jueves, 11 de junio de 2009

CONEXIÓN

CONEXIÓN. Número 10, 15 de junio de 2009, Tossa de mar





EL POEMA



La primera vez






















Te veo con asombro en esta magia
De arena y mar de Tossa. Con tus dedos
Acaricias la arena como piel humana
Mientras en tu mirada insaciable tiembla el brillo
De la espuma del mar en esta orilla.
De momento acaricias mar y arena
Con la inexperiencia de tu poca edad,
Pero es tan fuerte y tan curiosa el ansia
Que pones en tu primer intento, que no puedo
Evitar una lágrima. Vendrá el día,
Acaso más pronto que el que espero,
En que experto de arena y mar te lances
A dejarte besar por esa espuma
Y esas olas que se coronan de ella,
Y seas el señor de la esmeralda
Que susurra su sal ahora en tu oído.
Paciencia como el agua. Mira cómo
Escribe aquí en la orilla su poema
Y estampa su alto beso en los cantiles.
Y lo hace lentamente, sin presura,
Midiendo bien el tiempo con paciencia.
Igual que tú, que ahora sólo miras
Y tocas esta magia con el sueño
De hacerla tuya un día para siempre.





EL RELATO


El talismán

En este número 10 de CONEXIÓN inicio una novela breve por capítulos. Aquí está el primero titulado



EL NUEVO ADEPTO













Amando Berrocal había nacido en Zamora en el seno de una familia modesta. Cursó los primeros estudios con las monjas de su barrio y empezó el Bachillerato en el Instituto de la ciudad. Después estudió en el Seminario. Pero en todos esos sitios su corpulencia, su lentitud de reflejos y sus modales afeminados fueron centro de las burlas de sus compañeros. Escogió la soledad como refugio y la lectura de temas fantásticos como medio de huir de la realidad asfixiante que le tocó vivir. También por entonces empezó la costumbre de vestir ropa negra y holgada como estandarte de su voluntaria separación de la gente común y corriente. Algunos de sus compañeros decían que para no olvidar del todo su paso por el seminario. La cuestión es que, por un motivo o por otro, eligió ese comportamiento extraño, de manera que se acostumbró a crecer en medio del odio y el aislamiento. Eso duró hasta que sus padres decidieron trasladarse a Barcelona para medrar económicamente y darle a su hijo un ambiente más llevadero y tolerante. Pero en Barcelona las cosas no cambiaron. En la Universidad estudió Clásicas, aunque nunca acabó la carrera, y frecuentó la amistad de otros marginados como él. Juntos acudían a conferencias, charlas y tertulias que trataban de ciencias ocultas y religiones antiguas, y compraban y se intercambiaban libros que versaban sobre los mismos temas. Había en el grupo un joven que le tiraba los tejos, un tal Pere Pou, blanco de piel, barbilampiño, ojos penetrantes y habla lenta y sugerente, y con él intimó más que con el resto. Y un día en que ambos acababan de entregarse a su pasatiempo favorito, Pere le hizo una confidencia.
--Ha llegado el momento de corresponder a la confianza que has puesto en mí–dijo—: voy a confiarte un secreto que a nadie he revelado hasta ahora. Soy la reencarnación de Arnaldo, uno de los maestros de los Canteros, organización a la que pertenezco y de la que te iré informando poco a poco. Quiero mostrarte algo --añadió mientras abría el primer cajón del aparador y sacaba de él una cajita roja. Luego la llevó hasta la mesa, levantó la tapa de la cajita y sacó una especie de escapulario. En la bolsita había una piedra circular, que mostró a Amando.
--Éste es el talismán de Arnaldo. Quien lo lleva encima puede tener el mundo de su parte. Muchos Canteros actuales darían la vida por poseerlo.
Amando le echó una ojeada codiciosa. Pou debió de notar algo raro en el brillo de los ojos de su amigo porque, sin dar más explicaciones, volvió a guardar el talismán en la cajita roja y ésta en su sitio del aparador.
--¿Quiénes son esos canteros?—preguntó Amando para disipar las sospechas de su anfitrión.
--Resumiendo, te diré que es una secta religiosa medieval que cuida especialmente de asuntos vedados al gran público, tiene ramas extendidas por todo el mundo y que necesita gente como tú.
--Suponiendo que acepte entrar en ella, ¿ qué recibiré a cambio?
--Poder. Mucho poder. ¿Recuerdas a quienes te zaherían con sus burlas desde niño? Pues de todos esos podrás vengarte con sólo desearlo. De todos esos podrás deshacerte si abrazas las doctrinas de la secta. Cuando quieras, no tienes más que decírmelo y yo mismo te guiaré durante los primeros tiempos de tu adhesión a la sociedad.
Después de aquel día Amando pensó muchas veces en lo que Pou le había dicho. Finalmente, llegó al convencimiento de que, haciéndose Cantero, sería libre y nadie le volvería a tomar como centro de sus burlas. Pero no se haría de la secta por la vía que le había sugerido Pou, sino por un camino completamente personal. Y si tenía que fingir su condición de adepto, lo haría sin ningún escrúpulo. Así que, decidió que en la primera ocasión que tuviera se apoderaría del talismán de Arnaldo, aquella llave mágica que le abriría por fin las puertas del éxito y del poder. Y a la primera ocasión que tuvo, en una ausencia de Pere, sigilosamente abrió el cajón del aparador, y de la cajita roja robó el preciado talismán. Luego metió en la bolsita una moneda para que no se notara el cambio de peso y restituyó la cajita a su lugar.
Antes de irse, le dijo a su anfitrión que estaba pensando muy seriamente lo de ingresar en la Orden y que muy pronto se decidiría.
--Tienes razón al querer pensarlo unos días más. La decisión lo merece. Pero la sociedad dispone de poco tiempo, y existe gente que está ansiosa por entrar en nuestra organización. Además, Amando, no olvides todo lo que, a cambio, puedes conseguir.
Ya en la calle, Amando se palpó con alegría el talismán que llevaba escondido bajo la ropa. Casi iba saltando de emoción camino de la boca del metro. Mientras tanto, dos pares de ojos lo observaban desde lo más alto del edificio, semivelados por las cortinas de la ventana y compartiendo una sonriente complicidad.
--Ese estúpido se ha tragado el engaño —dijo Pou.
--Ha sido muy buena idea—sentenció el Maestro, un individuo seco y alto como una cucaña--. Me refiero la de mostrarle la auténtica piedra antes de cambiarla por una burda imitación de tantas como se venden en los puestos de suvenires de la parisina Rue de Rivoli. Ahora sólo hace falta que nuestro plan siga adelante y que ese gordinflas no se raje. Y así mataremos dos pájaros de un tiro. Al final habremos logrado lo que la sociedad pretende y tú y yo tendremos a nuestro abasto la debilidad del tal Amando. Aunque no debemos regodearnos con la lujuria. Basta lo justo que preconiza nuestra sociedad.
Y, tal como deseaban, Amando no se echó para atrás. La codicia que movía sus acciones y sus pensamientos era demasiado grande. Por ello dos días más tarde le puso a Pou un mensaje en el móvil en el que le decía que estaba decidido a formar parte de la secta. Pou le contestó que era mejor formalizar el trato de viva voz y en su piso.
Así lo hizo Amando, y en cuanto Pere le abrió la puerta y le invitó a que pasara, fingió estar poseído de una gran ansiedad.
--Quiero volver..., convertirme en un… en un Cantero—dijo atropellando las palabras.
--Primero toma aire.
--Ya lo he tomado. ¿Qué tengo que hacer para entrar en la secta?
--Respira profundamente, siéntate en el sofá y, sobre todo, tranquilízate.
Pero Amando no necesitaba que nadie le pidiera que se tranquilizase porque nunca había estado más tranquilo. Por los gestos y la voz de Pere, le parecía evidente que no se había percatado del robo del talismán.
--Ya estoy tranquilo—dijo--. Ahora repito la pregunta: ¿Qué tengo que hacer para entrar a formar parte de los Canteros, para convertirme en un adepto fiel y servicial a la Sociedad?
Pere clavó su mirada penetrante en la de Amando y con aquel tono suyo tan característico le contestó:
--Te dije el otro día que nuestra organización suele velar a ultranza por que las cosas sagradas pertenecientes a los Canteros sigan siendo sagradas e inviolables, y castiga contundentemente a cualquier intruso o profano que osa meter sus narices en los asuntos de la sociedad para airearlos y ponerlos al alcance de la chusma, ¿recuerdas?
Amando asintió.
Pere Pau se tomó un respiro.
--¿Estás dispuesto entonces a pertenecer a los Canteros? Piénsalo nuevamente. Porque una vez tomada esa decisión, no podrás volverte atrás. Y aunque enseguida compruebes que una nueva fuerza habita tu cuerpo y gracias a ella consigues cosas que nunca lograste, si traicionas la causa de nuestra sociedad, esa misma fuerza se volverá contra ti y no parará hasta destruirte. Pero otra cosa te digo: si la sirves ciegamente, te repito, Amando, que tendrás poder, mucho poder, un poder que te reportará grandes beneficios, personales y sociales.
--¿Qué tengo que hacer?
--Cumplir tres requisitos imprescindibles.
--¿Cuál es el primero?
--Aliviar al Maestro más cercano. Exige cierto espíritu de desprendimiento y generosidad, pero una vez satisfecha la primera condición, las otras dos son de puro trámite. ¿Estás dispuesto, Amando?
-- Lo estoy.
Pere Pou se levantó para acudir al aparador. Abrió la portezuela de la derecha y puso en marcha una cadena de música de alta precisión. A los pocos segundos sonaba en la estancia la Heroica de Beethoven. La música hizo estremecer a Amando, que no dejaba de observar los movimientos de su amigo en espera de cumplir lo antes posible la primera condición. Pou cogió una cinta negra de una cesta que había sobre el mueble y se acercó a su expectante amigo.
--El rito exige que se te vende los ojos –dijo mientras ataba la cinta alrededor de la cabeza del sumiso--. Ahora debes bajarte los pantalones y ofrecerte al Maestro.
--¿Es preciso eso?
--Es imprescindible. Y además, en ningún momento debes quitarte la venda para ver su rostro. Si lo hicieras, quedarías ipso facto fuera de la sociedad. Aún estás a tiempo de echarte atrás. Amando negó con la cabeza mientras se despojaba de la ropa y se arrodillaba sobre la alfombra. La música de cuerda inundaba su corazón. Pou se retiró mientras de detrás de la cortina roja que cubría la puerta más alejada del salón surgía el Maestro totalmente desnudo salvo su inseparable alzacuellos.
El acto de sumisión duró lo que duró el fragmento de la pieza musical de Beethoven. Luego esperó unos segundos hasta que Pere apareció. Le desató suavemente la venda negra de los ojos y acto seguido le dijo con un tono de voz lenta y templada:
--Puedes vestirte. El Maestro ha confirmado que la primera condición ha sido cumplida satisfactoriamente.
Amando se vistió nervioso y sin osar mirar a los ojos a su amigo.
--No debes avergonzarte de lo que acabas de hacer—le dijo Pere--. Todos hemos pasado por la misma prueba. Además, para tu conocimiento y satisfacción, debo decirte que a partir de hoy te quiero mucho más. –Y le besó en una mejilla--. Cualquier duda que tengas desde este mismo momento puedes consultármela. Seré como una tumba para tus confidencias.
Amando sonrió tímidamente. La fuerza y la seguridad que traía al principio se le habían esfumado.
--Gracias—susurró--.Ya casi soy uno de los vuestros.
--Casi—enfatizó Pere--. Tú lo has dicho. La pregunta es: ¿quieres continuar con el cumplimiento de las condiciones?
--Sí.
--Ya te dije que, cumplida la primera, las otras dos serían de puro trámite, en especial la segunda. Consiste en que te hagas con un correo electrónico para recibir en él toda la información necesaria para ser un buen Cantero y, sobre todo, el encargo especial que constituye la tercera y última prueba. No te preocupes de la dirección del correo porque yo mismo te ayudaré a crearla. Sígueme.
Pasaron a un gabinete de estudio preparado con todos los adelantos tecnológicos. Se sentaron ante un ordenador portátil ya puesto en funcionamiento y Pere tecleó durante unos minutos. Amando contestó a unas preguntas suyas mientras en la pantalla aparecían unas cuantas casillas en blanco que casi simultáneamente se fueron rellenando. Luego Pou escribió algo en una octavilla y se la entregó.
--Éste es tu correo electrónico. No lo pierdas. Aunque es mejor que te lo aprendas de memoria. Para evitar problemas posteriores.
Finalmente, Pou le enseñó cómo entrar en Internet para acceder al correo electrónico.
Antes de despedirse, y olvidada ya la primera humillación, Amando quiso agradecerle carnalmente a su amigo lo que había hecho por él, pero Pou rehusó el servicio.
--Hoy no—dijo secamente--. Lo mejor es que cuando llegues al piso te des una buena ducha y te relajes.
--¿Nos veremos? –preguntó Amando sin asomo de disimulo.
--Claro que sí. Pero antes debes cumplir la tercera condición. Te vendrá escrita en el correo. Hoy mismo recibirás un mensaje que te indicará la misión que debes cumplir.
Amando se despidió. Y cuando entró en el ascensor para bajar a la calle, su semblante cambió radicalmente. Una sonrisa abierta apareció en su boca. Había logrado engañar a aquellos dos imbéciles, a Pere y al que él llamaba el Maestro. Y desde luego no dedicó ni un segundo a pensar en lo otro.
Cuando llegó a casa, se duchó a gusto. El agua caliente resbalando por todo su cuerpo era una bendición. Luego, desnudo, se miró al espejo y contempló su cuerpo con curiosidad. Aunque grande y grueso, y hasta algo fofo, no le inspiró el sentimiento de asco de otras veces. Se puso el albornoz y se sentó ante el escritorio. Abrió el portátil y se metió en Internet, tal como le había dicho Pere. Luego escribió su identificación y su contraseña y esperó. No había ningún mensaje todavía. Aquella circunstancia le contrarió. Se puso nervioso. Volvió al baño y se dio otra ducha permitiendo que los chorros calientes de la ducha resbalaran zalameros por su corpulenta anatomía. Luego, puesto el albornoz nuevamente, se tendió en la cama relajado.
Al cabo de un tiempo abrió los ojos. Se había quedado dormido. Se levantó y, presa de una inquietud inexplicable, se dirigió al escritorio. Por fin descubrió en la pantalla del ordenador lo que esperaba tan ansiosamente. Había un mensaje en el correo. Lo leyó apresuradamente. La primera vez no acabó de entenderlo del todo. En la segunda lectura, más sosegada y atenta, comprendió exactamente el contenido del mensaje. O por lo menos se lo pareció a él. Era una orden expresa de convertirse en la sombra de una mujer, una historiadora de arte, que había osado inmiscuirse en las labores sagradas de los Canteros. Añadía el mensaje que, “de persistir la mencionada historiadora en investigar sobre el pasado y el presente de nuestra Secta, te convertirás en su “gestor mortis” y en ese caso deberás privarle de su insolente existencia.” Finalizaba el mensaje con datos sobre el nombre y apellidos de la historiadora y su actual domicilio. En un archivo adjunto venía la fotografía de la mujer.
Amando pulsó la pestaña de “Responder”, y mientras escribía no dejaba de sonreír. Dos veces redactó la respuesta. La que dejó como definitiva antes de enviarla fue la siguiente: “Entendido y obedezco en todo a la organización.”
Media hora más tarde salía a la calle envuelto en su ropa negra y holgada de siempre dispuesto a convertirse, tal como se le exigía en el mensaje, en la sombra viviente de la historiadora.



LA NOTICIA


La crecida del río

















El río de las noticias actuales sigue creciendo con la amenaza de destruir su propio cauce. Si es de Fútbol (lo digo para variar), la noticia escalofriante tiene que ver con los fichajes del Real Madrid. Con la llegada a la presidencia del Club del señor del talonario, dos galácticos fichajes acaban de producirse: el de Kaká y el de Cristiano Ronaldo; entre los dos más de ciento cincuenta millones de euros y el del segundo, el fichaje más caro del mundo (aún ha habido un preclaro intelectual del mundo deportivo que ha comparado la compra de Ronaldo con un Picasso; hay opiniones para todo). Si desean, en cambio, el mundo de la Política, van a salir con las narices tapadas. El río de la corrupción alcanza niveles altísimos. En cuanto a cómo se imparte la justicia, he aquí un caso idóneo para ponerlo en cualquiera de los platillos de la dama ciega: a un juez que se equivoca en un caso grave de narcotráfico le imponen la ridícula multa de cien euros y a un padre a cuya hija violaron, torturaron y mataron por decir que las autoridades no habían hecho todo lo que debían hacer, lo condenan a pagar, ¡ojo!, doscientos cincuenta mil euros. Y si entramos en el plano de la Sanidad, la cosa no va mejor: la gripe A ha adquirido el temido grado de pandemia; eso sí, el Gobierno español extrema las precauciones pese a ser el país europeo que más contagiados posee. ¿Seguimos? El campo de la economía está en vías de llegar a baldío este mismo verano: el paro en aumento, las huelgas igual, el Pocero ha cerrado sus pozos de beneficencia, Garoña corre peligro de cierre y en consecuencia alrededor de mil familias puede quedarse sin trabajo. ¿Y el horizonte? Si al menos las fuerzas políticas dejaran de descalificarse entre ellas y se pusieran a trabajar codo con codo para tirar del carro en la misma dirección. Pero, como siempre, este vicio de hacerlo todo o de derechas o de izquierdas, del PP o del PSOE, está empeñado en no querer salir del atolladero. Y el río de las noticias malas sigue creciendo. Menos mal que los ríos de verdad pueden ceder parte de su caudal a zonas que necesitan el agua ante la inminencia del verano.











EL COMENTARIO



Vivir adrede







Hace poco menos de un mes el escritor uruguayo Mario Benedetti, autor, entre otras obras, de La tregua, Andamios, Canciones del que no canta, La sirena viuda, Buzón de tiempo o La borra del café, cerró para siempre su bloc de notas y metió su bolígrafo en el bote de los lápices. Y hace unos días, de vuelta a Barcelona, adquirí su librito Vivir adrede (Santillana, 2009) dispuesto a pasar un buen rato con él. Vivir adrede es un conjunto de escritos donde Benedetti reflexiona sobre mil asuntos cotidianos que tienen que ver con el mero hecho de vivir. Mientras leía el librito, se me venía a la cabeza la forma de definir que tenía otro gran escritor en lengua castellana, Ramón Gómez de la Serna. Pero dejé eso atrás para dedicarme a redactar una especie de breve diccionario con las quintaesencias que Benedetti destila entre las páginas que componen esta curiosa obra, que divide en tres apartados con nombres muy significativos: 1, Vivir; 2, Adrede, y 3, Cachivaches. Como adelanto de este modesto trabajo mío, copio aquí algunas de dichas quintaesencias:



Sentimientos: Gracias a los sentimientos tomamos conciencia de que no somos otros, sino nosotros mismos.



Miedo: El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente.



Escépticos y optimistas: Los escépticos se burlan de los demás y de sí mismos. Se aburren de creer y no echan de menos las ausencias. Los optimistas vencen al tedio y a la fiebre. Aprenden del ayer y no lo borran.



Optimismo: El optimismo guarda algo de gloria, que no es siempre la de hoy ni la de antes. Hace un nudo con la incertidumbre y llenan su bolsillo de poesía.



Vida: En el modo mecánico de entender la vida hay que adquirir una garlopa sin perdón, una sierra de angustia, un buril de rabieta.



Muerte: Cómo no tener en cuenta que la muerte es la cumbre de la sencillez.



Sencillez: La sencillez es una de las virtudes más complicadas de este viejo mundo. En la sencillez los hombres y mujeres se amparan, se comprenden, se alivian.



Ecos y voces: A partir de los ecos suelen hacerse pronósticos casi siempre falsos. Yo prefiero entenderme con mis voces.

Pasado: El pasado es una colección de silencios.

sábado, 6 de junio de 2009

REFLEJOS DE PRAGA

Últimos momentos

I.

























En la paz momentánea de la habitación,
mientras los ojos se pierden en la selva de ramas y mariposas del artesonado
entre vigas antiguas y sueños no acabados,
por la ventana que da a Nuestra señora de Tyn
vuela la tarde entre nubarrones tal vez hacia una lluvia inesperada.
Praga de repente vuelve a ser la morada melancólica de ángeles
que buscan redimir corazones atormentados
que atraviesan ahora los pasadizos de la Ciudad Vieja.
Ya decía yo que no era normal el tiempo que teníamos,
tan abierto, tan azul y caliente, que a las hordas turísticas
arroja hacia todos los rincones en busca de estatuas carbonadas,
relojes astronómicos, mercadillos de recuerdos y oportunidades
de madera y de cristal, de Golems y de brujas que despiertan
a un golpe del chamarilero...
Pero con todo, ese cielo de plomo que ahora veo desde mi habitación,
a través de la ventana que da a Nuestra Señora de Tyn,
ese trozo de cielo de plomo encierra la magia de Praga
en su arcón de música antigua.


II.




























Mañana a estas horas no estaremos aquí,
pienso mientras sentados a una mesa
junto al templo de Nuestra Señora de Tyn
esperamos a que nos sirvan comida italiana
(acaso la última de Praga) entre sorbo y sorbo de cerveza
(acaso también la última cerveza de Praga). Poco a poco
la tarde se va Celetna abajo al pie del Sol Negro mientras arrastra
los últimos rebaños de turistas.
Aprendo bien la calma de esta hora
porque mañana, con toda seguridad, no estaré aquí.
Pero, eso sí, nadie me robará el gozo de haber cruzado,
como un praguense de toda la vida, media ciudad desde el Puente de Carlos
a la Plaza de la Ciudad Vieja por el Clementinum. Como un mago de Praga.
Ni el de haber reconocido por sus cúpulas y agujas,
nada más encarar una calle o una esquina,
los templos de San Nicolás o de Nuestra Señora de Tyn.
No estaré aquí mañana. Es verdad. Pero también es verdad
que siempre algo de mí se quedará aquí en Praga.


III.



























































Praga al fin nos despide con música de lluvia.
Me gustaría que los adoquines acharolados de Celetna
conservaran el eco de nuestros pasos de estos días
y que el agua sin alma no los lavara nunca.
Pero mañana no quedará ni rastro de las suelas de los zapatos.
Adiós por tanto bajo la terca lluvia, galerías de arte,
pasadizos, esquinas historiadas, torres damasquinadas,
chapiteles y agujas y arbotantes y cúpulas y esferas doradas de los templos...
El recuerdo de Kafka y de tantas cosas quedarán mojándose bajo la lluvia
como gatos sin hogar a partir de esta tarde.
Nuevas hordas cubiertas con paraguas y embutidas en chubasqueros
aguardarán impertérritas su hora de la muerte
frente al reloj astronómico del Ayuntamiento.
Nuevas parejas subirán a las calesas tiradas por caballos
intentando vivir el sueño secular de Praga.
Adiós. Ya tengo miedo a la prisa de empezar a recordar
los mil detalles de la Praga de siempre, de este milagro,
de esta primavera tan lejos del olvido.

viernes, 5 de junio de 2009

REFLEJOS DE PRAGA

Camino del Savoy


















Hay un islote junto al Puente de las Legiones
que es un paraíso de sombras y de cantos.
Sobre los bancos de los paseos hay gente
que espera ver dormirse al tiempo en su regazo.
El Moldava sigue siendo un río que acaricia las orillas
y siembra la mirada de cisnes blancos y polen
que nada a la deriva. Cumple bien su destino,
lo mismo que los frecuentados embarcaderos
o los rosales que aplauden a la Nevkova
en uno de los parterres del islote.
Desde el Puente de las Legiones, camino del Savoy
donde Kafka sembró sus laberintos,
echamos una nueva ojeada a ese islote
donde hace un instante gobernábamos la apacibilidad
de su silencio sólo interrumpido por el canto de un mirlo.
¡Qué pacífica flota la mañana sobre la luz del río!






En el Savoy
















En el Savoy se cumple la promesa.
La cerveza hace el resto. La nieve de la espuma
desciende valle abajo a la hondonada
de los versos o la prosa sentida, que es lo mismo.
Hablar aquí de Kafka es cosa fácil.
La metamorfosis es sencilla y natural. Yo soy él que escribe
sobre el velador columnas de silencios
donde arde sin llama la palabra.
Yo soy él que mira y ve pasar por la ventana
tranvías rojos que van por fin camino de la luz.
Atrás se quedan en la sombra angustiosa
escarabajos sucios, aldabas inaccesibles
y castillos con telarañas negras que nunca se verán.
Yo soy él que respira por fin
una mañana del siglo XXI donde todo en el Café se ha transformado.
El techo está más limpio y dan más luz las arañas,
los portátiles navegan por mundos extranjeros
y los espejos devuelven las sonrisas de las cámaras.
Termino la cerveza y termina la metamorfosis.
Yo soy yo otra vez. Y Kafka continúa
enredado en los reproches de sus cartas, encerrado
en su siglo de angustia, en la esperanza
de que otro le saque alguna vez de su silencio.
Yo vuelvo a ocupar esta ropa que tengo,
ropa de mendigo de ilusión.






Sobre un barco especial


















Al pie del Puente de Carlos, sobre un canal del Moldava,
a bordo de un barco restaurante y a la sombra de su pérgola,
soñamos que la vida es una navegación romántica hacia la paz.
La verdad es que vamos envueltos en música y cerveza
y olvidamos que somos ya mayores y jubilados,
que tenemos las piernas agotadas de tanto caminar
por la selva de belleza de Praga.
Aparcamos de momento la verdad de que nos empiezan a faltar las fuerzas,
hemos vivido ya bastante, hemos hecho familia,
llevamos mucho tiempo a cuestas y están muy rotas las tablas del andamio
que nos sube hacia la nada, pero que es todo.
Está nublado y Praga va apagándose
(como estos días que hemos elegido para vivir aquí)
pese a ser poco más de mediodía, y por las aguas del Moldava
navega el polen muerto a la deriva.
Pero nosotros somos luz y ganas de vivir,
soñamos que somos luz y vida siempre en marcha
mientras vemos abrirse lentamente
los arcos romanos del Puente a nuestro paso.

miércoles, 3 de junio de 2009

REFLEJOS DE PRAGA

Los dos osos


























Nadie diría al ver esta portada tan serena,
renacentista y justa en que dos osos dorados
se miran desde sus esquinas correspondientes,
en medio una ventana en la que asoma
el ajedrez de la paz. Nadie diría
que tras esta puerta, en la tranquila
almendra de la casa tiempo atrás
nació el Repertorio Enfurecido, aquel judío
que envenenaba su pluma cuando hablaba
desde el púlpito intocable de un periódico.
Está en Zeletna, nada más dejar la Plaza Vieja,
a unos pasos del mirador gótico del Carolinum.
Miro en mi camino este milagro de piedra
en que dos animales en reposo, enclaustrados
en la piedra afiligranada de un portal,
y viene a mi recuerdo el periodista Kisch
con su pluma acerada. ¿Qué diría
al ver inundada la placeta del Ayuntamiento
de hordas de turistas para ver por enésima vez
tocar la campanilla al esqueleto? Me quedo con la hora
de ver este milagro de los Osos
y el vecino mirador del Carolinum.










Esquinas





























En las esquinas de Praga se esconde siempre algún misterio cotidiano.
Y no me refieron solo a las estatuas negras
o las efigies de músicos o escritore
(la inquietante de Kafka, al lado del balcón
de su casa natal, en la plaza que lleva hoy su nombre).
En las esquinas de Praga está la lujuria, la vanidad,
la muerte que llama a cada hora
a los mortales masoquistas con su dorada y engañosa campanilla...
Y hablando de campanas, está la del palacio gótico que lleva su nombre,
junto al palacio Kinsky, una campana muda, condenada
a ser de piedra siempre, misteriosa como ninguna
porque suena de mil maneras diferentes
en los corazones de los paseantes
mientras se quedan mirándola extrañados
cuando van camino del patio de Tyn...
En las esquinas de Praga hay sueños para todos los gustos.





Concierto



















Mientras la muerte convoca a los rebaños
delante del reloj del Ayuntamiento,
nosotros escogemos los violines de San Nicolás,
que suenan y sueñan al otro lado de la Plaza.
En el Altar mientras las cuerdas gimen y cantan
el Pantocrátor abandona un instante su extático mensaje
en su intento secular de convertir a los fieles
para relajarse un poco de su excelso sacrificio
con Handel y su exquisita agua, que suena alta,
extasiada en las escalas de las esferas.
Las cuerdas se estremecen, traducen el ingenio
y la fantasía de Dvorak, los amores y las noches de Vivaldi,
la alegría, el vino y las rosas de Ravel...
Y los músicos, ángeles humanos posados en el suelo del altar,
han venido hasta aquí para inundarnos el alma de paz y de sueños
(la pequeña oriental que toca la trompeta en alegros y adagios
me hace saltar las lágrimas).
Cuando el concierto de San Nicolás acaba,
Dios regresa a su destino callado
y nosotros volvemos a la vida de la Plaza,
donde los olores a caballo resucitan
y las terrazas hablan de cervezas interminables.

martes, 2 de junio de 2009

REFLEJOS DE PRAGA

Los alquimistas


















En vano busqué a los alquimistas en la Calleja del Oro,
en lo más alto del Castillo, donde Kafka
tuvo un nido de pluma y fantasía con su hermana preferida Ottla.
En vano busqué a los alquimistas
porque las hordas que seguían al paraguas rojo y la rosa de papel
lo devoraban todo sin digerir apenas,
lo pateaban todo sin asombro ninguno
con los zapatos de trotar por mil sitios contrarreloj,
lo espantaban todo, en especial el misterio,
con sus voces destempladas y sus risas estentóreas.
Hasta la majestad de San Vito, al presentir su acercamiento,
se enredaba en sus arbotantes góticos, apagaba sus oros
y deshacía en el aire sus mosaicos ante la amenaza nuclear
de las cámaras y máquinas de fotos.
Los alquimistas volverían cuando las puertas del castillo se cerraran
y los guardias despidieran sus vistosos relevos hasta el día siguiente.






La plaza de Mozart



















Sin buscarla, hemos dado
con la plaza que desde ahora mismo llamo Plaza de Mozart.
Está siempre aguardando en la Ciudad Vieja,
en una esquina que muestra la cabeza del gran músico
y cobija una cervecería que se llama Wolgan.
El resto de la plaza es una fuente
que no deja un segundo de cantar
mientras un grupo de chicas estudiantes
escucha aburrido la voz del profesor
(no es nada nuevo: yo también lo he vivido),
porque sus ojos sueñan con amores
y música de violines en el corazón.
El resto de la plaza son fachadas barrocas
y otras más modernas con soportales
donde la gente bebe y descansa del camino.
Como nosotros.
Mozart, Plaza de Uhel Trh, muy cerca del milagro
del mercadillo de Havelska,
donde vuelan los juguetes de madera
o las brujas bailan y ríen a una palmada del chamarilero.
Plaza de Mozart, desde hoy, al menos para mi corazón.





Nuestra Señora de Tyn












La puerta gótica de Nuestra Señora de Tyn
se abre a los fieles (del arte y la belleza) a las diez de la mañana.
Un letrero dice que no se puede filmar ni hacer fotografías.
La mirada y el corazón nos bastan.
El Calvario, las estatuas a medio salir de las paredes,
las altas arcadas apuntadas, la pila bautismal,
el órgano callado... Y lo demás que sólo
apunta el que contempla con todos los sentidos
y no se deja llevar por la lectura.
Con todo, nada es comparable con la Virgen de oro
que de noche se enciende en la fachada
mirando hacia la plaza donde Hus recuerda
que fue importante un día, y el esqueleto
juega con el tiempo en el reloj,
la Virgen de oro que salió de aquel cáliz que un rey husita
mandó colocar allí en lo alto.
Nada es comparable con los milagrosos chapiteles de la iglesia
ni las agujas que tejen en el cielo
encajes silenciosos que son nubes
que pasan lentamente por los ojos
de quienes tenemos la suerte de estar hoy aquí en Praga.

lunes, 1 de junio de 2009

REFLEJOS DE PRAGA

Puente de Carlos




























Desde la Ciudad Vieja a Mala Strana,
desde Mala Strana a la Ciudad Vieja
se tiende el cordón umbilical del Puente de Carlos,
hay que decir que ahora en obras, casi intransitable,
pero siempre enjoyado de belleza y vida.
Junto a los bellos y oscuros grupos escultóricos que lo flanquean,
blanco y reunión de todas las miradas,
de todas las caricias, Juan Nepomuceno, la monja Luitgarda...,
hordas de visitantes luchan por no tropezar unos con otros
o contra los tenderetes de bisutería y pintura callejera
que intentan ganarse unas coronas con su indiscutible arte.
En el Puente de Carlos hay orquestas improvisadas
que se unen a la fiesta de la música,
hay marineros de uniforme que ofrecen pequeños viajes
por los canales del Moldava --el río del Diablo es uno de ellos--,
con cerveza a bordo incluida y relatos de leyendas en todos los idiomas,
hay mendigos de verdad que se arrodillan sobre los duros adoquines
y juntan las manos a los pies de los acelerados viandantes.
Y nosotros, mendigos de la ilusión, dejamos nuestro recuerdo
sobre el Puente de Carlos, sólo pendientes de otro sueño realizado.


















Plaza de Marianske





























En la Plaza de Marianske puede ocurrir de todo.
En las dos esquinas principales de la Magistratura
el viajero se encuentra de repente con dos leyendas de Praga.
En una de ellas duerme el Hombre de Hierro.
Durante toda la noche ha recorrido las viejas calles dePraga
como un fantasma triste condenado por haber asesinado a su amante.
Sin rostro, agacha la cabeza avergonzado
ante el paso incansable del viajero.
En la otra esquina el rabino Low, el creador del Golem,
es capturado por el Ángel de la Muerte.
Empezar la mañana con estas dos apariciones
puede ser perjudicial para la salud mental del viajero.
Menos mal que al costado del palacio Clam-Gallas,
una ninfa vierte agua de una jarra en una pila.
La paz que mana de la estatua sosiega el sobresalto anterior.


















Un poco de historia













































Hoy nos tocaba palpar un poco la Historia más reciente de Praga,
y nos hemos ido a la Plaza de San Venceslao, uno de los artífices de la ciudad del Moldava.
Al pie de su gran monumento, algo exagerado para esta crisis que galopa sobre el mundo
--también la estatua ecuestre del santo galopa sobre el mundo flanqueado por el poder eclesiástico--, hemos visto los nombres de los jóvenes estudiantes caídos a manos del comunismo,. Nunca les faltan flores ni visitantes ni palabras de admiración y afecto.
Es bueno recordar la Primavera de Praga --tanques extranjeros, libertades machacadas--
porque de ella brotó la flor moderna de Praga, la nueva libertad de esta bella ciudad con una nueva fe y un modo limpio e independiente de ver la vida.
Estamos ante el hecho escueto de la lucha por la libertad.
Un poco más arriba, pasada la vía de los coches y la velocidad, al pie del Museo Nacional,
una cruz de pizarra, formando parte del suelo por donde van y vienen incansables los visitantes de Praga, nos vuelven a recordar el útil sacrificio de unos jóvenes por el bien de su país.
Para que nadie olvide lo que aquí pasó.
Y si hoy hay por todas partes paz y risas y palabras amables, es gracias a gente como Jan Polach.
Hoy, veinte de mayo de 2009, lo escribo en voz alta junto al silencio de su lápida.

sábado, 30 de mayo de 2009

REFLEJOS DE PRAGA

Otra noche en la Plaza






















Cuando la tarde se lleva a los últimos turistas del Reloj
y el fuerte olor a excremento de caballo impregna el aire,
por fin los adoquines de la plaza respiran aliviados
y se dejan abrazar por la luz de las esféricas farolas.
Las pocas conversaciones que aún quedan en torno nuestro
suenan a recuerdos, a sueños, a pasados vividos y lejanos.
Sólo permanecen, en el otro extremo de la Plaza,
los toldos de las terrazas de los cafés
que despachan las cenas y los vinos.
Y algún que otro fotógrafo que, tras colocar su trípode,
se afana por eternizar una vez más
la blanca luz de la fachada de Nuestra Señora de Tyn
o el palacio rococó donde Kafka estudió durante un tiempo.
Mientras tanto, las pezuñas de los caballos que arrastran las calesas
golpean los adoquines camino de ninguna parte
y Jan Hus y sus compañeros de bronce
guardan silencio en espera de una nueva jornada.

















La lectura y los sentidos




















La lectura es un trabajo de conceptos, de interiorización, de fantasía, de imaginación, de ideas en una palabra y, como mucho de sentimiento, que no de sentidos.
Yo he leído a Praga antes de rendirme con los sentidos a su verdad, a la verdad de su aire y su olor, sus ruidos y su encanto visual.
Una cosa es leer y otra palpar con la mirada.
La Praga de papel dejó de arrastrarme en el momento en que pisé y miré y viví su vida.
El olor de sus calles y el aire fresco de sus mañanas me dan la bienvenida tras desayunar en los sótanos artísticos del restaurante del hotel y enfilar la plaza de Jan Hus y San Nicolás dispuestos a estrenar un nuevo día en esta Praga de piedra negra y dorada como en un damasquinado callejero, cúpulas encendidas, adoquines acharolados y cuestas empinadas, cafés, restaurantes, mercadillos, galerías de arte, conciertos musicales..., todo esto que sabe unir pacíficamente a turistas y paisanos.
Ya no cambio esta Praga que vivo con todos los sentidos ahora mismo con la Praga que hace días, a miles de kilómetros de aquí, aprendía en la letra de los libros.








Música






















En mayo la políglota Praga acuna en sus brazos a la Música,
el más bello y unificador idioma que ha elegido la Humanidad
para disfrutar hermanada.
Junto a la piedra negra de las estatuas de Praga
y las torres más emblemáticas de la ciudad
se levanta con el día y se extiende por todos los rincones
la blanca armonía de la Música.
Desde Smetana a Dvorak, hijos de Praga,
hasta Mozart, Beethoven, Mendelsson o Bach,
pasando por los más grandes padres del pentagrama,
en pasajes y templos, palacios y cafés
heraldos humanos y guías de papel
detienen en cualquier esquina a los turistas
para anunciarles el próximo concierto.
Praga en primavera
se desgrana en música, y los violines
con sus alas comunes llegan a todos los oídos.