cual gaviotas sin isla o arena sin cristales.
Recuerdo que la noche se hizo día,
y tú seguías sembrando tus versos en mis surcos.
Después pasó el verano, y las estrellas
del trigo florecieron. No volvimos
a vernos más los ojos. Pero siempre
recuerdo la distancia que tu sombra
detrás iba dejando. Ahora recuerdo
que fue todo un invento de mis ansias
por tener a mi alcance una sonrisa,
cuando todo era hiel y lontananza
y un otoño sin hojas ni deseos.
Recuerdo al fin que nada
era dulce en mi vida: sólo arena
perdida entre las olas de la vida.
Recuerdo...
Sólo siembro recuerdos, sólo brisas
sin odios, sin olvidos...
Y así recojo el eco de tu voz,
el eco de algo bueno que jamás
podrá existir si no es en mi deseo.
y tú eras las palabras que volaban sobre él,
cual gaviotas sin isla o arena sin cristales.
Recuerdo que la noche se hizo día,
y tú seguías sembrando tus versos en mis surcos.
Después pasó el verano, y las estrellas
del trigo florecieron. No volvimos
a vernos más los ojos. Pero siempre
recuerdo la distancia que tu sombra
detrás iba dejando. Ahora recuerdo
que fue todo un invento de mis ansias
por tener a mi alcance una sonrisa,
cuando todo era hiel y lontananza
y un otoño sin hojas ni deseos.
Recuerdo al fin que nada
era dulce en mi vida: sólo arena
perdida entre las olas de la vida.
Recuerdo...
Sólo siembro recuerdos, sólo brisas
sin odios, sin olvidos...
Y así recojo el eco de tu voz,
el eco de algo bueno que jamás
podrá existir si no es en mi deseo.
La educación lectora del franquismo
La educación
Las listas de todo y sobre todo eran algo consustancial con la época a que nos referimos: lista de los libros que debían leerse, lista de las emisiones de radio aptas para escucharse en familia, lista de las películas lícitas para ser vistas por todos... Es oportuno citar a estas alturas las palabras de Pío XI en “Vigilanti cura” que el doctor Salicrú, presbítero catalán propugnador de normas morales de la época, cita en apoyo de su “Depuración ideológica, moral y estética del cine”: “Se hace necesario que el pueblo conozca claramente qué películas son lícitas para todos, cuáles son lícitas con reservas y cuáles son dañosas y positivamente malas. Esto exige la publicación regular de listas de las películas clasificadas, que deberán llegar fácilemnte al conocimiento de todos. Sería muy de desear que se puediese establecer una lista única para todo el mundo, porque para todos rige una misma ley moral.” El libro de referencia del doctor Carlos Salicrú se titula La educación, y es un documento de primer orden para comprender la moralidad del franquismo, habida cuenta de que, como dice el subtítulo de la obra, se trata de un “estudio normativo acerca de las obligaciones que impone la vida social”. El libro del doctor Salicrú observa parecida metodología que Hace falta un muchacho: apoyo continuado de las aseveraciones del autor en dichos y poemas de autoridades reconocidas nacional y mundialmente, dentro de una ortodoxia tradicional y conservadora. Dios es la idea central de la educación, es una de las primeras afirmaciones de La educación , avalada por estos versos:
“...El Ser que da luz al día
y al hombre fuerza y salud,
al logro de la virtud
los pasos del hombre guía.”
Y Salomón refuerza la educación moral exigible en todo tiempo: “Ejemplo de superiores, guía de inferiores”. “La educación del hijo será la honra del padre, y de su enseñanza le resultará la gloria de verle amado por todos los de la casa.” Etcétera. Tenemos deberes para con el alma. Los místicos nos hablan del “vuelo del espíritu”, de las almas que “vuelan como las aves que en el aire se purifican y alimpian”. La virtud es para Gracián “cadena de todas las las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sujeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio.” Acerca del valor de la sinceridad cita estas palabras de José Mª Salaverría: “Ser sincero, pero no cándido; este es el plan que conviene. Hay que ser hábil para descubrir la mentira en los otros, como sorprendemos un peligro natural, un abismo, un montón de cieno, un reptil asqueroso. Pero dejemos la mentira y el deshonor a las almas ruines y cobardes”. Para apoyar la necesidad de la abnegación cita el famoso soneto místico que empieza por
“No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido...”;
la humildad a Santa Teresa (“La humildad es la verdad”); la modestia a la Mitología, en las palabras que Júpiter dice a la modestia una vez que esta se queja porque es desplazada de todos los lugares del Olimpo: “Tú vivirás con todas las virtudes; a todas acompañarás”; el trabajo a Gabriel y Galán y al contrario, para demostrar que podemos ser esclavos de nuestras pasiones, el doctor Salicrú se apoya en Calderón de la Barca, en aquellas palabras que Diógenes dice al emperador Alejandro en “Darlo todo y no dar nada” Uno de los capítulos más interesantes de La educación, desde el punto de vista del tema que estamos tratando, es “La familia laboratorio de la educación”, y de los miembros que forman la familia el más importante es el niño porque es el ciudadano de mañana, por lo tanto, debe ser atendido perfectamente; para apoyar este aserto, el autor recurre al poeta bengalí Rabindranath Tagore: “Parece que la mayor parte de las gentes han olvidado que los niños son seres vivientes, más vivientes que los adultos”. El hogar es una especie de “inexpugnable baluarte para las tradiciones, el alma de la raza, la autoridad, la resistencia contra las crisis sociales, la pureza de las ideologías, todo lo que sea vital y fundamental para la existencia de la Patria”. Apoyo, Homero, que en la Iliada y la Odisea condensa en el hogar la unidad, cohesión y grandeza de Grecia. La familia es el depósito de la tradición, “entraña fecunda donde, en gestación callada, pero incesante, se va forjando, día tras día, generación tras generación, el alma de la misma Patria”. La Patria será lo que sean las familias de España y nuestra individualidad se forma desde nuestra más tierna infancia. Apoyo, Horacio: “El ánfora conserva durante mucho tiempo el perfume en que la impregnaron cuando estaba nueva”. El eje en torno al que ha de girar todo el sistema de la moral familiar es el amor entre los miembros del hogar, porque si la pasión se extingue, el amor es fuente perenne. Apoyo, la copla popular:
“¿Dónde se va a comparar
un charco con una fuente?
Sale el sol, se seca el charco,
y la fuente permanece”.
Y puestos a alabar el modelo de hogar cristiano, el autor recurre a Gabriel y Galán para copiarnos aquellos versos tan conocidos y que nosotros aprendíamos y recitábamos de niños:
“Yo aprendí en el hogar en qué se funda
la dicha más perfecta..." Y así avanza el libro, como un río seguro en cuyo espejo se reflejan las palabras de los grandes pensadores y poetas confirmando las márgenes, encauzándolo sabia y moralmente hacia el mar de la felicidad y la perfecta educación. Núñez de Arce ataca a la ciencia mentirosa que se levanta contra la fe :
Cicerón, Horacio, Séneca defienden la verdadera sabiduría, Dante el arte verdadero, Fray Luis de León la armonía universal como fuente de goces inefables, Severo Catalina la auténtica galantería, Quevedo, Maragall, Bécquer, Víctor Hugo el verdadero amor. Al final, el doctor Salicrú resume: “Fomentemos la urbanidad, la cortesía, la sociabilidad, el comedimiento, la etiqueta social, el buen modo cívico, la educación ciudadana, la convivencia; empero, informado todo ello por la moral de Cristo. La educación cristiana es un deber.”
Las listas de todo y sobre todo eran algo consustancial con la época a que nos referimos: lista de los libros que debían leerse, lista de las emisiones de radio aptas para escucharse en familia, lista de las películas lícitas para ser vistas por todos... Es oportuno citar a estas alturas las palabras de Pío XI en “Vigilanti cura” que el doctor Salicrú, presbítero catalán propugnador de normas morales de la época, cita en apoyo de su “Depuración ideológica, moral y estética del cine”: “Se hace necesario que el pueblo conozca claramente qué películas son lícitas para todos, cuáles son lícitas con reservas y cuáles son dañosas y positivamente malas. Esto exige la publicación regular de listas de las películas clasificadas, que deberán llegar fácilemnte al conocimiento de todos. Sería muy de desear que se puediese establecer una lista única para todo el mundo, porque para todos rige una misma ley moral.” El libro de referencia del doctor Carlos Salicrú se titula La educación, y es un documento de primer orden para comprender la moralidad del franquismo, habida cuenta de que, como dice el subtítulo de la obra, se trata de un “estudio normativo acerca de las obligaciones que impone la vida social”. El libro del doctor Salicrú observa parecida metodología que Hace falta un muchacho: apoyo continuado de las aseveraciones del autor en dichos y poemas de autoridades reconocidas nacional y mundialmente, dentro de una ortodoxia tradicional y conservadora. Dios es la idea central de la educación, es una de las primeras afirmaciones de La educación , avalada por estos versos:
“...El Ser que da luz al día
y al hombre fuerza y salud,
al logro de la virtud
los pasos del hombre guía.”
Y Salomón refuerza la educación moral exigible en todo tiempo: “Ejemplo de superiores, guía de inferiores”. “La educación del hijo será la honra del padre, y de su enseñanza le resultará la gloria de verle amado por todos los de la casa.” Etcétera. Tenemos deberes para con el alma. Los místicos nos hablan del “vuelo del espíritu”, de las almas que “vuelan como las aves que en el aire se purifican y alimpian”. La virtud es para Gracián “cadena de todas las las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sujeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio.” Acerca del valor de la sinceridad cita estas palabras de José Mª Salaverría: “Ser sincero, pero no cándido; este es el plan que conviene. Hay que ser hábil para descubrir la mentira en los otros, como sorprendemos un peligro natural, un abismo, un montón de cieno, un reptil asqueroso. Pero dejemos la mentira y el deshonor a las almas ruines y cobardes”. Para apoyar la necesidad de la abnegación cita el famoso soneto místico que empieza por
“No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido...”;
la humildad a Santa Teresa (“La humildad es la verdad”); la modestia a la Mitología, en las palabras que Júpiter dice a la modestia una vez que esta se queja porque es desplazada de todos los lugares del Olimpo: “Tú vivirás con todas las virtudes; a todas acompañarás”; el trabajo a Gabriel y Galán y al contrario, para demostrar que podemos ser esclavos de nuestras pasiones, el doctor Salicrú se apoya en Calderón de la Barca, en aquellas palabras que Diógenes dice al emperador Alejandro en “Darlo todo y no dar nada” Uno de los capítulos más interesantes de La educación, desde el punto de vista del tema que estamos tratando, es “La familia laboratorio de la educación”, y de los miembros que forman la familia el más importante es el niño porque es el ciudadano de mañana, por lo tanto, debe ser atendido perfectamente; para apoyar este aserto, el autor recurre al poeta bengalí Rabindranath Tagore: “Parece que la mayor parte de las gentes han olvidado que los niños son seres vivientes, más vivientes que los adultos”. El hogar es una especie de “inexpugnable baluarte para las tradiciones, el alma de la raza, la autoridad, la resistencia contra las crisis sociales, la pureza de las ideologías, todo lo que sea vital y fundamental para la existencia de la Patria”. Apoyo, Homero, que en la Iliada y la Odisea condensa en el hogar la unidad, cohesión y grandeza de Grecia. La familia es el depósito de la tradición, “entraña fecunda donde, en gestación callada, pero incesante, se va forjando, día tras día, generación tras generación, el alma de la misma Patria”. La Patria será lo que sean las familias de España y nuestra individualidad se forma desde nuestra más tierna infancia. Apoyo, Horacio: “El ánfora conserva durante mucho tiempo el perfume en que la impregnaron cuando estaba nueva”. El eje en torno al que ha de girar todo el sistema de la moral familiar es el amor entre los miembros del hogar, porque si la pasión se extingue, el amor es fuente perenne. Apoyo, la copla popular:
“¿Dónde se va a comparar
un charco con una fuente?
Sale el sol, se seca el charco,
y la fuente permanece”.
Y puestos a alabar el modelo de hogar cristiano, el autor recurre a Gabriel y Galán para copiarnos aquellos versos tan conocidos y que nosotros aprendíamos y recitábamos de niños:
“Yo aprendí en el hogar en qué se funda
la dicha más perfecta..." Y así avanza el libro, como un río seguro en cuyo espejo se reflejan las palabras de los grandes pensadores y poetas confirmando las márgenes, encauzándolo sabia y moralmente hacia el mar de la felicidad y la perfecta educación. Núñez de Arce ataca a la ciencia mentirosa que se levanta contra la fe :
Cicerón, Horacio, Séneca defienden la verdadera sabiduría, Dante el arte verdadero, Fray Luis de León la armonía universal como fuente de goces inefables, Severo Catalina la auténtica galantería, Quevedo, Maragall, Bécquer, Víctor Hugo el verdadero amor. Al final, el doctor Salicrú resume: “Fomentemos la urbanidad, la cortesía, la sociabilidad, el comedimiento, la etiqueta social, el buen modo cívico, la educación ciudadana, la convivencia; empero, informado todo ello por la moral de Cristo. La educación cristiana es un deber.”
miércoles, 21 de mayo de 2008
lunes, 19 de mayo de 2008
UN "ENTRENO" MAL ARMADO
Existe una curiosa contradicción en el diario PÚBLICO. Por un lado es un periódico empeñado en regalar cultura (los viernes, una película de DVD, los sábados, cuentos y entretenimientos infantiles, y los domingos, libros de maestros de la pintura universal), y eso es de agradecer. No faltaría más. Pero por otro lado, es una mina de desidia respecto de la lengua; de ahí que el medianamente atento a las cuestiones del lenguaje (léxico, morfo-sintaxis, ortografía...) puede encontrarse aquí y allá, salpicando la labor informativa del diario, y en especial la tarea formativa de los lectores, abundancia de patadas al diccionario. Ya he comentado en esta sección algunas de ellas. Hoy me limitaré a citar dos que ayer domingo figuraban en sendos titulares de DEPORTES. Uno de ellos decía: "NO CONVOCADO: Salió serio del entreno". El otro, por el estilo y también más frecuente, rezaba: "CALIDAD: La técnica es el mejor arma de la selección". El "entreno" del primer titular no puede ser nunca la forma verbal correspondiente a la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo entrenar, sino el sustantivo "entrenamiento", que el diccionario de la RAE define así: "Acción y efecto de entrenar o entrenarse." En cuanto al segundo titular, notamos enseguida un fallo de concordancia que desgraciadamente se está extendiendo en todos los medios de comunicación, y es el ocurrido con los sustantivos femeninos singulares que empiezan por A tónica, como agua, arma, alma, asa, etcétera, que por razones históricas y etimológicas se construyen con el artículo el (el agua, el arma, el asa, etcétera), siempre que no aparezca intercalado entre el artículo y el sustantivo, como es el caso que nos ocupa, un adjetivo calificativo (aquí, "mejor"), que entonces hay que escribir o decir el artículo femenino que concuerda con el sustantivo. Así pues, el titular debería haber escrito "La técnica es la mejor arma de la selección."
RETAHÍLA DE UNA MAÑANA EN BARCELONA
Mañana otoñal. El hombre espera
sobre el andén al tren que vendrá pronto,
mientras lloran las letras en las hojas
del periódico gratis.
No discriminem les persones amb SIDA.
Nuevas pistas señalan al vecino de los McCann.
Kidman teme seguir los pasos tristes
de la Princesa de Gales…
¿Qué le espera al hombre el día en Barcelona?
¿Saldrá tal vez el sol? ¿Habrá alguna incidencia en la salida
cultural con los chicos?
El manco de Lepanto y dos novelas
pasadas al teatro, y luego el vicio
de recorrer los pasos del Manchego
por las calles vetustas de Barcino.
Pensamientos de miedo y esperanza.
El miedo al aire, entre las hojas secas
que se mueren con quejas amarillas
y el aire quieto de ausencias transparentes.
El tren llega, se sube. Dentro, el mundo
del libro y del trabajo
(en sus manos la ausencia y en sus ojos
el brillo del olvido)
se saludan y enzarzan
sus ardientes condenas.
Barcelona, expectante,
les aguarda en el vientre de los túneles.
Llega Clot, el teatro,
Cervantes y un cristal de licenciado
Y una boda engañosa. Dos actores
se multiplican en soldados,
licenciados, doncellas,
damas tunas que ocultan sentimientos.
Abren cestas de mimbre,
izan velas, dialogan, cantan
simulando voces dulces de mujer…
todo el truco
de la tramoya que no da más de sí:
un telón y las sombras,
y la Portada
de las doce Novelas Ejemplares.
Los premios del aplauso, y se fini.
La humedad de la calle, el barrio suelto,
ruidoso entre semáforos, las tiendas
y la gente, de espaldas a la muerte,
caminando con luz en la mirada
hacia los duros mercados de la vida.
De nuevo los andenes, los billetes
del tren de cercanías
que alejan los olvidos y los miedos
y acercan en suspiros virtuales
la esperanza de los últimos andenes.
Y abandonar el vientre subterráneo.
Suben profes y alumnos como topos
a la luz de la Plaza.
Devienen aves libres
de vuelos callejeros,
ríos habladores en busca del Quijote por el Gótico,
el Call, la Sinagoga, los balcones
que gritaban al paso de los héroes.
El mar estaba cerca. El fin al borde
de una herida en la arena, velas rotas
por arcabuces ciegos. Y en la playa
de la imaginación
Sansón Carrasco vence al caballero,
pone punto final a la locura.
Cerca está la casa de Cervantes.
Desde ella otea aún el mar caliente
de aventuras, galeras y grilletes.
y ve caer vencido a su otro yo
a punta cruel de lanza de destierro.
Madrid le espera ya, sin tumba fija,
a la deriva entre docenas de esternones,
calaveras y tibias… Eso piensa
el profesor mirando la fachada
que frente al mar recuerda el paso vivo
del Manco de Lepanto en Barcelona.
Mientras, arriba, el cielo, encapotado,
aguanta la tristeza del momento.
Se cruza Layetana, gotas frías
ungen al grupo cultural. El muro gris
de Santa María del Mar se lava y salva
su silencio con lluvia de otro otoño.
Mientras, sigue la llama
del vecino Fossar de las Moreras
diciendo: Cataluña no quiere ya más eñes,
no quiere más palabras de Castilla en la lista
de los muertos por la Comunidad.
Pero la lluvia cae con eñes de cien sueños
sobre las duras baldosas de la plaza.
Los alumnos descansan mientras comen
en los bares cercanos.
El hombre y sus colegas
visitan las Caputxes.
Sentados a la mesa, en la ventana
ven el arco apuntado de la iglesia.
Lasaña y vino. Y lluvia
tenaz sobre la plaza.
Cada adoquín es ya charol humilde
y en el alma se moja la semilla
de la nostalgia inútil.
Se reanuda el paseo ya de vuelta
hacia los vientres trepidantes de los túneles
con la fatiga hiriendo
los escudos más fuertes.
Picasso les saluda al pasar por su patio
y les muestra la ropa hecha jirones
de un arte de entreguerras, de una guerra
pintada en las meninas y en cerámicas,
en trastiendas de polvo y oro viejo
de la calle Montcada.
El camino les lleva hacia Arcos Rojos
con murciélagos regios en los bordes
y leyendas de finales de siglo,
cuando Onofre Bouvila, imitaba al Quijote
en manos de Mendoza, otro Cervantes
sin deriva y sin ganas de soñar
en anónimas tumbas.
De toda la salida cultural
le queda al hombre el ruido de la plaza
de San Felipe Neri, los zumbidos
de unos niños jugando a la pelota
y los gritos callados de los tiros
grabados para siempre en las paredes.
Cervantes, el teatro, Barcelona…
Y el fusilamiento impasible del olvido.
sobre el andén al tren que vendrá pronto,
mientras lloran las letras en las hojas
del periódico gratis.
No discriminem les persones amb SIDA.
Nuevas pistas señalan al vecino de los McCann.
Kidman teme seguir los pasos tristes
de la Princesa de Gales…
¿Qué le espera al hombre el día en Barcelona?
¿Saldrá tal vez el sol? ¿Habrá alguna incidencia en la salida
cultural con los chicos?
El manco de Lepanto y dos novelas
pasadas al teatro, y luego el vicio
de recorrer los pasos del Manchego
por las calles vetustas de Barcino.
Pensamientos de miedo y esperanza.
El miedo al aire, entre las hojas secas
que se mueren con quejas amarillas
y el aire quieto de ausencias transparentes.
El tren llega, se sube. Dentro, el mundo
del libro y del trabajo
(en sus manos la ausencia y en sus ojos
el brillo del olvido)
se saludan y enzarzan
sus ardientes condenas.
Barcelona, expectante,
les aguarda en el vientre de los túneles.
Llega Clot, el teatro,
Cervantes y un cristal de licenciado
Y una boda engañosa. Dos actores
se multiplican en soldados,
licenciados, doncellas,
damas tunas que ocultan sentimientos.
Abren cestas de mimbre,
izan velas, dialogan, cantan
simulando voces dulces de mujer…
todo el truco
de la tramoya que no da más de sí:
un telón y las sombras,
y la Portada
de las doce Novelas Ejemplares.
Los premios del aplauso, y se fini.
La humedad de la calle, el barrio suelto,
ruidoso entre semáforos, las tiendas
y la gente, de espaldas a la muerte,
caminando con luz en la mirada
hacia los duros mercados de la vida.
De nuevo los andenes, los billetes
del tren de cercanías
que alejan los olvidos y los miedos
y acercan en suspiros virtuales
la esperanza de los últimos andenes.
Y abandonar el vientre subterráneo.
Suben profes y alumnos como topos
a la luz de la Plaza.
Devienen aves libres
de vuelos callejeros,
ríos habladores en busca del Quijote por el Gótico,
el Call, la Sinagoga, los balcones
que gritaban al paso de los héroes.
El mar estaba cerca. El fin al borde
de una herida en la arena, velas rotas
por arcabuces ciegos. Y en la playa
de la imaginación
Sansón Carrasco vence al caballero,
pone punto final a la locura.
Cerca está la casa de Cervantes.
Desde ella otea aún el mar caliente
de aventuras, galeras y grilletes.
y ve caer vencido a su otro yo
a punta cruel de lanza de destierro.
Madrid le espera ya, sin tumba fija,
a la deriva entre docenas de esternones,
calaveras y tibias… Eso piensa
el profesor mirando la fachada
que frente al mar recuerda el paso vivo
del Manco de Lepanto en Barcelona.
Mientras, arriba, el cielo, encapotado,
aguanta la tristeza del momento.
Se cruza Layetana, gotas frías
ungen al grupo cultural. El muro gris
de Santa María del Mar se lava y salva
su silencio con lluvia de otro otoño.
Mientras, sigue la llama
del vecino Fossar de las Moreras
diciendo: Cataluña no quiere ya más eñes,
no quiere más palabras de Castilla en la lista
de los muertos por la Comunidad.
Pero la lluvia cae con eñes de cien sueños
sobre las duras baldosas de la plaza.
Los alumnos descansan mientras comen
en los bares cercanos.
El hombre y sus colegas
visitan las Caputxes.
Sentados a la mesa, en la ventana
ven el arco apuntado de la iglesia.
Lasaña y vino. Y lluvia
tenaz sobre la plaza.
Cada adoquín es ya charol humilde
y en el alma se moja la semilla
de la nostalgia inútil.
Se reanuda el paseo ya de vuelta
hacia los vientres trepidantes de los túneles
con la fatiga hiriendo
los escudos más fuertes.
Picasso les saluda al pasar por su patio
y les muestra la ropa hecha jirones
de un arte de entreguerras, de una guerra
pintada en las meninas y en cerámicas,
en trastiendas de polvo y oro viejo
de la calle Montcada.
El camino les lleva hacia Arcos Rojos
con murciélagos regios en los bordes
y leyendas de finales de siglo,
cuando Onofre Bouvila, imitaba al Quijote
en manos de Mendoza, otro Cervantes
sin deriva y sin ganas de soñar
en anónimas tumbas.
De toda la salida cultural
le queda al hombre el ruido de la plaza
de San Felipe Neri, los zumbidos
de unos niños jugando a la pelota
y los gritos callados de los tiros
grabados para siempre en las paredes.
Cervantes, el teatro, Barcelona…
Y el fusilamiento impasible del olvido.
sábado, 17 de mayo de 2008
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